LA CRISIS DE LOS 40. ¿ESTOY DONDE QUIERO ESTAR?


Eso es lo que ocurre cuando nos acercamos a la cuarentena. Un par de años antes, durante o un par después. Nos replanteamos nuestra vida. Nos paramos a reflexionar sobre si somos felices o simplemente respiramos. Nos preguntamos qué hay en nuestra vida que impide que nos sintamos completos. Plenos. Y qué es lo que creemos que nos falta (o nos sobra…) en ella. 

¿Y por qué a los 40? Porque lo asociamos mentalmente a ‘la mitad’ de lo que nos queda por vivir. Y si no estamos donde queremos estar, la crisis se nos echa encima porque nos hemos pasado ‘la mitad’ de la vida pasando a hurtadillas por ella. Sobreviviéndola en lugar de disfrutándola. Que para eso es para lo que nos han parido.

Y entonces, el miedo a no haber Vivido como nos gustaría tambalea todos los cimientos que nos hemos construido para mantenernos estables, seguros, controlados y permanentes. Osea, medio ‘muertos’. Porque la vida, si algo tiene es impermanencia, inestabilidad, fluidez, cambio y sorpresa. Pero estas cualidades le aterran al ser humano. Y luchan contra ellas día a día. Intentando que nada ni nadie se salga de su baldosa. De su zona de confort. De lo conocido. Por muy infeliz que esté allí y por mucho desgaste energético, físico y mental que le conlleve.

Es una oportunidad para soltar todo aquello que ya no nos pertenece. Para romper con lo que ya no nos sentimos vinculados. Para cerrar ‘por siempre jamás’ lo que ya se ha acabado. Lo que está más que finiquitado. Caducado. Y para que no se nos pudra DENTRO…

¿Que esa oportunidad está siempre ahí? Sí. No hay una fecha o una ‘luna’ perfecta para hacerlo. Pero suele coincidir con una toma de conciencia mucho mayor a cualquier otro momento. Quizás porque nos damos cuenta de que ‘se nos está pasando el arroz’ y no nos lo estamos comiendo.

En agosto cumplo 39. Y aunque llevo casi cinco años de ‘crisis’ en ‘crisis’, esta vez me ha tocado fuerte en el tema laboral que es donde mis miedos, mis heridas, mis bloqueos y mis creencias me impedían dar el salto. Una vez hecho el trabajo interno que he necesitado, la pista para iniciar un nuevo viaje se ha despejado. Me he quitado un peso, una densidad, que me mantenía atada a esa falsa comodidad que no nos permite realizar nuestros sueños. Y Ahora, ya puedo Volar…

Somos expertos en excusarnos. En justificar nuestra cobardía. En culpar. En ‘no hacer’. Nos creemos que ‘algún día’, por arte de magia, algo o alguien nos sacará de nuestra cueva. De nuestra cárcel. Nos quitará la armadura con la que nos protegemos de ‘no Sentir’ y nos salvará de nuestro adormecimiento. De nuestra apatía. De nuestra tristeza. De nuestro vacío. Y de nuestra soledad.

Y lo siento mucho por aquellos que esperáis que el milagro venga de Fuera porque no funciona así. Os podéis pasar otros 40 años de capa caída. Sin vivir. Sin amar. Y sin sentir. Pero de Verdad. Con el pecho al descubierto. Yendo a por todas. Sin medias tintas. Sin ‘por si acasos’. Sin cláusulas de exclusión. Sin paracaídas. Sin chubasqueros. Para que cuando llueva, te empapes de arriba a abajo. Desnudos. A flor de piel. Para que cuando haga sol, te quemes hasta las entrañas. Te transformes en Fuego.

Puros, transparentes, auténticos, libres y sin camuflajes que nos tapen el Corazón.

El trabajo lo tienes que hacer tú. El salto lo tienes que hacer tú. El disfraz te lo tienes que quitar tú. El MILAGRO ERES TÚ. Y hasta que no te hagas responsable de ti, de tus sombras, de tus miedos y de tu oscuridad, te seguirás perdiendo lo único que te pertenece: la vida. Tu Vida.

Nos creemos que somos inmortales. Y no nos percatamos de que la Muerte está ahí. A la vuelta de la esquina. Lo dejamos todo para ‘mañana’. Para ‘cuando esté preparado’. Para cuando deje de tener miedo. Para cuando haga buen tiempo. Para cuando los sapos bailen flamenco… Y mientras tanto, tus latidos cada vez suenan más flojo. Tu mirada ve con menos brillo. Y el olvido de quién eres y de lo que quieres, te deja marchito.

Y aparecen las depresiones. Los dolores de espalda. Las migrañas. Nuestro cuerpo se enferma de tantas emociones que no nos atrevemos a expresar. De tanta rabia que acumulamos por no hacer lo que queremos hacer. De tanta tristeza no llorada cuando era el momento. De tantas poses. De tantas caretas. De tanta ornamenta. Y nuestra Alma, de tanto no recordarla, de tanto abandonarla, se apaga. Y nosotros…. con ella.

Y seguimos preguntándonos: ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Y le echamos la culpa a las personas que nos rodean. A la crisis. Al estrés. A los políticos. A nuestros padres. A nuestros hijos. A nuestras amistades. A nuestra historia. A nuestra cultura. A nuestra educación. Y a nuestras parejas. Cuando somos nosotros los que estamos ‘no haciendo nada’ por ser felices. Por salir del pozo en el que nos hemos metido poquito a poco. Por dejar de sernos infieles. De ir en contra nuestra.

Cuando somos nosotros los que estamos eligiendo instante a instante ‘quedarnos como estamos’ por ‘miedo a’. 

Y cuanto más tiempo pasa, más grande se hace la pelota. Menos poder. Menos confianza. Más pereza. Más acojone. Y más autoboicot para seguir anclados en nuestro victimismo. En nuestro ‘síndrome de carencia’. En nuestro automatismo.

Da igual la edad que tengas. La cuestión es:

¿ESTÁS DONDE QUIERES ESTAR?

A partir de ahí, tú eliges lo que quieres hacer con las respuestas.

Yo lo tengo muy claro. Quiero ser Feliz. Pero no me basta con quererlo. También deseo SERLO. Y para serlo, tomo DECISIONES. Y, ¿cuáles son las correctas? Las que me hacen sentir Libertad y, sobretodo, Paz. Mucha Paz.

No sé si algún día seré todo lo feliz que anhelo ser. ‘Dios dirá’. Pero de lo que sí estoy segura es de que al menos habré hecho todo lo posible, todo lo que está en mi mano, por ‘hacerlo Realidad’. Y sólo por eso, ya me puedo morir tranquila… ¿Puedes decir tú lo mismo?

¿Los 40? Un continuar estancado o una nueva oportunidad para ‘Volver a Empezar’.

Depende ti. 

¿QUÉ HAY DETRÁS DE LOS SACRIFICIOS PERSONALES?


Necesidad de cariño. De mucho cariño. Miedo a estar solo, al rechazo, a sentir que ‘no vales nada’, que ‘nadie te quiere’. Que nadie más te querrá. Que más vale bueno conocido que malo por conocer. Y principalmente, mucha falta de amor propio. De respeto hacia uno mismo. Hacia lo que uno quiere. Hacia lo que a uno le late de verdad.

Hay muchas personas que están en pareja (casadas o no), con hijos, que sienten que se ‘sacrifican’ por su familia al quedarse al lado de una persona a la que ya no aman, por la que ya no sienten ningún tipo de atracción, que no les complementa, con la que no tienen nada en común, que se aburren juntos, que no saben de qué hablar…

Y lo llaman Amor… cuando el Amor jamás te hace sentir indiferente, transparente, insignificante o repulsivo. Todo lo contrario. 

Hay muchas personas que CREEN que es su obligación mantener una relación para no ‘romper la familia’. Aunque no sean felices. Aunque se sientan vacíos. Aunque su corazón les pida libertad. CREEN que lo ‘hacen por sus hijos’. Cuando a mí (que no soy madre pero SÍ SOY HIJA) lo que más me hubiera gustado es que las personas que más quiero no se hubiesen ‘sacrificado por mí’. Que no me hubiesen puesto como excusa para no separarse. Que hubieran sido valientes. Que se hubieran respetado (a ellas mismas).

Porque lo más importante, era y es su felicidad (que era y es la mía también) y no unas cuantas lágrimas infantiles o algún que otro berrinche que hubieran sido causados por mi edad, por mi inconsciencia y por mi inmadurez.

El aprendizaje ante esta situación, lo que se nos graba en el Alma cuando somos niños, es a través del ejemplo recibido, del comportamiento de nuestros padres en casa y fuera de ella. El mensaje que les estamos dando, en este caso, es:

  • SACRIFÍCATE POR LOS DEMÁS AÚN A COSTA DE TU FELICIDAD. ¡¡¡AGUANTA!!!

¿¿¿¿Aguanta???? Pero qué somos, ¿una pared? En fin…

Tatuado en cada poro de su piel se queda. En su memoria celular, en su ADN. Y ya sabes, porque a ti también te lo sellaron, lo mucho que cuesta borrarlo, olvidarlo, transformarlo y no volverlo a transmitir a la siguiente generación (si es que la hay).

Los niños nos huelen. Ellos ven más allá de nuestra apariencia. No les podemos engañar tan bien como lo hacemos con nosotros mismos.

Hay muchas personas a las que la culpa les puede y se pasan toda una vida ‘sobreviviendo’ por y para los otros. Pero es su elección vivir de esa manera la “única” vida que tienen y, como tal, su responsabilidad. De nadie más.

Dicen que lo fácil es largarse. Para mí lo “fácil” es quedarse durmiendo cada noche al lado de un ‘desconocido’ que ni te viene ni te va, que no ‘te ve’ ni al que ves tú,  cuando sabes (porque se sabe…) que la historia hace tiempo que ya ‘es historia’. Que ya se acabó aunque se finja lo contrario. Y lo difícil, es apostar por tu felicidad. Por lo que te dicta el corazón y no por lo que consideras ‘habitual’ (que no normal), por lo que ‘le pasa a todo el mundo’, por lo que dicta la sociedad o por no actuar como hicieron tus padres a los que sigues culpando (consciente o inconscientemente) por unas carencias que Crees tener.

A estas ‘muchas personas’, les preguntaría (para que se respondieran a si mismas):

-Si el día de mañana, tu hija, tu hijo, te viene a pedir consejo, a contar que ya no es feliz con su pareja, que la dejaría pero que no quiere hacerlo por ‘tus nietos’, para que no lo pasen mal, ¿qué le dirías? ¿Que aguantara, como lo estás haciendo tú, sabiendo como sabes lo que supone esa decisión (tristeza, soledad, falta de pasión por la vida y por lo que no es la vida, ausencia de paz y un largo etc…) ? ¿Así es como te gustaría que fuese la vida de tu hij@? Y si la respuesta es no, ¿por qué no quieres también lo mejor para ti? ¿No crees que te mereces ser feliz?

Ahí lo dejo…

Cuando escucho la palabra ‘sacrificio’, el estómago se me cierra. No por la palabra en si (que sólo es una palabra) sino por lo que yo considero que acarrea: esclavitud, desgracia, apatia, miedo, apego, obligación, culpa. 

Todos tenemos virtudes y defectos. Luces y sombras. Las parejas, las amistades, los trabajos, los hogares… Nada es perfecto (aunque lo sea…). La Balanza entre los que nos compensa y lo que no, el equilibro entre lo que doy y lo que recibo, es lo que nos hace decidir si nos ‘quedamos’ o si ‘nos vamos’. No es juzgable. Cada uno ‘necesita’ unas cosas y le ‘sobran’ otras. Según su personalidad. Su energía. Su ‘lo que sea’. 

Yo no puedo estar con alguien que esté todo el rato encima mío, absorvente, que me esté reclamando amor hora sí y Ahora también, sin sentido del humor, pasivo, negativo, dramático…porque me ahogo, me asfixio, se me ulceran las tripas. Y no tiene nada que ver con la otra persona. Es algo mío. En cambio, habrá otras personas que les encante y que lo que no puedan es estar al lado de alguien muy independiente, directo, desapegado, muy honesto y poco cariñoso.

No hay nadie mejor ni nadie peor. Cada puzzle está compuesto por unas determinadas piezas.

El problema viene cuando queremos meterlas donde no toca. A la fuerza. O cuando han cambiado de forma y ya no encajan donde antes sí lo hacían. Por lo que, lo suyo sería soltar y volar hacia otros paisajes más acordes a nuestra PRESENTE ‘realidad’. Ni pasada ni futura. La actual. La que estamos respirando.

Lo que hace difícil aceptar ‘lo que Es’ y ser coherente con lo que sentimos sólo es el miedo que tenemos al ‘qué pasará’. Y ante eso, la única opción es atrevernos o no movernos de donde estamos. Porque el futuro, por muchas bolas de cristal que haya, eres tú el único que lo pinta (aunque ya esté escrito…).

Por mi experiencia, nunca te equivocas cuando te eres fiel y siempre te arrepientes cuando dejas de serlo. Ya sea hoy o al final de tus tiempos… Y te aseguro que no hay nada peor que eso.

O lo intentas o te quedas como estás. Pero, por favor, si escoges lo segundo, asume las consecuencias de ello y deja de culpar, de criticar, de insultar, de poner de vuelta y media, de responsabilizar al que tienes al lado (pareja, amistad, trabajo) de tu aburrimiento, de tu caos, de tu crisis, de tu depresión, de tu insomnio, de tus dolores, de tus males de ojo, de tu estrés, de tu infierno, de tus somatizaciones, de tu mala leche, de tu padecimiento, de tu sufrimiento, de todos tus ‘miento’s, de tus infidelidades (y/o de las suyas) y de cada una de tus enfermedades.

Desde la humildad, el amor y la compasión:

Si te jode. Si estás jodido. Te aguantas (tú solito). Haber elegido barco…

¡Que ya tenemos todos pelos en los huevos y resulta muy cansino escuchar tanta hipocresía!

CHORIZOS SOMOS TODOS


Chorizos somos todos. Desde el que se lleva una moneda de cambio… que no es suya, un bolígrafo de su trabajo o una toalla de un hotel hasta el que le pierde la cuenta a la cantidad de cuentas que se ha inflado con el dinero de sus amigos, compañeros y vecinos. El “crimen” es el mismo: Robo a Corazón desalmado.

Da igual que te lleves la hucha a Panamá o la escondas debajo de la cama. Da igual que sea 1 céntimo o 9 millones de euros. Da igual que seas de clase baja o de la realeza. Da igual que sea en sobres o en bolsas negras. Da igual que seas un camarero, un futbolista o un terapeuta. La acción, lo que “te lleva a”, es idéntica. 

Y sí, hay poco trabajo, la cuota de autónomos es altísima, los sueldos bajísimos y tengo que dar de comer a mi familia. Cierto. No lo juzgo. Que cada uno haga lo que quiera. Pero, Chorizos somos todos.

Ellos, los que salen en las noticias, son un reflejo de la mayoría. La única diferencia es que nosotros somos anónimos y de poco interés público. Pero me resulta muy hipócrita que nos pongamos las manos en la cabeza por tanto mangoneo cuando casi todos, en alguna ocasión, en mayor o menor medida, hemos hecho o hacemos eso. ¿De qué me sorprendo? La cantidad es otra, sí, pero la pésima calidad, la misma. Unos se declaran insolventes mientras viven con el lujo entre sus piernas y otros ni siquiera declaramos nuestra hacienda o la maquillamos en la trastienda.

Resultado: no hay dinerito para los estudiantes ni para acoger refugiados ni para los abuelitos ni para los enfermitos. Eso sí, a mí que no me quiten nada (y dar, menos) que me tengo que ir de vacaciones a las Bahamas, comprarme los nuevos vestidos de temporada y pagar las tres hipotecas que tengo acreditadas ¡Que soy pobre, coño! ¡Un poco de solidaridad…!

Y lo entiendo, de verdad. “La cosa está muy mal”. Pero con el ‘si todo el mundo roba, yo también’ no vamos a ningún sitio. ¿Qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos? ¿Así es como pretendemos crear una sociedad más justa? ¿Actuando de igual forma que al que tanto criticamos?

“Ya, pero es que…bla bla bla”. Sí, sí. Estoy de acuerdo. Pero, Chorizos somos todos.

Necesitamos una nueva generación que sea valiente, íntegra, decente y humilde. Que no se deje llevar por la marea. Que se atreva a decir ¡No! a la ilegalidad, sea cual sea, por muy suculenta que se presente. Que su nobleza esté por encima de la riqueza. Que su lema no sea “donde las dan, las toman” sino “la honradez no se vende a ningún precio”. Que su Ley no sea la de Talión sino la que le indique su Corazón. Necesitamos una generación poderosa en su interior para que el poder y la ambición de su exterior no les corrompa. Y eso, sólo se consigue a través de la Educación. En casa y fuera de ella. 

Yo sí creo que se puede. Yo sí que creo que si queremos, podemos. Que si nos vestimos de los pies a la cabeza con la piel de nuestra compasión, de nuestra paz y de nuestro amor, todo este aparente caos que nos está diluviando en antena acabará estrellándose en la Nada, para luego crear una nueva Realidad donde ya no sea necesario prevaricar, difamar, violentar, atentar, asesinar, abusar, maltratar, cohechar, amenazar, prostituir y malversar… para conseguir “lo que sea”.

¿Excusas? Miles. Algunas hasta creíbles para justificar lo que está tipificado como delito. Pero, Chorizos somos todos.

Gandhi dijo:

“Cuando una ley es injusta,

lo correcto es desobedecer”

Hace falta tener mucho sentido común para saber lo que es injusto, lo que es correcto y qué significado le damos a desobedecer. Porque por seguir este emblema, se pueden llevar a cabo las mayores barbaries, arrebatar otras tantas libertades y llenar el planeta de miserables Guerras. Y lo dice una rebelde de nacimiento, con o sin causa, depende de cómo se vea.

¿Con qué vara se mide el sentido COMÚN si cada uno es poseedor de la suya según sus ideologías, sus creencias, sus religiones, sus sueños, sus historias, sus heridas y sus memorias? ¿Cómo le vamos a dar sentido a algo que de común tiene tan poquito?

La Responsabilidad se Es, no se enseña ni se escribe ni se charla. Igual que todos esos valores, esas cualidades con las que nos llenamos la boca y que luego escupimos a la vuelta de la esquina, cuando nadie nos ve. 

‘Es que lo normal es…’. Sí, sí, lo habitual es que se haga. Me consta.

‘Aquél que esté libre de pecado,

que tire la primera piedra’

Algún día, esos pequeños locos bajitos que ahora nos rodean, lapidarán con su ‘Saber Estar’ cada uno de nuestros actuales atropellos a la humanidad, a la Dignidad.

Y ya que somos todos unos Chorizos, al menos entreguémosles a nuestros niños una Semilla para compensar nuestras fechorías: la de la HONESTIDAD. Seamos unos pedazo de Chorizos pero con todo el sabor a Honestidad. Que no puedan echarnos algún día en esa cara tan dura que tenemos que no hemos ido (ni nos hemos ido…) con la Verdad por delante. Y puedan Ahorrarse recoger la tempestad de todas esas mentiras por las que nosotros, los adultos adulterados, nos hemos dejado atrapar, engañar y encarcelar en nuestra propia prisión mental.

ME DECLARO CULPABLE POR EXCESO DE RESPONSABILIDAD


Hasta hace unas semanas no fui consciente de la responsabilidad que no me pertenecía con la que iba cargando mi mochila. Era muy sutil, o quizás no tanto… El tema es que no me daba cuenta. Pensaba que ya lo tenía superado. Craso error. Nada es lo que parece. Sólo era una gota, no la lluvia entera.

Creía que me era muy fiel, casi al 100%. Desde hace tiempo era una abanderada de ‘haz siempre lo que sientas, le pese a quien le pese’. Mi Sentir siempre está por delante de mi “deber”, de los compromisos, de las obligaciones sociales o no sociales. Si no me apetece, no lo hago. Así de simple.

Pero descubrí que con la gente que más quiero no estaba actuando de esta manera. Que el vínculo que me en-lazaba hacia ellos me impedía pasar por delante de la culpa que sentía al dar un NO como respuesta. Y era porque me hacía responsable, no de la situación en sí, sino de las emociones que yo suponía iban a surgir en ellos debido a mi negativa. Tenía miedo de que les sentara mal, de no ser “buena hermana, hija, tata”. Tenía un miedo muy muy oculto a que dejaran de quererme si yo era una ‘egoísta’, si yo no era ‘suficiente’, si yo no estaba siempre…

Y entonces entraba en conflicto lo que yo de verdad sentía con lo que mi mente pensaba que “tenía que”. Ganaba la mente y yo misma castigaba a mi corazón por no haber sido más fuerte. Para excusarme, inventaba faltas de responsabilidad ajenas cuando la única responsable de cómo me estaba sintiendo era yo. La valiente cobarde que no se atrevía a hacerse caso.

No es mi responsabilidad lo que vayan a sentir los demás cuando yo digo o cuando callo, cuando yo actúo o cuando prefiero retirarme, con motivos o sin, da igual. Es una elección a respetar. Y las consecuencias de esta auto-infidelidad pueden llegar a cor-romper relaciones ya que ese malestar de ‘estoy haciendo algo que no quiero hacer’ se va acumulando, vez tras vez, hasta que te estalla en la frente con todos los ‘te echo en cara’ habidos y por haber.

Me vi también que, en muchas ocasiones, a pesar de elegirme seguía sintiéndome mal. La culpa surgía casi siempre, y sigue haciéndolo, aunque menos. Creía que sólo el hecho de actuar a mi favor era suficiente. Pero qué va. Es importante, sí, pero muy escaso para que mis latidos bailen en libertad. Cuando me di cuenta que todo tenía que ver con ese exceso de responsabilidad que tengo tan mal impregnado en mi piel, con esa creencia de ‘primero ellos y luego tú’, algo en mi interior hizo ¡click! (iluminación espontánea).

No quiero salvar al mundo. No quiero salvar a mi familia. No quiero salvar a los animales. No quiero salvar a la Tierra. No quiero salvar a mis amigos. Ni tan siquiera quiero salvarme a mí, porque no hay nadie que esté en peligro aunque esa Creencia me venga como anillo al dedo para preocuparme de lo de Fuera y así evitar ocuparme de mis aDentros.

La excusa perfecta para ir diciéndole a diestro y siniestro cómo tienen que comportarse, qué decisiones son las mejores para su vida y qué deberían y no deberían sentir para ser felices (que en realidad es para que yo sea más feliz). Es puro egoísmo. ¡Olé por mí!

Es tan cansado… Requiere un juicio constante hacia uno mismo y hacia los demás, una no aceptación del otro, con todo el dolor que esto conlleva si “te ves” en ese estado de prepotencia y de soberbia, en esa separación que estás creando. ¿Quién soy yo para decirle a nadie lo que es más correcto y lo que no? ¡Y sin preguntarme! Qué arrogante, ¿no?. Y además, disfrazada de ‘lo hago por ti’, de ‘niña buena’ y de ‘sabiduría’. 

Qué gran papel siendo interpretado por una actriz a la que no le va nada actuar y que le actúen…

De ahí mi frase: ‘Cuanto más me conozco menos me sé’. Parece que cuanto más CREO (aquí está la clave, en el creo) conocerme, menos me conozco. Sigo sorprendiéndome de mi ignorancia, por eso dudo de todo, porque para mí nada es permanente, constante, estable. Porque lo que hoy es una verdad, mañana es una mentira, y viceversa. Porque ayer la Tierra era plana y hoy dicen… que es redonda. Porque ahora estoy eufórica y en cinco minutos puedo estar abrumada o triste o vacía o plena o feliz o excitada o hambrienta o acojonada. ¡Quién sabe qué!

Y cuando digo que dudo, no me refiero a una duda surgida de la inseguridad. Al revés. Es un duda que nace de la certeza de que ‘sólo sé que no sé nada’, y con ella me abro a la Vida, a infinidad de verdades y no a una única “esto ha sido así, lo es y lo será eternamente”. Me abro a la ilusión, al aprendizaje, a lo nuevo, al asombro, a la fascinación, a la belleza, a ‘lo que tenga que venir’. Me abro al Amor, porque ante el Amor no puedes cerrarte a nada a no ser que tengas miedo de algo.

Que cada uno se ocupe de su parcela, que yo con la mía tengo de sobra porque cada vuelta que le doy, la enredo un poquito más. ¿O menos…? Ni lo sé ni me importa (me encanta esta frase).

Me declaro culpable por exceso de responsabilidad y me perdono por haber jugado tan bien al juego que en su día me inventé.

¡QUE CONTINÚE LA PARTIDA!

INSERT LOVE

CUANDO DEJAS DE CULPAR, DEJAS DE NECESITAR PERDONAR


El deseo de perdonar implica culpa. Yo necesito de tu perdón porque te culpo de cómo me siento. Yo necesito que me perdones porque me culpo de cómo me siento (yo, no tú).

La culpa hacia los demás indica una falta de responsabilidad y la que es hacia ti de una sobrada prepotencia.

Cuando yo no me he atrevido a hacer, a decir lo que siento, para no sentirme una cobarde te voy a cargar a ti con todo ese peso y así el mío se aligera:

  • la culpa de estar amargada en mi trabajo es de mi jefe o de mis compañeras cuando la que está eligiendo estar ahí soy yo (porque trabajos haberlos haiylos, pero es más fácil quedarme como estoy, así tengo algo de lo que quejarme),
  • la culpa de mi falta de autoestima y de mis problemas es de mis padres, de mi pasado, que no supieron educarme, que me maltrataron, que me abandonaron, que abusaron de mí, cuando ya no soy esa niña indefensa sino una adulta con todo el PODER de su vida en sus manos (pero sigue siendo más fácil cederlo que hacerme cargo de mí), 
  • la culpa de mis enfermedades es de mis ancestros, de la alimentación, de la contaminación…, cuando la única que descuida su salud física, emocional, mental y espiritual soy yo (vuelve a ser más fácil quedarme sentada en el sofá con el mando en la mano que salir a caminar…),
  • la culpa de que mi pareja sea infiel, no me haga caso, me maltrate física y/o psicológicamente es sólo de ella, cuando la que está decidiendo libremente, desde un principio, estar y seguir a su lado y que sea el padre/madre de mis hijos soy yo y nadie más que yo (de nuevo la facilidad de ponerme el disfraz de víctima y a él/ella el de agresor/a en lugar de ser valiente y actuar por y para mí se llevan la palma).

Nos llenamos de excusas, la mayoría muy baratas, para NO HACER, para permanecer en ese confort que tanto nos incomoda y que tanto dolor nos provoca, “por si fracasamos” y luego nos sentimos peor de lo que ahora estamos: MIEDO, miedo y más miedo.

Somos unos inmaduros que no queremos Responsabilizarnos de nuestra vida, de nuestra Felicidad. Ya si eso pido perdón de vez en cuando y tan anchos, a seguir huyendo, huyéndome, y que sea otro el que me saque las castañas del fuego, el que arregle mi mundo, el que dé los pasos que a mi no me da la gana dar porque estoy muy ocupado en darme latigazos, en machacarme, en castigarme y en no Amarme nada de nada. Y si se equivoca…¡que se prepare!, que yo no puedo estar por todo…

Por el contrario, el hecho de CREER que yo soy la culpable de tu dolor, de tu pena, de tu vacío, de tu malestar, de tu depresión, de tu ansiedad, de tu tristeza, de tu alegría o de tu pena…denota una gran soberbia por mi parte. ¿Acaso tengo yo tanto poder? ¿Tan importante me creo que soy o es que, en el fondo, lo que de verdad siento es que no valgo nada y para no recordármelo “me hago” imprescindible, al menos, para ti? Quizás lo que prefiero es que tú dependas de mí para que así te lo pienses un poquito si llega el día en que te quieras ir y yo no me quede solo con mi vacío, en lugar de quererte LIBRE y feliz…

Mi Sentir es sólo mío, de nadie más. Tú puedes intentar poseerlo y yo puedo decidir dártelo, pero jamás será tuyo, porque nace y muere en mí.

No es que esté bien o mal pedir perdón. Si considero que he actuado incorrectamente pediré perdón, pero no por el otro ni por hacer una buena obra sino para sacarme esa agujita que se me ha clavado en el corazón al no haberme sido fiel a mí misma. Siempre, todo lo que hacemos, es para nosotros, para sentirnos mejor nosotros, por una “necesidad de”. Nada tiene que ver con Fuera, aunque así lo parezca, aunque así nos lo queramos creer porque no somos lo suficientemente honestos como para admitir que es para nuestro único beneficio, para no sentirnos unos egoístas, tan poco espirituales, tan pecadores…Creencias, creencias y más creencias.

Menos culpar, a los demás y a ti, y MÁS RESPONSABILIZAR.

Si cada uno se ocupara de si mismo, de su propia paja sin meterse en la del ajeno, no sería necesario que el mundo entero se estuviera continuamente arrodillando para pedir perdón, y nos dedicaríamos a mirarnos directamente a los ojos, a Vernos desde el corazón, desde el Amor, nuestro Amor, en lugar de ir con la cabeza siempre gacha, por la vergüenza que nos tenemos, contándonos las baldosas que pisamos pudiendo estar recitándonos las estrellas por las que volamos.

 “Perdónales Señor porque no saben lo que hacen,

y yo…tampoco”

Cargarme al otro para no hacerme cargo de Mí


Érase una vez una soñadora dormida que se dedicaba a “cargarse” a los otros en lugar de hacerse cargo de si.

Y como mis sueños se quedaban perdidos en mi soñar porque no Hacía nada para REALizarlos, cuando aparecía, veía a alguien que lo había logrado o estaba en ello, y Creía que yo era “más” que esa persona, que yo estaba mucho más cualificada, preparada, que no era justo que ella/él sí y yo no…, entonces es cuando saltaban los muelles de la envidia, de la prepotencia y de la cobardía para “dar su nota” y hacerse escuchar.

Para no sentirme tan insignificante, tan mediocre, tan vulgar (por no Ser todo lo que sabía que podía llegar a ser y no estaba siendo) me los tenía que “cargar”. Y así hacía, a través de la crítica. Cualquier detalle insignificante, absurdo y fuera de lugar servía. ¡Qué más da! Lo importante era ver y juzgar la sombra (o no sombra) del otro para así no mirar y ocuparme de la mía.

Perdón, perdón, perdón…y mil perdones…a mí (que es lo que más cuesta) y a “ellos”, aunque no lo sepan.

¿Qué hacía que yo no manifestara todo mi potencial y “me quedara como estoy”?

  • MIEDO

¿A qué?

  • A salir a la Luz, ya que si te expones “al público” existe la posibilidad de que los “cargadores de soñadores” te pongan a parir
  • A sentirme rechazada, abandonada, cuestionada
  • A no sentirme lo Perfecta que quería ser
  • A fracasar y a la derivada aparición de doña frustración, de la que era intolerante

Todas estas excusas = no creer en ti = falta de Amor propio (la base para ser feliz)

Poco a poco, me fui dando cuenta de la trampa en la que estaba cayendo, al verme reflejada en otros que hacían lo mismo (y que no me gustaba nada) y al sentir, cada vez más fuerte, un dolor en el Corazón, en mi Alma…cuando actuaba (porque era puro teatro interpretando al personaje inventado de “pobrecita de mí”) de esa manera. Mi actitud me avergonzaba y luego me machacaba por habérmelo permitido, una vez más.

Para los que estamos en el camino de Regreso a nuestro Hogar, llega un momento en que tu propio engaño ya no puede engañarte más y dices: ¡Basta ya!. Entonces te das al Stop, te desprendes de soberbias, pedanterías, arrogancias, engreimientos y vanidades, y re-coges Humildad.

Simultánemante, no sé si va antes el huevo o la gallina…, dejas de pensar tus sueños y comienzas a ACTUAR. Tu zona de confort se vuelve incómoda. Ya no puedes estar ahí más.

Es hora de saltar al vacío, de cambiar, de atreverse, de descubrir, de volar, de disfrutar, de jugar, de SOLTAR creencias, objetivos, exigencias, durezas, luchas, resistencias…, de aceptarte tal y como eres, tan perfectamente imperfecta, de CONFIAR en ti, de Volver a Empezar.

Que lo consigas o no es lo de menos. Lo importante no es el destino sino el camino. El camino es el destino.

  • Es no quedarte con las ganas, no arrepentirte de lo que no has dicho o hecho.
  • Es Ser quien has venido a Ser y no quien te han/has hecho Creer que eras.
  • Es ser Tú, la versión original y no “una copia de”.
  • Es ser el ejemplo que quieres ver en el Mundo.
  • Es sentirte orgulloso de quién estás siendo.
  • Es poder dormir en Paz.

Y para ello, es imprescindible la honestidad y “mover el culo” de la cueva en la que te has encerrado.

Los intentos son el éxito porque para dar el paso, el primero y los que le seguirán, tienes que enfrentarte a aquello de lo que llevas huyendo toda tu vida, y para esto…hay que ser muy muy muy Valiente, digno de respetar y de admirar. Lo llaman Responsabilidad.

Sólo yo puedo elegir cómo vivir mi vida y de qué/quién la voy a llenar. Sólo yo puedo decidir AMAR (me).

Si la montaña no va a Mahoma, la montaña se queda como está.

Mahoma tiene mejores “cosas” que hacer que “sacarme las castañas del fuego” cuando ni siquiera me he levantado para irlas a buscar.

Y así fue cómo pasé de cargarme al otro

a hacerme Cargo de Mí

iceberg