¿SABES PARA QUÉ EXISTE LA RELIGIÓN?


Fui educada en la religión católica. Bautizada. Hice la comunión. Y me quedé en la confirmación. No recuerdo la edad exacta en la que dejé de Creer en Dios. En el concepto de la existencia de un Dios externo a nosotros. Más o menos, en la adolescencia. 

Pero lo que sí recuerdo son las muchas veces que NECESITÉ rezarle. Y lo que también recuerdo, es que mi dolor, mi sufrimiento, mi angustia (por los motivos que fueran), en ese momento disminuían. No estaba sola. Había esperanza. Le pedía muchas cosas, sí. Pero, a fin de cuentas, el que me las concediera o no, no era lo importante. Sino el Sentir que ‘alguien’, DURANTE mis noches más oscuras…, me escuchaba, me entendía y ESTABA ahí, incondicionalmente. 

Nos quedamos en la superficie. En lo fácil. En las ‘religiones son una secta’ y demás. Y juzgamos. Y condenamos a los que condenan por condenar. En lugar de intentar ir más allá de lo obvio. En lugar de intentar COMPRENDER el ‘para qué’.

Sin entendimiento, no puede haber respeto ni tolerancia. Y para entender, es necesaria la empatia y la compasión.

Actualmente, y ya desde hace muchos años, no pertenezco a ninguna religión. Pero tal y como está el Mundo hoy en día, nuestro nivel de consciencia global y particular, creo que aún son necesarias para mucha gente. 

‘En todas las casas cuecen habas’. Hay de todo en todas partes. La dualidad no escapa a nada ni a nadie. Está en ti. En mi. En la política. En las religiones. En el fútbol. En la espiritualidad. En las ONGS. Y en la familia. Generalizamos muy a la ligera y ponemos más la atención en lo ‘negativo’ que en lo ‘positivo’. En el miedo que en el Amor. 

Hace un año y medio me fui una semana a Fátima. Digamos que tuve una ‘llamada’. Allí fue donde me reconcilié con DIOS y con la religión. Donde empecé a respetar (de verdad) las Creencias de los demás, aunque no fueran las mías, ni las sigan siendo. Independientemente del dinero que los comercios y la Iglesia ingresan gracias a la Fe de sus creyentes (que es ese lado oscuro, o uno de ellos), lo que yo Vi fue a miles de personas que anhelaban PAZ. Y se podía respirar esa paz a cada paso que dabas si mirabas ‘bien’.

Creía que iba a sentir rechazo ante ese paisaje, pero lo único que sentí fue comprensión y compasión al recordar cuando yo también la deseaba, y que ese Dios al que acudía para obtenerla (porque no sabía hacerlo de otra manera), era mi única salida. En ese momento, desaparecieron todos lo juicios que tenía sobre las religiones y dejé de enfocarme en su parte más negativa. 

Cuando estamos felices, cuando nuestro mayor problema es el estrés laboral, es muy fácil ‘hablar’. Yo he sido la primera en hacerlo. Pero cuando la desesperación por la enfermedad de un familiar, por la muerte de un ser querido, por el no tener recursos para dar de comer a tus hijos etc, se apoderan de ti, ahí no somos tan valientes, tan sabios, tan despiertos y tan conscientes. Y, ¿qué hacemos? Rezar. ¿A quién? Y qué más da… 

¿Acaso importa que exista o no exista Dios? Si a alguien, el hecho de Creer en ÉL, le hace sentir mejor, le aporta aunque sea una gota de Luz en su sufrimiento, ¿no es ya motivo suficiente para darle el visto bueno a esa religión a la que se aferra para sobrevivir emocionalmente? Para mí, sí. ¿Quién soy yo para negárselo? ¿Para decirle que no se arrodille ante quién le dé la gana?

Eso es Respetar. Porque respetar mis mismas creencias no tiene ningún mérito. Lo hace cualquiera. 

Mientras haya una sola persona que necesite CREER en alguien, en algo, que no sea él mismo porque no tiene la fuerza, porque nadie se lo ha enseñado y/o porque no sabe hacerlo mejor…, DIOS, la Religión, los ángeles, los maestros, los gurús, los guías, los budas, las Almas, DEBEN seguir existiendo y siendo respetados por los que no las necesitamos. 

Porque para mí es mucho más importante que esa persona sienta PAZ (me da igual el cómo) que el yo tener razón y que mi verdad sea la verdad de todos y para todos.

Cuando ves a un País (con sus bebés) que se muere de hambre, se te quita la prepotencia e ignorancia del ‘Primer Mundo’ de decirle a sus madres y a sus padres, mirándoles a esos ojos tan vacíos que tienen, que la religión en la que se sostienen es una mentira, que el Dios en el que se cobijan no existe y que rezar no les va a servir de nada. 

Y que sea ‘el Tiempo’ el que nos ponga a cada uno en nuestro lugar. Que yo no soy nadie para arrebatarle al otro el ‘hombro’ en el que ha ELEGIDO apoyar su dolor. Sea una mera ilusión, o no. (¿Y qué no lo es…?).

Menos dureza. Más ternura.

Menos razón. Más comprensión.

 

Empezando por uno mismo. Por nuestro interior.