UN MONSTRUO VIENE A VERME


Todos tenemos un Monstruo guardián que nos acompaña durante algún trayecto de nuestra vida. Le damos una forma, un cuerpo, un color, un olor, un paisaje desagradable para que cuando aparezca… no queramos acercarnos a Él.

Es el cajón de nuestros secretos. Nuestro cuarto oscuro. El lugar donde escondemos todo aquello que no queremos expresar porque CREEMOS que no está bien, que es pecado, que no es correcto. Y lo encerramos en el fondo de nuestra Alma para hacerlo invisible. Para que nadie lo vea. Para que nadie nos Vea… 

Hay pensamientos terribles que surgen cuando el dolor emocional se hace insoportable. Cuando no tenemos las herramientas para gestionarlo. O bien porque aún somos unos niños y todavía no lo hemos aprendido, o porque somos unos adultos con un niño interior muy herido al que nadie le enseñó a llorar, a gritar, a reír, a SENTIR como es debido.

El Monstruo nos viene a ver para indicarnos todo aquello que no nos atrevemos a decir. Para que lo miremos directamente a los ojos y le contemos nuestra historia. No la que vivimos. No la que pasó. Sino la que sentimos en nuestras entrañas. Cómo nos sentimos. Nuestra Verdad. Para destaparla. Para sacarla a la Luz. Para que deje de asfixiarnos. De perseguirnos. De esclavizarnos. De no consentirnos Vivir. De no consentirnos Ser. Y de no consentirnos Amar. 

Nuestros pensamientos no es lo que realmente deseamos. Nuestras emociones no es lo que somos. Pero CREEMOS que sí. Les cedemos todo nuestro poder. Toda nuestra Esencia. Todo nuestro nombre. Todo nuestro destino. Y toda nuestra Paz. Por eso, nos rechazamos tanto. Nos castigamos tanto. Nos disfrazamos tanto. Nos enmascaramos tanto. Porque nadie quiere ser un Monstruo…

Cuando nos permitimos abrazar todas y cada una de nuestras partes. Cuando nos permitimos sacar Fuera todo lo que nos oprime Dentro, sea lo que sea. Cuando el juicio, la etiqueta, de bueno y malo, de bonito y feo, de ángel y demonio, de cielo e infierno, desaparece, la resistencia a sentir lo que sentimos en cada momento lo hace con él. Y entonces, es cuando podemos ser libres, auténticos, espontáneos, naturales y puros. Porque la pureza no está en seguir un guión celestial sino en Amarte en tu totalidad. Sólo alguien que se muestra tal y cómo es puede ser puro. Porque no se avergüenza de si mismo.

Es la Creencia de que algo que yo pienso o siento es impuro lo que hace que me crea que soy una persona horrible, sombría, espantosa y tenebrosa. Lo que hace que me odie. Que no quiera mirarme al espejo… Que me huya. Que me abandone. Que reniegue de mí.

Pero ni tú ni yo somos eso. Somos la consciencia que lo observa. El espacio en el que se dan las experiencias. El Silencio al que las voces hablan. Somos la Vida misma viviéndose a través de cada uno de nosotros. 

Por eso es tan importante saber quién/qué NO eres. Porque depende de la respuesta que te des, así te verás a ti, así te interpretarás y así te vivirás y morirás.

¿Y sabes otra cosa? Que aunque tú seas negra y yo blanca, tú heterosexual y yo lesbiana, tú vegana y yo carnívora, tú católica y yo musulmana, tú espiritual y yo terrenal, nuestros monstruos son los mismos. Porque ninguno nos libramos de ellos. Al menos, hasta que nos damos cuenta que son nuestros mayores maestros y dejan de asustarnos. 

Lo único que nos diferencia del resto de la humanidad es un trozo de piel que se convertirá en polvo o cenizas cuando nuestros ojos no quieran despertar más. Todos iremos al mismo lugar (que no sé cuál es, ni me importa). Y lo único que nos llevaremos será lo que hemos decidido Vivir y cómo lo hemos hecho. Lo demás, se quedará en el camino.

Así que antes de criticar, faltar al respeto, repudiar, censurar y rechazar a alguien… recuerda que tú también tienes un Monstruo dentro. Que no eres ni mejor ni peor. Que no eres ni menos ni más. Sólo ERES. E igual que el ‘otro’, lo estás haciendo lo mejor que sabes. Lo mejor que puedes. 

Estamos todos en el mismo barco. Un barco en el que cuanta más Compasión y Amor pongamos, más difícil será que se hunda y más fácil que Regrese a su Hogar. Y nosotros, con él.

EL SOL SALE PARA TODOS POR IGUAL. No lo olvides. Siempre está ahí. Sólo tienes que despejar las nubes que no te dejan verlo.

“EL TAMAÑO DE TUS MONSTRUOS

DEPENDERÁ DEL MIEDO QUE LES TENGAS.

DEL MIEDO QUE TE TENGAS”