SI NO QUIERES APEGARTE A UNA EMOCIÓN, DEJA QUE TE ATRAVIESE EL ALMA


“Mi vida ha estado llena de terribles desgracias…

la mayoría de las cuales no se han producido nunca”

-Mark Twain-

La tarde de Reyes la pasé en Urgencias con mi padre. Me llamó a las 18.30 porque había dormido muy mal esa noche, no se encontraba bien, resfriado, le costaba respirar y tenía la tensión muy alta (por los nervios). Diagnóstico: Bronquitis aguda. Nada grave. Estuvimos 4 horas, hasta las 23h. Le dieron paracetamol, rx tórax, oxígeno, nebulizaciones y para casa. Él salió mejor de allí y yo hecha polvo.

Yo también había dormido muy mal esa noche, sin razón aparente. Así que estaba muy cansada. Y cuando estoy cansada, flaqueo, en todos los sentidos. Estudié enfermería pero nunca he ejercido a nivel asistencial. Los hospitales, centros médicos, ambulatorios, están repletos de emociones muy poco agradables: tristeza, miedo, soledad, vacío, dolor, desesperación… Nada más entrar ya puedo sentir la densidad acumulada. El Don de la Empatia, de la Alta Sensibilidad, tiene su parte buena y su parte no tan buena. Lo sientes todo como si fuera propio, te guste o no. No puedes elegir. Como la vida misma…

Le pusieron una mascarilla a mi padre y a nuestro lado, sentada, había una abuelita, también con oxígeno. Con los mismos síntomas. No tenía ningún acompañante. Respiraba con dificultad. Temblaba. Decía, como podía, que estaba muy cansada. Lo repitió varias veces. Nos separaba una cortina. Mi padre estaba tranquilo, así que me levanté y me acerqué a ella. No hice nada. Sólo ESTAR ahí para que, al menos, no se sintiera tan sola (como su mirada expresaba).

Al estar yo ‘de capa caída’, me tragué, absorví, todas esas emociones que antes he comentado, que la señora tenía en su Corazón. No le faltaba ni una. Así que llegué a mi casa a las 23:30h con dolor de cabeza (por la calefacción y una contractura cervical que apareció…) y el pecho lleno de las lágrimas contenidas de otros.

Esa noche tampoco dormí bien, así que no pude recuperarme. Al revés. Y mi mente aprovechó para dispararme con todo su arsenal de culpas hacia ‘ellos’ y hacia ‘mí’. No paraba. He necesitado dos días para sacar todo lo que se me había quedado dentro. Para mí es mucho porque mis pensamientos, sean los que sean, se amansan rápido. No les hago mucho caso. Pero esta vez, ha sido de esas veces que no había manera de bajar su ritmo. Una tormenta huracanada, en bucle. No me quedó más opción que dejar de luchar. Que dejar de intentar que se acallaran y que dejara de llover. Que permitirlos SER a ellos y a mí, en nuestra totalidad.

Lloré todo lo que tenía que llorar, todas las veces que mis ojos me lo pedían. Sin saber el por qué y sin ganas ya de saberlo. Solté por la boca todos los pensamientos que no quería tener, que rechazaba, que repudiaba porque no eran ‘correctos’. Le di voz a todos mis juicios y a los juicios por los juicios de los juicios… amén. Me permití SENTIR todo lo que en ese momento sentía. Y me permití no estar para nadie hasta recuperarme. Sólo para mí. 

Al final, me rendí. Respeté el deseo en ese momento de no querer ser tan sensible. De no ser como era. Respeté el no estar aceptándome. El ir en contra de lo que tanto promulgo. El no amarme. El querer dejar de sentir lo que no me gustaba sentir. Respeté mi no-perfección. Dejé que todas las emociones y pensamientos que me hervían dentro me atravesaran el Alma. Y al hacerlo, se fueron. Y ‘regresé a casa’ de nuevo. Llegó la calma. Como en casa, en ningún sitio.

A veces, nos acostumbramos tanto que lo olvidamos. Y la Vida nos lo tiene que recordar a través de experiencias. Siempre estamos en casa pero no siempre lo sentimos. Sólo cuando enfermamos, valoramos la salud. Sólo cuando nos vamos de casa, valoramos lo bien que se está en ella…

Antes me daba miedo Sentir porque siento mucho y en ocasiones me desbordo. Como me ha pasado estos días. Pero no hay nada más doloroso y más ‘muerto’ que vivir envuelta en una armadura. Tengo mis limitaciones, sí. Las conozco. Ahora las conozco y puedo no traspasarlas para que no me dañen innecesariamente. Pero no siempre lo consigo. Y no pasa nada. Me centro de nuevo y ya está. Ya no me apetece nada pretender ser una superwoman. Es agotador y muy poco auténtico. Llego hasta donde llego y puedo con lo que puedo. Punto.

*Al escribir esto último, se me ha escapado un sonrisilla como diciendo: ‘Muy convincente pero de aquí aún cojeas, bonita’. Así que ‘no es oro todo lo que reluce’. Tomo nota. Gracias. (Yo me lo guiso, yo me lo como).

No puedo trabajar en según qué lugares y rodearme de según qué personas. Me encantaría poder hacerlo, poder ser ‘normal’ y no sentir todo lo que siento. Todas las mentiras, la hipocresía, la envidia, las manipulaciones, la infelicidad, los autoengaños, los victimismos, los dramas, los miedos, las sombras, la prepotencia, el sufrimiento, esos apegos que tanto me asfixian y un largo etcétera que nos rodea y que la mayoría ni siquiera ‘ven’. Pero la Realidad, mi realidad, mi Verdad es que sí lo hago y cada día que pasa más. No puedo ser quien no soy. Así que mi única solución es ACEPTARME si quiero estar en Paz.

Me ha costado mucho abrir mi corazón a Todo (sigo en ello) porque lo he tenido demasiado tiempo cerrado, intentando protegerlo. Protegerme. Pero quedarme mirando, desde lejos y para que no me afecte, a una señora que está sufriendo y no tener ni un gesto compasivo hacia ella, YA no es una opción. Ya no puedo ser así. Ya no puedo no verlo. Ya no puedo quedarme quieta. Aunque luego tenga consecuencias. Aunque luego me pase factura. Para abrir el corazón al Mundo, a Ti, no podemos dejar nada fuera. 

“El Amor empuja al Alma a la acción” 

-Dante-

Ésa es mi Verdad. Ésa soy yo. Ése es mi Hogar. Si me amputo una parte, dejo de ser yo. Dejo de estar en casa. Y me faltará algo. Siempre me faltará algo. No hay nada que mejorar. Hay Todo por aceptar y por Amar.

La vulnerabilidad nos hace humanos. Nos conecta con la humanidad del otro. En ese instante, en el que su dolor era mi dolor, en el que sus lágrimas eran las mías, las dos éramos el mismo Ser. La misma persona en dos cuerpos diferentes latiendo con el mismo corazón. Ahí la edad, la raza, el sexo, la religión, las creencias, desaparecen. No hay mejores ni peores. No hay buenos ni malos. No hay más ni menos. La pena, el dolor, se transforma en COMPASIÓN. Y el miedo, en AMOR.

Es una decisión que tomas. ¿Me acerco o giro la cara para ‘no ver’? Decisiones que estamos tomando constantemente. A todas horas. En infinitas situaciones, diferentes cada una de ellas entre si pero con el mismo sentido. Con el mismo fin: elegir entre el miedo a Sentir, a Vivir en su máxima expresión, en NUESTRA máxima expresión, o SER AMOR. Es muy sutil. Vamos tan deprisa que no nos damos cuenta de ello. Y la vida está llena de sutilezas esperando ser percibidas por nuestra consciencia para darles Luz.

La mente nos llevará a querer culpar a los demás de aquello que sentimos, de aquello que nos pertenece, que aquello de lo que somos responsables, de aquello que anida en nuestro interior. Que permitamos que nos engañe o que “simplemente” la observemos sin Creernos todo lo que nos cuenta, depende únicamente de nosotros.

“La mente Crea el abismo. El Corazón lo cruza” 

-Sri Nisargadatta-