NO ES TU SANGRE LA QUE TE DEFINE. ES TU CORAZÓN


La pureza del Corazón. Me encantan esas personas que con tan solo su Presencia te transmiten Paz. No necesitan decir ni una sola palabra para explicar lo que es el Amor. Su Energía lo grita a los cuatro vientos. 

Su Ser está por encima de su personaje. No le tienen miedo a su alta sensibilidad. A mostrarse vulnerables. Porque saben que ahí radica la mayor de las enseñanzas: la de ser vistos sin fachadas, sin protecciones, sin arma-duras, sin máscaras y sin disfraces. Por eso, cuando alguien se les acerca, su ejemplo les da permiso para no tener que estar fingiendo quienes no son. Porque irradian compasión. Ternura. Delicadeza. Amor. Y humildad. Todo aquello que nos falta tanto a tantos… Todo aquello en lo que no nos han educado. Lo que hemos tan bien olvidado. Y nadie les tiene miedo. Pero sí un gran respeto. Que no es lo mismo… 

Y eso no quiere decir que ya lo sepan todo. Que sean poseedores de la verdad absoluta. Para nada. Tienen sus heridas igual que las tenemos todos. Nadie se libra de eso. Y saben lo que duelen. Por eso en lugar de juzgar, de acusar, de condenar y de recriminar, escuchan. Te escuchan. No se burlan de ti. No se ríen de tu ignorancia. Eso sólo lo hace el Miedo y la propia ignorancia. Te respetan por muy diferente que seas a ellos. Porque son conscientes de lo que hay ‘detrás de’. ‘Más allá de’. No te miran. Te VEN.

Sólo un Corazón puro puede ver la pureza de un Alma por muy oculta que esté. Y sólo un Corazón puro puede hacer que tú también te la veas. Porque te verás reflejado en él.

Hay dos maneras de aprender (y de enseñar). La mayoría lo hemos hecho a través del ejemplo de lo que NO ES. Donde el Amor, el AMOR, brillaba pero por su ausencia. Hemos tenido (tenemos…) que desaprender todo lo que nos inculcaron desde que nacimos. Sacar a la Luz esas creencias que nos han convertido en marionetas. De la sociedad y de nuestra propia mente. De Dentro y de Fuera. Y es un trabajo continuo. Diario. Que no tiene fin (al menos, de momento). 

Parece como que nunca llegamos a estar ‘limpios’. Sustituimos unas por otras. Nos quitamos un parche y nos ponemos otro. Más pequeño, sí. Pero otro… Porque estamos rodeados de ellos. No vivimos retirados en un monte. Con-vivimos con otras personas que también están repletas de creencias insanas que nos alejan de nuestra verdadera Esencia. Por eso, la Consciencia, el ‘darse cuenta’, es tan importante. Porque hará que no caigas en la trampa. Por eso… aunque sea un trabajo individual, también lo es de equipo. Y cuando pierde uno, perdemos todos. Y cuando gana uno, ganamos todos. Estamos interconectados. Conectados por ‘lo invisible’. Aunque no lo percibamos. Aunque nuestros ojos no lo puedan ver, nuestras energías no están separadas. Hay un intercambio constante entre unos y otros. Entre todos los seres de todos los tipos. No existen los espacios vacíos. Nos tocamos sin necesidad de tocarnos

No podemos huir. Somos una gran familia que por mucho que se huya sigue vinculada por algo mucho más grande que la carne y el hueso. Que la piel. Que el cuerpo.

La Empatia es el don de Sentir lo que el otro siente (que no tiene nada que ver con ponerse en el lugar del otro. Eso es algo mental). Así que aunque mis pensamientos, mis emociones, sean ‘positivas’, si los tuyos no lo son, yo los voy a sentir como si fueran míos. Y ni siquiera necesito que me roces para que así sea. Por ello, lo de si es antes el huevo o la gallina, si es el pensamiento el que provoca la emoción o la emoción la que provoca el pensamiento, no tiene ninguna validez. Porque en un segundo puedo pasar de sentirme alegre a sentirme triste por una causa externa. Por algo que no tiene nada que ver conmigo. 

Nos influimos mutuamente. Para bien y para mal. No podemos evitarlo. Está fuera de nuestro alcance. Por eso, de quién nos rodeamos, con quién pasamos nuestro tiempo y con quién dormimos, es tan importante. Y lo que no podemos elegir, debemos aprender a SER y ESTAR con ello. Primero aceptándolo. Segundo respetándolo. Y tercero, poniendo los límites que consideremos oportunos para que nos afecte lo menos posible. Por salud física, mental y emocional. 

Cuanto más empático eres, más sientes. Y por lo tanto, lo que a unos les puede pasar desapercibido a otros nos puede enfermar. No somos de piedra. No somos Dioses (aunque en el fondo… lo seamos). No somos invencibles. No somos superhéroes. No somos unas máquinas. Somos Seres Humanos que sentimos aunque nos nos hayan enseñado cómo hacerlo. Y SENTIR, sea lo que sea, es lo que hace que la Vida sea tan maravillosa, tan emocionante, tan intensa. Tan Vida. 

Y no podemos amputarnos los sentires que no nos gustan. Que hemos etiquetado de ‘negativos’. De ‘oscuros’. Forman parte del ‘pack’. Tienen su función. Igual que la tiene la noche. La tormenta. La oscuridad. Pero lo que sí podemos hacer es cambiar la perspectiva. Dejar de tenerles miedo y empezar a amarlos tal y como son. Dejar de luchar, de resistirnos, de enfrentarnos, de repudiarlos, de abandonarlos y asumir su existencia. Asumir que Ellos también somos nosotros. Que la tristeza no es menos que la alegría. Y que las lágrimas no son peores que las risas. 

Sólo son emociones. Nada más. Sólo son pensamientos. Nada más. Han estado, están y estarán siempre ahí. Aquí. Y hasta que no lo admitamos, hasta que no nos rindamos a ello, seguiremos perdidos en nuestro olvido. Seguiremos intentando ser quienes no somos. Y jamás lo lograremos. Porque no somos eso que deseamos ser para evitar sufrir. Ese sufrimiento proviene justamente de la negación a nuestra totalidad. A eso que hemos llamado ‘sombras’. A lo que un día, hace ya miles de años, llamaron Infierno.

No es tu sangre la que te define. No es tu trabajo. No es el color de tu piel. No son tus genitales. No son tus aficiones. No es tu físico. Ni tu peso. Ni el sonido de tu voz. No es tu nombre ni son tus apellidos. No es tu cuenta corriente. No es tu alimentación. Ni la ropa que llevas. Ni tus creencias. Ni tu historia. Ni tu religión. Ni tus pensamientos. Ni tus emociones. Es tu Corazón el que lo hace

No es lo que dices. Es CÓMO lo dices. No son las palabras. Es la melodía que las acompaña. No son tus actos. Es la INTENCIÓN de ellos. 

El Amor no se explica. El Amor se ES. Así es como se transmite. Así es como se aprende. Y así es como se enseña. SIENDO. Observa. Obsérvate. Es muy fácil Verlo. La PAZ es la estrella que te indica su camino. Que te guía hacia tu Pureza. 

Desconocemos lo que cada uno lleva en su Corazón. Así que, ‘antes de’, medita si lo que vas a decir/hacer es ‘más bello que tu silencio’… Si no es así, ¿PARA QUÉ? Hay dolores que se pueden evitar.

Y mientras tanto, RECUERDA:

“Tomamos la mejor decisión que podemos con la información que tenemos”

Sé compasiva contigo. Es lo mínimo que puedes hacer. Por Ti. Por Mi. Y por los demás.

 

¿SABES PARA QUÉ EXISTE LA RELIGIÓN?


Fui educada en la religión católica. Bautizada. Hice la comunión. Y me quedé en la confirmación. No recuerdo la edad exacta en la que dejé de Creer en Dios. En el concepto de la existencia de un Dios externo a nosotros. Más o menos, en la adolescencia. 

Pero lo que sí recuerdo son las muchas veces que NECESITÉ rezarle. Y lo que también recuerdo, es que mi dolor, mi sufrimiento, mi angustia (por los motivos que fueran), en ese momento disminuían. No estaba sola. Había esperanza. Le pedía muchas cosas, sí. Pero, a fin de cuentas, el que me las concediera o no, no era lo importante. Sino el Sentir que ‘alguien’, DURANTE mis noches más oscuras…, me escuchaba, me entendía y ESTABA ahí, incondicionalmente. 

Nos quedamos en la superficie. En lo fácil. En las ‘religiones son una secta’ y demás. Y juzgamos. Y condenamos a los que condenan por condenar. En lugar de intentar ir más allá de lo obvio. En lugar de intentar COMPRENDER el ‘para qué’.

Sin entendimiento, no puede haber respeto ni tolerancia. Y para entender, es necesaria la empatia y la compasión.

Actualmente, y ya desde hace muchos años, no pertenezco a ninguna religión. Pero tal y como está el Mundo hoy en día, nuestro nivel de consciencia global y particular, creo que aún son necesarias para mucha gente. 

‘En todas las casas cuecen habas’. Hay de todo en todas partes. La dualidad no escapa a nada ni a nadie. Está en ti. En mi. En la política. En las religiones. En el fútbol. En la espiritualidad. En las ONGS. Y en la familia. Generalizamos muy a la ligera y ponemos más la atención en lo ‘negativo’ que en lo ‘positivo’. En el miedo que en el Amor. 

Hace un año y medio me fui una semana a Fátima. Digamos que tuve una ‘llamada’. Allí fue donde me reconcilié con DIOS y con la religión. Donde empecé a respetar (de verdad) las Creencias de los demás, aunque no fueran las mías, ni las sigan siendo. Independientemente del dinero que los comercios y la Iglesia ingresan gracias a la Fe de sus creyentes (que es ese lado oscuro, o uno de ellos), lo que yo Vi fue a miles de personas que anhelaban PAZ. Y se podía respirar esa paz a cada paso que dabas si mirabas ‘bien’.

Creía que iba a sentir rechazo ante ese paisaje, pero lo único que sentí fue comprensión y compasión al recordar cuando yo también la deseaba, y que ese Dios al que acudía para obtenerla (porque no sabía hacerlo de otra manera), era mi única salida. En ese momento, desaparecieron todos lo juicios que tenía sobre las religiones y dejé de enfocarme en su parte más negativa. 

Cuando estamos felices, cuando nuestro mayor problema es el estrés laboral, es muy fácil ‘hablar’. Yo he sido la primera en hacerlo. Pero cuando la desesperación por la enfermedad de un familiar, por la muerte de un ser querido, por el no tener recursos para dar de comer a tus hijos etc, se apoderan de ti, ahí no somos tan valientes, tan sabios, tan despiertos y tan conscientes. Y, ¿qué hacemos? Rezar. ¿A quién? Y qué más da… 

¿Acaso importa que exista o no exista Dios? Si a alguien, el hecho de Creer en ÉL, le hace sentir mejor, le aporta aunque sea una gota de Luz en su sufrimiento, ¿no es ya motivo suficiente para darle el visto bueno a esa religión a la que se aferra para sobrevivir emocionalmente? Para mí, sí. ¿Quién soy yo para negárselo? ¿Para decirle que no se arrodille ante quién le dé la gana?

Eso es Respetar. Porque respetar mis mismas creencias no tiene ningún mérito. Lo hace cualquiera. 

Mientras haya una sola persona que necesite CREER en alguien, en algo, que no sea él mismo porque no tiene la fuerza, porque nadie se lo ha enseñado y/o porque no sabe hacerlo mejor…, DIOS, la Religión, los ángeles, los maestros, los gurús, los guías, los budas, las Almas, DEBEN seguir existiendo y siendo respetados por los que no las necesitamos. 

Porque para mí es mucho más importante que esa persona sienta PAZ (me da igual el cómo) que el yo tener razón y que mi verdad sea la verdad de todos y para todos.

Cuando ves a un País (con sus bebés) que se muere de hambre, se te quita la prepotencia e ignorancia del ‘Primer Mundo’ de decirle a sus madres y a sus padres, mirándoles a esos ojos tan vacíos que tienen, que la religión en la que se sostienen es una mentira, que el Dios en el que se cobijan no existe y que rezar no les va a servir de nada. 

Y que sea ‘el Tiempo’ el que nos ponga a cada uno en nuestro lugar. Que yo no soy nadie para arrebatarle al otro el ‘hombro’ en el que ha ELEGIDO apoyar su dolor. Sea una mera ilusión, o no. (¿Y qué no lo es…?).

Menos dureza. Más ternura.

Menos razón. Más comprensión.

 

Empezando por uno mismo. Por nuestro interior.

Y EN VEZ DE AMARME MENOS, ME QUIERO MUCHO MÁS


Cuanto más consciente me hago, más me doy cuenta de lo inconsciente que soy. Lo cual, no tiene mucho sentido. Pero, ¿acaso algo lo tiene?.

Hace un tiempo creía que me conocía. Bueno, en realidad, siempre he alardeado (interna y externamente) de lo mucho que ‘me sabía’. De mí y de los demás. Con sólo mirarles ‘de arriba a bajo’. Un único suspiro necesitaba para hacerles un perfil. Con todos los estudios que tenía relacionados con psicología y demás…, estaba ‘de vueltas’ de todo eso. Me consideraba una experta. Y sigo teniendo ramalazos de esa ‘consideración’…

Hasta que empecé a conocerme de verdad y vi lo desconocida que me era. Y no porque me hubiera estado evitando, sino porque había algo que me impedía ir más allá. Esos velos de los que tanto hablamos que a saber ‘quién’ quita. Esos ‘¿y por qué ahora lo entiendo y ayer no?’. 

Desde entonces, a mis firmezas las envié a tomar viento, aunque sigo jugando a las suposiciones. A los pronósticos. A las intuiciones. Aunque la tonalidad de mi voz sigue siendo contundente. Pero ya no me creo (a mí) nada. Sólo me permito participar… ¿Por qué no?

He acertado muchas veces, pero errado también otras tantas. He juzgado mal. He tachado sin dar oportunidad. He sido muy extrema. Exigente (sigo siéndolo). ‘Cuando me las dan, ya no me las vuelven a tomar más’. Y seguramente, me habré perdido a personas maravillosas por un gesto, un detalle, que me hizo saltar la alarma. Que no me gustó. Pretendiendo que las personas fueran siempre perfectas en lugar de sencilla y simplemente humanas. Como yo.

Evidentemente, todo era un reflejo de cómo me trataba a mí. A medida que me fui relajando…, que fui descubriendo esas partes de mí que hasta el momento no era capaz de ver (porque no me gustaban y el inconsciente que es muy majo me las tapaba) o de reconocer, que fui aceptando que yo de perfecta tenía nada y menos, y que cuanto más me metía en mi interior más sorpresas salían, mi actitud, mi comportamiento y mi visión de los demás también cambiaron. 

No fue de un día para otro. Nada lo es. Es un proceso. Y como tal, sigo en ello. 

Claro que hay ‘formas’ de ser que no me agradan. Y no tienen por qué hacerlo. Lo de ‘para gustos, colores’ sirve para todo. Algunas son puntuales. Otras permanentes. Pero la diferencia (que no es poca) es que ahora, cuando aparece el juicio, el ‘ufff’, el ‘cuidado’, el ‘ésta es de libro’, me doy un margen e intento no censurar de primeras, como hacía antes. 

Porque ‘detrás de’ hay mucho. Y ese mucho, no siempre (casi nunca) lo podemos alcanzar si no es a través de una relación más personal, más íntima, más profunda. Que es cuando se conoce, de verdad, a alguien. Que es cuando llegamos a conocernos de verdad a nosotros mismos. Traspasando esa superficialidad, esa máscara, ese personaje que nos hemos creado y creído, y que puede engañarnos, metérnosla tan bien metida hasta el fondo. Por muy sabelotodo que nos creamos ser… Yo la primera.

La Desconfianza (que surge debido al daño que hemos padecido a causa de un desengaño ‘de lo que sea’ en el pasado) nos lleva a ver lo negativo del otro por encima de lo positivo. Es un mecanismo de defensa que nuestra mente ha creado para protegernos. Pero no es la realidad. Esa persona no es eso malo que pensamos de ella. Lo ‘malo’ es únicamente un recuerdo que recordamos. No tiene nada que ver con ella, sino con experiencias en las que hemos sufrido y que hemos etiquetado como ‘nunca máis’. Y cuando algo o alguien nos las activa, adiós muy buenas. Ahí te quedas que no quiero que me vuelva a salpicar.

Y puede que lo hiciera. Pero puede que no. Y corremos el riesgo que pasarnos la vida huyendo de nuestros recuerdos (con lo agotador que es), en lugar de reconocerlos y dejar de creernos las películas que nos hemos montado sobre ellos. En lugar de quitarles nuestra atención. Nuestra obsesión.

En un momento dado, todos podemos faltar al respeto, insultar, gritar, ofender. Hasta matar. Yo sí sería capaz. Y tanto. Y de muchas otras cosas más por las que nos ponemos las manos en la cabeza cuando las vemos en las noticias. La diferencia es que yo controlo mis impulsos y otros no lo hacen. Ya está. Pero, ¿y si un día no lo hago porque mis tornillos están demasiado apretados?

Ese ‘momento dado’ no nos define. No es quienes somos. Yo no soy todos los miles de pensamientos de todo tipo que me vienen a la cabeza cada día. Ni todo lo que siento. Ni siquiera, lo que hago. E igual que nos puede pasar a nosotros, también le puede pasar a los demás. Pero a ellos les condenamos de por vida. Les ponemos la etiqueta de ‘demonios’, ‘oscuridad’, ‘suciedad’, ‘purria’, ‘delincuentes’, ‘drogadictos’, ‘putas’, ‘borrachos’. Y los aislamos. Para que no nos toquen. Para que no se nos pegue. Y no somos capaces de ver más ahí Dentro. Y ahí dentro, igual que ‘aquí’ dentro, hay mucho más.

Pero nos da miedo mirarles a los ojos porque entonces no nos quedaría más opción que mirar en nuestro interior. E igual, nos vemos reflejados en ellos, nos reconocemos… y tenemos que ‘exiliarnos’ a nosotros también porque no nos gusta lo que encontramos.

Detrás de cada piel, por muy mal que nos huela, hay una historia. Y no suele estar llena de Amor. No deberíamos olvidarlo tan a menudo como lo hacemos. Y en lugar de rechazar, de menospreciar, de pegarle una patada a la dignidad (a la nuestra y a la del otro) quizás tendríamos que intentar utilizar más la Compasión. Ese Sentir tan sanador que nos hace tan bellamente humanos.

La mayoría de los adultos seguimos siendo unos niños a los que nos vistieron el Corazón con un traje de hojalata.

Una mirada de Compasión puede reMover montañas. Entrañas. Penetrar hasta el higadillo. Sobretodo, cuando estás acostumbrado a que te miren (te mires…) con asco. Y producir ese cambio que tanto buscamos en ‘el mundo’.

… Y me adentré en la cueva en la que me había escondido. En la que me perdí. Estaba oscuro. Había tanto silencio que mi ruido me atormentaba. Pero decidí quedarme. Decidí continuar. Decidí que no quería seguir corriendo. Me paré. Me observé. Me sentí. Me abracé. Y lloré. Mucho. Hasta casi desfallecer. Me rendí ante la evidencia de mi gran mentira. Y quien creía ser, se fue. Y quien en realidad era, surgió. Y lo que no me gustaba empezó a encantarme. Y lo que consideraba mis sombras, se transformaron en mi Luz …

” Y en vez de Amarme menos,

cada Instante en que me Veo en el Espejo,

me quiero mucho más.

Y a ti, también. “

REFUGIADOS: OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE


A finales de agosto, dejé mi trabajo voluntariamente porque “ya no era mi lugar”. Desde entonces, sigo sabiendo lo que no quiero y sin encontrar la aguja de mi pajar. Me despierto cada día sin un objetivo, sin una meta a alcanzar más que la de escuchar a mi corazón para que me indique hacia dónde, en este único Presente, debo dirigirme para ir completando mi puzzle. Esta situación me ofrece una infinidad de posibilidades que experimentar, que probar. 

Una de ellas sucedió la semana pasada. Después de muchos años trabajando casi todo el día dentro de una oficina, sentía la necesidad de estar en la calle, respirando aire “puro”, cara a cara con la gente. En mi afán de “ayuda al prójimo” decidí (porque así lo sentí con mucha claridad) que mi nueva aventura iba a ser con ACNUR, que es la Organización Humanitaria de la ONU para los refugiados, en el departamento de captación de socios. Hice un día de formación y una prueba por la tarde de lo que sería mi labor. Al final lo rechacé porque, aunque el fin y la motivación eran muy acordes a mi sentir, el tipo de trabajo no iba conmigo. 

El regalo fue para mí porque en dos días con ellos aprendí y me sensibilicé más que en dos años de charlas y talleres que haya podido realizar, y no sólo por la crisis humanitaria que está ocurriendo en estos momentos en muchos lugares del planeta sino por el impacto que se produjo en mi interior. Soy consciente de que hay infinitas realidades ahí fuera, dependiendo de dónde caigas, de hacia dónde mires y de lo que la vida te traiga; que los conflictos armados, la pobreza, las violaciones, las catástrofes naturales siempre han existido y que “yo no voy a dejar de comer porque haya niños que se mueran de hambre”. 

No tiene nada que ver con querer salvar al mundo sino con darnos cuenta de lo afortunados que somos por tener una cama en la que dormir, un plato en el que comer y una familia a la que abrazar. Sentí tanta vergüenza al escuchar que cada día mueren dos niños intentando cruzar el mar, que mientras se desplazan a una Europa que les ha cerrado sus puertas, España incluida (sólo hemos acogido a 10 refugiados), los peques son abusados sexualmente unas cuantas veces en cada trayecto siéndoles arrebatada la poca inocencia que aún les podría quedar, que la media de duración de los campamentos es de 15 años y algunos hasta están pensando en convertirlos en una “ciudad” porque no tienen a donde ir, porque nadie les quiere, porque nadie “les Vé”… y mil y una barbaridades más que no salen en las noticias.

Vergüenza porque mientras todo esto está sucediendo, yo me dedico a escribir artículos, reflexiones sobre cómo ser feliz, estar en paz, cómo dejar atrás el sufrimiento, cómo ser coherente con uno mismo, cómo amarse para poder amar al otro, cómo dejar de sentir apegos emocionales y cómo vivir en el Aquí  y Ahora.

VERGÜENZA hacia mí por querer Regresar a un Hogar llamado Amor cuando hay 47 millones de personas en La Tierra (37% de ellos niños) que han sido expulsados de él y que su única preocupación es no morir de desnutrición. Los grupos terroristas se aprovechan de su desesperación y por un módico precio con el que un padre puede salvar al resto de su familia, compran su “vida” y lo alistan en sus filas, convirtiéndolo en una “máquina bomba” que cuando estalla en nuestra propia cara a quién acusamos, machacamos y rechazamos es a un colectivo religioso que no ha tenido nada que ver con el resultado final. Como consecuencia, esto provoca más miedo y más razones entre los ciudadanos para ser unos completos egoístas e insolidarios que lo único en lo que pensamos es en acumular, comprar lo que ya poseemos, ir al gimnasio, echar un polvo, tumbarnos al sol, hacernos selfies y querernos iluminar.

Les pregunté sobre esas imágenes, vídeos, que utilizan muchas ONGS para recaudar fondos, de las que yo no era partidaria y muchos de ellos tampoco. Me respondieron que cuando aparece algo así por la televisión es cuando la gente “se echa a la calle”, despierta y colabora más, con muchísima diferencia. Y es que estamos tan acostumbrados a ver “de todo” que para que algo nos remueva tiene que ser muy muy fuerte, muy dramático. Es como si estuviéramos inmunizados ante “el dolor humano”, cosa bastante preocupante para los que nos hacemos llamar SERES HUMANOS.

Y me dicen que soy muy valiente por hacer siempre caso a mi corazón, por muy sola que me quede, por muy poco que le guste mi NO al otro, por muy desconocido que se presente mi destino, por muy en contra que vaya de la marea y por muy oveja negra que sea.

¿Valiente yo? ¿Valientes nosotros? VALIENTES ELLOS que luchan cada día por sobrevivir, que no pueden permitirse el lujo de elegir un tipo de alimentación ni un trabajo ni una marca de ropa ni un coche ni un piso, que no saben lo que significa “vacaciones” ni lo que es el Crecimiento Personal, que se han visto obligados a abandonarlo todo para no ser enterrados bajo las paredes bombardeadas de sus propias casas. Valientes ellos, no los que nos quejamos constantemente porque no consideramos que tengamos, sepamos y seamos suficiente queriendo, luchando y sufriendo por “tener, saber y ser más”, no los que nos entretenemos en pedir, pedir y pedir a la Vida que nos aTraiga a nuestra alma gemela, no los que creemos que también estamos padeciendo una Crisis, no los que salimos a la calle queriendo poner aún más fronteras para que nadie “nos quite lo que es nuestro”. Valientes ellos que están siendo abandonados de verdad.

Y como se han quedado sin papeles, sin ningún tipo de identidad, sin nombre, nosotros, los de las grandes potencias, les ofrecemos uno: REFUGIADO. Vergüenza y más vergüenza.

No es un llamado a colaborar con alguna ONG, es un llamado a la Sensibilización, a la toma de conciencia de que la realidad que estamos viviendo no es la misma para todos, que hay millones de personas en peor situación que la nuestra, que no es comparable una con la otra y que la próxima vez que nos excusemos con el “pero es que yo” recordemos que quizás, algún día, nosotros fuimos o seremos ellos y ellos fueron o serán nosotros. Es un llamado a ponernos en su piel. Es un llamado a quitarnos de una vez por todas esos muros internos que nos separan los unos de los otros por miedo a sufrir. Un llamado a empezar por ser compasivos con nosotros mismos y con aquellos con los que nos cruzamos por la calle, con los que convivimos. Un llamado a parar, a abrir la mente y el corazón, a soltar los juicios, las culpas, los castigos, las condenas, las interpretaciones y las proyecciones y a aportar nuestro granito de arena a un mundo que sólo “el pueblo” es capaz de sostener y de cambiar con su ACTUAR. Un llamado al respeto, a la tolerancia, a la igualdad, al Amor que somos y a la Unidad.

Llegará el día en que no haga falta que nuestros ojos vean para que nuestro corazón sienta y actuemos con la Humanidad y la Dignidad que nos debería caracterizar.

Hasta entonces, que las imágenes hablen por sí solas que son las únicas a las que queremos escuchar.

APOYARNOS LOS UNOS A LOS OTROS MIENTRAS SE NOS ROMPE EL CORAZÓN


Uno de mis grandes aprendizajes en esta vida ha sido (sigue siendo) el de pedir ayuda. He ido limando esas creencias tan arraigadas que tengo de “tú sola puedes y debes”, “no necesitas a nadie”, “pedir ayuda es de débiles” y la raíz de todas ellas: “si permites que alguien te ame, te puede abandonar y sufrirás”.

Es importante que creamos en nosotros, que sepamos salir adelante sin ceder nuestro poder fuera continuamente, sin acudir siempre al otro, sin darle más importancia a voces externas que a la nuestra, que confiemos en nuestra sabiduría, en nuestro valor y en nuestra valentía. Y para saberlo es necesario experimentarlo y pasar por esa soledad que hace que te enfrentes a todos esos miedos que intentas por todos los “medios” ocultar. Pero una vez ya lo has comprobado, ya te lo has demostrado, ¿para qué seguir llorando a solas?

Compartir tu dolor, tu vulnerabilidad, es de los actos más valientes que una persona puede realizar, porque cuando te das de esa manera a alguien, cuando le abres el corazón a otra persona, le estás mostrando todas tus heridas, todos tus talones de Aquiles y todos tus puntos gatillo a los que disparar cuando les venga en gana. Es un acto total de entrega de ti, de tu Alma, y a eso, no se atreve cualquiera.

Ningún extremo es “bueno”, ni siquiera el de llegar a ser tan independiente, tan autosuficiente, como para no plantearte la opción de apoyarte en tus amistades, en tu familia, cuando te estás ahogando en tus propias lágrimas o en cualquier tontería que no tienes por qué pasar sola por ello pero como es a lo que estás acostumbrada, por lo que tanto “has luchado”, prefieres seguir siendo “fuerte” y “no molestar”. 

Nuestros dones pueden llegar a ser nuestras mayores trampas. Es importante ser consciente de ello y mantener el equilibrio, en mi caso, entre lo que es el desapego y el aislamiento por miedo a apegarse. Hay una linea muy fina entre ellas, difícil de observar cuando estás ahí metida, cuando el estar contigo te produce mucho mayor disfrute que el estar con otro y cuando tu libertad, tus rutinas, tus horarios, tus caprichos, tu comida, tu tiempo, tu silencio y tu cama están tan impregnados con el perfume de tu piel que para que entre otro olor en tu vida tiene que “dejarte sin sentido”.

Por ese motivo “soy de las que” sus amigos son AMIGOS, no conocidos, contados con los dedos de una mano y a los que considero uno de mis más preciados tesoros.

Los que tenemos este tipo Energía, tan “antisocial” como dicen algunos, que nos podrían dejar en una isla desierta y no echaríamos de menos nada ni a nadie porque poseemos un mundo interior tan vasto como el universo (eso no quiere decir que no amemos sino que no necesitamos), nos la hemos ganado “a pulso”.

Para llegar a este estado, hemos pasado por muchas noches oscuras, vagado por ellas con todas nuestras sombras, sin bastones, sin empujones y sin palmaditas en la espalda ajenas, con los únicos abrazos de nuestros brazos y los únicos besos de nuestros labios. Hemos decidido levantarnos, dar un paso adelante, salir ahí fuera y entrar aquí dentro a enfrentarnos a todos nuestros temores. Y seguimos haciéndolo cada día, y seguimos ELIGIENDO ser nosotros mismos, ser auténticos, coherentes con nuestro Sentir, con nuestra verdad, seguir a nuestro corazón, a nuestra intuición, por mucho que el exterior no lo entienda, por muy en contra que vaya de “lo normal”, por muchos “qué rara eres” que te lancen, por muchas miradas de incomprensión que te enfoquen, por mucha culpa que te atormente y por muy de otro planeta que te sientas….primero SOMOS nosotros y luego el resto. 

Nos es que pasemos de todo y de todos, es que respetamos mucho nuestra libertad de Ser lo que en ese momento estamos siendo y sintiendo y, de igual modo, la de los demás.

Algunos lo llaman egoísmo, yo lo llamo Amarme, serme fiel aunque a veces ni yo misma “me esté de acuerdo” y aunque a veces ni yo misma me entienda.  

¿Podemos vivir sólo con nuestro Amor? Sí, claro, pero ¿desde cuándo la Vida prefiere vivirse en solitario teniendo millones de latidos con los que poder bailar? 

El Amor no se puede meter en un recipiente porque se moriría, se ahogaría. No puedo quedarme con todo ese Amor que he ido cultivando, que he ido limpiando, recordando, abrillantando, afinando porque se me escapa de las manos, porque mi cuerpo, mi pecho se me queda muy muy pequeño para tanta inmensidad. No se puede acumular, no se puede encarcelar, no se puede poseer, por muy “mío” que sea (que no lo es). 

El AMOR verdadero es libre y yo no soy nadie para decirle dónde debe permanecer para “toda la vida”. ¿Para qué quedármelo todo para mí si cuando lo dejo ir, cuando lo suelto, es cuando me siento más Feliz, más plena, más completa?

Aunque nazcamos y muramos solos, no lo estamos. Formamos parte de una manada de seres humanos que están deseando compartirse pero que no lo hacen porque nadie les ha enseñado a hacerlo, porque alguien les contó que existen lobos muy feroces que se disfrazan de abuelitas para ganarse la confianza de aquellos que son bondadosos, compasivos, generosos e inocentes para así luego saciar su hambre y “comérselos con patatas”. Y se lo Creyeron, y nos lo creímos, y nos pusimos una armadura para que tapara nuestra Sensibilidad y una venda en los ojos para no ver nada más, para no darnos cuenta de la belleza, de la Luz que brilla tras todas esas caretas, tras todos esos personajes, tras todo ese maquillaje con el que nos dibujamos un rostro tan poco natural, tan poco Real.

La Familia, nuestra familia (que no es solo la biológica), está para gozar de los buenos momentos y también para apoyarse mientras se nos está rompiendo el Corazón. 

AMAR es dar

AMAR es recibir

AMAR es confiar

AMAR es permitir

AMAR es dejarse AMAR

EN LO MÁS DENSO DE LAS COSAS DESCUBRIMOS EL AMOR QUE NUNCA MUERE


Es en esa densidad de la que tanto huimos donde descubrimos el Amor que nunca muere, el que siempre está Presente, en todas las cosas, en todas las personas, en todos los animales, en todos los seres que habitan este planeta y el universo entero. 

El mal, la densidad existen en la medida en la que tú mismo les das vida, fuerza, y lo haces rechazando, intentando eliminar, esas partes de ti que CONSIDERAS oscuras, que CREES que no son dignas de SER compartidas, sentidas. Cuanto menos las aceptes, cuanto menos te aceptes, cuanto más las etiquetes como negativas más Verás fuera esa densidad de la que tanto te quejas día tras día.

Si en lugar de ver con los ojos de la mente viéramos con los del corazón lo sentiríamos todo Perfecto, tal y como ya es. La Realidad no es como tú la interpretas, ni como lo hago yo. La VIDA ya está evolucionada, ya nació iluminada. Somos nosotros los que pretendemos cambiarla, mejorarla, extirparle las partes que no nos gustan, matarla para renacerla a nuestro antojo, borrarle los colores que consideramos fríos y pintarla de los que consideramos calientes. Eso es lo que hacemos con nosotros: maquillar unas “imperfecciones” que están basadas en lo que yo creo que “debería” SER según mis creencias, echándoles la culpa de mi infelicidad y de mi vacío, cuando es precisamente esa actitud de no aceptación, de no amor hacia mí, la que me está haciendo sufrir.

No queremos sentir dolor y en cuanto vemos que se acerca, que nos roza con su aliento, hacemos cualquier cosa para separarnos de él: distraernos con la televisión, ponernos a meditar, a chatear, a discutir, a cantar, a bailar, a escribir, llamamos a un amigo, a un familiar, vamos al gimnasio, al cine, a un taller, a la playa, a la montaña, ponemos a parir a la vecina, a la suegra, a la compañera, al Rey, al Presidente, al de las rastas, al que no hace nada, al que hace demasiado… 

Somos unos drogadictos. Algunos esnifan cocaína, otros fuman porros o son adictos al juego, a un tipo de alimentación, al sexo, al alcohol, a pegar palizas, a abusar, al poder, al dinero, a la fama, a las redes sociales, a la basura, a la limpieza, al conocimiento, a la eterna juventud… Da igual el QUÉ, podemos escoger entre infinidad de opciones. Lo importante es el PARA QUÉ lo hacemos y la raíz siempre es la misma: evadirnos de lo que estamos sintiendo.

Si permitiéramos que el dolor tocase nuestro Corazón, lo convertiríamos en Compasión. Hay situaciones en las que no nos queda otra, en las que a tu vida no le ha quedado más opción que enseñarte de esta manera: una enfermedad, el fallecimiento de un ser querido, un atentado, un tsunami, el descarrilamiento de un tren, la muerte de un niño mientras huía de la guerra… etc. Son “fotografías” que traspasan todas esas barreras, esos muros que nos hemos creado y con los que nos paseamos por el mundo para que “nadie pueda hacernos daño” porque CREEMOS que no vamos a poder soportarlo. 

Si no puedes sentir dolor, Amor tampoco, porque el amor lo incluye todo, te guste o no. Y aunque creamos que estamos bien camuflados, protegidos, todas esas emociones que no expresamos (porque están todas dentro aunque te creas que vienen de fuera…) lo harán a través de una enfermedad, de un dolor Físico. No desaparecen, se transforman, se acumulan hasta que explotan, de una manera o de otra, eso ya depende de ti, de cómo las gestiones.

Cuando me atreví a SENTIR dolor, sufrimiento, ira, enfado, rabia, tristeza, soledad, debilidad, cuando en lugar de querer ser otra, más espiritual, más pura, más fuerte, más valiente, más femenina, más bondadosa, más inteligente, más sabia, más angelical, más más más…en todo momento, fue cuando entendí que era la mente la creadora de esa separación, que era mi mente la única que veía maldad, dentro y fuera de mí, que era mi mente la que interpretaba según mi conveniencia y la única responsable de mi ausencia de Paz. 

Cuando me atreví a Sentir “lo que fuera”, toda una mochila llena de creencias de cómo “tenía que” se soltó y con ella cada una de mis condenas y de mis penitencias. Eso no quiere decir que ahora no surjan esas voces juiciosas pero la diferencia, la gran diferencia, es que ya no me las creo porque sé que no son reales, que aunque me acompañen en este viaje ya no me dan forman aunque formen parte de mí, ya no les hago caso, ya no les sigo la corriente. El RÍO soy yo. Ellas son sólo algunos de los peces que me nadan. Y si en algún momento me dejo llevar por ellas, no pasa nada. ¿Qué va a pasar que yo no quiera que pase?

En tu dolor está inmerso el dolor de toda la humanidad. Cuando eres capaz de sentirlo, cuando le abres la puerta a la vulnerabilidad también se la abres a la Empatía, al sentir del otro, al entendimiento del otro. Es entonces cuando la lástima y la pena son sustituidos por la Compasión, y todo ese Amor que nunca muere porque siempre está, aparece para sostenerte, para abrazarte, para cuidarte, para mimarte, para recordarte quién eres y para AMARTE.

Y lo importante sale a la Luz: la salud, la familia, la amistad, lo sencillo, la quietud, un amanecer, el canto de unos pájaros, la conversación silenciosa entre dos personas, un beso, la risa de un niño, un paseo junto al mar, una excursión por la montaña, un cielo estrellado con su luna llenándolo de locura, la ternura de un animal… , esas pequeñas grandes cosas que tanta vida nos dan y a las que tan poco caso hacemos.

Y lo material, lo superficial, las caretas, los disfraces, los temores, los esfuerzos, las luchas, los objetivos, las metas, los destinos, las misiones, las apariencias y las obligaciones se van a tomar viento.

Adéntrate en tu “densidad”. Allí es donde te escondes y el único lugar en el que te podrás encontrar. 

No lo olvides:

Tú eres la Flor de Loto,

no el agua lodosa en la que flotas

COMPASIÓN por y para Todos, sin exclusión: la mayor cura contra la Violencia


¿Alguna vez has sentido Compasión? No, pena no, ni lástima. Compasión, en mayúsculas.

Hay “cosas” que son muy difíciles de transmitir, de explicar con palabras. Ésta se lleva la palma.

La ternura inunda cada átomo de tus células. El “no sufrimiento” ahoga tu respiración. El Amor que sientes es tan puro que rompe por dentro cualquier atisbo de “muro”, frialdad, indiferencia, lucha, ataque, defensa que pudiera estar instalado en ti.

Es tan intenso, tan bonito, tan especial que es muy complicado mantenerlo Vivo porque enseguida aparecen esas distracciones que nos alejan de él y acaba evaporándose entre las grietas de nuestra inconsciencia no sin antes haber “dejado huella”.

La primera vez que lo sentí fue hace pocos meses y por un animal al que “un hombre” había maltratado. Me quedé unas horas con él, cuidándolo, protegiéndolo, arropándolo, dándole mi calor y mi Amor. Estuve una semana con ese sentimiento, esa sensibilidad a flor de piel. Algo murió en mí y algo precioso se sembró.

Yo era de “las que no sentía”, de las que hasta dormía con la armadura puesta “por si acaso”, de las que iba de dura, de “a mi no me afecta nada”, muy yang. Poco a poco me fui abriendo, fui soltando mis miedos y aprendiendo el significado del verbo Amar. Y no me refiero el amar a una pareja sino a ese Amor que no tiene “por qués”, ése que puedes sentir cuando miras el cielo y lo ves rodeado de estrellas, vigilado por esa Luna tan mágica. O cuando aparece un bebé ante tus ojos o un cachorrito de cualquier especie y se te cae la baba de lo lindo que es. O cuando ves a una pareja de ancianos, cada uno haciendo de muleta al otro, con tanta vida en sus arrugas, tanta sabiduría, tanto cariño, tanta inocencia. 

Ese Amor lo vas amando cada día un poquito más y él se va acercando a ti, sigilosamente, para que no te espantes, a medida que le vas abriendo las puertas de tu Corazón. Y cuanto más aceleras…más calentito se pone, te pone, te abriga, te abraza, te arropa, te Recuerda quién eres en realidad y el camino de Regreso a tu Hogar, a tu Esencia.

Una vez lo pruebas ya no quieres dejar de beberlo.

Sólo hay que atreverse a Sentir, darle permiso para que te coja de la mano y te lleve hacia un lugar llamado Paz.

Suéltate la melena. Sé Compasiva contigo, mírate más allá de tu apariencia. 

Siente en Ti aquello que deseas que el Mundo Sea.

“Abre los ojos”. Mira en este mismo instante a tu alrededor. 

-¿Qué Ves? 

-¿Nada?

-Vuelve a mirar…con los ojos del Corazón..

-¿Puedes Sentirlo..?

Abracadabra…

maria-teresa-calcutta

AMOR-Compasión

 

El sábado por la tarde fui con mi hermana y mi sobrina a un parque al lado de casa que tiene un lago bañado de patitos y de vuelos de gaviotas. Estábamos en la orilla cuando unos niños me dicen que hay una gaviota malita al lado mío, entre unos arbustos. La voy a buscar y la veo temblando. Era una cría. Me acerco poco a poco para que no se asuste y me la quedo observando. Una chica que estaba cerca me dice que ella y su pareja la han sacado del agua porque estaba intentando salir y no podía. Llama a protección de animales pero sólo trabajan entre semana. Llama a la guardia urbana y pasan totalmente..Yo sigo mirándola..y de repente veo algo en sus patitas que no voy a contar (una crueldad hecha por humanos que de humanos debían tener muy poco..). Entre un chico y nosotras dos deshacemos el desastre durante más de media hora. Logramos dejarla en pie..pero iba cojita y se quedó allí de nuevo sentada, temblando de frío e intentando secarse las alas porque había pasado demasiado tiempo mojada.

Fui incapaz de dejarla allí sola..así que me quedé como dos horas más con ella, haciéndole “reiki” y acompañándola en su recuperación. Era tan bonita..Me permitió que me sentara a su lado y le diera calor. Cada media hora más o menos me apartaba y ella intentaba levantar el vuelo, pero no podía, así que andaba un poquito y volvía a sentarse..y yo..a su vera. Cada vez iba estando mejor. Al final, aunque le costaba, iba más rápida y hasta hablaba con su voz.. Yo me la quedaba mirando de pie, a una cierta distancia para darle espacio, mientras ella se lamía la cabellera con el pico. Cuando acababa venía hacia mí y se quedaba quieta..y yo seguía con mi labor.

A las 21h de la noche ya decidí irme porque no podía quedarme allí eternamente..con todo el dolor de mi Corazón ya que no había conseguido “salvarla” como yo hubiese querido. Me acerqué a ella, nos miramos (tengo sus ojos clavados en la mente..) y le pedí perdón por lo que le había hecho “mi especie”. Sentí su Gracias por Estar, me despedí, la bendije y me fui..mirando atrás..

Algo se me rompió por Dentro y desde entonces estoy muy sensible. Es como si me hubieran arrancado una parte de mí y siento como una presión-vacío desde la boca del estómago hasta la garganta, intensificándose en el pecho. Es difícil explicarlo con palabras. Alguien me ha dicho esta tarde..que lo que siento es COMPASIÓN y que lo que me ha pasado es un “despertar del AMOR”. Hace dos años sentí lo mismo por una persona que fue la que me provocó mi despertar espiritual y gracias a la cual ahora estoy ahora aquí realizando mi viaje de regreso a casa. No lo había asociado pero me he dado cuenta que es lo mismo que sentía, y siento, por ella: AMOR INCONDICIONAL. Es muy intenso pero nunca me había ocurrido con un animal. A veces me ha venido..esta sensación de AMOR, como cuando veo un amanecer..en la que el ego desaparece y tu sensibilidad se escapa por cada poro de tu piel.  Se había mantenido durante unas horas o uno o dos días pero esta vez llevo 4 días y no cesa..¿Cuánto durará?

Esta tarde, mi “hermana” del trabajo, que está embarazada de un mes, me ha dicho que escuchara una canción que su marido dice que se la dedicará a su hija (si es niña..). Me la he puesto y al segundo estaba llorando ahí en medio..yo, que nunca lloraba por nada por vergüenza, por la dichosa falsa debilidad..Y tengo ese Sentir continuamente, a todas horas..de que se me salten las lágrimas por nada..porque no me pasa nada y me pasa Todo a la vez..

Hace que AME animales, personas, plantas y hasta objetos… y se multiplica por un millón hacia aquellas personas a las que quiero, las más cercanas y también con las que he compartido unas cuantas vidas por muy lejos que estén..

Sigo soltando trocitos de armaDura y dejándome llevar hacia un lugar desconocido donde no sé lo que me espera.

Duele..pero no hay sufrimiento…porque está abrazado por un Amor que no te deja caer, que no sabes de dónde viene ni hacia dónde irá..pero que lo sientes con toda tu Alma. Un Amor que te sostiene mientras te arrancas todas esas Creencias que te habían convertido en una piedra, mientras miras de frente a tu sombra, te sientas a su lado y le entregas tu Corazón..como si fuera una gaviota malherida.., mientras escuchas hasta el sonido del ¡crack! de un velo menos que quitar..

Y aquí sigo..perdonándome por todo lo que en su día me hice sufrir, por toda la frialdad con la que actué en demasiadas ocasiones, por las traiciones que me permití y por haber pasado de largo tantas veces, sin ni siquiera mirarles a la cara, de aquellas personas/animales que únicamente me solicitaban un poquito de Compasión..A todas ellas, lo Siento.

Gracias AMOR..por tener Fe en mí..

Gracias AMOR..por empujarme hasta mi Vacío..

Gracias AMOR..por darme la Fuerza para Seguir..

Gracias AMOR..por abrigarme las heridas..

Gracias AMOR..por recordarme Quién Soy.

gaviota

Compasión vs Pena

 

Hoy en el trabajo “he tenido trabajo”..Hay una compañera que suele hacer comentarios tipo: pobrecito, qué pena..etc. Hoy, con un caso de una persona con un “defecto físico” ha soltado: es que con todas las personas así me entra un sentimiento de mucha pena por ellos..

Entonces, en dos segundos, mis yoes han entrado en acción:

-Yo1: No digas nada, que cada uno sienta según su consciencia

-Yo2: Te toca hablar y compartir conocimientos..para eso estás aquí.

-Yo3: Como saltes habrá “lucha de razones” y de egos. No están preparadas para entenderlo.

Al final ganó el Yo2 y empezó “el debate”..a ver quién convencía a quién:

Yo les expuse (eran cuatro ellas) que sentir pena por alguien es creerte más que él y que esa persona “no puede”, infravalorarlo y decirle que : no vales.  Y ellas replicaban que lo normal cuando una persona tiene un defecto o enfermedad es sentir pena por ella porque no podrá realizar según qué cosas que alguien “normal” sí puede, y que por qué esa persona tiene que pasar por eso si no ha hecho nada..

Partiendo de esos argumentos..con espiritualidad y consciencia cero..poco podía hacer, pero seguí mi “batalla” intentando hacerles entender el concepto erróneo que tenían de la “pena” e introduje la compasión por medio..lo que llevó a un conflicto aún mayor ya que ellas le daban el mismo significado y de ahí nadie las sacaba, evidentemente.

Y así, un tira y afloja de desgaste energético y de “mis yoes diciéndome: ya te lo hemos advertido..” hasta que ha venido la jefa a decir: Ya, a trabajar, y mi última frase de: Que cada una piense y sienta lo que le dé la gana. Quien quiera quedarse con “lo suyo” sin ponerlo al menos en duda que lo haga y quién quiera investigar más..que busque información sobre el tema, que hay mucha.

Me gusta dialogar, conversar, reflexionar pero discutir, intentar convencer y “no escuchar” me desagrada y me crea mucho rechazo, sobretodo en el después (que es cuando empiezo a darme caña..). Al final, acabo cayendo en la trampa..no siempre..pero cuando son temas controvertidos la dinámica es la misma. Luego sí que es verdad que cada una se va a su casa y todo tiene su efecto. De repente ves como lo que ayer lo defendían (yo incluída..) a capa y espada hoy ya no tanto y quien antes ni siquiera se paraba a mirarse, a escucharse, a sentirse..ahora ya “se da cuenta”. Poco a poco..a medida que yo me voy transformando..ellas también lo van haciendo..cada una a su ritmo y a su nivel de evolución.

Es difícil habitar en la densidad..en una vibración más baja que la tuya..pero también es muy gratificante ver los cambios que se producen a tu alrededor y además es donde más puedes aprender. Alguien que es como tú, que está “en tu onda” es muy fácil aceptarlo, respetarlo, no enjuiciarlo..pero cuando convives con personas que son opuestas a ti la cosa se complica bastante y ahí es cuando puedes trabajar todo eso que aún tienes pendiente porque cada una te muestra una sombra tuya..y yo convivo 10 horas diarias con 13 grandes y preciosos espejos que me reflejan muy bien..

Una cosa es sentir compasión y otra lástima. No tiene nada que ver una cosa con la otra. La Compasión es desde el Amor, desde la igualdad, ponerte en el lugar del otro, empatizar, sentir lo que está sintiendo. La pena es desde el Miedo, la culpa, la prepotencia.

Todos somos perfectos tal y como hemos nacido y tal y como estamos aquí y ahora. La felicidad, la abundancia no está en la perfección del cuerpo físico, ni en el dinero, ni en lo material..Eso es tan superficial..Está en aquello que siente tu corazón, desde dónde lo hace y en cómo lo hace.

Si yo Creo, Siento que mi hijo de 4 años por ser sordomudo es “menos” que los demás niños, que es diferente, que es un “deficiente”, un “disminuido”, que por qué “me ha tocado a mí”, que pobrecito de él que va a sufrir mucho..éste crecerá con múltiples carencias emocionales, inseguridades..creyendo también que es “un tarado” y todos los que le rodean se lo harán saber consciente o inconscientemente con su actitud porque será lo que su energía estará atrayendo. Y esto sí que es una Pena..

Hazle Sentir su valía, dibújale sus alas, alimenta su poder, sus ilusiones, sus sueños. Dale Amor, fuerza, valentía, autosuficiencia..y convertirás esa deficiencia en su mayor Virtud.

Tenemos lo que necesitamos en todo momento. En lo que no nos gusta, en aquello que pretendemos cambiar, en lo que luchamos por eliminar es donde está guardado nuestro mayor tesoro. Si consigues Aceptar, abrazar, no rechazar esas situaciones, esas personas..lo encontrarás y, en lugar de victimizarte (quejarte, darte lástima..), te responsabilizarás de tu Vida y aprenderás “la lección” más importante para la que hemos encarnado:

– Amarte Incondicionalmente y, por consiguiente, a toda la Humanidad.

compasion