NO ESPERES A QUE PASE LA TORMENTA. CONVIÉRTETE EN ELLA


Aprende a bailar bajo la lluvia. Si tú no te amas, nadie te amará. No juzgues. Deja de sufrir. Sonríe. Vive el presente. Respétate. Sé valiente. No vayas de víctima. Trátate con ternura. Acepta. Perdona. Fluye. Desapégate. Suelta. Y sobretodo, sé Feliz.

Sí, vale. Pero “mientras”, ¿qué hago?

Y esto (que para mí es lo más importante), es lo que se nos olvida explicar.

El aprendizaje, de cualquier cosa, lleva su tiempo. Nos cuentan lo que es la Iluminación. La Paz. La Consciencia. El Éxtasis. El Cielo. Hasta lo que es el Amor (aunque sea a través de lo que no lo es). Nos dicen cómo llegar hasta él. Qué hay que hacer y dejar de hacer para alcanzarlo. El para qué hemos venido. Cuál es el mejor camino para caminar. Qué herramientas utilizar. Qué técnicas practicar. Qué clase de sentires sentir y qué tipo de pensamientos pensar.

Que sí. Que también. Pero “mientras”, ¿qué hago?

Creemos que ese estado de levitación físico-mental-emocional-espiritual es nuestro destino. Nuestro objetivo. Y aunque desde un punto de vista muy ‘elevado’ sí lo es, Aquí y Ahora, abajo, en la Tierra que pisan nuestros pies, con el disfraz de nuestro nombre y apellidos tan bien cosido a nuestra piel, en este lugar llamado Vida, el único propósito a lograr es VIVIR lo que me está sucediendo. Punto.

¿Cómo aprende a volar una mariposa? ¿Cómo aprende a caminar un bebé? ¿Cómo aprende a florecer una rosa? No aprende. Simplemente, lo hace. Hay una ‘fuerza’ que le lleva a realizar ese movimiento. A ‘realizarse’. Un Silencio que le indica hacia dónde dirigirse y de qué manera hacerlo. Es como si ya nacieran sabiendo. No necesitan que nadie les guíe. Les asesore. Les aconseje. Les ordene y mande. No. Lo saben sin saber que lo saben. No son conscientes de su sabiduría innata. No se preguntan ‘si por aquí o por allá’. Si tendrán éxito o fracasarán. Sencillamente, HACEN. Actúan. Accionan. Y vuelan, caminan y florecen.

Pero a nosotros nos mal-enseñan desde que nacemos (incluso antes) el quién, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué de nuestra vida. Creyendo que eso es lo correcto. Que nosotros solos no podremos (adiós al Poder) y que no estamos preparados para ello (adiós a la Confianza). Y esas supuestas enseñanzas, poquito a poco, van tapando ‘lo que ya sabemos que no sabemos’ hasta que lo dejamos de ‘ver’. Hasta que nos convertimos en unas marionetas de nuestras propias creencias. Reaccionando continuamente para conseguir lo que nos han metido en la cabeza (y en el corazón) que es lo que debemos hacer, sentir y ser (incluidas las metas espirituales): un matrimonio con hijos, un buen trabajo (buen=estable, indefinido), una casa con piscina, un status, una marca, una empresa, un físico, miles de seguidores, un estado meditativo permanente, la iluminación bla bla bla.

Y nos olvidamos de lo que queremos nosotros. De lo que de VERDAD anhelamos. Y lo olvidamos porque no somos capaces de Sentirnos porque nos dijeron que ‘sentir era peligroso’ porque alguien en alguna ocasión sufrió al hacerlo y así nos lo transmitió de generación en generación. Y el miedo tomó el control. Y desde entonces, lleva el mando y hace con nosotros lo que le da la gana. 

En SENTIR está la clave del ‘mientras’. 

La vida no se para hasta que tú aprendes a vivirla como ‘Dios manda’. La vida nunca muere. Si no, no sería vida… Está latiendo a cada instante. Ya estés riendo, llorando, meando, cagando, comiendo, follando, respirando, escribiendo, bailando, cantando o amando. No se detiene. No hay publicidad. No se toma un descanso. 

Queremos decirle a la vida cómo tiene que vivirse. ¿No te parece ridículo? Es como decirle a la nota ‘Do’ cómo tiene que sonar para que suene como ‘Do’. Cuando no puede sonar de otra manera porque YA es ‘do’. 

Pues eso mismo, hacemos con nosotros. Decirnos cómo tenemos que ser para Ser.

Que sí. Que podemos desaprender. Que podemos recordar. Pero eso no quiere decir que no estemos Siendo, sintiendo y viviendo ya.

Alguien me preguntó una vez, en una conversación sobre cuál es nuestra ‘misión’:

  • ¿Pero cómo sé si éste es mi camino? Le dije: Porque lo estás caminando. No hay otro.

Y es así de simple. El problema es que queremos el de la ‘vecina’, que es muy feliz y yo también quiero serlo. No lo aceptamos. Luchamos contra él. Y él, somos nosotros.

Otra cosa es que si hay algo en nuestra vida que no nos gusta y podemos cambiarlo, no lo hagamos por miedo. Ahí, ‘el camino’ no tiene nada que ver. Aunque esa decisión de ‘no hacer’ forme parte también de él. 

No eres un árbol, muévete.

Tu camino. Tu destino. Tu propósito. Tu misión es donde estás ahora. ¿Cómo vas a caminar por un camino que no es tuyo? Si estás ahí, es por y para algo. Quizás en este momento, no lo sepas. No seas consciente. Pero hay un sentido para todo. Y si no, echa la vista atrás y explícame cómo has llegado hasta donde estás. ¿Por casualidad…? A estas alturas, ya sabemos que las casualidades no existen. 

No esperes a que pase la tormenta. Conviértete en ella. Siéntela con todas tus fuerzas. Deja que te penetre hasta lo más hondo de tus entrañas. Que remueva todas tus heridas. Que las haga sangrar si es necesario. No pasa nada. La sangre es vida. La tormenta es vida. Tú eres vida. Tú eres la tormenta, no el bailecito que te pegas para que no te ‘moje’…

No bailes, SÉ el baile.

No cantes, SÉ la música.

No acaricies, SÉ la caricia.

No respires, SÉ la respiración.

No sonrías, SÉ la sonrisa.

No llores, SÉ las lágrimas.

No te cabrees, SÉ la ira.

No te deprimas, SÉ la tristeza.

No te emociones, SÉ la emoción.

No vivas, SÉ la Vida.

No ames, SÉ el Amor.

¿Que qué haces Mientras…? SÉ. SIENTE quién estás siendo. Ésa es tu Perfección. Ni la de ayer ni la de mañana ni la de aquel gurú ni la de ese maestro. La tuya, que es la única que te debería importar.

Porque, ¿sabes una cosa? Ignoramos cuánto va a durar la tormenta. El aprendizaje. El ‘mientras’. Así que ¡¡¡VIVE, joder, VIVE!!! Tu vida es lo único que tienes. Aprovéchala, disfrútala. Haz lo que siempre has soñado. Dile a esa persona que la Amas. Que te gusta. Que quieres quedar con ella. ¿Qué puedes perder? ¿Quedarte como estás? Arriésgate. El no ya lo tienes. No retengas más los ‘te quiero’. Besa. Abraza. Come lo que te venga en gana. Duerme bajo las estrellas. Acércate a la playa a ver cómo amanece. Y cómo atardece. Es precioso… No necesitas a nadie para sentir la Belleza que te rodea. Sólo te necesitas a ti. A tu Alma. A tu Corazón. Escúchalo. Escúchate. Siéntelo. Siéntete. 

Aunque el tiempo no exista, el tiempo pasa. Y tu nombre y apellidos, tienen fecha de caducidad.

Eres Libre. ¿No te lo Crees? Prueba a elegir. ATRÉVETE A ELEGIR.

 

CONTROL: EL ÍNTIMO AMIGO DEL MIEDO


Una pregunta, ¿para qué quieres controlar?

Detrás del deseo de controlar, hay miedo. Mucho miedo. Da igual ‘a qué’. La raíz es la misma para todos. Queremos controlar las emociones, los orgasmos, las eyaculaciones, a nuestra familia, a nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestros animales (que no son de nadie…), a nuestros sueños, la alimentación, el peso, las arrugas, el tiempo, las palabras, los pensamientos. Y hasta a la mismísima Naturaleza.

Somos seres vivos muertos… de miedo. Miedo a que ‘vuelva a pasar’, a que nos abandonen, al dolor, al sufrimiento, a la muerte, a la vida, al amor, a la soledad. Miedo a ser como nuestro padre o como nuestra madre. A repetir patrones. A convertirnos en soñadores durmientes… A ser los herederos de una historia para olvidar. Miedo. Siempre miedo. 

Pero, aunque pudiera parecerlo, el miedo no es el ‘problema’, sino la Inconsciencia que tenemos sobre él. Porque cuando SABES cuáles son tus miedos puedes elegir quitarles el poder que tienen sobre ti o seguir siendo su titiritero, con lo que te pasarás la vida REACCIONANDO a él (que se te presentará a través del otro). Cualquiera de las dos opciones es válida. Ninguna es mejor o peor que la otra. Hay libertad. No hay ignorancia. Lo de ‘bueno’ y ‘malo’ sólo es un juicio. No es la Verdad.

Yo me he pasado prácticamente todos mis 38 años queriendo ‘controlar’. Para evitar sorpresas. Para huir de los desconocido. De lo inestable. De la inseguridad. De la impermanencia. Para que nada se desbordara. Ni fuera ni dentro. Para que nada se me escapara de las manos. Y lo único que logré que se me escapara fue la Vida.

La Vida. Esa Eterna desconocida. A la que enjaulamos en un espacio y en un tiempo inexistente. La que vestimos de pasado y de futuro cuando sólo es Presente. La que nos está brindando cada segundo la paz, la belleza, el goce y el Amor que tanto anhelamos. Que tanto buscamos. 

La que nunca se detiene. La que ni va lenta ni deprisa. La que nos habla a través del viento, de la lluvia, de los amaneceres y de las noches oscuras. La que nos abriga con sus latidos. La que nos hace danzar al son de sus días. 

Y nosotros, los humanos, diciéndole, ordenándole a grito pelao cómo tiene que respirar. Cómo tiene que cantar. Cómo tiene que hablar. Cómo tiene que jugar. Cómo tiene que reír. Cómo tiene que llorar. Cómo tiene que escribir. Cómo tiene que fluir. Cómo tiene que observar. Cómo tiene que Ver. Cómo tiene que comer. Cómo tiene que beber. Cómo tiene que caminar. Cómo tiene que correr. Cómo tiene que volar. Cómo tiene que sanar. Cómo tiene que Sentir. Que Vivir. Que Amar. Que gemir. Y que follar.

Como si nos fuera a hacer caso. Como si ‘el control’ fuera su lenguaje universal. Como si fuésemos alguien a quien obedecer. A quien ‘seguir’. A quien admirar. Nosotros, los humanos. Los que ni siquiera sabemos que no sabemos nada. Los que vamos por el mundo dando lecciones de lo que aún no hemos aprendido. Los que no tenemos ni idea de escuchar. Los que no nos atrevemos ni a Abrazar.

LARGA VIDA a los orgasmos descontrolados. A las eyaculaciones precoces. A los besos no solicitados. A los ‘te quiero’ no planificados. A los polvos de cinco minutos en el sofá, en el coche o en el baño. A los sudores ardientes. A las caricias sin venir a cuento. A las masturbaciones, con pilas o sin ellas. Ácidas o alcalinas. A las risas que te parten el Alma. A las miradas impertinentes. Y a las lágrimas desbordadas. 

LARGA VIDA a desaparecer…, a deshacerte Haciendo el Amor sin medida. Sin contratos. Sin compromisos o con todos ellos. Sin reclamos. Sin condiciones. Sin ropa. Ni en la piel ni en las entrañas. ‘A pelo’, sin condones en el Corazón. Sin preservar ni una gota de tu intimidad. Sin reglas y con ella. Sinvergüenzas… Desgarrando cada uno de tus jadeos. Para que nada ni nadie se quede a medias. Para que cuando eches la vista atrás, no te arrepientas. Para que cuando estés en la tumba, te sientas satisfecha. 

LARGA VIDA a lo que está Siendo, a lo que estás Siendo, y no a lo que crees, a lo que Creemos que Debería y debemos SER.

LARGA VIDA A LA VIDA.

LARGA VIDA AL AMOR.

NUESTRA HISTORIA FAMILIAR NO ES LO QUE SOMOS


Todos tenemos una ‘historia familiar’ que llevamos a cuestas en nuestro corazón. Y esa historia, nos creó una herida (a cada uno la suya) que nos va a acompañar toda la vida. 

Me pasé muchos años queriendo eliminarla, hasta que entendí que formaba parte de mí y que la cuestión no era deshacerme de ella sino aprender a convivir con ella. Y descansé en Paz. Porque intentar cortarte un miembro tuyo (en este caso emocional) duele mucho. Es una lucha, un rechazo, continuo y sin final. 

Es tan profunda, está tan Dentro, que la mayoría del tiempo no la sentimos. Y de repente, la vida te ofrece la oportunidad de sacarla de su escondite. De hacerle caso. De darle Luz. A través de una pareja, de un trabajo, de una amistad, de ‘lo que sea’. Y en ese momento, en el que estás flotando entre todos tus miedos, eliges si quedarte allí, mirarlos de frente y quitarles la máscara, o huir de ellos, enterrarlos de nuevo y devolverlos a tu ‘oscuridad’. 

Es una decisión sólo. Y depende de la fuerza con la que lata tu Corazón, se inclinará hacia un lado o hacia el otro. Y da igual hacia dónde vayas. Porque si no lo haces hoy, tendrás que hacerlo mañana (siendo mañana de aquí a un mes, un año o 7 vidas como las que dicen que tiene un gato). 

Todo sucede cuando tiene que suceder. Ni antes ni después. No existen los errores, ni las equivocaciones y, por consiguiente, tampoco deberían hacerlo las culpas ni los arrepentimientos. Porque si no lo hicimos, fue porque no era el momento. Porque no pudimos (aunque ese poder esté disfrazado de cobardía o de ‘no querer’). Y el momento, siempre, siempre, siempre es cuando ocurre. No cuando ‘debería de’  haber ocurrido. 

Entonces, ¿de qué somos responsables? De todo lo que sentimos, que no es pecata minuta. Dejar de culpar a nuestros padres, a nuestros amantes, a nuestros jefes, a nuestros políticos, a nuestros vecinos, a las tormentas solares, a las toxicidades, a nosotros mismos… de nuestra tristeza, culpa, frustración, rabia, ignorancia, ira, soledad, miedo, vacío, nostalgia y/o infelicidad es el mayor acto de responsabilidad que podemos hacer. 

No somos lo que nos ocurrió. No somos Ellos. No somos nuestros pensamientos. Ni nuestros sentimientos. No somos nada de eso y a la vez lo somos todo, porque todo está en nosotros. En un instante, las cenizas se transforman en fuego y te vuelven a abrasar. Y en otro instante, vuelves a convertirte en cenizas de nuevo. Y así, sucesivamente.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos”

El problema es que no queremos ser polvo y por eso deseamos ‘quitarnos’ de encima, considerándonos nuestra ‘propia mierda’, creyendo que así brillaremos más y mejor. Que dejaremos de estar sucios. Que oleremos a rosas. Y que estando tan perfumados, ¿quién va a osar abandonarnos? ¿A no amarnos?

Nos equivocamos en juzgar a la mierda como ‘mierda’. A la sombra como ‘mal’. Y a la herida como algo que hay que sanar tachándola de nuestra lista de cosas a las que amar.

Es nuestra interpretación de ‘cómo tenemos que ser’ la que hace que NO SEAMOS. La que nos provoca más sufrimiento del que ya tenemos (si es que lo tenemos). Ya hay suficiente rizo como para encima rizar más el rizo y hacernos una ‘permanente’ con él, ¿no?

Muchas veces nos perdemos en las preguntas de ‘por qué y para qué’ nos ha pasado esto o aquello cuando lo único que nos está pidiendo la vida es que dejemos de querer encontrar respuestas y que únicamente sintamos. Nos sintamos. Y vivamos. Nos vivamos.  Sin interrogantes. Sin análisis. Sin búsquedas mentales. 

Estudiar es muy fácil. Abrir el corazón, abrirte y dejar que entre eso que tanto temes, salir al mundo real y poner en práctica todo lo que has aprendido, estudiado, memorizado, másterizado, doctorado, cursado y charlado es lo difícil.

(Lo dice una experta en ser muy abundante en títulos y muy carente en experiencias).

Hablar (escribir), habla cualquiera. Hacer, muy poca.

Y, ¿sabes? No hay prisa. De verdad. No estaría de más que nos quitásemos esa presión de ‘llegar ya’. Y de que si no llegamos, se acaba el mundo. Cuando el Mundo somos nosotros. Y nosotros, infinitos. Tenemos toda la eternidad para caminar nuestro camino. No hay nadie ni nada con un cronómetro que nos esté midiendo. Que nos esté puntuando. Que nos esté juzgando. Que nos vaya a premiar o a castigar. Sólo nosotros.

Somos muy injustos, muy crueles con nosotros mismos. Nos tratamos fatal. Con mucha dureza. Con mucha exigencia. Con muy poca ternura. Con muy poca compasión. Con muy poca dulzura.

No venimos a CONSEGUIR nada. Venimos a SERlo todo. TODO lo que nos suceda. Sea lo que sea. Sea cómo sea. 

No venimos a CAMBIAR. Venimos a ACEPTAR. 

De verdad. No hay prisa. Disfruta del viaje. Confía en él. Que donde quieres ir, ya estás. 

Somos los Hijos Pródigos de un lugar llamado Vida.

No somos nuestra historia familiar”

 

 

LA VALENTÍA DE SENTIRSE COBARDE


Hay muy poca gente que se atreva a sentir su propia cobardía. Hay muy pocos valientes sintiéndose cobardes…

Hablamos de Unidad. Hablamos del Todo. Hablamos de las Sombras. Hablamos de Regresar al Hogar. Y dejamos fuera una parte. A la oveja negra. A la que está mal vista (y nunca mejor dicho…). A la que precisamente es necesario integrar. Acoger. Abrazar. Amar.

Llevamos muchos años luchando CONTRA ella. Llevamos demasiados años luchando contra nosotros mismos. Contra un concepto. Una etiqueta. Un disfraz. Un engaño. Un ‘mal’ inventado. Un pecado muy poco original… 

Es tiempo de dejar las ‘armas’. De parar. De descansar. De rendirnos. De mirarnos. De vernos. Y de Aceptarnos. Es tiempo de abrir el cajón de nuestros secretos y darles la libertad que les arrebatamos al silenciar su voz. Nuestra voz. Es tiempo de gritarle a la vida que queremos vivirla. Con todos sus tesoros y todas sus consecuencias. Con todos nuestros rechazos y todas nuestras preferencias. 

Y para ello, no podemos olvidarnos de lo que deseamos olvidar. No podemos partirnos en más pedazos. En más categorías. En más ‘éstas son feas’ y ‘éstas son bonitas’. No podemos decirle al miedo que no huya. A la ira que no se enfade. A la tristeza que no llore. A la soledad que no se aísle. Y a la rabia que no grite. No podemos ignorar lo que estamos sintiendo cuando lo estamos sintiendo. Eso no es Amar. Eso no es Amarnos. Eso no es Incondicionalidad. Eso no es Totalidad.

Nos tenemos tanto miedo que hacemos todo lo posible por escapar. Por escapar-nos. Parece que huimos de una situación, de una persona, de un trabajo. Pero la realidad es que de lo único que pretendemos huir es de nosotros mismos. Y de nosotros mismos, no podemos huir. Nuestra manera de pensar (de la que derivan nuestras creencias) nos aleja de nuestra ‘manera’ de SER. Y entrecomillo manera porque para SER no es necesaria ninguna forma… Ningún cuerpo. Ninguna piel. SER se es Siendo. En cuanto le pones un nombre, una característica, dejas de SER y pasas a ser ESTO o AQUELLO. Y esto o aquello (sea lo que sea), no es lo que eres. Por mucho que te aferres a ello. Por mucha seguridad que te dé.

Todo lo que hay detrás (y delante) de SOY no es Verdad. Lo puedes sentir. Lo puedes pensar. Hasta lo puedes crear… Pero no lo ERES. 

Llega un punto en que no puedes ir más allá en el ¿Quién soy? y en el ¿Para qué soy y estoy?. Y es cuando te das cuenta de que no puedes saber la respuesta. Puedes averiguar lo que no eres. Para qué no eres. Y para qué no estás. Pero lo que sí eres, no. El viento, para saber que es viento, tendría que dejar de ser viento. Y no se puede dejar de ser lo que se es. Es tan obvio como complicado de entender.

Es la misma mente que intentamos controlar, educar, guiar, apaciguar, meditar… la que nos lleva a hacernos esas preguntas con la intención de que ‘mientras nos estamos preguntando-respondiendo’ no estamos Siendo (aunque siempre Seamos). Y caemos en su trampa, que es la nuestra. Y nos creemos que somos el jugador, el tablero, las fichas, las casillas y el casillero. Cada uno con su tipo de juego, perfectamente diseñado para ‘no sé’. Y nos perdemos en las pantallas. En los escenarios. En las Tierras. Y en los Cielos. 

¿Y sabes lo mejor? Que eso es a lo que tenemos que jugar. Porque si no fuera eso, no estaríamos donde estamos. Estaríamos en otro lugar. Y no es el caso.

¿Puedes vivir sin saber para qué estás vivo? ¿Sin saber quién eres? ¿Sin tener respuestas? Y lo más importante, ¿sin NECESITARLAS?.

A veces, la realidad se nos derrumba. Nuestro corazón se parte. Nuestras fuerzas se agotan. Nuestras lágrimas nos ahogan. A veces, no nos sentimos capaces de ser ‘perfectos’. De sonreirle a la muerte. De levantar a las caídas. De ofrecer nuestro hombro. De compartir nuestras penas. Y no tenemos por qué hacerlo. No tenemos por qué estar alegres. Ni dando saltos por las esquinas continuamente. Ni abrazar a todo quisqui. Ni mejorarnos. Ni evolucionarnos. Ni iluminarnos. Ni aparentarnos. No. De verdad. Suelta los ‘debería’. Suelta lo que hasta ahora te han dicho que tienes que ser y cómo serlo y hacerlo. Suelta lo que está bien visto. Suelta las sagradas escrituras. Las dichosas maestrías. Las subidas de sintonía… Suelta todo aquello que no estás siendo en este momento. Y Siente. Sólo siente. Lo que estás sintiendo. Ésa es tu única verdad de Ahora. Ése es tu único propósito. Tu única misión. Tu único cometido.

Experimenta lo que la vida te está mostrando. Lo que la vida te está viviendo. Lo que la vida te está Siendo. Sea lo que sea. Sea tu capacidad para hacerlo o tu incapacidad para no soportarlo. Da igual. Todo está bien. Todo ESTÁ, y si ESTÁ, está para algo. ¿Para qué? No lo sé. ¿Acaso importa?

¿Acaso importa saber para qué estamos viviendo si vamos a tener que vivir igual? ¿Acaso importa saber para qué estoy enferma si voy a estar enferma igual? ¿Acaso te crees que puedes llegar a saber la razón REAL de lo que estás experimentando? No lo que dicen los libros. No lo que CREEN saber unos cuantos. La REAL. La que está ‘más allá’ de lo que cualquier ser humano puede averiguar.

Pregúntate para qué necesitas responderte a esas preguntas existenciales. A lo mejor, cuando lo averigües, dejarás hacerlo. A lo mejor…

Hay muy poca gente que se atreva a ser cobarde. ¿Sabes por qué? Porque se creen que para SER, hay que ser ‘algo’. En este caso valiente.  Lo que no saben es que ya lo SON sólo por el hecho de haber nacido… Y se pasan la vida ‘no siendo’ para lograr ‘ser’. Lo cual tiene muy poco sentido y no es posible. Más que nada porque seas como seas, ya ERES. Así que es indiferente el ‘algo’ que le añadas. Por mucho que lo intentes, no puedes dejar de SER. Que seas consciente o no de ello, ya es otra cosa. Pero cuando lo eres, cuando eres consciente de que no necesitas ser ‘así o asá’, cuando te das cuenta de que es tu mente la que te manipula para que siempre haya ‘algo más, mejor y diferente’ de lo que eres, las versiones desaparecen y el Original sale a la Luz. Liberándote de las presiones, de las exigencias, de las mochilas que desde hace tanto tiempo llevas, llevamos a cuestas, y de las tan famosas Separaciones.

¿Te imaginas a la Vida diciéndose a sí misma cómo tiene que manifestarse y condenándose cuando no lo hace como ella considera…? ¿Y diciéndole a las ‘otras’ Vidas que no vivan lo que están viviendo? ¿Como si pudieran hacerlo…?

Puede que en este momento no seamos capaces. Puede que en este momento no deseemos ser fuertes. Ni podamos. Ni debamos. Pero seguimos estando Aquí. Y mientras estemos Aquí, coleando, tenemos la POSIBILIDAD de ser lo que nos dé la gana. Quizás hoy cobardes. Quizás mañana valientes.

Y quizás, sólo quizás…, algún día llegue el día… en que dejemos de meternos tanta caña y de pintarnos el Alma con tantos adjetivos, que tan poco favor nos hacen, y nos dediquemos simple y sencillamente a SER. Sin mayor ni menor medida.

VIVE LO QUE SIENTES

VÍVETE

LA FINALIDAD DE LA VIDA NO ES SER FELIZ


Nunca he sabido decir qué es exactamente la felicidad. Había algo que se me escapaba. He escuchado muchas definiciones (las mías incluidas) pero ninguna me acababa de convencer. ¿Qué es la felicidad? Yo sé que a veces me siento feliz, igual que otras veces triste. Pero no es un estado que permanece. Que se queda. Si soy honesta, no puedo decir que soy feliz. ‘Soy’ lo que siento en cada momento, aunque crea que ese ‘lo que siento’ está lleno de miedos, de caparazones, de vendas.

Creer que tengo todo lo que necesito para ser feliz no me hace ‘ser feliz’. Una cosa es lo que piensas, lo que tu mente te dice, y otra, lo que habla tu corazón. Quizás, y aunque parezca absurdo, simplemente no me siento feliz porque no lo soy, y no porque crea que el concepto de felicidad no existe. Igual que el del ego. Igual que el de la iluminación. Que son definiciones que se han creado para expresar algo que en realidad… no es real. Como el cielo. ¿Qué es el cielo? Las estrellas, la luna, los planetas, las nubes, el sol SON. Y el cielo lo vemos como el espacio en el que habitan. Pero ser, no es nada. Y la Nada, es nada, no es ‘cielo’.

Del mismo modo, no me siento nunca infeliz. Lo cual me indica que o hay un estado intermedio entre la felicidad y la infelicidad o que ninguna de las dos son verdad. Es curioso cómo desaparecen ‘las cosas’ cuando dejas de creer en ellas. Cuando les quitas el ‘nombre’ y todo lo que éste acarrea. Es como si a medida que vas siendo más consciente, te vuelves menos conceptual. Cada vez, tu mente tiene menos ‘nombres’. Hay más unidad. Hay menos ‘gotas’ y más ‘mar’. Más puzzle y menos piezas. Ves tu realidad desde una perspectiva más global.

Quizás, ésa sea la razón de por qué el ego, la felicidad o la iluminación ‘han dejado de ser’, si es que alguna vez me fueron algo… Es difícil expresar esta sensación con palabras.

Antes creía que TENÍA QUE ser feliz. Que había nacido para ello. Para alcanzar esa meta. Hasta que me di cuenta de que esa creencia estaba llena de lucha, de esfuerzo, de disciplina, de frustración, de utopía, de ‘futuro’, de ilusión. Y que cuando me la decía o cuando la escuchaba, no había nada de PAZ en ella. Me descolocó el pensar lo contrario. ¿Pero cómo no voy a ‘ser feliz’? ¡Si no ‘soy feliz’, nunca seré feliz…! Mi mente no quería soltar a la ‘felicidad’. Estaba demasiado aferrada a ella por todo lo que había leído, por todos los mensaje de ‘HAY QUE sentirse así para que tu vida tenga sentido’ con los que el sistema nos inunda, con los que MI sistema me inundaba. 

¿Pero cómo puede una ‘obligación’ hacerte feliz? Y vuelvo a lo que siempre digo. No puedo ser feliz si no me siento feliz, por mucho que la sociedad, que mis creencias me dicten que así debo sentirme. Creo que no es el camino para ‘LLEGAR A’, si es que hay algún ‘lugar’ al que llegar. Creo que hay mucho miedo detrás de ese ‘hemos nacido para ser felices’. Hay miedo a SENTIR. Al presente. A lo que HAY en cada momento. Hay muchas etiquetas aún colgadas, de las que no somos conscientes y que nos impiden vivir en Libertad. 

¿Cómo voy a ser feliz si tengo miedo a no serlo? ¿Si no acepto la posibilidad de no serlo? Es imposible. Cuando se actúa desde el miedo, es la mente la que te está guiando y no tu Alma, tu corazón. Cada vez que no me sienta feliz, me voy a juzgar, a condenar y a castigar. Que es lo que a mí me ocurría porque TENÍA QUE sentirme feliz, sí o sí. 

En este momento, floto en un No-Saber mi PARA QUÉ. Intento aceptar que la vida es simplemente vida. Que vivirla en su totalidad, sin excluir nada y excluyéndolo todo, sin juicios y con todos ellos, feliz o no feliz, es su única finalidad. No creo que una Rosa esté pensando en crecer lo más bonita posible, lo más roja posible, para ser rosa. Y que si no lo hace, su misión no habrá sido cumplida y tendrá que volver a nacer de nuevo… hasta que logre ser lo más bella posible. Como si por el hecho de tener un pétalo menos no lo fuera. Como si por el hecho de oler menos que otras no lo fuera. Como si por el hecho de brotar torcida no lo fuera…

Cualquier destino, misión o propósito, proviene de un pensamiento de NECESITAR ser algo más de lo que ya somos. Alejándonos del famoso presente en el que también HAY QUE estar. Como si alguna vez dejáramos de estarlo…

Cuando siento que no TENGO QUE ser nada más de lo que en este momento estoy sintiendo, pensando, haciendo y siendo, es cuando más PAZ hay en mí. Ahí es cuando me doy cuenta de mi verdad. De que todo ya es perfecto. De que yo ya soy perfecta. De que en lo sencillo están las respuestas. Y de que la ‘felicidad’ está sobrevalorada.

Sí, lo sé. Voy en contra de ‘la inmensa mayoría’. De cientos de ‘maestros’, sabios y gurús. De lo que se ha vendido, se vende y aún se venderá. Voy en contra de ‘la luz’, de lo ‘bonito’, de lo ‘positivo’. Voy en contra de lo que AYER creía y promulgaba. Ya. Pero, ¿sabes? Siento Paz. Mucha Paz.

Creo profundamente también que todas las enseñanzas, herramientas, que actualmente se están dando, a nivel espiritual, consciencial, de crecimiento personal, son importantes e imprescindibles. Más que nada porque si no, no estarían. Por eso, ahora, las respeto. Yo también las he utilizado, me han servido para llegar hasta dónde estoy-soy ahora, y aún siguen siendo necesarias porque hay mucho ‘público’ para ellas. Cada uno de nosotros está en una etapa del proceso. Y cada etapa tiene su aprendizaje. Pretender eliminarlas porque yo las considere ‘obsoletas’ sería como querer quitar la ESO cuando he llegado a la Universidad.

Con todo ello, no estoy diciendo que no tengamos que ser felices. Lo que quiero decir es que no TENEMOS QUE ser felices. Que es muy distinto. La INTENCIÓN con la que hacemos, con la que Somos, es lo que importa. Y no hay mejor intención que ‘ninguna intención’. Espontaneidad. Sorpresa. Autenticidad. INOCENCIA.

Claro que como donde dije digo digo Diego, puede que mañana (seguramente) CREA otra cosa. Hasta puede que vuelva ‘atrás’ (si es que estoy ‘delante’). Y de eso se trata. De confiar tanto en lo que hoy sabemos como en lo que, aunque sepamos, sabemos que no sabemos. Caminar por el suelo firme del vacío, de lo desconocido. Por ese Cielo que ES NADA (y que como nada puede serlo todo), que está en la Tierra y que es lo que en realidad pisamos instante a instante.

La finalidad de la vida no es ‘ser feliz’. Es Vivirla. Sentirla. Serla. Sin ninguna pretensión más y con todas ellas a la vez.

“La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo” 

-Dylan Thomas-

Y quizás (sólo quizás), nunca deba hacerlo.

No hay nada que alcanzar. Lo hay TODO por SER

 

AUNQUE A VECES DUELA


Coger de la mano a la soledad para acompañarla en su delirio. Darle oxígeno a la asfixia para que no se ahogue en sus penas. Endulzar las Ausencias para que puedan flotar cuando toquen su fondo. Limpiarle a los latidos las quemaduras que los abrasan para que no se transformen en cenizas antes de tiempo.

Aunque a veces duela…

Que los recuerdos se metan en nuestros ojos. Que la tela que tapa nuestros secretos se caiga sin permiso del silencio. Que el pecho se llene de los quejidos de otros. Que la piel se hiele porque prefirió vivir desnuda que morir cubierta de lamentos.

Aunque a veces duela abrazar a la tempestad y a la tormenta. Que te mojen. Que te empapen. Y que CASI te mueran. Que la Verdad golpee tu Realidad y reMueva tu Cielo y tu Tierra hasta que no te quede más opción que AMAR. Sin vaselinas. Sin anestesias. Y sin ningún tipo de protección más.

SENTIR la Vida en su estado más bruto. Con toda su pureza. Con todo su esplendor. Para que te abandones en lo que estás Siendo. Para que sea la confianza tu único agarre. La única salida en la que quedarte. En la que tus ansias por huir se duerman. En la que al rendirte, te Encuentres. En la que puedas permanecer Despierta. Aunque a veces, y sin quererlo, duela.

Abrirte tú en canal antes de que las heridas te cierren el paso. Abrirte a tu historia aunque te la tengas muy contada. Aunque su voz te taladre la cabeza. Aunque te vomite encima las comidas de una olla tan desgastada como rayada. Aunque ya no tengas espacios para sus palabras, y no puedan formar ni siquiera una frase con algo de sentido. Aunque este sentido no sea el Norte que te ha perdido.

Escuchar con el Corazón lo que tus miedos quieren callar. Para que no te vuelvas una muda sobreviviente. Para que la voz de tu Alma te pueda cantar la ‘Alegría de vivir’ cuando menos te Creas que lo merezcas que será cuando más lo necesites, a través de un villancico muy familiar. Para que no eches tanto de menos lo que no sabes qué echas de menos. Para que vueles lo más cerca posible de Ti, con esas Alas que te elevan el cuerpo Presente hacia tu AHORA y siempre… HOGAR, añorado hogar.

Aunque a veces duela…. Mucho. Poco. O casi nada. La Vida ES… y seguirá siendo… maravillosa.

LA MUERTE SIEMPRE ESTÁ VIVA EN NUESTRO CORAZÓN


¿Alguna vez te has preguntado qué es la Muerte? No la física. La otra. La que no se ve. 

Tengo una sobrina preciosa de 6 años y medio. Se llama Lucía. Iba a decir que está llena de vida, pero no. Ella ES Vida. Se pasa todo el día cantando, bailando, riendo, bromeando. Es pura creatividad. Pura pasión. Pura intensidad. Tenemos mucha conexión. Nos parecemos. Es mi ‘niña interior’. 

Aún no sabe lo que es el tiempo ‘humano’. Vive el presente, el momento. Por eso, cuando quiere algo, cuando siente algo, lo quiere YA. Ahora. Porque para ella ‘mañana’, ‘más tarde’, ‘otro día’, no existe. Por eso se enfada si se le dice que No. Por eso lo llora. Para que al menos, su sueño, aunque no se haga realidad, pueda transformarse en algo: en lágrimas. Es así como expresa la muerte de su deseo. No es porque sea un capricho (que haberlos haylos…). Ni un berrinche sin razón. Es simplemente que no lo entiende. Y cuando ha hecho su duelo (que suele durar pocos minutos) vuelve la alegría en ella. No hay rencores. El dolor que sentía Dentro lo ha expulsado Fuera. Lo ha liberado. Y como no vive en el pasado (porque no sabe qué es eso) regresa con otras fantasías, con otros juegos, con otras sonrisas. Con la misma Vida.

Es curioso. Los niños no saben vivir en el tiempo y los adultos no sabemos vivir en el Presente. ¿Por qué será…?

No se pude hablar de la Vida sin hablar de la Muerte porque son la misma cosa. Igual que no se puede hablar de un principio sin un final. Ni de un final sin un principio. 

Cuando alguien a quien amamos se muere, la tristeza, el dolor, el vacío, se apodera de nosotros. No se puede evitar. Ni se debe. Sólo lo podemos Sentir. Y ese Sentir, está más lleno de Vida que cualquier otra cosa. Aunque no nos guste como se manifiesta. 

La Muerte nos conecta con lo más profundo de nosotros. Con el sufrimiento del ser humano. Con lo que hemos olvidado. Con la compasión. Con la humildad. Con ‘el otro’. Desde ahí, los juicios desaparecen. Las intolerancias, los racismos, la hipocresía, la falsedad, no están. Las caretas se caen. Las apariencias se descubren. Las opiniones dejan de interesar. La fuerza que te sostiene no está para malgastarse en ‘tonterías’, sino en la Verdad. En tu Verdad.

San Juan de la Cruz dijo: 

“El Amor del Corazón es la llama de la vela que nos conduce por el camino de la oscuridad”

Para que nuestro Corazón se abra en su totalidad debemos conocer TODO lo que somos. Toda nuestra verdad. Todos nuestros cielos, pero también todos nuestros infiernos. Mientras vivamos, somos vulnerables. No podemos desprendernos de nuestra humanidad. No podemos ‘no ser’ lo que ya estamos siendo. Y no podemos ‘no sentir’ lo que ya estamos sintiendo. 

La Muerte nos rodea. Nos vive constantemente. Y no nos damos cuenta. Aparece cuando me separo de mi pareja. Cuando me echan de un trabajo. O lo dejo yo. Cuando me cambio de casa. Cuando una amistad deja de serlo. Cuando un proyecto no funciona como esperaba. Cuando me enfermo. No hace falta que se muera alguien para que algo en mí se muera. 

Un cambio es la muerte de algo y el nacimiento de otra cosa. Por eso, la muerte está llena de vida y la vida llena de muerte. Somos cambio. Y cuanta más seguridad, estabilidad, inmutabilidad, pretendamos tener, pretendamos ser, más dolor sentiremos. No se puede parar lo que siempre está en movimiento

No hay un modo correcto de vivir ni un modo correcto de morir. Cada uno lo hace como puede, como sabe, como quiere y como elige. ¿Quién soy yo para decirte cómo hacerlo? ¿Quién soy yo para Creer que mi verdad es La Verdad? ¿Quién soy yo para pedirte, exigirte, que no llores, que no te enrabies, que no odies, que no patalees, que no condenes, que no te encierres en tu cueva, que no te duermas, que pases página, que no te vuelvas loco cuando has perdido a un ser querido? ¿A TU ser querido? ¿Quién soy yo para decirte que no Sientas? ¿Quién soy yo para decirte que no vivas? ¿Quién soy yo para decirte que no ‘mueras…’? Nadie. No soy nadie. Y Tú (tu mente) tampoco lo eres. Respétate. Date el permiso para tocar fondo. Para rendirte. Para romperte en mil pedazos. Para no ser fuerte. Ni coherente. Ni responsable. Date permiso para desfallecer. Date permiso para SER. Para sólo SER.

Hasta que no Aceptemos que la Muerte forma parte de la Vida, que la Muerte ES Vida, que esas emociones de las que tanto huimos también dibujan lo que somos, que no hay nada de pecaminoso, negativo, malo, oscuro en ellas y que son las interpretaciones que hacemos de ‘cómo debería ser’ quien sea y lo que sea las que nos alejan de nuestra paz y de nuestra felicidad, jamás podremos SENTIRNOS LIBRES para SER quienes somos. Viviremos y moriremos con el Miedo tatuado en nuestra piel.

“Aquellos que atraviesan las puertas del cielo, no son seres carentes de pasiones o que las han reprimido, sino quienes han cultivado la COMPRENSIÓN de ellas”

-William Blake-

Dicen las sabias lenguas… que la Muerte lleva eones intentando llevarse a su casa a todos los Recuerdos nacidos y por nacer. Pero hasta el momento, le ha sido imposible con unos en particular: aquellos instantes que se transforman en Eternidad cuando son ‘tocados’ por el AMOR. 

No lo olvides:

LA MUERTE SIEMPRE ESTÁ VIVA EN NUESTRO CORAZÓN.

EL TRECHO QUE HAY ENTRE ESTAR VIVO Y VIVIR


Hubo un tiempo en mi vida, después de mi separación (hace 9 años), que dejé de vivir. Mi corazón seguía latiendo, pero mis ganas estaban muertas. No tenía ilusión por nada. Me daba todo igual. Si llovía, si hacía sol, si me caía, si me despertaba o si me dormía… Sólo sentía que ‘no sentía nada’. 

Estuve así unos meses, estando sin estar. Se hizo evidente todo ese amor hacia mí y en mí que no tenía y que, hasta ese momento, me lo estaba cubriendo otra persona. Me quedé desnuda ante mi enorme vacío. Ahí empezó el principio de mi fin. Duró unos 4 años. Años que estuvieron llenos de pasión, de intensidad, de apegos, de risas y de mucho sufrimiento. Buscaba (inconscientemente) a otro ‘alguien’ que me diera lo que sólo yo podía darme. Y las encontraba. Y no funcionaba porque las dos carecíamos de lo mismo. Y me escapaba porque no era lo que quería por mucho que quisiera…

Hasta que un día no aguanté más y puse punto y final a esa huida de mi soledad que había emprendido. Recogí los pedacitos de mí que había ido dejando por el camino y me dediqué a escucharme, a conocerme, a mimarme, a recolocarme, a sentirme, a vivirme y a amarme. Sigo en ello. Porque Amarse es algo que hay que decidir cada día, cada minuto, cada segundo, cada instante. 

He pasado por épocas muy duras (como casi todos). Pero incluso hasta en esas épocas ha habido momentos buenos, felices, plenos, bellos. Son esos MOMENTOS los que te dan la vida. Los que SON la vida. Los que te recuerdan que ‘Dios aprieta pero no ahoga’. Los que te permiten respirar, coger fuerzas, levantarte y seguir adelante. Y los que yo DECIDO pegar en mi ‘álbum de fotos’. Ésos y no ‘los otros’. Que haberlos, haylos. 

No es cuestión de negarlos sino de no poner tu atención en ellos. Primero porque ya no existen. Y segundo, ¿para qué?. Todo (personas, pensamientos, trabajos, situaciones…) lo que no me vaya a aportar algo positivo en mi Presente, no lo quiero. Y este ‘no lo quiero’ es una elección que hago. Y el conjunto de esas elecciones, lo que yo ‘vote’ en ellas, será lo que ‘presida’ mi vida. 

La felicidad no es algo que podamos buscar ni encontrar pero sí algo que podemos elegir. Y APARECE cuando apostamos por nosotros. Por lo que nos dicta el corazón. Por rodearnos de quien nos hace sentir como en casa. Por soltar las quejas, los victimismos, las perfecciones, los negativismos y los controles. Por esCoger mirar hacia lo bonito (que siempre lo hay y mucho), hacia las ilusiones, hacia los sueños, hacia los infinitos cielos y hacia las humanas compasiones. Con los pies en la Tierra que nos parió y la vista en el Universo que nos Creó.

Entre estar vivo y vivir hay un trecho muy grande. Lo conozco. He estado en los dos. Sé las diferencias. Sé lo que te aporta uno y lo que NO te aporta el otro. Sé los miedos que manejan nuestra barca en un lado. Y las valentías que se la arrebatan del otro. Sé que la inconsciencia mueve los hilos en uno de ellos y que los velos que nos ciegan se caen cuando ‘es el momento’ (que nunca se sabe cuándo es). Yo, por si acaso, intento ir con los ojos abiertos… No vaya a ser que se vuele uno y por no tener las ‘persianas’ subidas me quede sin VER… la Luz del día (y de la noche, que haberla, también hayla).

Como decía mi padre hoy en la comida, mientras filosofábamos con mi madre sobre la VIDA:

“El dinero se gasta hoy y se gana mañana. Pero los MOMENTOS, siempre se quedan (en ti)”

Disfrútalos todo lo que puedas. Sé consciente de Ellos. Están a tu alrededor. Esperando a que los descubras. A que los valores. A que no les des la espalda. A que sea tu corazón el que los fotografíe y no tu móvil.

Cuando dejes de buscar el momento perfecto (la vida perfecta) para ser feliz, el ‘momento perfecto’ te encontrará a ti.

Los mayores tesoros están escondidos frente a nuestros ojos.

Que tu ‘mirada’ no te los haga perder.

 

VIVIR LA VIDA NO ES MÁS QUE ELEGIR CAMINOS


Elegir. Tan fácil y tan difícil como eso. Siempre hay otra manera de hacer las cosas. Como mínimo dos. Quizás ninguna de ellas es la que desearíamos pero ‘de lo malo lo mejor’ sí que está en nuestra mano. 

También podemos abstenernos. No decantarnos por nada ni por nadie. Ésa, también es otra elección. Votamos por no intervenir. A veces, por miedo a equivocarnos, por miedo a sentirnos frustrados, a sentir que no sabemos, que no valemos… Y otras, simplemente, porque lo que hay no nos convence.

Sea lo que sea, estamos decidiendo continuamente hacia dónde ir, de dónde salir y lo más importante: dónde quedarnos. 

Antes era muy tímida, vergonzosa, insegura. No lo parecía hasta que mi piel se transformaba en fuego y el rojo en su color preferido. No me atrevía a reclamar, a pedir, a opinar. Si me habían devuelto mal un cambio, si lo que me habían traído en un restaurante no era lo que quería, si no estaba de acuerdo en algo etc. Me escudaba en el ‘me da igual’, ‘qué más da’. Pero la verdad era que si hablaba me iba a poner como un tomate y ‘no me lo podía permitir’. Cualquier cosa por evitarlo. Mi Mente hacía un análisis completo y a todos los niveles de lo que los otros podrían pensar si yo hacía esto o lo otro. Era autómatico. Sin quererlo. Y a ‘mí’, me mantenía al margen. Desaparecía. Y ‘yo’, me dejaba conVencer… 

Por otra parte, era la ‘defensora del débil’. Por los demás, no dudaba ni un segundo en dar la cara. Era el miedo el que se echaba ‘patrás’ cuando mi león rugía. Siempre he sido más de dar que de recibir, en todos los ámbitos. Aún en estos momentos me cuesta mucho. Soy muy independiente y lo de que otros ‘hagan por mí’ lo que yo puedo hacer por mí, no va conmigo. Al revés, me molesta bastante. Aunque por ahí se cuela también la ternura, el cariño, el acompañamiento, el compartir, el amor. Por ahí se pierde. No llega. La coherencia tiene su ‘precio’. Como todo. La cuestión es si estás dispuesta a pagarlo o no.

Cuando te acostumbras, cuando aprendes, a dártelo prácticamente todo en todos los sentidos, es difícil encontrar (conectar) a una persona a la que le permitas ‘entrar’, cederle un huequito, un espacio de tu corazón para que lo mime igual o más (nunca menos) que lo haces tú. 

Hay poca gente que no reclame, que no exija, que te acepte tal y como eres, que te ame en libertad. Sin una lista de normas a seguir. Sin amenazas sutiles. Sin chantajes emocionales. Honesta. Que tenga la valentía de irse cuando la relación se ha acabado. De expresar sus emociones. Sean las que sean. De dialogar, no de convencer. De respetar. De abrirse a su vulnerabilidad. 

Hay poca gente que se haya hecho amiga de la soledad… Por mucho que intenten aparentar otra cosa, ese energía de temor está ahí. Y la huelo, la siento y me asfixia, porque se te echa encima y quiere que ‘seas suya’. Y yo, ‘soy muy mía’ para estas cosas. Sí, no me gusta nada que intenten cortarme las alas. Consciente o inconscientemente. Y esta forma de ‘ser’, tan empática, dificulta mucho mi relación con los demás. Quieren más de lo que yo puedo y/o quiero darles. 

Cuanto más estoy conmigo, más me cuesta estar con los demás. Ya, suena fatal. A mí tampoco me agrada. Pero es lo que siento. Quizás mañana sea diferente. Quizás no estoy donde debería estar. No lo sé. Tampoco me importa. He aprendido a aceptar lo que soy en cada momento. Lo de luchar por sentir otra cosa para sentirme supuestamente mejor, para ‘entrar en el grupo’ (sea el que sea), lo de fingir, ya hace un tiempo que lo solté. Sólo me provocaba más dolor emocional. Era una negación absoluta de mí. Fuera mochilas.

Cada uno es como es (sin caer en la falta de responsabilidad). Algunas cosas (muchas) podemos reconducirlas con el tiempo pero hay un tipo de energía característica, ‘de nacimiento’, que no podemos rechazar. Y que, casualmente, suele ser nuestro mayor Don. Sólo hay que saber llevarlo… Tener mano izquierda con él para que no se convierta en nuestro peor obstáculo. 

Quien te quiere, te quiere con todas tus piezas. Aunque no esté de acuerdo con ellas. Lo que no hace es pretender cambiarte para que encajes con él como a él le gustaría. Por eso, en realidad, la mayoría nos queremos muy muy poquito aunque creamos que nos queremos mucho.

Hay situaciones muy duras por las que pasamos que ‘nos han tocado’. Vale. Acepto barco… Pero la gran parte de ‘la vida es complicada’ la creamos nosotros con nuestra actitud ‘frente a’. Me resulta tan injusto (no sé si es la palabra adecuada) que nos ahoguemos en un vaso de agua porque no tengamos dinero para comprarnos un móvil mejor, otro coche, irnos de vacaciones, porque no encontremos pareja, otras amistades, un trabajo que nos llene, por no tener una cara más bonita, menos celulitis, los dientes más blancos, más músculos, más más más de esto o menos menos menos de aquello, cuando en otro lugar, a la misma hora en la que yo me estoy ‘quejando de’, 10.000 seres humanos se están ahogando de verdad, millones de niños no tienen ni para comer y otros tantos ni un techo bajo el que dormir.

Me da ‘coraje’ sentir ese ‘quiero más de lo que tengo, de lo que soy’ cuando tengo mucho más de lo que gran parte de la población podrá soñar jamás. Como si no tuviera ‘derecho a’. Como si la consecuencia de que yo sea ‘más rica’ fuera que alguien tuviera que ser ‘más pobre’. Para equilibrar la balanza. Y no me gusta esa clase de justicia divina, por muy divina que sea. Que baje Dios y lo ‘vea’. Y lo sienta en sus propias carnes… Y luego, hablamos. O mejor, otorgamos callando. Que desde Allá arriba es muy sencillo soltar ese tipo de sermón…

♥ En el Cielo es muy fácil ser un Ángel.

Lo complicado (que no imposible) es serlo cuando estás en el Infierno ♥

Mientras unos luchan para no morir, otros luchamos para saber cómo vivir. Y ninguno de los dos, felices. Qué sinsentido. Supongo que el ser consciente de ello de vez en cuando ya es todo un logro. Hace que se te quiten muchas tonterías de la cabeza. Al menos, por un rato…

¿Caminos? Infinitos. ¿El tuyo? Sólo uno. El que estás eligiendo en este preciso instante. ¿No te gusta? Pues mueve el culo (o no…). Que eso sí puedes hacerlo y, además, es gratis.

Y que la Compasión (eso que hace que el Corazón, el Alma, se encoja y los ojos se nublen cuando ven sufrir a otro) sea en nosotros. Que falta nos hace…

LOS VERSOS QUE SE ESCRIBEN SIN TINTA


A veces me da la impresión de que la mayoría de personas hablamos del Amor con la cabeza en lugar de con el Corazón. Muy a la ligera. Lo cuál indica, que nada de lo dicho es real. Porque el Amor sólo puede surgir del Alma. Jamás de la mente. De la razón. De la convicción.

No se le pueden poner palabras a lo que está hecho de latidos. De silencios. De Sentidos.

Algunos lo expresan a través de la danza. Otros de la pintura. De la música. De los besos. Abrazos. Miradas. Caricias. Sonrisas. Y otros tantos, lo intentan, lo intentamos, mediante las letras. Mucho más distantes, lejanas, borrosas, translúcidas, de lo que ES. 

Hay Versos que se escriben sin tinta. Que se esconden entre las palabras que decimos y las que callamos. Que vuelan por los sueños que queremos alcanzar. Que se posan en esas pieles tan salvajes como tiernas, que te hacen perder la cabeza y encontrar tu verdadera Esencia. Y cuando los juntas, sin puntos ni comas, sin trampas ni cartón ni rimas ni diapasón, se transforman en poesía. Tan Bellos que sería una insolencia plasmarlos en un papel. Por muy transparente… que éste fuera.

¿Sabes ese Instante en el que te cruzas la mirada con otra mirada y el tiempo se esfuma? ¿Y la eternidad te envuelve? ¿Y los recuerdos sin imágenes le pegan un baño a tu olvido? ¿Y tus pensamientos se paran porque lo que sientes es tan intenso, tan profundo, tan penetrante, tan Vivo, que hasta ellos se arrodillan ante Él? Eso, no puede ser contado por muy bien contado que lo cuentes. Porque no le llegaría ni a la suela de su significado. 

Son instantes que están hechos de acero Inolvidable. Aunque los vistamos de carne y hueso. De apellidos. Colores. Sabores. Bandas sonoras. Amaneceres. Estrellas fugaces. De lunas llenas. O de olores.

Las palabras tienen tantas definiciones como seres humanos habitan el planeta. Cada uno de nosotros las interpretamos según nuestras experiencias. Nuestras creencias. Lo que para mí es pena, para ti es Compasión. Lo que para mí es verde, para ti puede ser marrón. ¿Cómo saber qué es lo que tú estás viendo? ¿Por el nombre que le das? ¿Como es igual que el mío, quiere decir que vemos, sentimos o pensamos lo mismo?

Quizás no existe ninguna verdad. O quizás son infinitas y lo que no existen son las mentiras, los errores, las equivocaciones, la ignorancia. Ni siquiera la evolución. Querría decir que lo de hoy es peor que lo de mañana. ¿Acaso puede haber algo mejor que lo que AHORA estoy viviendo? ¿Que lo que en este momento está ocurriendo?

Ayer las patatas eran buenas. Hoy, parece ser, que son malas. Por muy bien que te sienten. Y como ‘alguien’ lo ha dicho, aunque mi cuerpo me surrurre lo contrario, dejo de tomarlas. ¿No os parece absurdo? ¿HacerNOS caso omiso y poner en un pedestal a la ‘sabiduría’ del otro mientras le rezamos… ‘Sí, bwana’ a todo trapo? ¿No os suena a ‘lo de siempre’?

Yo, me, mi, conmigo. Mi Verdad es la Verdad. Hoy. Y mañana… ¿Mañana? ¿Qué es eso?

AMOR. Todos deseamos poseerlo, tenerlo. Pero es libre como el viento. Y sólo siendo libres, vendrá a nosotros, aunque en nosotros siempre esté. Es como las mariposas. Como la felicidad. Cuanto más intentas perseguirlas, más lejos se van. Son ellas las que vienen a ti. 

Cuando aceptas que no eres feliz es cuando empiezas a serlo. Mientras no lo hagas, gastarás toda tu energía en Ser algo que no estás siendo. Puedes INTENTAR aprender. Tienes un amplio abanico de opciones ahí FUERA. Para todos los gustos. Con técnicas energéticas. Meditaciones. Cantando mantras. Viajando a lugares de poder. Realizando retiros. Cursos. Sanaciones. Respiraciones. Asanas. Constelaciones. Y un largo etcétera.

Pero dime una cosa, ¿de verdad crees que alguien externo a ti puede enseñarte a ser feliz? ¿De verdad crees que vas a SER poderos@ porque durante 5 minutos te sientas así? ¿De verdad crees que se puede enseñar a Vivir, a Amar o a Sentir?

No funciona. Lo sabes. Todos lo sabemos. El problema es que no lo aceptamos. No aceptamos no sentirnos las 24 horas en éxtasis, plenos, radiantes, brillantes, fogosos. No aceptamos la tristeza, el dolor, la enfermedad, el sufrimiento, el vacío y la soledad. No hablo de que te guste o no te guste, sino de ACEPTAR. La noche. La sombra. La oscuridad. Las ratas. Las cucarachas. Las tormentas. Las crisis. Los huracanes. Y cuando algo (una persona, un deporte, una droga, una técnica espiritual o no, un trabajo) nos lo proporciona, nos enganchamos. Y queremos consumir más para volver a sentir ese subidón, ese cielo, esa dimensión que no tenemos en nuestro día a día. A eso se le llama apego y el apego necesita de más apego para proCrear. 

¿Es lo que quieres? Adelante. ¿Quién es nadie para decirte lo que debes hacer? Tu vida. Tu elección. Tu responsabilidad.

¿Pero sabes una cosa? Hay Versos que se escriben sin tinta. Y hay Personas-poeta que los recitan con su sola Presencia. 

Ellas. Ellos. Las brujas. Los magos. Tan divin@s como human@s. Que nos muestran con su ejemplo que SE PUEDE ser Feliz aunque en algún momento no lo seas… Haciéndose amig@ de su melancolía, de su nostalgia, de sus miedos, de su vulnerabilidad, de sus desgarros y de cada una de sus sagradas lágrimas. Sin ‘necesidad de tomar’ nada que no sea suyo. Nada que no provenga de su Interior. 

Eso sí que es Valentía. Eso sí que es Empoderamiento. Lo demás es… ‘lo de siempre’. 

¡Bendit@s Seáis DIOS@S del AMOR!

Gracias por SER. Gracias por ESTAR.

♥ Sólo alguien que se sostiene a si mismo es capaz de sostener a los demás ♥