UN MONSTRUO VIENE A VERME


Todos tenemos un Monstruo guardián que nos acompaña durante algún trayecto de nuestra vida. Le damos una forma, un cuerpo, un color, un olor, un paisaje desagradable para que cuando aparezca… no queramos acercarnos a Él.

Es el cajón de nuestros secretos. Nuestro cuarto oscuro. El lugar donde escondemos todo aquello que no queremos expresar porque CREEMOS que no está bien, que es pecado, que no es correcto. Y lo encerramos en el fondo de nuestra Alma para hacerlo invisible. Para que nadie lo vea. Para que nadie nos Vea… 

Hay pensamientos terribles que surgen cuando el dolor emocional se hace insoportable. Cuando no tenemos las herramientas para gestionarlo. O bien porque aún somos unos niños y todavía no lo hemos aprendido, o porque somos unos adultos con un niño interior muy herido al que nadie le enseñó a llorar, a gritar, a reír, a SENTIR como es debido.

El Monstruo nos viene a ver para indicarnos todo aquello que no nos atrevemos a decir. Para que lo miremos directamente a los ojos y le contemos nuestra historia. No la que vivimos. No la que pasó. Sino la que sentimos en nuestras entrañas. Cómo nos sentimos. Nuestra Verdad. Para destaparla. Para sacarla a la Luz. Para que deje de asfixiarnos. De perseguirnos. De esclavizarnos. De no consentirnos Vivir. De no consentirnos Ser. Y de no consentirnos Amar. 

Nuestros pensamientos no es lo que realmente deseamos. Nuestras emociones no es lo que somos. Pero CREEMOS que sí. Les cedemos todo nuestro poder. Toda nuestra Esencia. Todo nuestro nombre. Todo nuestro destino. Y toda nuestra Paz. Por eso, nos rechazamos tanto. Nos castigamos tanto. Nos disfrazamos tanto. Nos enmascaramos tanto. Porque nadie quiere ser un Monstruo…

Cuando nos permitimos abrazar todas y cada una de nuestras partes. Cuando nos permitimos sacar Fuera todo lo que nos oprime Dentro, sea lo que sea. Cuando el juicio, la etiqueta, de bueno y malo, de bonito y feo, de ángel y demonio, de cielo e infierno, desaparece, la resistencia a sentir lo que sentimos en cada momento lo hace con él. Y entonces, es cuando podemos ser libres, auténticos, espontáneos, naturales y puros. Porque la pureza no está en seguir un guión celestial sino en Amarte en tu totalidad. Sólo alguien que se muestra tal y cómo es puede ser puro. Porque no se avergüenza de si mismo.

Es la Creencia de que algo que yo pienso o siento es impuro lo que hace que me crea que soy una persona horrible, sombría, espantosa y tenebrosa. Lo que hace que me odie. Que no quiera mirarme al espejo… Que me huya. Que me abandone. Que reniegue de mí.

Pero ni tú ni yo somos eso. Somos la consciencia que lo observa. El espacio en el que se dan las experiencias. El Silencio al que las voces hablan. Somos la Vida misma viviéndose a través de cada uno de nosotros. 

Por eso es tan importante saber quién/qué NO eres. Porque depende de la respuesta que te des, así te verás a ti, así te interpretarás y así te vivirás y morirás.

¿Y sabes otra cosa? Que aunque tú seas negra y yo blanca, tú heterosexual y yo lesbiana, tú vegana y yo carnívora, tú católica y yo musulmana, tú espiritual y yo terrenal, nuestros monstruos son los mismos. Porque ninguno nos libramos de ellos. Al menos, hasta que nos damos cuenta que son nuestros mayores maestros y dejan de asustarnos. 

Lo único que nos diferencia del resto de la humanidad es un trozo de piel que se convertirá en polvo o cenizas cuando nuestros ojos no quieran despertar más. Todos iremos al mismo lugar (que no sé cuál es, ni me importa). Y lo único que nos llevaremos será lo que hemos decidido Vivir y cómo lo hemos hecho. Lo demás, se quedará en el camino.

Así que antes de criticar, faltar al respeto, repudiar, censurar y rechazar a alguien… recuerda que tú también tienes un Monstruo dentro. Que no eres ni mejor ni peor. Que no eres ni menos ni más. Sólo ERES. E igual que el ‘otro’, lo estás haciendo lo mejor que sabes. Lo mejor que puedes. 

Estamos todos en el mismo barco. Un barco en el que cuanta más Compasión y Amor pongamos, más difícil será que se hunda y más fácil que Regrese a su Hogar. Y nosotros, con él.

EL SOL SALE PARA TODOS POR IGUAL. No lo olvides. Siempre está ahí. Sólo tienes que despejar las nubes que no te dejan verlo.

“EL TAMAÑO DE TUS MONSTRUOS

DEPENDERÁ DEL MIEDO QUE LES TENGAS.

DEL MIEDO QUE TE TENGAS”

¿SABES PARA QUÉ EXISTE LA RELIGIÓN?


Fui educada en la religión católica. Bautizada. Hice la comunión. Y me quedé en la confirmación. No recuerdo la edad exacta en la que dejé de Creer en Dios. En el concepto de la existencia de un Dios externo a nosotros. Más o menos, en la adolescencia. 

Pero lo que sí recuerdo son las muchas veces que NECESITÉ rezarle. Y lo que también recuerdo, es que mi dolor, mi sufrimiento, mi angustia (por los motivos que fueran), en ese momento disminuían. No estaba sola. Había esperanza. Le pedía muchas cosas, sí. Pero, a fin de cuentas, el que me las concediera o no, no era lo importante. Sino el Sentir que ‘alguien’, DURANTE mis noches más oscuras…, me escuchaba, me entendía y ESTABA ahí, incondicionalmente. 

Nos quedamos en la superficie. En lo fácil. En las ‘religiones son una secta’ y demás. Y juzgamos. Y condenamos a los que condenan por condenar. En lugar de intentar ir más allá de lo obvio. En lugar de intentar COMPRENDER el ‘para qué’.

Sin entendimiento, no puede haber respeto ni tolerancia. Y para entender, es necesaria la empatia y la compasión.

Actualmente, y ya desde hace muchos años, no pertenezco a ninguna religión. Pero tal y como está el Mundo hoy en día, nuestro nivel de consciencia global y particular, creo que aún son necesarias para mucha gente. 

‘En todas las casas cuecen habas’. Hay de todo en todas partes. La dualidad no escapa a nada ni a nadie. Está en ti. En mi. En la política. En las religiones. En el fútbol. En la espiritualidad. En las ONGS. Y en la familia. Generalizamos muy a la ligera y ponemos más la atención en lo ‘negativo’ que en lo ‘positivo’. En el miedo que en el Amor. 

Hace un año y medio me fui una semana a Fátima. Digamos que tuve una ‘llamada’. Allí fue donde me reconcilié con DIOS y con la religión. Donde empecé a respetar (de verdad) las Creencias de los demás, aunque no fueran las mías, ni las sigan siendo. Independientemente del dinero que los comercios y la Iglesia ingresan gracias a la Fe de sus creyentes (que es ese lado oscuro, o uno de ellos), lo que yo Vi fue a miles de personas que anhelaban PAZ. Y se podía respirar esa paz a cada paso que dabas si mirabas ‘bien’.

Creía que iba a sentir rechazo ante ese paisaje, pero lo único que sentí fue comprensión y compasión al recordar cuando yo también la deseaba, y que ese Dios al que acudía para obtenerla (porque no sabía hacerlo de otra manera), era mi única salida. En ese momento, desaparecieron todos lo juicios que tenía sobre las religiones y dejé de enfocarme en su parte más negativa. 

Cuando estamos felices, cuando nuestro mayor problema es el estrés laboral, es muy fácil ‘hablar’. Yo he sido la primera en hacerlo. Pero cuando la desesperación por la enfermedad de un familiar, por la muerte de un ser querido, por el no tener recursos para dar de comer a tus hijos etc, se apoderan de ti, ahí no somos tan valientes, tan sabios, tan despiertos y tan conscientes. Y, ¿qué hacemos? Rezar. ¿A quién? Y qué más da… 

¿Acaso importa que exista o no exista Dios? Si a alguien, el hecho de Creer en ÉL, le hace sentir mejor, le aporta aunque sea una gota de Luz en su sufrimiento, ¿no es ya motivo suficiente para darle el visto bueno a esa religión a la que se aferra para sobrevivir emocionalmente? Para mí, sí. ¿Quién soy yo para negárselo? ¿Para decirle que no se arrodille ante quién le dé la gana?

Eso es Respetar. Porque respetar mis mismas creencias no tiene ningún mérito. Lo hace cualquiera. 

Mientras haya una sola persona que necesite CREER en alguien, en algo, que no sea él mismo porque no tiene la fuerza, porque nadie se lo ha enseñado y/o porque no sabe hacerlo mejor…, DIOS, la Religión, los ángeles, los maestros, los gurús, los guías, los budas, las Almas, DEBEN seguir existiendo y siendo respetados por los que no las necesitamos. 

Porque para mí es mucho más importante que esa persona sienta PAZ (me da igual el cómo) que el yo tener razón y que mi verdad sea la verdad de todos y para todos.

Cuando ves a un País (con sus bebés) que se muere de hambre, se te quita la prepotencia e ignorancia del ‘Primer Mundo’ de decirle a sus madres y a sus padres, mirándoles a esos ojos tan vacíos que tienen, que la religión en la que se sostienen es una mentira, que el Dios en el que se cobijan no existe y que rezar no les va a servir de nada. 

Y que sea ‘el Tiempo’ el que nos ponga a cada uno en nuestro lugar. Que yo no soy nadie para arrebatarle al otro el ‘hombro’ en el que ha ELEGIDO apoyar su dolor. Sea una mera ilusión, o no. (¿Y qué no lo es…?).

Menos dureza. Más ternura.

Menos razón. Más comprensión.

 

Empezando por uno mismo. Por nuestro interior.

LO IMPORTANTE NO ES CÓMO EMPIEZAS SINO CÓMO ACABAS


Cada día tenemos la oportunidad de volver a nacer. Da igual cómo nos parieron. Cómo nos educaron. Cómo nos amaron. HOY decido cómo quiero que sea mi vida. HOY decido cómo quiero ser.

Siempre he sido una firme defensora de que el pasado se tiene que quedar en el pasado. Que todo lo que fuera volver atrás, era hurgar en la herida. Un ‘doler por doler’. Una no aceptación del Ahora. Un ir a buscar lo que te falta en otro lugar que no es dónde en este momento tus pies están. Por eso, nunca he sido partidaria de las terapias que te hacen volver a un tiempo que no es el Presente para sanar ‘lo que sea’.

Pero siempre es demasiado tiempo… y nunca demasiado poco.

Creía que solos, podíamos. Que si teníamos el conocimiento, no necesitábamos a nada ni nadie más. Que si pedíamos ayuda era porque no confiábamos lo suficiente en nosotros. 

He empezado el año fuerte. Todo eso a lo que me aferraba ha salido a la Luz para que yo le prestara atención. Y una vez observado, una vez sentido, me ha llevado al miedo que había oculto tras todas esas excusas en las que me escondía. Y en cuanto lo haces consciente, tienes dos opciones. O lo sueltas, o lo vuelves a ocultar. La segunda opción, para mí no es una opción. Porque hay una voz, La Voz, que sale del Corazón, que es mucho más poderosa que la que surge de la mente. 

Entonces, sueltas todas las riendas con las que intentabas controlar lo que debías sentir y lo que no, y te dejas llevar por ese impulso. Sin saber hacia dónde vas. Sin saber el motivo. Sin ninguna razón. Sólo sabes que es ‘por ahí’ y no tienes ninguna duda. Y aunque tienes claro que vas a tener que meterte en el meollo de tu cuestión, de lo que llevas huyendo tanto tiempo (inconscientemente), no te importa. Porque detrás de toda esa capa de emociones que en su día se te quedaron dentro y que te impiden Ver y Respirar ‘a lo grande’, estás Tú. 

Ha llegado la hora de SER para poder HACER. Y el único camino posible es ir hacia Dentro. Hacia la raíz de la que no quería ni oír hablar pensando que no era la vía correcta. Antes, tienes que pasar por tu oscuridad para SENTIR lo que en su día rechazaste, y de eso modo poder abrazarla, Amarla e iluminarla.

La resistencia a ello es lo que nos provoca el sufrimiento, el dolor de más. Una vez te rindes y lo aceptas, surge una paz, una liberación, que te confirman que ‘por aquí, sí’. Y no necesitas saber nada más. Y tienes la absoluta certeza y confianza de que todo saldrá bien. De que ése es el Norte que habías perdido. Y esa nube de dudas, de impedimentos, de ‘sí pero no’ que te envolvían, se desvanecen en el mar.

Cuando no somos capaces de expresar una EMOCIÓN, la condenamos a cumplir cadena perpetua en nuestro interior. Cargamos con ella allá a dónde vamos. Allá donde nos quedamos. Es la piedra en el zapato que nos provoca la famosa HERIDA. No es lo que nos pasó, es lo que no supimos hacer con ello. Le arrebatamos el sentido de su vida, de su misión, que no es más que ‘ser sentida’. Las emociones no son nuestras. No son de nadie. Y al retenerlas, por rechazo o por apego, les cortamos las alas. Las aprisionamos. Y se quedan enganchadas en nuestros cuerpos (físico, mental, emocional y/o espiritual), provocándonos enfermedades de todo tipo. 

Por eso, a veces, es necesario Recordar para que los recuerdos ocultos regresen a su hogar. Nos están llamando la atención todo el rato. De diferentes maneras. Quieren que les hagamos el caso que no les hicimos con anterioridad. Que los saquemos del olvido, del abandono en el que los metimos, para que puedan volar hacia el cielo y más allá. Y para que nosotros podamos continuar.

Lo importante no es cómo empezó mi Vida, sino cómo la voy a acabar. Y esto, sólo depende de mi.

Si tú cambias, todo cambia.

Aunque, aparentemente, ese todo… siga igual.

 

NUESTRA HISTORIA FAMILIAR NO ES LO QUE SOMOS


Todos tenemos una ‘historia familiar’ que llevamos a cuestas en nuestro corazón. Y esa historia, nos creó una herida (a cada uno la suya) que nos va a acompañar toda la vida. 

Me pasé muchos años queriendo eliminarla, hasta que entendí que formaba parte de mí y que la cuestión no era deshacerme de ella sino aprender a convivir con ella. Y descansé en Paz. Porque intentar cortarte un miembro tuyo (en este caso emocional) duele mucho. Es una lucha, un rechazo, continuo y sin final. 

Es tan profunda, está tan Dentro, que la mayoría del tiempo no la sentimos. Y de repente, la vida te ofrece la oportunidad de sacarla de su escondite. De hacerle caso. De darle Luz. A través de una pareja, de un trabajo, de una amistad, de ‘lo que sea’. Y en ese momento, en el que estás flotando entre todos tus miedos, eliges si quedarte allí, mirarlos de frente y quitarles la máscara, o huir de ellos, enterrarlos de nuevo y devolverlos a tu ‘oscuridad’. 

Es una decisión sólo. Y depende de la fuerza con la que lata tu Corazón, se inclinará hacia un lado o hacia el otro. Y da igual hacia dónde vayas. Porque si no lo haces hoy, tendrás que hacerlo mañana (siendo mañana de aquí a un mes, un año o 7 vidas como las que dicen que tiene un gato). 

Todo sucede cuando tiene que suceder. Ni antes ni después. No existen los errores, ni las equivocaciones y, por consiguiente, tampoco deberían hacerlo las culpas ni los arrepentimientos. Porque si no lo hicimos, fue porque no era el momento. Porque no pudimos (aunque ese poder esté disfrazado de cobardía o de ‘no querer’). Y el momento, siempre, siempre, siempre es cuando ocurre. No cuando ‘debería de’  haber ocurrido. 

Entonces, ¿de qué somos responsables? De todo lo que sentimos, que no es pecata minuta. Dejar de culpar a nuestros padres, a nuestros amantes, a nuestros jefes, a nuestros políticos, a nuestros vecinos, a las tormentas solares, a las toxicidades, a nosotros mismos… de nuestra tristeza, culpa, frustración, rabia, ignorancia, ira, soledad, miedo, vacío, nostalgia y/o infelicidad es el mayor acto de responsabilidad que podemos hacer. 

No somos lo que nos ocurrió. No somos Ellos. No somos nuestros pensamientos. Ni nuestros sentimientos. No somos nada de eso y a la vez lo somos todo, porque todo está en nosotros. En un instante, las cenizas se transforman en fuego y te vuelven a abrasar. Y en otro instante, vuelves a convertirte en cenizas de nuevo. Y así, sucesivamente.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos”

El problema es que no queremos ser polvo y por eso deseamos ‘quitarnos’ de encima, considerándonos nuestra ‘propia mierda’, creyendo que así brillaremos más y mejor. Que dejaremos de estar sucios. Que oleremos a rosas. Y que estando tan perfumados, ¿quién va a osar abandonarnos? ¿A no amarnos?

Nos equivocamos en juzgar a la mierda como ‘mierda’. A la sombra como ‘mal’. Y a la herida como algo que hay que sanar tachándola de nuestra lista de cosas a las que amar.

Es nuestra interpretación de ‘cómo tenemos que ser’ la que hace que NO SEAMOS. La que nos provoca más sufrimiento del que ya tenemos (si es que lo tenemos). Ya hay suficiente rizo como para encima rizar más el rizo y hacernos una ‘permanente’ con él, ¿no?

Muchas veces nos perdemos en las preguntas de ‘por qué y para qué’ nos ha pasado esto o aquello cuando lo único que nos está pidiendo la vida es que dejemos de querer encontrar respuestas y que únicamente sintamos. Nos sintamos. Y vivamos. Nos vivamos.  Sin interrogantes. Sin análisis. Sin búsquedas mentales. 

Estudiar es muy fácil. Abrir el corazón, abrirte y dejar que entre eso que tanto temes, salir al mundo real y poner en práctica todo lo que has aprendido, estudiado, memorizado, másterizado, doctorado, cursado y charlado es lo difícil.

(Lo dice una experta en ser muy abundante en títulos y muy carente en experiencias).

Hablar (escribir), habla cualquiera. Hacer, muy poca.

Y, ¿sabes? No hay prisa. De verdad. No estaría de más que nos quitásemos esa presión de ‘llegar ya’. Y de que si no llegamos, se acaba el mundo. Cuando el Mundo somos nosotros. Y nosotros, infinitos. Tenemos toda la eternidad para caminar nuestro camino. No hay nadie ni nada con un cronómetro que nos esté midiendo. Que nos esté puntuando. Que nos esté juzgando. Que nos vaya a premiar o a castigar. Sólo nosotros.

Somos muy injustos, muy crueles con nosotros mismos. Nos tratamos fatal. Con mucha dureza. Con mucha exigencia. Con muy poca ternura. Con muy poca compasión. Con muy poca dulzura.

No venimos a CONSEGUIR nada. Venimos a SERlo todo. TODO lo que nos suceda. Sea lo que sea. Sea cómo sea. 

No venimos a CAMBIAR. Venimos a ACEPTAR. 

De verdad. No hay prisa. Disfruta del viaje. Confía en él. Que donde quieres ir, ya estás. 

Somos los Hijos Pródigos de un lugar llamado Vida.

No somos nuestra historia familiar”

 

 

LA MEMORIA DE LA PIEL


Hay pieles que con el tiempo dejan de sentir. Sobretodo cuando nadie las toca…

Olvidan lo que son las Caricias. Aquellas que te estremecen. Aquellas que hacen que tiemblen tus cicatrices. Las que sanan tus heridas con dulzura. Las que te Inspiran confianza y te Exhalan los miedos que un día decidiste enterrar en tu guarida. 

Hay pieles que se acostumbran a no respirar. A permanecer latentes. A hibernar. Y se Creen que todo está ‘bien’. Que no hay dolor porque nada les duele. Que están vivas sólo porque no están muertas. Que necesitan vaciarse cada noche de Ellas… para no estar tan llenas. 

Hay pieles que echan de más en lugar de menos. Que cuando encuentran, se pierden. Que cuando miran, Ven demasiado. Que cuando se abren…, desaparecen. Y por ahí, en su lugar más Sagrado llamado Corazón, se desvanece su control. Y con él, su fortaleza. Su dignidad… Todo por lo que han luchado. Su independencia. Sus sueños sin realidad. Sus aullidos de protección. Su mal nacida… Libertad. Sin poder impedirlo. Sin poder esquivarlo. Sin poder sostenerlo. Y en el fondo, muy muy en el fondo, sin querer evitarlo…

Hay “pieles CORaza” muy difíciles de penetrar… Muy cerradas al recibir y muy exigentes en el dar. Desconfían de los ‘roces a primera vista’. Aunque hayan sido sus más intensas compañías. Tan pronto te lo ofrecen ‘todo’ como te lo arrebatan en ‘nada’.  Y te dejan tirada, después de haberte tirado…, en la calle de tu amargura, desnuda ante tu mismísima Vulnerabilidad. A la que tanto temes. En la que tanto te ahogas. Sin ningún tipo de salvavidas. Sin un número al que reclamar.

Hay pieles que con el tiempo dejan de Sentir… pero que sólo necesitan de un segundo para volver a Recordar. Para volver en si. Para abrir de nuevo los ojos…, soltar el ombligo en el que se esconden y Presenciar la Belleza de quién las hizo aterrizar. Aunque tus labios se queden sellados. Aunque tus manos se arruguen por sus ansias de viajar… Aunque te tragues todos esos besos que hierven por despegar. Aunque encadenes al abrazo que está hambriento por abrazar. Aunque puedas silenciar al ‘Silencio que no se puede callar’… 

Y entonces es cuando esa Piel, que ‘sólo sabe que no sabe nada’…, que se ríe de cada una de sus Sombras y de sus tormentas, que llora únicamente cuando las lágrimas están a punto de estallar, Regresa a su anhelado Hogar. Y el Fin se transforma en Principio…

Y aparece sentada, entre sus estrellas hermanas, desprendiendo por cada uno de sus poros el Poder que la caracteriza y Levitando en la Vacuidad de su SER junto al Rey ‘Mirada de Cielo’ de su Manada. Tan Plena como la madre que la parió… Tan Perfecta como su alocada y amada Luna Llena.

Porque la piel tiene memoria. Porque la Piel enseguida reConoce aquello a lo que llaman, tan a la ligera, AMAR, AMAR Y AMAR.


-GRACIAS POR ACARICIARME EL ALMA-

LA VALENTÍA DE SENTIRSE COBARDE


Hay muy poca gente que se atreva a sentir su propia cobardía. Hay muy pocos valientes sintiéndose cobardes…

Hablamos de Unidad. Hablamos del Todo. Hablamos de las Sombras. Hablamos de Regresar al Hogar. Y dejamos fuera una parte. A la oveja negra. A la que está mal vista (y nunca mejor dicho…). A la que precisamente es necesario integrar. Acoger. Abrazar. Amar.

Llevamos muchos años luchando CONTRA ella. Llevamos demasiados años luchando contra nosotros mismos. Contra un concepto. Una etiqueta. Un disfraz. Un engaño. Un ‘mal’ inventado. Un pecado muy poco original… 

Es tiempo de dejar las ‘armas’. De parar. De descansar. De rendirnos. De mirarnos. De vernos. Y de Aceptarnos. Es tiempo de abrir el cajón de nuestros secretos y darles la libertad que les arrebatamos al silenciar su voz. Nuestra voz. Es tiempo de gritarle a la vida que queremos vivirla. Con todos sus tesoros y todas sus consecuencias. Con todos nuestros rechazos y todas nuestras preferencias. 

Y para ello, no podemos olvidarnos de lo que deseamos olvidar. No podemos partirnos en más pedazos. En más categorías. En más ‘éstas son feas’ y ‘éstas son bonitas’. No podemos decirle al miedo que no huya. A la ira que no se enfade. A la tristeza que no llore. A la soledad que no se aísle. Y a la rabia que no grite. No podemos ignorar lo que estamos sintiendo cuando lo estamos sintiendo. Eso no es Amar. Eso no es Amarnos. Eso no es Incondicionalidad. Eso no es Totalidad.

Nos tenemos tanto miedo que hacemos todo lo posible por escapar. Por escapar-nos. Parece que huimos de una situación, de una persona, de un trabajo. Pero la realidad es que de lo único que pretendemos huir es de nosotros mismos. Y de nosotros mismos, no podemos huir. Nuestra manera de pensar (de la que derivan nuestras creencias) nos aleja de nuestra ‘manera’ de SER. Y entrecomillo manera porque para SER no es necesaria ninguna forma… Ningún cuerpo. Ninguna piel. SER se es Siendo. En cuanto le pones un nombre, una característica, dejas de SER y pasas a ser ESTO o AQUELLO. Y esto o aquello (sea lo que sea), no es lo que eres. Por mucho que te aferres a ello. Por mucha seguridad que te dé.

Todo lo que hay detrás (y delante) de SOY no es Verdad. Lo puedes sentir. Lo puedes pensar. Hasta lo puedes crear… Pero no lo ERES. 

Llega un punto en que no puedes ir más allá en el ¿Quién soy? y en el ¿Para qué soy y estoy?. Y es cuando te das cuenta de que no puedes saber la respuesta. Puedes averiguar lo que no eres. Para qué no eres. Y para qué no estás. Pero lo que sí eres, no. El viento, para saber que es viento, tendría que dejar de ser viento. Y no se puede dejar de ser lo que se es. Es tan obvio como complicado de entender.

Es la misma mente que intentamos controlar, educar, guiar, apaciguar, meditar… la que nos lleva a hacernos esas preguntas con la intención de que ‘mientras nos estamos preguntando-respondiendo’ no estamos Siendo (aunque siempre Seamos). Y caemos en su trampa, que es la nuestra. Y nos creemos que somos el jugador, el tablero, las fichas, las casillas y el casillero. Cada uno con su tipo de juego, perfectamente diseñado para ‘no sé’. Y nos perdemos en las pantallas. En los escenarios. En las Tierras. Y en los Cielos. 

¿Y sabes lo mejor? Que eso es a lo que tenemos que jugar. Porque si no fuera eso, no estaríamos donde estamos. Estaríamos en otro lugar. Y no es el caso.

¿Puedes vivir sin saber para qué estás vivo? ¿Sin saber quién eres? ¿Sin tener respuestas? Y lo más importante, ¿sin NECESITARLAS?.

A veces, la realidad se nos derrumba. Nuestro corazón se parte. Nuestras fuerzas se agotan. Nuestras lágrimas nos ahogan. A veces, no nos sentimos capaces de ser ‘perfectos’. De sonreirle a la muerte. De levantar a las caídas. De ofrecer nuestro hombro. De compartir nuestras penas. Y no tenemos por qué hacerlo. No tenemos por qué estar alegres. Ni dando saltos por las esquinas continuamente. Ni abrazar a todo quisqui. Ni mejorarnos. Ni evolucionarnos. Ni iluminarnos. Ni aparentarnos. No. De verdad. Suelta los ‘debería’. Suelta lo que hasta ahora te han dicho que tienes que ser y cómo serlo y hacerlo. Suelta lo que está bien visto. Suelta las sagradas escrituras. Las dichosas maestrías. Las subidas de sintonía… Suelta todo aquello que no estás siendo en este momento. Y Siente. Sólo siente. Lo que estás sintiendo. Ésa es tu única verdad de Ahora. Ése es tu único propósito. Tu única misión. Tu único cometido.

Experimenta lo que la vida te está mostrando. Lo que la vida te está viviendo. Lo que la vida te está Siendo. Sea lo que sea. Sea tu capacidad para hacerlo o tu incapacidad para no soportarlo. Da igual. Todo está bien. Todo ESTÁ, y si ESTÁ, está para algo. ¿Para qué? No lo sé. ¿Acaso importa?

¿Acaso importa saber para qué estamos viviendo si vamos a tener que vivir igual? ¿Acaso importa saber para qué estoy enferma si voy a estar enferma igual? ¿Acaso te crees que puedes llegar a saber la razón REAL de lo que estás experimentando? No lo que dicen los libros. No lo que CREEN saber unos cuantos. La REAL. La que está ‘más allá’ de lo que cualquier ser humano puede averiguar.

Pregúntate para qué necesitas responderte a esas preguntas existenciales. A lo mejor, cuando lo averigües, dejarás hacerlo. A lo mejor…

Hay muy poca gente que se atreva a ser cobarde. ¿Sabes por qué? Porque se creen que para SER, hay que ser ‘algo’. En este caso valiente.  Lo que no saben es que ya lo SON sólo por el hecho de haber nacido… Y se pasan la vida ‘no siendo’ para lograr ‘ser’. Lo cual tiene muy poco sentido y no es posible. Más que nada porque seas como seas, ya ERES. Así que es indiferente el ‘algo’ que le añadas. Por mucho que lo intentes, no puedes dejar de SER. Que seas consciente o no de ello, ya es otra cosa. Pero cuando lo eres, cuando eres consciente de que no necesitas ser ‘así o asá’, cuando te das cuenta de que es tu mente la que te manipula para que siempre haya ‘algo más, mejor y diferente’ de lo que eres, las versiones desaparecen y el Original sale a la Luz. Liberándote de las presiones, de las exigencias, de las mochilas que desde hace tanto tiempo llevas, llevamos a cuestas, y de las tan famosas Separaciones.

¿Te imaginas a la Vida diciéndose a sí misma cómo tiene que manifestarse y condenándose cuando no lo hace como ella considera…? ¿Y diciéndole a las ‘otras’ Vidas que no vivan lo que están viviendo? ¿Como si pudieran hacerlo…?

Puede que en este momento no seamos capaces. Puede que en este momento no deseemos ser fuertes. Ni podamos. Ni debamos. Pero seguimos estando Aquí. Y mientras estemos Aquí, coleando, tenemos la POSIBILIDAD de ser lo que nos dé la gana. Quizás hoy cobardes. Quizás mañana valientes.

Y quizás, sólo quizás…, algún día llegue el día… en que dejemos de meternos tanta caña y de pintarnos el Alma con tantos adjetivos, que tan poco favor nos hacen, y nos dediquemos simple y sencillamente a SER. Sin mayor ni menor medida.

VIVE LO QUE SIENTES

VÍVETE

Y CUANDO MENOS ESPERAS, VA LA SORPRESA Y SE HACE VIDA


Puede que tu corazón se haya roto en mil pedazos, y que esos pedazos se hayan vuelto a romper en otros tantos. 

Puede que un día te perdieras y que por mucho que busques nada te encuentras.

Puede que los sueños sean tu realidad más perfecta. Que el sol te queme y la luna te enloquezca. Que las estrellas, al verte, se fuguen. Que los vientos, al soplarte el polvo, te atormenten.

Puede que tu piel esté llena de heridas abiertas. Que sólo con respirar, te escuezas. Que sólo con latir, te mueras.

Puede que la huida sea tu mayor valentía. Y que la soledad se haya convertido en tu mejor guarida.

Pero… olvidaste que las cenizas contienen todo el fuego que las crearon. Que no somos frutos sino semillas.  Y que por muchas ramas que se caigan, la raíz siempre permanecerá intacta.

Creíste que si te enterrabas, desaparecerías. Que nadie te buscaría. Pero volviste a olvidar… que la Tierra es el vientre que te sostiene. Que te acuna. Que te quita la sed. Que te amamanta. Que riega tu sabiduría y que alimenta tu Alma.

Y un día, cuando menos esperabas…, decidiste dejar de correr. Dejar de alejarte. Dejar de lucharte. Dejar de condenarte. Y empezaste a aceptar. A aceptarte. A Sentirte. A SERte y a Amarte. Y elevaste la cabeza bien alto. Y desplegaste tus alas. Y Viste. Y te Viste. Con los mismos ojos, pero con diferente Mirada. Y las apariencias se evaporaron. Las cortinas se echaron a un lado. El escenario se vació de decorado. Y sólo quedaste Tú. Con la desnudez que te caracteriza. Con la transparencia de la que está hecha la Verdad. Con la inocencia que perfuma a la Pureza. Y la perfección de la Paz.

Y te rendiste ante lo que has sido, eres y siempre serás: VIDA. Y en ese momento, comprendiste que si no hay interrogantes, no son necesarias las respuestas. Que el límite entre el bien y el mal pende del hilo de la ignorancia. Que para que haya un efecto, tiene que haber una causa. Y entre los dos, un tiempo. Y que si el tiempo no existe, tampoco pueden hacerlo ellos. 

Y el Destino se transformó en Experiencia. La experiencia, en Presencia. La Presencia, en Hogar. El Hogar, en AMOR. Y todo, y todos, de nuevo, volvimos a empezar…

Sin un POR QUÉ. Sin un PARA QUÉ. Sin una razón, por muy razonable que fuera, que nos llevase a Olvidar.

Sólo un Existir. EXISTIR. Y nada ni menos ni más.

LA FINALIDAD DE LA VIDA NO ES SER FELIZ


Nunca he sabido decir qué es exactamente la felicidad. Había algo que se me escapaba. He escuchado muchas definiciones (las mías incluidas) pero ninguna me acababa de convencer. ¿Qué es la felicidad? Yo sé que a veces me siento feliz, igual que otras veces triste. Pero no es un estado que permanece. Que se queda. Si soy honesta, no puedo decir que soy feliz. ‘Soy’ lo que siento en cada momento, aunque crea que ese ‘lo que siento’ está lleno de miedos, de caparazones, de vendas.

Creer que tengo todo lo que necesito para ser feliz no me hace ‘ser feliz’. Una cosa es lo que piensas, lo que tu mente te dice, y otra, lo que habla tu corazón. Quizás, y aunque parezca absurdo, simplemente no me siento feliz porque no lo soy, y no porque crea que el concepto de felicidad no existe. Igual que el del ego. Igual que el de la iluminación. Que son definiciones que se han creado para expresar algo que en realidad… no es real. Como el cielo. ¿Qué es el cielo? Las estrellas, la luna, los planetas, las nubes, el sol SON. Y el cielo lo vemos como el espacio en el que habitan. Pero ser, no es nada. Y la Nada, es nada, no es ‘cielo’.

Del mismo modo, no me siento nunca infeliz. Lo cual me indica que o hay un estado intermedio entre la felicidad y la infelicidad o que ninguna de las dos son verdad. Es curioso cómo desaparecen ‘las cosas’ cuando dejas de creer en ellas. Cuando les quitas el ‘nombre’ y todo lo que éste acarrea. Es como si a medida que vas siendo más consciente, te vuelves menos conceptual. Cada vez, tu mente tiene menos ‘nombres’. Hay más unidad. Hay menos ‘gotas’ y más ‘mar’. Más puzzle y menos piezas. Ves tu realidad desde una perspectiva más global.

Quizás, ésa sea la razón de por qué el ego, la felicidad o la iluminación ‘han dejado de ser’, si es que alguna vez me fueron algo… Es difícil expresar esta sensación con palabras.

Antes creía que TENÍA QUE ser feliz. Que había nacido para ello. Para alcanzar esa meta. Hasta que me di cuenta de que esa creencia estaba llena de lucha, de esfuerzo, de disciplina, de frustración, de utopía, de ‘futuro’, de ilusión. Y que cuando me la decía o cuando la escuchaba, no había nada de PAZ en ella. Me descolocó el pensar lo contrario. ¿Pero cómo no voy a ‘ser feliz’? ¡Si no ‘soy feliz’, nunca seré feliz…! Mi mente no quería soltar a la ‘felicidad’. Estaba demasiado aferrada a ella por todo lo que había leído, por todos los mensaje de ‘HAY QUE sentirse así para que tu vida tenga sentido’ con los que el sistema nos inunda, con los que MI sistema me inundaba. 

¿Pero cómo puede una ‘obligación’ hacerte feliz? Y vuelvo a lo que siempre digo. No puedo ser feliz si no me siento feliz, por mucho que la sociedad, que mis creencias me dicten que así debo sentirme. Creo que no es el camino para ‘LLEGAR A’, si es que hay algún ‘lugar’ al que llegar. Creo que hay mucho miedo detrás de ese ‘hemos nacido para ser felices’. Hay miedo a SENTIR. Al presente. A lo que HAY en cada momento. Hay muchas etiquetas aún colgadas, de las que no somos conscientes y que nos impiden vivir en Libertad. 

¿Cómo voy a ser feliz si tengo miedo a no serlo? ¿Si no acepto la posibilidad de no serlo? Es imposible. Cuando se actúa desde el miedo, es la mente la que te está guiando y no tu Alma, tu corazón. Cada vez que no me sienta feliz, me voy a juzgar, a condenar y a castigar. Que es lo que a mí me ocurría porque TENÍA QUE sentirme feliz, sí o sí. 

En este momento, floto en un No-Saber mi PARA QUÉ. Intento aceptar que la vida es simplemente vida. Que vivirla en su totalidad, sin excluir nada y excluyéndolo todo, sin juicios y con todos ellos, feliz o no feliz, es su única finalidad. No creo que una Rosa esté pensando en crecer lo más bonita posible, lo más roja posible, para ser rosa. Y que si no lo hace, su misión no habrá sido cumplida y tendrá que volver a nacer de nuevo… hasta que logre ser lo más bella posible. Como si por el hecho de tener un pétalo menos no lo fuera. Como si por el hecho de oler menos que otras no lo fuera. Como si por el hecho de brotar torcida no lo fuera…

Cualquier destino, misión o propósito, proviene de un pensamiento de NECESITAR ser algo más de lo que ya somos. Alejándonos del famoso presente en el que también HAY QUE estar. Como si alguna vez dejáramos de estarlo…

Cuando siento que no TENGO QUE ser nada más de lo que en este momento estoy sintiendo, pensando, haciendo y siendo, es cuando más PAZ hay en mí. Ahí es cuando me doy cuenta de mi verdad. De que todo ya es perfecto. De que yo ya soy perfecta. De que en lo sencillo están las respuestas. Y de que la ‘felicidad’ está sobrevalorada.

Sí, lo sé. Voy en contra de ‘la inmensa mayoría’. De cientos de ‘maestros’, sabios y gurús. De lo que se ha vendido, se vende y aún se venderá. Voy en contra de ‘la luz’, de lo ‘bonito’, de lo ‘positivo’. Voy en contra de lo que AYER creía y promulgaba. Ya. Pero, ¿sabes? Siento Paz. Mucha Paz.

Creo profundamente también que todas las enseñanzas, herramientas, que actualmente se están dando, a nivel espiritual, consciencial, de crecimiento personal, son importantes e imprescindibles. Más que nada porque si no, no estarían. Por eso, ahora, las respeto. Yo también las he utilizado, me han servido para llegar hasta dónde estoy-soy ahora, y aún siguen siendo necesarias porque hay mucho ‘público’ para ellas. Cada uno de nosotros está en una etapa del proceso. Y cada etapa tiene su aprendizaje. Pretender eliminarlas porque yo las considere ‘obsoletas’ sería como querer quitar la ESO cuando he llegado a la Universidad.

Con todo ello, no estoy diciendo que no tengamos que ser felices. Lo que quiero decir es que no TENEMOS QUE ser felices. Que es muy distinto. La INTENCIÓN con la que hacemos, con la que Somos, es lo que importa. Y no hay mejor intención que ‘ninguna intención’. Espontaneidad. Sorpresa. Autenticidad. INOCENCIA.

Claro que como donde dije digo digo Diego, puede que mañana (seguramente) CREA otra cosa. Hasta puede que vuelva ‘atrás’ (si es que estoy ‘delante’). Y de eso se trata. De confiar tanto en lo que hoy sabemos como en lo que, aunque sepamos, sabemos que no sabemos. Caminar por el suelo firme del vacío, de lo desconocido. Por ese Cielo que ES NADA (y que como nada puede serlo todo), que está en la Tierra y que es lo que en realidad pisamos instante a instante.

La finalidad de la vida no es ‘ser feliz’. Es Vivirla. Sentirla. Serla. Sin ninguna pretensión más y con todas ellas a la vez.

“La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo” 

-Dylan Thomas-

Y quizás (sólo quizás), nunca deba hacerlo.

No hay nada que alcanzar. Lo hay TODO por SER

 

NO SE TRATA DE NO TENER MÁSCARAS SINO DE QUE ELLAS NO TE TENGAN A TI


Todos tenemos máscaras. Un nombre con sus apellidos, con su historia personal y sus creencias. Nos movemos por el mundo con ellas. Y no pasa nada. Forman parte de nuestro ‘cuerpo’, de nuestra terrenalidad. Y no nos las podemos quitar porque cuando una se cae, otra se levanta…

La cuestión es que las máscaras no te tengan a ti. No tomen el control de tu vida. No se conviertan en tu rostro, en lo que Eres de verdad. Para eso tienes que desenMASCARArte. Descubrirlas. Ver ‘de qué pie cojeas’. Pero no para dejar de cojear, para eliminarlas, para desahuciarlas, sino para aprender a vivir con ellas. A CONVIVIR con ellas.

Yo puedo sentirlas. Puedo identificar en mí a Emma (con todas sus máscaras) y al Ser que hay tras ellas. Por eso, cuando me preguntan (o me pregunto) sobre una cuestión espiritual, de crecimiento personal etc siempre tengo dos respuestas. Por ejemplo: ¿Existe el tiempo? Para Emma sí. Hay un pasado, presente y futuro. Un ayer, un hoy y un mañana. Unas horas. Unos días. Meses y años. Pero para mi Ser (alma, espíritu, esencia, consciencia…) no existe. Todo está sucediendo en este instante. Y puedo sentir las dos (desde el corazón, no la mente). 

Lo importante es ser Emma sabiendo que en realidad eres el SER. Ni sólo Emma ni sólo SER. Estar con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Ser UNO contigo mismo. Integrar esas dos partes. Ser Consciente de ambas. El personaje y el Dios que lo creó a la vez.

Muchos, nos olvidamos de ese SER a medida que vamos creciendo y ‘Emma’ toma todo el protagonismo. Nos desconectamos de nuestra Alma, de nuestra Esencia y dejamos de sentirla, de sentirnos, de sentir la Vida con todos nuestros sentidos. Plenamente. Y otros muchos, al Despertar a ese SER, Creemos que debemos dormir al personaje. Ser sólo SER con la creencia de lo que es el ‘SER’. Es otra de las Creencias que rondan por el mundillo espiritual. Pretender volar cuando hemos nacido con pies para caminar. Ahí nos volvemos a desconectar, esta vez de la Tierra (que forma parte de la Vida también). Nos enseñan una ‘iluminación’, una ‘perfección’, que no es Real aquí ‘abajo’. Y nos volvemos a perder, de nuevo. Y volvemos a sentir que nos falta algo. Y ese algo que nos falta, es nuestra personalidad. Es nuestra Emma.

Yo caí en esa trampa también. Hasta que me di cuenta que no estaba disfrutando de los placeres que me rodeaban porque CREÍA que eran ‘pecado’. Muy ‘ordinarios’ para mi SER. Llegué a sentirme prisionera de mi ‘SER’ (que era mi mente porque el SER no encadena ni obliga). Huí de la Vida. De todo lo que me ofrecía y que yo estaba rechazando por una Creencia espiritual. Me vi en mi ‘último día’ sin haber gozado de ‘los frutos prohibidos’. No me gustó nada cómo me sentí. Como si hubiera pasado a hurtadillas, con ‘miedo a’ dejar de SER (da igual a lo que sea, el miedo es miedo), cogida por unas pinzas. Así que solté todo lo que me mantenía atada a esa ‘falsa espiritualidad’ (falsa para mí). Todas las creencias que había adquirido desde mi despertar y que no me permitían vivir en LIBERTAD. Que no me dejaban SER ‘yo misma’. SER+EMMA.

Un cazador esquimal le preguntó al misionero: 

Si no conozco a Dios y al pecado, ¿también voy al infierno?

No, respondió el sacerdote. No, si no lo conoces.

Entonces, preguntó el esquimal con seriedad, ¿Por qué me lo enseña?”

Hay todo tipo de máscaras. La cuestión es darnos cuenta de las que llevamos puestas y soltar las que ya no nos encajan. Se sabe porque ‘algo’ te empieza a doler. A molestar. Ya no te cabe. O es demasiado pequeña o demasiado grande. Es como estar en verano, a 35º y vestir con abrigo, bufanda y guantes. Cada época tiene su ropaje. Interiormente, ocurre lo mismo. Vamos cambiando de estación, de pensamientos, de consciencia. Cada una de ellas, tiene una máscara acorde a su vibración. La clave está en dejar ir la que nos sobra y permitir que la nueva florezca.

Pasamos por muchos procesos que cuando pasan… sabemos su ‘para qué’. Todos nos enseñan algo. Ninguno de ellos es prescindible. Por eso no existen los errores ni los fracasos ni las equivocaciones. Sólo los aprendizajes. Es un juego en el que siempre ganas. ¿Qué ganas? Sabiduría. Hasta cuando ‘pierdes’. Hasta cuando te pierdes… ¿Para qué necesitas la sabiduría? Para ser feliz.

Es un ciclo por el que a veces nos sentimos solos, vacíos, tristes, ‘sin sentido’, ‘fuera de nuestro lugar’, y otras veces felices, en paz, plenos y en nuestro Hogar. Es una montaña rusa. Estamos arriba, abajo o en plano. Ninguno de ellos es permanente. Tal y como vienen, se van. Intentar estar siempre arriba cuando ‘no toca’ nos agotará, siempre abajo nos deprimirá y siempre en línea recta nos ‘morirá’. No se puede forzar, ir en contra o ‘apegarte a’ el río de la vida. Es dejarte llevar por su corriente, sea cual sea ésta. Le guste a Emma o no.

La transformación no tiene nada que ver con un cambio de personalidad sino con una apertura del Corazón. Abrirte a que la vida te viva tanto dentro como fuera. Sin excluir nada porque sea ‘incorrecto’. Las etiquetas, los juicios y las condenas las pone Emma, no mi SER. Puedes observarlas. Puedes sentirlas. Y puedes elegir qué dirección tomar. Cualquier opción siempre será la perfecta porque es la que has tomado AHORA (el único momento que existe). Tan simple como eso. Quizás Hoy hubiera sido otra diferente a la de ayer. Pero es que Hoy ya no eres la misma Emma. Hoy tu máscara ha cambiado de forma. Hoy eres más alta y los pantalones de ayer te van pequeños. Y no son ni más bonitos ni más feos. Sencillamente ya no te sirven. Has ‘crecido’.

Cuando respetamos nuestras máscaras empezamos a respetar las de los otros. Podemos vernos a través de ellos. Podemos reconocernos. Familiarizarnos… con sus ‘reflejos’. Aunque Emma sienta rechazo (hacia ella o hacia los demás) el SER sólo siente COMPASIÓN. Ya no nos asustamos porque sabemos, por experiencia propia, que tras todas esas caretas lo único que hay es AMOR. Y es el recuerdo de ese AMOR el que nos empuja a continuar, a seguir adelante, a caminar hacia quién sabe qué lugar.

“Buscamos la verdad lejos, como alguien que estuviera en medio del agua y se muriera de sed”

-Hakuin Zenji-

Para hallar nuestra Verdad sólo debemos mirarnos al espejo.

Y tú,

¿Tienes máscaras o las máscaras te tienen a ti?

 

NO HAY NADA QUE TE HAGA SUFRIR MÁS QUE EL MIEDO A SUFRIR


Todos los corazones nacen Bellos. Pero crecemos rodeados de una serie de emociones que los van tapando, haciéndoles Creer que son feos, gordos, tontos, cobardes, indignos, violentos, ‘menos’ o ‘peor’. Esas capas, si no somos conscientes de ellas, son las que marcan y guían nuestro camino. Nuestras respuestas. Nuestras reacciones. Nuestra búsqueda. Y nuestro destino.

“Ser sólo tú mismo en un mundo que hace lo posible para convertirte en otro,

significa llevar a cabo la mayor de las batallas humanas y no dejar nunca de luchar”

-E.E.Cummings-

Ser uno mismo implica descubrir esas Creencias que nos convierten en alguien que no somos. Sacarlas a la Luz. Y no me refiero a nuestra personalidad. Cada uno de nosotros tenemos un tipo de energía base que nos va a acompañar toda la vida. Se puede ‘pulir’ pero no eliminar. Forma parte de ti. De tu esencia. De lo que eres. La mía por ejemplo. A mí me gusta mucho escuchar, observar, la soledad, el desapego, el silencio. Aunque también soy muy sociable, muy de la fiesta, del juego, de la ironía, de la alegría, del baile, del cante y del humor. Soy un poco de todo. Las Creencias no tienen nada que ver con mi ‘yo mismo’. Saber diferenciar una cosa de la otra es muy importante porque sino puede pasar (como ya me ha ocurrido) que por Creer que DEBO ser más abierta, más habladora, quedar más con la gente, no estar tanto tiempo a solas, tener más amigos etc= lo que ‘hacen todos’, ‘lo normal’, deje de ser quien soy forzándome a ser quien no soy y quién no me apetece ser.

Para ser ‘tú mismo’ tienes que saber quién eres. Y quién eres ES lo que sientes en cada momento. Y ese ‘cada momento’ está cambiando cada instante. No hay un ‘para siempre’ soy así aunque haya ramalazos eternos. Hoy igual me apetece estar todo el día en casa y mañana todo el día fuera. Nuestra verdad la averiguamos cada vez que le preguntamos a nuestro Corazón: ¿Qué quieres? ¿Qué sientes?. Y esas respuestas caducan justo cuando se pronuncian. Cada segundo de nuestra vida es una nueva vida, un nuevo sentir. 

Nos hemos acostumbrado a la ESTABILIDAD, tanto interna como externa. A la permanencia. A la inmutabilidad. Por eso los cambios nos asustan tanto. Por eso tememos a lo desconocido. Porque pretendemos que la seguridad sujete nuestros pasos. Y eso no es posible. SOMOS CAMBIO. Nuestra piel cambia. Nuestros pensamientos cambian. Nuestras emociones cambian. Nuestro planeta cambia. Nuestra consciencia cambia. Continuamente. Que no nos demos cuenta, no quiere decir que no ocurra. Sólo nosotros podemos sostenernos. Nadie ni nada más.

Todos tenemos creencias. Pero una cosa es lo que creemos y otra lo que nos creemos de lo que creemos. La Consciencia de nuestras creencias es lo que marca la diferencia. Desde ahí es desde donde somos libres para elegir qué actitud adoptar. Es lo que hace que se nos caigan los velos que nos mantienen ciegos a nuestro ‘yo mismo’. 

Seguramente, esas Creencias que nos llevan acompañando toda la vida, seguirán haciéndolo ‘toda la vida’. Quizás algunas pierdan la Fe… Pero la mayoría no perderán la memoria. Pretender erradicarlas puede ser un pez que se muerde la cola convirtiéndose en un cola-dero de impotencia y frustración.

Es como querer desprenderte de la culpa por siempre jamás. O del miedo. O del vacío. O de la tristeza. O de los juicios. Es iniciar un viaje sin billete de vuelta a tu Hogar. A la Paz. Porque no es posible NO SENTIR. No se puede controlar lo que sentimos. ¿Puedes decidir de quién te enamoras y de quién no? Si fuese una cuestión de decisión todos seríamos felices. Y muy poca gente lo es.

Creer que podemos elegir lo que sentimos es una de las peores creencias que existe.

Creer que puedo elegir no sufrir cuando estoy sufriendo, creer que cuando era una niña, o una adolescente, o una adulta, sufrí porque quise, lo único que me genera es CULPA. 

Sufrimos porque somos seres humanos emocionales. Porque estamos vivos. Porque sentimos. Porque estamos ‘abiertos a’ y no ‘protegiéndonos de’. El sufrimiento, el dolor, forman parte de la vida. Creer lo contrario es un engaño que nos viene engañando desde hace siglos. El sufrimiento empieza cuando te resistes a él. Cuando intentas luchar contra él. Haya aparecido o no. Se puede sufrir PAZíficamente. CONSCIENTEMENTE. Aceptándolo cuando venga. Cuando se haga Presente. Si está, es para algo. Es un maestro más. 

No hay nada que te haga sufrir más que el miedo a sufrir. Porque te pasarás la vida huyendo de ‘la vida’. De ti. Y así, no se puede ser ‘uno mismo’.

Es todo un desafío abrirte a SENTIR lo que estás sintiendo, sin etiquetas de ‘negativas’ o ‘positivas’, sin correctos o incorrectos, sin espirituales o no espirituales, cuando casi todos los mensajes que vienen de Fuera es que HAY QUE (obligación) ser felices, valientes, abundantes, sabios, autónomos, independientes, conscientes, la mejor versión bla bla bla para ‘ser felices’, para amar y que nos amen de verdad. ¿Qué presión, no? LLEGAR A SER quien no eres en este momento. Caemos en la misma trampa de siempre (salir del Presente) pero con un nombre diferente. ¿Cómo vas a ser quién no estás siendo? Quizás mañana lo seas. Pero HOY, ¿quién eres?. Es importante el respeto hacia nuestro estado actual de Ser. No se le puede exigir a una crisálida que sea una mariposa. Y nosotros, nos lo hacemos mucho. Queremos volar cuando aún no sabemos ni caminar.

Ser consciente de este tipo de Creencias será lo que nos lleve a ser nosotros mismos. Sin normas. Sin reglas. Sin excusas. Sin mandamientos a seguir. Sin justificaciones. Y ser conscientes no es ‘tener que’ ser consciente sí o sí. Si lo soy bien y si no también. No es lo que tengo que ser, es lo que soy aunque ‘lo que soy’, lo que siento Aquí y Ahora, no sea ‘políticamente, espiritualmente o emocionalmente correcto’. Ésa será nuestra única Verdad. Cada uno, la suya.

Hay una Belleza que está oculta en TODOS, y digo todos, los corazones. Pero para Verla, antes tienes que Ver la tuya. Y para Ver la tuya, antes tienes que escuchar(te) lo que no quieres oír(te). Lo llaman sombras. Hasta que no seas capaz de acercarte a ellas, abrazarlas, aceptarlas y amarlas no podrás sentir la Belleza secreta de los Corazones. Y cuando lo haces, la ‘sombra’ pasa a formar parte de la ‘luz’, y aunque sigas viéndola (en ti o en los demás) dejas de condenarla. O la condenas pero siendo consciente de que esa condena forma parte de tus creencias (que no son ‘tú’).

No sólo percibes las nubes sino también el Sol que hay tras ellas. Ya no hay NECESIDAD de que pasen las nubes y te permites, a TU ritmo y como puedes y sabes, bailar bajo la lluvia.

“El peligro no está en que el Alma dude de si hay algún pan,

sino en que, mintiéndose, se persuada de que no tiene hambre”

-Simone Weil-