LAS ÚNICAS BATALLAS QUE GANAMOS SON AQUELLAS QUE EVITAMOS


Equilibrio. Entre lo que doy y lo que recibo. Lo que hablo y lo que escucho. Lo que actúo y lo que descanso. Lo que cuido y lo que me dejo cuidar. Entre el mar y la montaña. La realidad y el sueño. El cielo y la tierra. Lo de afuera y lo de adentro. Entre la compañía y la individualidad.

Cada uno tiene su punto de equilibrio. Y no es estático. ¿Acaso algo lo es? No lo puedes controlar. No puedes hacer una lista de por vida con lo que va a la derecha de la balanza y lo que va a la izquierda porque en una hora, las mismas cosas, pesarán de otra manera. 

Lo que para mí es denso, para ti puede ser ligero. Lo tuyo no me sirve, así que no me lo puedes enseñar. Ni yo a ti. 

¿Qué siento? ¿Qué sientes? Ésa es la varita de medición de cada uno. ¿Te gusta? ¿Eres feliz haciéndolo? ¿Te aporta lo que necesitas para estar en paz? ¿Te remueve la alegría, la pasión, el respeto, la plenitud, las ganas de comerte el mundo y lo que no es el mundo…? ¿O te vacía el corazón?

Estamos eligiendo constantemente si somos felices o no. Porque la felicidad no te busca, eres tú la que vas a por ella. 

¿Como para disfrutar o para adelgazar/no engordar? ¿Estoy con amigos para evitar estar sola o porque con ellos me siento ‘como en casa’? ¿Tengo pareja e hijos porque ‘es lo que toca’, ‘así son las cosas y así me las han contado’, o porque estoy enamorada y me nace de las entrañas parir otras? ¿Trabajo donde trabajo por subsistir, aunque me pegue cada noche de cada día de cada año las sábanas a la piel para no ir, aunque me aburra hasta la saciedad, aunque me enferme ese madrugar, aunque me ahoguen sus paredes y se me aplaste la honestidad cada vez que me digo ‘es que no hay nada más’? ¿O trabajo donde el dinero y la cantidad de vacaciones que tengo es lo que menos me importa?

¿Cuántas cosas haces al día por y para ti? ¿Sin ninguna obligación, sin otra razón más que la de ‘porque me gusta, porque me encanta o porque me da la gana’?

Estamos en una continua batalla con nosotros mismos y con el otro para alcanzar, para obtener, para conseguir. Más pasta, más músculos, más éxito, más éxtasis, más luz, más reconocimiento, más velocidad, más títulos, más medallas, más calma, más estabilidad, más confianza, más poder, más placer, más sabiduría, más tiempo. Comparándonos cuando ni siquiera sabemos Vernos.

Más de todo para no sentirnos menos en nada

Y creemos que si nos ‘esforzamos’ llegaremos a nuestra meta (llamada felicidad aunque esté enmascarada con otras etiquetas) cuando el esfuerzo, tal y como yo lo entiendo, implica una huida de lo que eres en ese momento, de lo que estás pensando y sintiendo. De tu Presente. De Ti. 

¿Me tengo que esforzar para vivir? ¿Para Amar…? 

Forzar-Es intentar meter a un elefante en el traje de una hormiga. Es evidente que por mucho que empujemos, estiremos, cortemos y peguemos, no le va a caber. 

Pues eso es lo que pretendemos hacer la mayoría. Vestirnos de Ángeles o Súpermanes en lugar de Seres Humanos. Aunque ello implique que nos rompamos en el camino una y otra vez.

A esa meta la llamamos Perfección, aunque la disfrazamos, de nuevo, con ‘la mejor versión de nosotros mismos’. Y es que Siempre lo estamos Siendo. Pero no somos conscientes de ello porque nos dicen, nos enseñan, nos publicitan, nos atropellan, con lo de que hay ‘algo MÁS’. Y vamos tan deprisa por la vida, nos hacemos tan poco caso, nos PARAMOS a observarnos tan poquito, que lo damos por sentado, por certeza, por ‘a ciencia cierta’. Cogemos la mochila con el kit de supervivencia y vamos a buscarNOS a un Futuro que nunca será HOY porque sólo respira en el mañana. 

¿Cómo vamos a encontrarnos si no cesamos de darnos vueltas?

De ahí viene la Creencia tan instaurada en nuestra sociedad de que ‘con esfuerzo lograremos lo que deseemos’, cuando es justamente ese esfuerzo lo que hace que no ‘nos lleguemos’. 

No podemos ser lo que no estamos siendo. Por mucho sudor y lágrimas con las que nos bañemos. Ante esto, sólo nos queda ACEPTARNOS tal y como somos en este instante. Con todo lo que nos gustaría arrancarnos de la memoria, de la piel, de la historia que nos contamos. Con todas nuestras alegrías y todos nuestros dolores. Con nuestros supuestos defectos. Con todas esas ‘cosas pendientes a retocar’, a iluminar…

¿Quién dice que tengamos que ser de otra manera? ¿Tu padre, tu madre, Dios, la espiritualidad, al que llamas ‘maestro’? ¿La sociedad, sus reglas, sus leyes, su ‘normalidad’? ¿Su ‘qué’? La sociedad somos nosotros. Tú , yo y el vecino. Nadie más. Nos echamos piedras sobre nuestra propia espalda. Así. Gratuitamente. Sin pedirnos permiso. Sin tener en cuenta lo mucho que pesan y lo mucho que nos arrastran hacia la apatia, la depresión, la ansiedad. Hacia ese pozo sin fondo, sin agua y sin Verdad. Cubriendo el tejado de nuestro Hogar de falsas apariencias en lugar de ‘Descubriéndolo’ para poder contemplar el brillo de las Estrellas que nos constelan.

El Amor hacia uno mismo empieza por ahí. Dejando de pelear con nuestros pensamientos, con nuestros miedos, nuestra rabia, nuestra envidia, nuestros celos, nuestros juicios, nuestra frialdad, nuestra dureza, nuestra impotencia, nuestro orgullo, nuestra exigencia, nuestra gula, nuestra avaricia, nuestra lujuria, nuestra pereza, nuestra promiscuidad, nuestra vulnerabilidad, nuestra escasez, nuestra mediocridad, nuestra cobardía, nuestra fealdad, nuestra culpa, nuestra personalidad, nuestra oscuridad. Y con la de los demás.

Dejar de esforzarnos por no sentir lo que ya estamos sintiendo y por no pensar lo que ya estamos pensando. Entre otras cosas, porque ya está sucediendo. Y lo único que conseguimos rechazándonos es frustración, sufrimiento y soledad por desear ser otra persona que no estamos siendo. Y que no tenemos por qué ser.

Respetar y RESPETARNOS.

Ni nadar contra corriente ni a favor de ella. Flotar. Sólo flotar. El río es el que nos lleva. No lo llevamos nosotros a él.  

♥ LAS ÚNICAS BATALLAS QUE GANAMOS

SON AQUELLAS QUE EVITAMOS ♥