NO ESPERES A QUE PASE LA TORMENTA. CONVIÉRTETE EN ELLA


Aprende a bailar bajo la lluvia. Si tú no te amas, nadie te amará. No juzgues. Deja de sufrir. Sonríe. Vive el presente. Respétate. Sé valiente. No vayas de víctima. Trátate con ternura. Acepta. Perdona. Fluye. Desapégate. Suelta. Y sobretodo, sé Feliz.

Sí, vale. Pero “mientras”, ¿qué hago?

Y esto (que para mí es lo más importante), es lo que se nos olvida explicar.

El aprendizaje, de cualquier cosa, lleva su tiempo. Nos cuentan lo que es la Iluminación. La Paz. La Consciencia. El Éxtasis. El Cielo. Hasta lo que es el Amor (aunque sea a través de lo que no lo es). Nos dicen cómo llegar hasta él. Qué hay que hacer y dejar de hacer para alcanzarlo. El para qué hemos venido. Cuál es el mejor camino para caminar. Qué herramientas utilizar. Qué técnicas practicar. Qué clase de sentires sentir y qué tipo de pensamientos pensar.

Que sí. Que también. Pero “mientras”, ¿qué hago?

Creemos que ese estado de levitación físico-mental-emocional-espiritual es nuestro destino. Nuestro objetivo. Y aunque desde un punto de vista muy ‘elevado’ sí lo es, Aquí y Ahora, abajo, en la Tierra que pisan nuestros pies, con el disfraz de nuestro nombre y apellidos tan bien cosido a nuestra piel, en este lugar llamado Vida, el único propósito a lograr es VIVIR lo que me está sucediendo. Punto.

¿Cómo aprende a volar una mariposa? ¿Cómo aprende a caminar un bebé? ¿Cómo aprende a florecer una rosa? No aprende. Simplemente, lo hace. Hay una ‘fuerza’ que le lleva a realizar ese movimiento. A ‘realizarse’. Un Silencio que le indica hacia dónde dirigirse y de qué manera hacerlo. Es como si ya nacieran sabiendo. No necesitan que nadie les guíe. Les asesore. Les aconseje. Les ordene y mande. No. Lo saben sin saber que lo saben. No son conscientes de su sabiduría innata. No se preguntan ‘si por aquí o por allá’. Si tendrán éxito o fracasarán. Sencillamente, HACEN. Actúan. Accionan. Y vuelan, caminan y florecen.

Pero a nosotros nos mal-enseñan desde que nacemos (incluso antes) el quién, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué de nuestra vida. Creyendo que eso es lo correcto. Que nosotros solos no podremos (adiós al Poder) y que no estamos preparados para ello (adiós a la Confianza). Y esas supuestas enseñanzas, poquito a poco, van tapando ‘lo que ya sabemos que no sabemos’ hasta que lo dejamos de ‘ver’. Hasta que nos convertimos en unas marionetas de nuestras propias creencias. Reaccionando continuamente para conseguir lo que nos han metido en la cabeza (y en el corazón) que es lo que debemos hacer, sentir y ser (incluidas las metas espirituales): un matrimonio con hijos, un buen trabajo (buen=estable, indefinido), una casa con piscina, un status, una marca, una empresa, un físico, miles de seguidores, un estado meditativo permanente, la iluminación bla bla bla.

Y nos olvidamos de lo que queremos nosotros. De lo que de VERDAD anhelamos. Y lo olvidamos porque no somos capaces de Sentirnos porque nos dijeron que ‘sentir era peligroso’ porque alguien en alguna ocasión sufrió al hacerlo y así nos lo transmitió de generación en generación. Y el miedo tomó el control. Y desde entonces, lleva el mando y hace con nosotros lo que le da la gana. 

En SENTIR está la clave del ‘mientras’. 

La vida no se para hasta que tú aprendes a vivirla como ‘Dios manda’. La vida nunca muere. Si no, no sería vida… Está latiendo a cada instante. Ya estés riendo, llorando, meando, cagando, comiendo, follando, respirando, escribiendo, bailando, cantando o amando. No se detiene. No hay publicidad. No se toma un descanso. 

Queremos decirle a la vida cómo tiene que vivirse. ¿No te parece ridículo? Es como decirle a la nota ‘Do’ cómo tiene que sonar para que suene como ‘Do’. Cuando no puede sonar de otra manera porque YA es ‘do’. 

Pues eso mismo, hacemos con nosotros. Decirnos cómo tenemos que ser para Ser.

Que sí. Que podemos desaprender. Que podemos recordar. Pero eso no quiere decir que no estemos Siendo, sintiendo y viviendo ya.

Alguien me preguntó una vez, en una conversación sobre cuál es nuestra ‘misión’:

  • ¿Pero cómo sé si éste es mi camino? Le dije: Porque lo estás caminando. No hay otro.

Y es así de simple. El problema es que queremos el de la ‘vecina’, que es muy feliz y yo también quiero serlo. No lo aceptamos. Luchamos contra él. Y él, somos nosotros.

Otra cosa es que si hay algo en nuestra vida que no nos gusta y podemos cambiarlo, no lo hagamos por miedo. Ahí, ‘el camino’ no tiene nada que ver. Aunque esa decisión de ‘no hacer’ forme parte también de él. 

No eres un árbol, muévete.

Tu camino. Tu destino. Tu propósito. Tu misión es donde estás ahora. ¿Cómo vas a caminar por un camino que no es tuyo? Si estás ahí, es por y para algo. Quizás en este momento, no lo sepas. No seas consciente. Pero hay un sentido para todo. Y si no, echa la vista atrás y explícame cómo has llegado hasta donde estás. ¿Por casualidad…? A estas alturas, ya sabemos que las casualidades no existen. 

No esperes a que pase la tormenta. Conviértete en ella. Siéntela con todas tus fuerzas. Deja que te penetre hasta lo más hondo de tus entrañas. Que remueva todas tus heridas. Que las haga sangrar si es necesario. No pasa nada. La sangre es vida. La tormenta es vida. Tú eres vida. Tú eres la tormenta, no el bailecito que te pegas para que no te ‘moje’…

No bailes, SÉ el baile.

No cantes, SÉ la música.

No acaricies, SÉ la caricia.

No respires, SÉ la respiración.

No sonrías, SÉ la sonrisa.

No llores, SÉ las lágrimas.

No te cabrees, SÉ la ira.

No te deprimas, SÉ la tristeza.

No te emociones, SÉ la emoción.

No vivas, SÉ la Vida.

No ames, SÉ el Amor.

¿Que qué haces Mientras…? SÉ. SIENTE quién estás siendo. Ésa es tu Perfección. Ni la de ayer ni la de mañana ni la de aquel gurú ni la de ese maestro. La tuya, que es la única que te debería importar.

Porque, ¿sabes una cosa? Ignoramos cuánto va a durar la tormenta. El aprendizaje. El ‘mientras’. Así que ¡¡¡VIVE, joder, VIVE!!! Tu vida es lo único que tienes. Aprovéchala, disfrútala. Haz lo que siempre has soñado. Dile a esa persona que la Amas. Que te gusta. Que quieres quedar con ella. ¿Qué puedes perder? ¿Quedarte como estás? Arriésgate. El no ya lo tienes. No retengas más los ‘te quiero’. Besa. Abraza. Come lo que te venga en gana. Duerme bajo las estrellas. Acércate a la playa a ver cómo amanece. Y cómo atardece. Es precioso… No necesitas a nadie para sentir la Belleza que te rodea. Sólo te necesitas a ti. A tu Alma. A tu Corazón. Escúchalo. Escúchate. Siéntelo. Siéntete. 

Aunque el tiempo no exista, el tiempo pasa. Y tu nombre y apellidos, tienen fecha de caducidad.

Eres Libre. ¿No te lo Crees? Prueba a elegir. ATRÉVETE A ELEGIR.

 

MIEDO AL CAMBIO. MIEDO A SER QUIEN SOY


“La gente no puede descubrir nuevas tierras

hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla”

-André Gide-

¿Y sabes cuáles son esas nuevas tierras? Trocitos de tu Alma que unidos se convierten en esa Felicidad, esa Paz, esa Plenitud que tanto anhelas.

Un cambio sin miedo, no es un cambio de verdad. El miedo nos refleja una creencia que tenemos arraigada. Y el hecho de superarlo, de no dejarnos vencer por él, hace que la desenmascaremos. Que la saquemos a la luz. Que la iluminemos. Y a otra cosa… mariposa.

La Vida es cambio. Nosotros somos Vida. Nosotros somos cambio. Constante. Es lo único permanente que existe. Nuestra piel muere un poco cada día. Nuestras neuronas. Nuestras células. Nuestras emociones vienen y van. Nuestros pensamientos chocan entre si constantemente. Rompiéndose en mil pedazos más. Y éstos, en otros tantos…

Nacemos. Crecemos. Nos reproducimos (o lo intentamos muchas veces…). Y morimos. Y volvemos a nacer. Y de nuevo, a morir. Cambio. Siempre cambio.

Nos aterra soltar la seguridad. La estabilidad. El control. Nos da miedo que podamos sufrir cuando ya lo estamos haciendo impidiendo que las cosas ‘se den’. Fluyan. Sean. Se experimenten. VIVAN. 

¿No es absurdo sufrir porque no queremos sufrir…?

Cuando lo que tenemos se ha acabado (pareja, amante, amistad, trabajo…) pueden pasar dos cosas. O que iniciemos el proceso de Soltar. Donde habrá molestia, dolor e incertidumbre. La cantidad dependerá de con cuánta fuerza lo agarremos. De nuestra resistencia a dejarlo volar… Y la segunda, que nos quedemos como estamos. De esta última derivan otras dos opciones:

1. ACEPTAR la decisión que hemos tomado (porque el miedo nos supera) y no ‘sufrir’ pero tampoco llegar nunca a ser feliz,

o 2. No aceptarla y pasarnos los minutos quejándonos de lo ‘acabado’, escupiendo culpas a diestro y siniestro, criticando, dramatizando, disfrazándonos de víctima o de agresor (dependiendo del pie con el que nos levantemos), envidiando a los que se han atrevido y entrando en una espiral de tristeza, desesperación, desconexión de nosotros mismos, de vacío y de sufrimiento que irá in crescendo a medida que pase el tiempo.

Conclusión: SOLTAR es lo menos dificultoso, lo que menos te dolerá, con lo que menos sufrirás y lo que te llevará a SER quien eres de verdad.

El MIEDO AL CAMBIO se alimenta de la ignorancia del futuro. ¿Y si no sale bien? ¿Y si no encuentro a nadie que me quiera? ¿Y si me estampo de narices contra mi osadía? ¿Y si pierdo? ¿Y si fracaso? ¿Y si no puedo yo sola? Y si.. y si… y si… Mañana, mañana, mañana.

Cuando tu mente sabe que tu deseo es salir de dónde estás, que ya no puedes aguantar más, que tienes claro que la etapa ha finalizado, entonces es cuando te ataca con todas sus armas. Con todos sus ‘y sis’. Da la orden a cada una de tus heridas de que se abran a horcajadas. Para que hasta tus entrañas puedan sentirlas. Y las retuerce para que abandones. Para que te lo quites de la cabeza. Te llena de excusas. De autojustificaciones. Te boicotea. Para que no ACTÚES. Para que te quedes paralizada. Sin saber hacia dónde ir. Sin saber hacia dónde caminar.

Obsérvala. Obsérvate. No te la creas. No te creas nada de lo que te dice. De lo que te dices. No es real. ESO no eres tú. 

Es cuestión de Parar un momento. Respirar hondo. Aquietarte. Desenmascarar tus propias mentiras. Y seguir ADELANTE. 

Yo he hecho decenas de cambios a lo largo de mi vida (y los que me quedan…). En todos, he pasado miedo. En todos, ha habido instantes de agobio, de ansiedad, de ‘qué será de mí’. Y una vez hecho el salto… ‘pues tampoco era para tanto’. No era para tanto, porque todo era una película que ni siquiera se había llegado a estrenar.

Los cambios son fáciles. Somos nosotros, con nuestras ‘comidas de olla’ los que los complicamos tanto. 

Somos Humanos. Estamos aprendiendo a amar, a vivir, a sentir. CREEMOS que hay un camino diferente, MEJOR, lleno de ángeles en lugar de piedras. Y que donde estamos es un ‘error de imprenta’. No es cierto. Nuestro camino es el que YA estamos caminando. Nuestra Vida es la que estamos AQUÍ Y AHORA viviendo.

¿No te gusta? CAMBIA. ¿Te gusta? Sigue igual. 

Pero lo de HACER no se nos da bien. Preferimos que los otros hagan por nosotros. Que el camino nos camine. Que los zapatos nos paseen. Que el árbol sea el que se mueve. Que el Cielo… nos caiga del cielo…

Pues lo siento, pero no funciona así. Si lo que quieres es ser feliz, claro. Si te es indiferente, pues quédate como estás. Ante todo, Libertad.

Las fórmulas mágicas externas no existen. No se las compres a nadie porque es un fraude. Intentarán timarte en cuanto vean tu cara de ‘falta de responsabilidad’. De desesperación. Pero en el fondo, sabes cuál es la verdad. Tu Verdad. Por mucho que procuremos taparla con apósitos de falsedad, hace tanto ruido que en cuanto nos despistamos un segundo nos ha ensordecido ‘la razón’. 

Así que como siempre, Tú Eliges. 

Yo decido saltar que ya me aburre tanta zona de confort.

¿Me acompañas…?

NUESTRA HISTORIA FAMILIAR NO ES LO QUE SOMOS


Todos tenemos una ‘historia familiar’ que llevamos a cuestas en nuestro corazón. Y esa historia, nos creó una herida (a cada uno la suya) que nos va a acompañar toda la vida. 

Me pasé muchos años queriendo eliminarla, hasta que entendí que formaba parte de mí y que la cuestión no era deshacerme de ella sino aprender a convivir con ella. Y descansé en Paz. Porque intentar cortarte un miembro tuyo (en este caso emocional) duele mucho. Es una lucha, un rechazo, continuo y sin final. 

Es tan profunda, está tan Dentro, que la mayoría del tiempo no la sentimos. Y de repente, la vida te ofrece la oportunidad de sacarla de su escondite. De hacerle caso. De darle Luz. A través de una pareja, de un trabajo, de una amistad, de ‘lo que sea’. Y en ese momento, en el que estás flotando entre todos tus miedos, eliges si quedarte allí, mirarlos de frente y quitarles la máscara, o huir de ellos, enterrarlos de nuevo y devolverlos a tu ‘oscuridad’. 

Es una decisión sólo. Y depende de la fuerza con la que lata tu Corazón, se inclinará hacia un lado o hacia el otro. Y da igual hacia dónde vayas. Porque si no lo haces hoy, tendrás que hacerlo mañana (siendo mañana de aquí a un mes, un año o 7 vidas como las que dicen que tiene un gato). 

Todo sucede cuando tiene que suceder. Ni antes ni después. No existen los errores, ni las equivocaciones y, por consiguiente, tampoco deberían hacerlo las culpas ni los arrepentimientos. Porque si no lo hicimos, fue porque no era el momento. Porque no pudimos (aunque ese poder esté disfrazado de cobardía o de ‘no querer’). Y el momento, siempre, siempre, siempre es cuando ocurre. No cuando ‘debería de’  haber ocurrido. 

Entonces, ¿de qué somos responsables? De todo lo que sentimos, que no es pecata minuta. Dejar de culpar a nuestros padres, a nuestros amantes, a nuestros jefes, a nuestros políticos, a nuestros vecinos, a las tormentas solares, a las toxicidades, a nosotros mismos… de nuestra tristeza, culpa, frustración, rabia, ignorancia, ira, soledad, miedo, vacío, nostalgia y/o infelicidad es el mayor acto de responsabilidad que podemos hacer. 

No somos lo que nos ocurrió. No somos Ellos. No somos nuestros pensamientos. Ni nuestros sentimientos. No somos nada de eso y a la vez lo somos todo, porque todo está en nosotros. En un instante, las cenizas se transforman en fuego y te vuelven a abrasar. Y en otro instante, vuelves a convertirte en cenizas de nuevo. Y así, sucesivamente.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos”

El problema es que no queremos ser polvo y por eso deseamos ‘quitarnos’ de encima, considerándonos nuestra ‘propia mierda’, creyendo que así brillaremos más y mejor. Que dejaremos de estar sucios. Que oleremos a rosas. Y que estando tan perfumados, ¿quién va a osar abandonarnos? ¿A no amarnos?

Nos equivocamos en juzgar a la mierda como ‘mierda’. A la sombra como ‘mal’. Y a la herida como algo que hay que sanar tachándola de nuestra lista de cosas a las que amar.

Es nuestra interpretación de ‘cómo tenemos que ser’ la que hace que NO SEAMOS. La que nos provoca más sufrimiento del que ya tenemos (si es que lo tenemos). Ya hay suficiente rizo como para encima rizar más el rizo y hacernos una ‘permanente’ con él, ¿no?

Muchas veces nos perdemos en las preguntas de ‘por qué y para qué’ nos ha pasado esto o aquello cuando lo único que nos está pidiendo la vida es que dejemos de querer encontrar respuestas y que únicamente sintamos. Nos sintamos. Y vivamos. Nos vivamos.  Sin interrogantes. Sin análisis. Sin búsquedas mentales. 

Estudiar es muy fácil. Abrir el corazón, abrirte y dejar que entre eso que tanto temes, salir al mundo real y poner en práctica todo lo que has aprendido, estudiado, memorizado, másterizado, doctorado, cursado y charlado es lo difícil.

(Lo dice una experta en ser muy abundante en títulos y muy carente en experiencias).

Hablar (escribir), habla cualquiera. Hacer, muy poca.

Y, ¿sabes? No hay prisa. De verdad. No estaría de más que nos quitásemos esa presión de ‘llegar ya’. Y de que si no llegamos, se acaba el mundo. Cuando el Mundo somos nosotros. Y nosotros, infinitos. Tenemos toda la eternidad para caminar nuestro camino. No hay nadie ni nada con un cronómetro que nos esté midiendo. Que nos esté puntuando. Que nos esté juzgando. Que nos vaya a premiar o a castigar. Sólo nosotros.

Somos muy injustos, muy crueles con nosotros mismos. Nos tratamos fatal. Con mucha dureza. Con mucha exigencia. Con muy poca ternura. Con muy poca compasión. Con muy poca dulzura.

No venimos a CONSEGUIR nada. Venimos a SERlo todo. TODO lo que nos suceda. Sea lo que sea. Sea cómo sea. 

No venimos a CAMBIAR. Venimos a ACEPTAR. 

De verdad. No hay prisa. Disfruta del viaje. Confía en él. Que donde quieres ir, ya estás. 

Somos los Hijos Pródigos de un lugar llamado Vida.

No somos nuestra historia familiar”

 

 

LA VALENTÍA DE SENTIRSE COBARDE


Hay muy poca gente que se atreva a sentir su propia cobardía. Hay muy pocos valientes sintiéndose cobardes…

Hablamos de Unidad. Hablamos del Todo. Hablamos de las Sombras. Hablamos de Regresar al Hogar. Y dejamos fuera una parte. A la oveja negra. A la que está mal vista (y nunca mejor dicho…). A la que precisamente es necesario integrar. Acoger. Abrazar. Amar.

Llevamos muchos años luchando CONTRA ella. Llevamos demasiados años luchando contra nosotros mismos. Contra un concepto. Una etiqueta. Un disfraz. Un engaño. Un ‘mal’ inventado. Un pecado muy poco original… 

Es tiempo de dejar las ‘armas’. De parar. De descansar. De rendirnos. De mirarnos. De vernos. Y de Aceptarnos. Es tiempo de abrir el cajón de nuestros secretos y darles la libertad que les arrebatamos al silenciar su voz. Nuestra voz. Es tiempo de gritarle a la vida que queremos vivirla. Con todos sus tesoros y todas sus consecuencias. Con todos nuestros rechazos y todas nuestras preferencias. 

Y para ello, no podemos olvidarnos de lo que deseamos olvidar. No podemos partirnos en más pedazos. En más categorías. En más ‘éstas son feas’ y ‘éstas son bonitas’. No podemos decirle al miedo que no huya. A la ira que no se enfade. A la tristeza que no llore. A la soledad que no se aísle. Y a la rabia que no grite. No podemos ignorar lo que estamos sintiendo cuando lo estamos sintiendo. Eso no es Amar. Eso no es Amarnos. Eso no es Incondicionalidad. Eso no es Totalidad.

Nos tenemos tanto miedo que hacemos todo lo posible por escapar. Por escapar-nos. Parece que huimos de una situación, de una persona, de un trabajo. Pero la realidad es que de lo único que pretendemos huir es de nosotros mismos. Y de nosotros mismos, no podemos huir. Nuestra manera de pensar (de la que derivan nuestras creencias) nos aleja de nuestra ‘manera’ de SER. Y entrecomillo manera porque para SER no es necesaria ninguna forma… Ningún cuerpo. Ninguna piel. SER se es Siendo. En cuanto le pones un nombre, una característica, dejas de SER y pasas a ser ESTO o AQUELLO. Y esto o aquello (sea lo que sea), no es lo que eres. Por mucho que te aferres a ello. Por mucha seguridad que te dé.

Todo lo que hay detrás (y delante) de SOY no es Verdad. Lo puedes sentir. Lo puedes pensar. Hasta lo puedes crear… Pero no lo ERES. 

Llega un punto en que no puedes ir más allá en el ¿Quién soy? y en el ¿Para qué soy y estoy?. Y es cuando te das cuenta de que no puedes saber la respuesta. Puedes averiguar lo que no eres. Para qué no eres. Y para qué no estás. Pero lo que sí eres, no. El viento, para saber que es viento, tendría que dejar de ser viento. Y no se puede dejar de ser lo que se es. Es tan obvio como complicado de entender.

Es la misma mente que intentamos controlar, educar, guiar, apaciguar, meditar… la que nos lleva a hacernos esas preguntas con la intención de que ‘mientras nos estamos preguntando-respondiendo’ no estamos Siendo (aunque siempre Seamos). Y caemos en su trampa, que es la nuestra. Y nos creemos que somos el jugador, el tablero, las fichas, las casillas y el casillero. Cada uno con su tipo de juego, perfectamente diseñado para ‘no sé’. Y nos perdemos en las pantallas. En los escenarios. En las Tierras. Y en los Cielos. 

¿Y sabes lo mejor? Que eso es a lo que tenemos que jugar. Porque si no fuera eso, no estaríamos donde estamos. Estaríamos en otro lugar. Y no es el caso.

¿Puedes vivir sin saber para qué estás vivo? ¿Sin saber quién eres? ¿Sin tener respuestas? Y lo más importante, ¿sin NECESITARLAS?.

A veces, la realidad se nos derrumba. Nuestro corazón se parte. Nuestras fuerzas se agotan. Nuestras lágrimas nos ahogan. A veces, no nos sentimos capaces de ser ‘perfectos’. De sonreirle a la muerte. De levantar a las caídas. De ofrecer nuestro hombro. De compartir nuestras penas. Y no tenemos por qué hacerlo. No tenemos por qué estar alegres. Ni dando saltos por las esquinas continuamente. Ni abrazar a todo quisqui. Ni mejorarnos. Ni evolucionarnos. Ni iluminarnos. Ni aparentarnos. No. De verdad. Suelta los ‘debería’. Suelta lo que hasta ahora te han dicho que tienes que ser y cómo serlo y hacerlo. Suelta lo que está bien visto. Suelta las sagradas escrituras. Las dichosas maestrías. Las subidas de sintonía… Suelta todo aquello que no estás siendo en este momento. Y Siente. Sólo siente. Lo que estás sintiendo. Ésa es tu única verdad de Ahora. Ése es tu único propósito. Tu única misión. Tu único cometido.

Experimenta lo que la vida te está mostrando. Lo que la vida te está viviendo. Lo que la vida te está Siendo. Sea lo que sea. Sea tu capacidad para hacerlo o tu incapacidad para no soportarlo. Da igual. Todo está bien. Todo ESTÁ, y si ESTÁ, está para algo. ¿Para qué? No lo sé. ¿Acaso importa?

¿Acaso importa saber para qué estamos viviendo si vamos a tener que vivir igual? ¿Acaso importa saber para qué estoy enferma si voy a estar enferma igual? ¿Acaso te crees que puedes llegar a saber la razón REAL de lo que estás experimentando? No lo que dicen los libros. No lo que CREEN saber unos cuantos. La REAL. La que está ‘más allá’ de lo que cualquier ser humano puede averiguar.

Pregúntate para qué necesitas responderte a esas preguntas existenciales. A lo mejor, cuando lo averigües, dejarás hacerlo. A lo mejor…

Hay muy poca gente que se atreva a ser cobarde. ¿Sabes por qué? Porque se creen que para SER, hay que ser ‘algo’. En este caso valiente.  Lo que no saben es que ya lo SON sólo por el hecho de haber nacido… Y se pasan la vida ‘no siendo’ para lograr ‘ser’. Lo cual tiene muy poco sentido y no es posible. Más que nada porque seas como seas, ya ERES. Así que es indiferente el ‘algo’ que le añadas. Por mucho que lo intentes, no puedes dejar de SER. Que seas consciente o no de ello, ya es otra cosa. Pero cuando lo eres, cuando eres consciente de que no necesitas ser ‘así o asá’, cuando te das cuenta de que es tu mente la que te manipula para que siempre haya ‘algo más, mejor y diferente’ de lo que eres, las versiones desaparecen y el Original sale a la Luz. Liberándote de las presiones, de las exigencias, de las mochilas que desde hace tanto tiempo llevas, llevamos a cuestas, y de las tan famosas Separaciones.

¿Te imaginas a la Vida diciéndose a sí misma cómo tiene que manifestarse y condenándose cuando no lo hace como ella considera…? ¿Y diciéndole a las ‘otras’ Vidas que no vivan lo que están viviendo? ¿Como si pudieran hacerlo…?

Puede que en este momento no seamos capaces. Puede que en este momento no deseemos ser fuertes. Ni podamos. Ni debamos. Pero seguimos estando Aquí. Y mientras estemos Aquí, coleando, tenemos la POSIBILIDAD de ser lo que nos dé la gana. Quizás hoy cobardes. Quizás mañana valientes.

Y quizás, sólo quizás…, algún día llegue el día… en que dejemos de meternos tanta caña y de pintarnos el Alma con tantos adjetivos, que tan poco favor nos hacen, y nos dediquemos simple y sencillamente a SER. Sin mayor ni menor medida.

VIVE LO QUE SIENTES

VÍVETE

¿Y SI NO TIENES NINGUNA VOCACIÓN?


Hay personas que desde muy jóvenes saben a lo que quieren dedicarse. Que vayan a por ello o no, es otra cosa. Pero saberlo, lo saben. Yo no soy de ésas. Hasta hace poco CREÍA que todos teníamos una vocación, un tipo de trabajo que nos pertenecía…, un ganarnos la vida que nos ganara el tiempo y no que nos lo hiciera perder. Y sigo estando de acuerdo, pero erraba en una cosa: que tuviera que ser sólo UNO.

No sabía hacia dónde ir. Por qué luchar. Qué sueño cumplir. Lo único que tenia claro era dónde no quería seguir. Pero claro, ¿qué ocuparía ese lugar si me iba? ¿Hacia dónde dirigirme? Me pasé meses en mi trabajo ‘esperando’ que mi corazón me diera alguna señal. Sentía que aquél ya no era mi sitio. Llegó un momento en que la espera me desesperaba porque nada llegaba. Estaba cómoda allí, me llevaba bien con mis compañeras, un buen sueldo, un futuro garantizado. Una estabilidad indefinida. 

Había experimentado muchos cambios internos. Muchos despertares… Lo ‘seguro’ ya no me servía. No era suficiente para ser feliz. Así que tenía dos opciones: o me lanzaba al vacío, me iba con una mano delante y otra detrás, o me quedaba donde estaba con la esperanza de que algún día me cayera del cielo la respuesta. Decidí irme. Decidí aparcar los miedos y hacer caso a mi corazón, que no paraba de gritarme que me fuera, que confiara, que para que se abriera mi camino debía dar un paso yo. Decidí saltar.

Y aquí sigo sabiendo que no sé y sin necesidad de saber más. Antes, este tema me quitaba la paz porque no podía moverme hacia ninguna dirección. Y el hecho de estar parada (en todos los sentidos) era como un pecado. Aunque me lo pudiera permitir, mi mente no lo hacía. TENÍA QUE trabajar sí o sí. Pero, ¿en qué?. Ya no podía (emocionalmente) trabajar por trabajar, en cualquier cosa. En algo que no me llenara.

Hasta que sentí: ¿y si mi vocación es MULTI? ¿Y si no tengo por qué elegir? ¿Y si mi misión actual es no tener ninguna y simplemente caminar…? Entonces, eché un vistazo a cómo había transcurrido mi vida, a cómo era mi personalidad y entendí, y lo más importante, ACEPTÉ, que mi vocación era un conjunto de vocaciones. Que estaba dividida en varias funciones y que su UNIÓN hacía mi ‘fuerza’. Y me LIBERÉ de esa presión que me había autoimpuesto. Era libre para ser lo que quisiera, para cambiarlo cuando quisiera y para ‘no ser’ nada cuando así lo sintiera.

Me aburro mucho de las cosas. Cuando hay algo que me remueve, lo doy todo desde el segundo 1. Me pongo en acción. Y cuando ya no tiene nada para mí, lo suelto sin más. No me quedo enganchada a eso y lo sigo haciendo ‘por hacer’. Lo dejo y empiezo (o no) otra cosa. Esto nos pasa a todos pero no a todos en la misma medida. Esta forma de sentir me ha costado aceptarla también. Porque no la consideraba ‘normal’ (¿qué es normal?). Porque nada se quedaba, permanecía (excepto yo sin el ‘yo’). Porque también me pasa con las personas, lo que dificulta mucho las amistades ‘para toda la vida’. O las amistades, sin más. Llega un momento que siento que ‘ya no’ y soltar a alguien con quien parecía que ‘ésta sí que será duradera’ no es fácil. Sobretodo al principio. Ahora no pongo expectativas en nada ni en nadie. No veo futuros, sólo vivo presentes. Y aunque haya algo de dolor en la transición (en el duelo), cada vez es menor. No me resisto al cambio. He pasado por muchos y he comprobado que ‘lo que tiene que ser, es’ para algo. Y que ese ‘para algo’ es mucho ‘mejor’. Confío plenamente (y agradezco) en lo que soy, en lo que tengo, en lo que seré y en lo que tendré.

Me gustan muchas cosas pero ninguna ‘lo suficiente’. Escribir, trabajar con niños, pasar consultas… Está todo como muy ‘en el aire’. No hay nada concreto. Es un ‘sí, pero no…’ continuo. En una carta astral que me hice me dijeron que hasta los 53 años me sentiría así. Tengo 38… 

He aprendido muchas cosas en el ‘transcurso’ GRACIAS A. No me ha quedado otra si no quería sufrir (para que luego digan que el sufrimiento no sirve para nada…). He aprendido a vivir el momento, a estar aquí y ahora, a confiar, a aceptar, a soltar, a parar, a que no suceda nada aunque esté sucediendo todo, a descubrirme, conocerme, intimarme, escucharme, cuidarme y Amarme. He aprendido que los planes ya los tiene hechos la vida para ti. A caminar sin suelo. A no decirle al viento hacia dónde tiene que soplar. A que todos los actos de mi vida cobran sentido en un instante. A abrir el Corazón a lo que tengo delante. A SABER que la meta soy yo misma. A reconocer la perfección de las cosas ‘tal y como son’. A bailar con mis sombras. A abrazar lo desconocido. A disfrutar de mi Presencia y de mi Ausencia. A convivir con mis dudas, mis incertidumbres, mis miedos, mis juicios, mis condenas, mis tristezas, mis vacíos y mis soledades. A preguntarme menos. A no necesitar respuestas, razones, por qués y para qués. A encontrarme sin buscarme. A SENTIR. He aprendido que no me faltaba nada sino que me sobraba casi todo. He aprendido que me queda todavía mucho por aprender…

Estoy en un momento en el que no me preocupan las vocaciones. En el que me he comprometido a ser yo misma (me guste o no), lo cual implica un no-compromiso con el resto del mundo (incluída ‘yo’), un no dar palabras que se las pueda llevar el viento. En el que los siempres, los nuncas, los éxitos y los fracasos, han sido tachados de mi vocabulario. En el que mi principal dedicación es SER UNA HACEDORA DE SENTIRES. Ilimitados. Infinitos. Donde lo que hoy me apasiona, mañana puede no provocarme ningún interés. Donde lo que ahora es SÍ, en 10 minutos puede ser NO. Donde si me tengo que bajar del tren, me bajo. Y si me apetece volver a subirme, me subo. Donde nada está bien o mal ni todo lo contrario. Y donde el ‘sueldo’ que recibo no cabe en ningún bolsillo porque no tiene precio: FELICIDAD, aunque a veces sienta que no la siento.

SER UNO MISMO no es fácil, pero es lo mejor que te puede pasar.

Como dijo Louis Armstrong:

<< No puedo hablarte del jazz. Lo conoces al oírlo>>

Yo tampoco puedo hablarme de Quién Soy, pero cuando me ESCUCHO… me SÉ.

Y como dice mi padre: 

” Y el que venga detrás, que espabile”

Y como digo yo:

” Y que me quiten lo bailao”

A VECES, HAY QUE PARAR PARA PODER SEGUIR


Aunque en realidad nunca estamos parados. La vida sigue respirando a nuestro alrededor. El mundo girando. Y nuestros corazones bombeando.

A veces, necesitamos ESTAR por y para nosotros. Acurrucarnos bajo nuestra piel. Apagar los focos y encender nuestra Luz. Escuchar a qué suenan nuestros latidos. Poner los puntos a los finales que hace tiempo que se acabaron. Cerrar ventanas por las que ya no deseamos asomarnos y abrirle las puertas al miedo para que salga volando. 

Vamos tan atropellados que no nos damos cuenta ni por el suelo que pisamos. Damos por hecho que ya está ahí. Que es él el que nos marca el camino. El que nos guía. El que nos avisará si algo va mal. Cuando son nuestros pies los que lo van dibujando con cada huella que dejamos. Con cada decisión que tomamos. Con cada norte que perdemos y con cada ilusión que encontramos.

Pocas veces lo disfrutamos. Pocas veces agradecemos lo que ya tenemos. Pocas veces nos valoramos. 

Yo soy un extremo. Lo reconozco. Claro que para hacer esta afirmación me he tenido que comparar con la mayoría (craso error). Y ya sabemos todos lo poco saludables que son las comparaciones. Porque yo no tengo por qué ser así o asá. No tengo por qué comportarme como lo haces tú, o él, o casi todos, o ‘lo normal’. En ocasiones, me pillo juzgándome en los ‘deberías’. Cada uno tenemos un tipo de energía diferente. A mí me encanta la soledad. Mucho. He aprendido (y me he acostumbrado) a estar sola. Y a estarlo bien. Muy bien. Tanto que me cuesta conectar con otras personas igual que conecto conmigo. Cuando necesito ayuda, me la pido a mí. Y no es por orgullo, por no sentirme débil (antes sí). Es porque me considero mi mejor amiga, la persona que más me conoce y la que más me puede “enseñar” (y sin comillas). Que no la única…

He sabido encontrar mis herramientas para expresarme, para llorarme, para gestionarme. Para sacar fuera lo que me duele dentro. Para desAhogarme… cuando me estoy asfixiando. Para reírme de las películas que me monto (que son muchas). Para conversar con la cantidad de voces que me hablan en la cabeza sin creer que son reales. Me permito el lujo de darles un papel en la obra de teatro que he creado. Quizás ése sea uno de los motivos por los que no me siento nunca sola. Tengo tanta gente en mí, que es imposible no estar acompañada…

Y si en algún momento, necesito a otro alguien para que me sostenga, lo voy a buscar y me dejo querer…

¿Por qué tengo que dejar de SER como soy si como soy ya me siento bien? Esto es lo que me pregunto-afirmo cuando me veo antisocial, cuando me aíslo intencionada y libremente. ¿Por qué tengo que hacer lo que no me sale de las entrañas? Es absurdo. 

Amarse a uno mismo es ser auténtico, es hacer lo que de verdad SIENTES. Sea lo que sea. Seas como seas. Y cuando alguna vez he ido en contra mía, para intentar integrarme en la sociedad (como si la sociedad estuviera BIEN integrada…), el dolor que he sentido ha sido tan grande que se me han quitado las ganas de volver a repetir. Respetarse a uno mismo, a tu momento, a qué quieres ahora aunque sea lo opuesto a lo que querías hace 5 minutos, es básico para poder SER FELIZ. 

Aunque te llamen loca. Rara. Bruja. Aunque nadie te entienda. Aunque tu mano no vaya agarrada de otra mano. Aunque te critiquen. Te condenen. O te abucheen. Aunque seas tú la que lo haga. ¡SIGUE ADELANTE! No eches la vista atrás ni alante ni arriba ni abajo. Padentro. Siempre padentro. Ahí es donde está tu Alma. La única que sabe lo que es mejor para ti. Lo que te hace vibrar, saltar, soñar y Amar. 

Y si tienes que renunciar al ‘clan’, házlo. Porque no hay nada peor como la infidelidad hacia uno mismo.

A veces, hay que parar para poder seguir tu camino y no el de los demás.

VIVE TU VIDA

ES LO “ÚNICO” QUE TIENES

(y sin comillas…)

CUANDO SER HOMBRE O SER MUJER ESTÁ POR ENCIMA DE SER HUMANO


Nací en un cuerpo de mujer. Y con él, la etiqueta de ‘mujer’ a mis espaldas. Nunca le hice mucho caso. He salido bastante rebelde y demasiado libre como para que algo o alguien me dicte (aunque sea en silencio) cómo se supone que debo comportarme, qué aficiones tener, a qué jugar, con qué vestirme, que si pintarme, que si dulcificar mis gestos, que si cremas, que si hijos, que si esto o que si ahora todo lo contrario.

No CREO en hombres ni en mujeres. No creo en cualidades femeninas ni masculinas. No creo en que ÉL protege y en que ELLA cuida. No creo que me falte nada por lo tanto no tengo nada que demostrar. No creo que soy menos que ‘alguien’ por lo que nada de lo que otro me diga (insultos incluidos) me va a molestar. No tengo ninguna necesidad de ser feminista porque la única persona que me importa que me valore y respete soy YO. Nadie más.

Creo en mí. Y cuando no lo hago, no CULPO a ‘la sociedad’ de ello. Me RESPONSABILIZO de la falta de seguridad en mí misma que tengo en ese momento. Nadie, repito, NADIE tiene el poder para hacerme sentir indigna si yo no se lo permito. Y permitir es CREER que no valgo. Y esa creencia sólo depende de mí. O la tomo como verdad o la dejo ir. 

Caemos en la misma trampa de siempre: el VICTIMISMO. El “pobrecitas”, cuando de pobres no tenemos nada. La Igualdad está en nosotros. La justicia está en nosotros. La paz está en nosotros. DENTRO. Lo de fuera es un reflejo de lo que anida en nuestro interior. Y hasta que no cambiemos ese no merecimiento, esa falta de empoderamiento, de creer en nosotras sin tener que gritarlo a los cuatro vientos, sin vestirnos de lila y sin los puños en alza, todo seguirá igual. 

Hoy es 18/12/2016. Tenemos los mismos derechos que cualquiera. Somos Libres para hacer y deshacer lo que nos dé la gana. El único problema que hay es que somos prisioneras de nuestros propios miedos. No nos atrevemos a brillar. A salirnos de lo establecido. A expresar nuestra opinión. A ir contracorriente. A SER lo que sentimos y no para lo que nos han criado. 

Nos hemos creído que estamos por debajo, que hay que luchar, que la mujer de ahora tiene que ser ‘más’.

Primero: ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser hombre? Nada. Una identificación más. Un nombre más. Es todo un engaño para creernos diferentes y generar conflictos entre nosotros cuando lo único que nos diferencia son las carnes, lo que nos cuelga y lo que no de ellas.

Una persona no es más humilde, más sensible, más valiente, más honrada, más honesta, más coherente o más vulnerable por haber nacido hombre o mujer. Cada uno de nosotros elegimos CÓMO ser, qué actitud tomar ante la vida y de qué manera caminarla. Nos influye la educación recibida, sí. ¿Pero quién decide si yo expreso mis sentimientos o no, si yo hablo o me callo, si yo miento o soy sincera, si tengo hijos, si me caso, si soy infiel, si engaño, si robo, si no me respeto, si tengo una pareja maltratadora, drogadicta o abusadora, si trabajo en una empresa o si me hago autónoma? ¿Lo deciden mis tetas, acaso? No. Lo decidimos, lo aceptamos, cada una de nosotras. Asumámoslo de una vez. Nadie nos obliga. PODEMOS, somos CAPACES, pero no nos atrevemos.

Yo no escojo de quién me enamoro pero sí con quién compartir mi vida. Seamos consecuentes con nuestras elecciones. No es lo que siento, es lo que hago con lo que siento lo que marca mi destino, mi Presente.

Es más fácil culpar a los otros de lo que únicamente está en nuestra mano hacer (y no hacemos). Hay mucho rencor, hay mucha rabia y mucho ‘historia’ acumulada en nuestra memoria. Y hasta que no nos perdonemos por todo lo que hemos consentido que nos hicieran seguiremos echando balones fuera y fomentando una realidad que sólo es real cuando NOSOTRAS así lo permitimos.

La ‘cosificación’ es una invención para mantenerte atada a la cárcel mental en la que tú misma te has metido. Yo me desnudo si me da la gana. Me prostituyo si me da la gana. Vendo mis intimidades si me da la gana. Me tiro de un puente si me da la gana. Y alquilo mi vientre si me da la gana. Que para eso es mío. Se llama LIBERTAD. Y cada uno hace con su cuerpo, su mente y su corazón lo que crea conveniente (siempre que no perjudique a los demás).

¿Quién soy yo para decirle a nadie qué tiene que hacer con su vida y cómo vivirla? ¿Quién soy yo para IMPONER mis creencias? 

Y si algo de lo que te digan o escuches te ofende, el problema lo tienes tú en TI. Y quizás también el otro, pero eso es cosa de él, no tuya. Yo con ocuparme de mí tengo más que suficiente.

Si la humanidad dejara de identificarse tanto con lo que CREE SER, se acabarían las guerras (tanto internas como externas). 

Yo no soy mujer ni catalana ni española ni enfermera ni hija ni hermana ni tía ni amiga ni blogger ni trabajadora ni parada ni soltera ni lesbiana ni Leo ni espiritual. Cada una de esas palabras lleva consigo la carga de una definición que ‘tenemos que cumplir a rajatabla’ para sentirnos ‘del grupo’, seguros, apoyados. Y nos paseamos con nuestras banderas, con la cabeza bien alta, orgullosas de ser ‘algo’ y luchando para no dejar de serlo. Porque si yo no soy todo eso, entonces ¿QUIÉN SOY?. Y, ¿qué hago si no soy nada?

Esta pregunta es la que nadie se quiere responder porque para hacerlo tienes que dejar de ser ‘algo’ y empezar a serlo ‘todo’. Y en ese ‘todo’ sólo estás tú, contigo. Con tus luces y tus sombras. Sin asociaciones a las que agarrarte. Sin pautas que seguir. Sin maestros, guías, jefes, directores, que te digan lo que tienes que hacer. Sin un suelo estable por el que pisar y pasar. Sin futuros programados. Sin salvadores ni salvados…

Por eso nos encanta la ‘pertenencia’. Porque así, si algo falla, si nos equivocamos, si fracasamos, si no sabemos, nos lavamos las manos y evitamos SENTIR dolor, tristeza, culpa, soledad y/o frustración (aparentemente…).

Creemos que estamos luchando por la libertad cuando lo que estamos haciendo es actuar como marionetas de nuestro propio teatro. Queremos ser libres pero no queremos asumir lo que implica la libertad. No hacemos (individualmente) nada por conseguirla. Seguimos (sobre)viviendo en un pasado que está más que obsoleto, que se caducó hace tiempo, aunque nos hagan creer (y nos creamos) lo contrario. Seguimos enganchadas a la queja y al ‘drama’.

SER HUMANO. Es lo único que soy. Y ni eso…

La solución no está en poner parches.

La solución está en SANAR LA RAÍZ.

SIN VÍCTIMAS, NO HAY VERDUGOS

 

TODO SIGUE IGUAL, MENOS YO


La música. El calor. Las miradas perdidas. Los corazones desiertos. El podium repleto. El alcohol en mano ahuyentando recuerdos. Las pajas en la boca… y las salivas escupiendo malas hierbas. 

Y yo, de nuevo, en el mismo lugar en el que mis resacas se volvían infinitas y mis noches eternas.

Ayer fue diferente. Ayer, todo seguía igual que hace cuatro años. Todo, menos yo.

Mi cuerpo se movía sin pasión. Mis pupilas no encontraban a ninguna niña que las iluminara. Isis, mi amada Diosa que esa misma mañana se me tatuó, tenía la triple luna enloquecida de escozor. El único deseo de mi piel era que ninguna otra la tocara.

Estaba ausente. Ausente de mí.

Mi alta sensibilidad se pegó un buen banquete. Y mi estómago se empachó. Se empachó de las mismas sombras que años atrás acompañaron los cuartos oscuros de mi Alma. Esa necesidad de tragarte tu inhibición para sentir que te comes el mundo (y lo que no es el mundo…) aunque sepas que es mentira. Aunque tu placer sea jadeado por la soledad.

Cuerpos casi desnudos con el corazón tapado hasta el cuello, empotrados en una columna sostenedora de penas. Una foto arcoiris para que baile sobre la Arena, con su tez morena. Un Aire muy contaminado de hedor. De temor. Una pareja buscando multitud. Una voz que quiere llevarme al huerto para plantar su nabo en mi Tierra infértil. Un ‘olvídame y pega la vuelta’ muy sutilizado. Unas cuantas moscas detrás de la oreja. Posándose en mis alas. Queriéndomelas robar sin ningún tipo de pudor. Sin ningún gesto de honor.

Y yo allí. Tumbada de pie. En un sitio que ya no me pertenece. A una hora que no me da rienda suelta. Probando ser quien era siendo quien soy. Imposible. Incompatible. No funcionó. Demasiadas emociones pululando por un ‘ambiente’ que ya no es mi ambiente. Mi esponja tenia sed. Mucha sed. El ‘modo Off’, que cada día me pone… más, se quedó sin pilas y la ON-ificación que se produjo me saturó.

Mi silencio me echaba de menos. Y yo a él. Así que me fui por donde vine confirmando que ahí Fuera nada había cambiado, pero que Aquí Dentro… ya nada era igual.

NADIE NOS PUEDE SALVAR DE SER QUIENES SOMOS


Nada ni nadie nos puede salvar de ser quienes somos. Buscamos a alguien, algo que nos rescate de una prisión llamada ignorancia, cuando la única llave que la puede abrir se encuentra en nuestro interior, en esa sabiduría que creemos no poseer y que tanto cedemos al exterior.

Nunca fuimos condenados, nunca fuimos abandonados, es sólo nuestra interpretación. Somos lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, intentando convivir en unidad con cada una de nuestras partes, todas correctas, todas perfectas, todas tan importantes como imprescindibles y ninguna necesaria para poder respirar.

No soy esto ni soy aquello, no soy tú ni soy yo, no soy ni el cielo ni la tierra, ni la montaña ni el mar, ni el sol ni la luna, ni el calor ni la tempestad. No soy todo ni soy nada, ni el silencio ni el ruido, ni la mente ni el corazón, ni el ser ni el humano, ni el tren ni el vagón. No soy “quién” ni soy “qué”, ni para siempre ni hasta nunca, ni el punto ni la coma, ni la tristeza ni la alegría, ni la etiqueta ni la camiseta, ni la caricia ni la piel desierta.

Me despierto en otro sueño que parece realidad pero con la duda en la punta de mi humildad. ¡No hace falta saberlo todo!, me digo desde hace ya un tiempo. NO HACE FALTA SABERLO TODO. La Tierra era plana hasta que fue redonda. ¿Cómo será ahora? ¿Qué más da? ¿Acaso importa? 

La razón es libre, a nadie pertenece. Tú razón no es la verdad y mi razón tampoco, por muy razonable que sea. Queremos tenerla porque nos encanta “acumular” lo que sea en ese espacio que ya está lleno pero que sentimos tan Vacío, creyendo que así la soledad nos huirá cuando huela todas las razones con las que nos perfumamos, cuando son ellas su más exquisito alimento, su más preciado manjar.

No tenemos ni idea, ni de quienes somos ni de donde venimos ni hacia dónde vamos ni por qué ni para qué. ¿Cómo poder Saber lo que es impermanente, lo que siempre está cambiando, mutando, transformándose? No se puede pero nos negamos a asumir que por muchos libros que nos traguemos, por muchas experiencias que tengamos, por mucha sabiduría que adquiramos, seguiremos sin SABER NADA.

Estudiamos el Mundo, los planetas, los chakras, las dimensiones, los meridianos, los universos paralelos, lo cuántico y lo no cuántico, lo emocional y lo espiritual, para así entendernos, para así comprendernos, para así sabernos, para así vivir en armonía, para así estar en Paz. Y así… nos podemos pasar toda la eternidad, porque lo que hoy es verde mañana será naranja, lo que hoy es redondo mañana tridimensional, lo que hoy me sana mañana me perjudicará. Así que, ¿para qué? ¿Con qué intención? SEGURIDAD.

Deseamos sentirnos seguros, que el suelo que pisamos no se desvanezca, no se derrumbe, no se evapore, porque nos aterra caernos al vacío de lo desconocido, a la tan temida muerte de nuestra Identidad. Nos inventamos Dioses, pócimas mágicas, mil y una técnicas de meditación, de Evitación. Creamos Bunkers alrededor de nuestro Corazón “por si” algún latido que se ha salido del ritmo, de la norma, de lo escrito, de lo establecido o del guión, nos explota dentro y nos hace picadillo el Control.

Nos da miedo ” no saber” porque No Saber implica abrirse a que todo pueda ser, a que todo pueda pasar, a que nuestra propia existencia sea una falsedad, a que todo esto que estamos sintiendo sea una mentira más, a que todas esas respuestas que no queremos escuchar se transformen en Verdad y que el Amor Incondicional sea una utopía más. 

Y entonces, ¿qué hago con  mi Vida sabiendo que es sólo una película, un juego malabar, que nada de lo que me ha pasado, de lo que recuerdo es Real?

Pues VIVIRLA, como has hecho hasta ahora pero desde otro lugar, y mañana desde otro, y pasado desde otro hasta “quién sabe cuándo” terminará, si es que algún día lo hace… 

Y ya que estás Presente, disfrútala, disfrútate, elige a quién te dé no a quién te quite. No nos tenemos nada que trabajar “para Ser”  porque ya Somos lo que somos. No te engañes. No te dejes engañar. Es mucho más sencillo que todo eso:

  • ¿Qué es lo que te gusta, lo que te hace feliz, sentir en Paz?

¿Por qué escoges lo contrario, entonces? No tiene ningún sentido comerte algo que sabes que te va a provocar náuseas y malestar. Es absurdo y lo hacemos continuamente: rodearnos de personas que nos quitan toda la energía, emparejarme o amantearme por necesidad, para no estar sola, seguir casada de quién no estoy enamorada, pasarme 8 horas al día realizando un trabajo en el que no creo, con el que no disfruto y que me “tira patrás” etc etc etc. 

Y nos preguntamos por qué no somos felices, que a pesar de “tenerlo todo” nos falta algo (cuando lo que pasa es que nos sobra mucho…) y empezamos a buscar, a buscar y a buscar, a ir a terapias, a retiros, a cursos, a talleres, “para encontrarnos”, “para iluminarnos”, “para evolucionarnos”, “para recordarnos”, cuando lo único que hay que hacer es soltar lo viejo y Elegir “el plato” que AHORA, en este único Instante en el que habita toda tu Esencia, toda la Eternidad, te hace salivar.

¿Fácil, no?

¿Cuál es tu comida preferida? Párate, Siéntete y lo Sabrás. Y mañana, vuélvetelo a preguntar.

Nadie nos puede salvar de ser quienes somos,

sólo yo me puedo ACEPTAR.

SOY LESBIANA Y MUCHAS OTRAS COSAS MENOS


Soy lesbiana y muchas otras cosas menos. Otro concepto más que crearon para etiquetar a las personas que sólo nos enamoramos de mujeres, de algunas mujeres… porque parece que por el hecho de ser lesbiana nos tengan que gustar ya todas nuestras amigas, conocidas, vecinas, compañeras, camareras, cuñadas, maestras y cualquiera con un par de “tetas”, bien puestas o no.  

El problema aparece cuando te CREES que tu “quién soy” es eso. Soy culé, soy enfermera, soy de izquierdas, soy espiritual, soy vegana, soy yang, soy catalana o española o europea, soy mental o emocional, soy diurna o nocturna, soy soy soy… Nos cargamos de IDENTIDADES para así poder agarrarnos a algo con lo que sostenernos, para no sentir ese vacío que viene precisamente de llenarlo de todas esas caretas con las que nos vestimos, con las que nos disfrazamos.

Cuando empiezas a soltar todo lo que crees ser, todo aquello a lo que te apegas para “ser alguien”, porque si sientes que eres “nadie” te hundes en tu soledad, entonces es cuando empiezas a sentirte LIBRE, libre de verdad, cuando tu mochila se aligera y puedes volver a volar.

Pero preferimos estar encerradas en nuestro armario arcoiris o en el de cualquier otro color, himno, bandera, símbolo, marca o religión con tal de no salir de él y perdernos en nuestro “yo universal”, en nuestro silencio más infinito y eterno que no puede ser ni siquiera pronunciado, en el único espacio que habitamos ausente de paredes, de muros, de fronteras y de fortalezas, el único lugar posible para encontrar esa respuesta que tanto buscamos Fuera.

No soy un cuerpo aunque éste sea mi vehículo. No me siento hombre ni me siento mujer, sino un ser humano que piensa, ríe, llora, patalea, sufre, se cae, se levanta, se tropieza, aprende, evoluciona, se enamora, se desenamora, que va y que viene según sople el viento y según cómo la luna crezca, que a veces se baña en lágrimas y otras en sonrisas, que a veces se muere de amor y otras de risa pero que siempre resucita.

No soy ninguna máquina a la que alguien externo le da cuerda para que camine por donde él quiera, a la que nunca se le caen los tornillos por lo mucho que se los aprieta. Programada para no verse, para no reconocerse, para no darse cuenta, para no ser consciente, para no investigarse, para no latir, para no escucharse, para no poder sentirse y para así, nunca lograr Amarse.

¡Qué  va! Soy lo que queda cuando me desprendo de todo eso

Si te identificas con tu personaje, el que hayas elegido, lo único que consigues es limitarte, encerrarte, aprisionarte, en lugar de abrirte a la Vida, a todo lo que te puede ofrecer, a todo lo que te está llegando pero que no eres capaz de ver porque llevas puestas unas gafas exclusivas para “ti”, que sólo te permiten percibir aquello que es acorde a la identidad que te has creado y creído. Todo lo que se salga de ahí, pasa de largo por delante de tus narices.

Entonces es cuando los demás son raros, no los entiendes, de dónde habrán salido, qué vergüenza, a quién se le ocurre, menudo personaje o está loco. Para mí es intolerancia, prepotencia, falta de respeto y vanidad, por creerte mejor y más que otro, cuando tú ni te atreves, ni te acercas lo más mínimo a ser transparente, a ser como eres.

Crees que la Realidad es sólo tu verdad, cuando la estás continuamente manipulando y tergiversando con las interpretaciones que haces sobre ella, pintándola con tu propia ignorancia y proyectándola con cada uno de tus miedos.

Todo el peso que llevan esos “yo soy” nos hunden en el pozo de las lamentaciones, hacen que no nos permitamos cambiar de dirección porque “yo tengo que” seguir el cartel de sus indicaciones para no salirme de un camino impuesto por unos pensamientos que ni me planteo poner en duda por si “dejo de ser”, por si “dejo de existir”. Lo llaman miedo a la Muerte, cuando la calle está repleta de auténticos muertes vivientes. Eso sí, con muchos “títulos” para enmarcar.

Estuve tanto tiempo dentro del “armario” que desarrollé claustrofobia. Ahora cualquier intento de volver a meterme en él hace que mi Corazón se ahogue, así que no me queda más remedio que VIVIR para poder Respirar, sin ser nada por mucho que lo sea todo, y siguiendo el único rumbo que mis latidos me marcan. De esta manera, nada ni nadie puede quitarme ningún derecho, ningún orgullo y ninguna dignidad, porque yo solita me lo guiso y me lo como, porque el poder está en mis manos y porque es únicamente mi Responsabilidad.

¿Lesbiana? Otro cartelito más.

Algún día el Mundo será tan raro

que volverá a SER “normal”