CUANDO EL SUFRIMIENTO ESTÁ EN TU PROPIA CASA


Y cuando digo ‘casa’ me refiero a cualquier ser con el que tengas un vínculo fuerte, especial, de “amor por encima de todas las cosas”: familia, amistades, pareja, animales…

Ante una situación de sufrimiento por parte de una persona querida, ya sea por enfermedad física o mental, que no depende de ti el poder sanar, sólo nos queda una opción: ACEPTAR y VER a través del Amor. No es tarea fácil sentir ese dolor (en muchos casos con olor a eternidad) de aquellos a los que amas y saber que no puedes hacer nada por evitarlo. La impotencia, la frustración, se pueden apoderar de nosotros y provocarnos un desgarro en el corazón mucho más intenso del que ya tenemos.

Si el motivo son las adicciones (al alcohol, a la cocaína, al juego, a la comida, al sexo etc), entonces a lo anterior hay que sumarle el sentimiento de Culpa hacia esa persona que se genera en tu interior. Y lidiar con esto, tampoco es nada fácil porque lo que tu mente LE repite constantemente es: “te lo mereces”, “por tu culpa estamos sufriendo todos”, “eres una cobarde y una débil”, “a ver cuando te mueres y podemos descansar todos en paz de una vez” y un largo etcétera.

Una de las primeras cosas que es necesario hacer para desengancharte (que no evitar) de esa experiencia es dejar el papel de SALVADOR (junto con el de víctima que hay oculto tras él) y empezar a ocuparte de TI. A responsabilizarte de todas esas emociones, sentimientos (tristeza, abandono, soledad, vergüenza, culpa) que te entran sin permiso y que quieres tirar por la ventana nada más verlos aparecer por tus retinas. 

Te puedes pasar la vida LUCHANDO (con todo lo que esto supone) para que esa persona se cure (que es una batalla perdida desde el principio) o puedes respetar la elección que ha tomado, por muy en contra que vaya de lo que a ti te gustaría. No puedes ayudar a quien no “quiere” ser ayudado. Y lo mejor (y único) que puedes ofrecerle es tu AMOR, tu ESTAR, tu COMPASIÓN, tu comprensión sobre ‘lo hace lo mejor que puede y sabe’. Igual que lo haces tú. Igual que lo hago yo. Sin olvidarte NUNCA JAMÁS de ti (imprescindible para poder sobrellevarlo). Cuídate primero a ti y luego a los demás.

Somos seres emocionales. La inmensa mayoría, empáticos. Unos más que otros. Tenemos la capacidad (el don) de sentir lo que el otro está sintiendo, ya sea “positivo” o “negativo”.  Y cuanto más íntima es la relación, la conexión, más lo hacemos y, por lo tanto, más nos afecta para “bien” o para “mal”. Ésta es una de las principales razones por las que deseamos, pretendemos e intentamos por todos los medios cambiar a los demás: para dejar de sufrir. Cuando somos nosotros, con nuestra actitud, con nuestra resistencia y nuestra negación los únicos que Creamos NUESTRO sufrimiento.

Eso no quiere decir que no vayamos a sentir dolor. Para nada. Significa que “aunque”, la Paz te sostiene. Y el lugar desde donde te posicionas, desde donde te asientas, desde donde lo observas en lugar de juzgarlo y condenarlo, te envuelve de Amor. Te protege, no del otro sino de ti mismo. De tus voces. De tus historias que ya son historia aunque aún sean muy reales. Aunque el AQUÍ Y AHORA sea diferente porque TÚ eres diferente. Aunque tus lágrimas sigan mojando, de vez en cuando, tus recuerdos. 

No es lo que ves, lo que vives o lo que sientes. No es lo de fuera. Es CÓMO lo ves, cómo lo vives y cómo lo sientes desde DENTRO lo que convierte un drama, un cuadro, un trauma, en un APRENDIZAJE, en una OPORTUNIDAD más que te brinda la vida para SER quien eres, sin miedos o con todos ellos, pero siempre SIENDO esa Luz capaz de iluminar hasta la noche más oscura de tu Alma. 

La huida no funciona porque aquello de lo que huyes está en ti. Y de lo que todos huimos, le pongamos el nombre que le pongamos, lo etiquetemos de lo que lo etiquetemos, es de SENTIR. Y sentir es algo que no podemos evitar, que está fuera de nuestro alcance, de nuestro control. No nos podemos extirpar ‘lo que hace que sintamos’ ni podemos anestesiarlo o eliminarlo. Porque hasta el ‘no siento nada’ es un sentir más. 

ACEPTAR, ACEPTAR, ACEPTAR. Cambia de enfoque. Atrévete a PARAR. A escuchar. A VIVIRTE en tu totalidad. Atrévete a abrirle tu Corazón a lo que hay detrás del miedo, a lo que los seres humanos tanto ansiamos, buscamos y que es ÉL el que, si se lo permitimos, nos encuentra a nosotros:

EL AMOR

Cuando el sufrimiento esté en tu propia casa, AMA. Transfórmate en Amor. SÉ Amor. Para que lo que aparentemente te separa…, te una. Para que tu pasado deje de estar lleno de cicatrices. Para que tu futuro se vacíe de temores. Y para que tu Presente, que es lo que REALMENTE existe, puedas sentirlo como un regalo y no como una pesadilla.

No malgastes tu energía ni pongas toda tu ATENCIÓN en lo ‘malo conocido’ sino en lo ‘bueno que ya conoces’. Que ya tienes. Que ya ERES.

♥ Lo importante no es la mala pinta que tenga el decorado

sino la acertada Interpretación que haga el actor ♥