ME DIJISTE QUE SIN MÍ NO ERAS NADA Y ME MARCHÉ PARA QUE LO FUERAS TODO


No necesitamos a nadie para SER. Algo, nada o todo. CREEMOS que es un determinado trabajo el que nos hace felices. O nuestra pareja. O nuestras amistades. O nuestra familia. O nuestro dinero. O nuestro Dios. Y que si los perdemos, nuestra vida se derrumba con ellos. Y puede que así suceda. Pero el motivo no sería por su ausencia sino por la NUESTRA. La falta de conexión que tenemos con nosotros mismos. Con nuestra Alma.

No podemos llenar ese VACÍO que sentimos con cosas, con personas, con pensamientos, con religiones, con aficiones, con adicciones. Se puede intentar. De hecho, la mayoría lo hacemos o lo hemos hecho. Pero cuando averiguas que nada ni nadie es capaz de hacerte sentir plena, sólo te queda una salida (que es la única entrada): DENTRO. Volver a TI. Lo que yo llamo: Regresar al Hogar.

Y ahí empieza un viaje hacia tu interior. Hacia el centro de tu Corazón. Hacia averiguar Quién Eres en realidad. Quién (o qué) está bajo todas esas capas de experiencias con las que nos hemos ido tapando, censurando, aprisionando, ocultando, protegiendo, alejando. ¿Quién hay detrás de todos esos pensamientos a los que tanto caso hago y que tan poco reales son? 

Un viaje que comenzó seguramente hace mucho mucho tiempo, cuyo timón estaba en manos de la inconsciencia y al que AHORA le hemos echado el guante. Al menos, uno. Yo, sigo sintiendo que el guante más importante, el que mueve los hilos de nuestra VIDA (de LA vida) nos va demasiado ‘pequeño’. Aunque en apariencia, YO, TÚ, estemos decidiendo algo, sospecho que en realidad somos unas meras marionetas de un principio-fin bastante superior (en profundidad, no en altura).

Pero bueno, eso no quita que “Emma” tenga que jugar la partida lo mejor que pueda-sepa. Que para eso estoy participando, ¿no?

Más que un conocimiento de uno mismo es un desconocimiento de quién creo que soy. Es un quitar capas de la cebolla hasta llegar al fondo de la cuestión, donde la cuestión eres TÚ. Un despojarme de los personajes que mi mente ha ido creando para ‘sobrevivir’. Un DARME CUENTA de las inercias con las que actúo. De los muelles que hacen saltar mis alarmas. De los miedos que me empujan a tomar una dirección u otra. 

No hay un único camino. Al revés. Hay tantos como personas existimos. Porque cada uno creamos el nuestro según lo que necesitamos experimentar PARA aprender (o desaprender) qué es eso que llaman AMOR. No existen los maestros externos, por muy ‘maestros’ que sean. Nadie más que tú te puede decir CÓMO llegar a ti. Hay personas que te hacen sentir determinadas cosas. Ese SENTIR, que es únicamente tuyo, es el que es tu maestro, tu guía, no la persona que te lo provoca. Ella sólo es el disfraz que ‘te han puesto’ delante para que TE prestes atención. Y en lugar de eso, en lugar de RESPONSABILIZARNOS de lo que nos está ocurriendo (que siempre nos ocurre dentro aunque la ILUSIÓN de fuera sea más llamativa), culpamos al “carnaval” de nuestras carencias o de nuestras abundancias. Dejándonos así, nosotros a nosotros, sin ningún tipo de poder (personal). 

Y aquí es cuando aparece el ‘sin ti no soy nada’ o el ‘te necesito’ (la búsqueda del salvador) cuando lo que te estás diciendo en realidad es ‘sin MI no soy nada’ y ‘ME necesito’. Pero nos escuchamos distorsionados y caemos en nuestra propia trampa una y otra vez. Se llama dependencia. Apego. 

No hay ninguna fórmula mágica para dejar de sentir apego (da igual a quién o qué). No hay unas reglas que si las sigues seguro que te funcionan. No hay 10 mandamientos que cumplas para liberarte de tu sufrimiento. Es muy fácil decir, escribir: ÁMATE A TI. ¿Pero cómo se hace eso? ¿Cómo amarte si no sabes lo que es el amor? ¿Cómo se logra pasar de un estado a otro?

Pues no tengo ni idea. Es un proceso. Yo he dejado de sufrir. Eso no quiere decir que no sienta atracciones (del tipo que sea), dolor, tristeza, soledad, ira… Y que mañana no vaya a caer en otro pozo. No tiene nada que ver con DEJAR DE SENTIR según qué emociones. Es más bien que las ACEPTAS, que no luchas contra ellas para que desaparezcan (que es lo que te provoca el sufrimiento). Es quitarte el MIEDO A SENTIR, sea lo que sea. Es asumir lo que estás sintiendo y no darle más fuerza, más importancia de la que tiene. No hacer una montaña de un grano de arena. No dramatizar.

A mi me daba miedo sentir Amor (lo que yo creía que era amor=pareja) porque mentalmente lo asociaba con el apego, con las experiencias de sufrimiento que había tenido anteriormente. Y no quería perder el control de mis emociones de nuevo, mi estabilidad, mi equilibrio, mi independencia, mi libertad. Hice un montón de cursos, talleres, viajes, meditaciones etc con el fin de que no me volviera a pasar. Pero ese fin, esa intención, estaba regida por el MIEDO. Y al apego no se le vence agarrada del miedo, ya que es de lo que se alimenta.

Me CREÍ (de nuevo) que la Vida DEBÍA ser de color de rosa cuando la vida está pintada de arcoíris. Por eso es tan Bella. Tan intensa. Tan sorprendente. Tan misteriosa. El problema no era el apego sino el no querer sentirlo. Ese rechazo a SENTIR era un rechazo a la propia Vida, a la que yo le estaba diciendo con mi actitud cómo tenía que manifestarse. Cómo tenía que ser vivida. Latida. Cantada. Y Bailada. Con toda mi ignorancia por bandera.

¿Me gusta sentir apego, vacío, soledad, tristeza, rabia…? Claro que no. Pero ahora los ACEPTO. Me rindo ante ellos. Los abrazo. Los entiendo. Les permito SER porque forman parte de mí también en ese momento en el que surgen. Son mi familia. Son mis bebés. Si los anulo, me estaría anulando a mí. Ahora… ya no me quitan (me quito) la Paz. Sigue estando ahí aunque ría, llore, patalee, me cabree, me seque o me moje. Ahora… me resulta muy fácil SOLTAR (lo que sea…). Tanto que, en ocasiones, creo que no había llegado a ‘coger’ nada. Lo acaricio cuando me pasa por delante para luego verlo marchar. No hay ni un hola ni un adiós. Sólo una conversación entre ‘no saludos ni despedidas’. Entre instantes que se tatúan en tus retinas.

En ocasiones, creo… que todo ha sido un sueño y que nada ha sucedido. Los recuerdos cada vez tienen menos sentimientos y mi presente cada día está más lleno de Presencia. Como si sólo existiese este segundo eterno. Como si todo ese pasado fuese una invención más de mi mente.

¿Mi brújula? Mi intuición. Mi Corazón. Mi gran gurú. El origen de mis respuestas. Mi Verdad. Y nadie externo puede rebelármela. Y a ti, tampoco. 

Un día, de un año, de una década cualquiera…

CREÍ que sin ‘alguien’ no era nada,

así que decidí marcharme para SER-lo todo.

Recuerda…

“Sólo TÚ te puedes salvar de ti”