LA MUERTE SIEMPRE ESTÁ VIVA EN NUESTRO CORAZÓN


¿Alguna vez te has preguntado qué es la Muerte? No la física. La otra. La que no se ve. 

Tengo una sobrina preciosa de 6 años y medio. Se llama Lucía. Iba a decir que está llena de vida, pero no. Ella ES Vida. Se pasa todo el día cantando, bailando, riendo, bromeando. Es pura creatividad. Pura pasión. Pura intensidad. Tenemos mucha conexión. Nos parecemos. Es mi ‘niña interior’. 

Aún no sabe lo que es el tiempo ‘humano’. Vive el presente, el momento. Por eso, cuando quiere algo, cuando siente algo, lo quiere YA. Ahora. Porque para ella ‘mañana’, ‘más tarde’, ‘otro día’, no existe. Por eso se enfada si se le dice que No. Por eso lo llora. Para que al menos, su sueño, aunque no se haga realidad, pueda transformarse en algo: en lágrimas. Es así como expresa la muerte de su deseo. No es porque sea un capricho (que haberlos haylos…). Ni un berrinche sin razón. Es simplemente que no lo entiende. Y cuando ha hecho su duelo (que suele durar pocos minutos) vuelve la alegría en ella. No hay rencores. El dolor que sentía Dentro lo ha expulsado Fuera. Lo ha liberado. Y como no vive en el pasado (porque no sabe qué es eso) regresa con otras fantasías, con otros juegos, con otras sonrisas. Con la misma Vida.

Es curioso. Los niños no saben vivir en el tiempo y los adultos no sabemos vivir en el Presente. ¿Por qué será…?

No se pude hablar de la Vida sin hablar de la Muerte porque son la misma cosa. Igual que no se puede hablar de un principio sin un final. Ni de un final sin un principio. 

Cuando alguien a quien amamos se muere, la tristeza, el dolor, el vacío, se apodera de nosotros. No se puede evitar. Ni se debe. Sólo lo podemos Sentir. Y ese Sentir, está más lleno de Vida que cualquier otra cosa. Aunque no nos guste como se manifiesta. 

La Muerte nos conecta con lo más profundo de nosotros. Con el sufrimiento del ser humano. Con lo que hemos olvidado. Con la compasión. Con la humildad. Con ‘el otro’. Desde ahí, los juicios desaparecen. Las intolerancias, los racismos, la hipocresía, la falsedad, no están. Las caretas se caen. Las apariencias se descubren. Las opiniones dejan de interesar. La fuerza que te sostiene no está para malgastarse en ‘tonterías’, sino en la Verdad. En tu Verdad.

San Juan de la Cruz dijo: 

“El Amor del Corazón es la llama de la vela que nos conduce por el camino de la oscuridad”

Para que nuestro Corazón se abra en su totalidad debemos conocer TODO lo que somos. Toda nuestra verdad. Todos nuestros cielos, pero también todos nuestros infiernos. Mientras vivamos, somos vulnerables. No podemos desprendernos de nuestra humanidad. No podemos ‘no ser’ lo que ya estamos siendo. Y no podemos ‘no sentir’ lo que ya estamos sintiendo. 

La Muerte nos rodea. Nos vive constantemente. Y no nos damos cuenta. Aparece cuando me separo de mi pareja. Cuando me echan de un trabajo. O lo dejo yo. Cuando me cambio de casa. Cuando una amistad deja de serlo. Cuando un proyecto no funciona como esperaba. Cuando me enfermo. No hace falta que se muera alguien para que algo en mí se muera. 

Un cambio es la muerte de algo y el nacimiento de otra cosa. Por eso, la muerte está llena de vida y la vida llena de muerte. Somos cambio. Y cuanta más seguridad, estabilidad, inmutabilidad, pretendamos tener, pretendamos ser, más dolor sentiremos. No se puede parar lo que siempre está en movimiento

No hay un modo correcto de vivir ni un modo correcto de morir. Cada uno lo hace como puede, como sabe, como quiere y como elige. ¿Quién soy yo para decirte cómo hacerlo? ¿Quién soy yo para Creer que mi verdad es La Verdad? ¿Quién soy yo para pedirte, exigirte, que no llores, que no te enrabies, que no odies, que no patalees, que no condenes, que no te encierres en tu cueva, que no te duermas, que pases página, que no te vuelvas loco cuando has perdido a un ser querido? ¿A TU ser querido? ¿Quién soy yo para decirte que no Sientas? ¿Quién soy yo para decirte que no vivas? ¿Quién soy yo para decirte que no ‘mueras…’? Nadie. No soy nadie. Y Tú (tu mente) tampoco lo eres. Respétate. Date el permiso para tocar fondo. Para rendirte. Para romperte en mil pedazos. Para no ser fuerte. Ni coherente. Ni responsable. Date permiso para desfallecer. Date permiso para SER. Para sólo SER.

Hasta que no Aceptemos que la Muerte forma parte de la Vida, que la Muerte ES Vida, que esas emociones de las que tanto huimos también dibujan lo que somos, que no hay nada de pecaminoso, negativo, malo, oscuro en ellas y que son las interpretaciones que hacemos de ‘cómo debería ser’ quien sea y lo que sea las que nos alejan de nuestra paz y de nuestra felicidad, jamás podremos SENTIRNOS LIBRES para SER quienes somos. Viviremos y moriremos con el Miedo tatuado en nuestra piel.

“Aquellos que atraviesan las puertas del cielo, no son seres carentes de pasiones o que las han reprimido, sino quienes han cultivado la COMPRENSIÓN de ellas”

-William Blake-

Dicen las sabias lenguas… que la Muerte lleva eones intentando llevarse a su casa a todos los Recuerdos nacidos y por nacer. Pero hasta el momento, le ha sido imposible con unos en particular: aquellos instantes que se transforman en Eternidad cuando son ‘tocados’ por el AMOR. 

No lo olvides:

LA MUERTE SIEMPRE ESTÁ VIVA EN NUESTRO CORAZÓN.