DETRÁS DE CADA VENTANA HAY UNA HISTORIA


Cuando era pequeña (y ahora también) e iba en el autobús, me quedaba mirando a la gente de la calle imaginando qué historia habría ‘detrás de’ y me fascinaba el sentir la cantidad de vidas que hay dentro de la Vida. 

Cuando nos relacionamos con otra persona no tenemos ni idea de cómo ha sido su infancia, su adolescencia. De si ha sido educada en el respeto, la tolerancia, la bondad, la honestidad, la honradez. De si sonreía cuando se iba a dormir o llenaba su almohada de lágrimas. De si le leían cuentos o la cartilla. De si jugaban con ella o si era la indiferencia su única compañía. No sabemos si ha tenido unos padres, una familia, que la haya amado. No sabemos si ha tenido padres… 

No nos paramos ni un momento a empatizar con los demás. A ir más allá de lo que aparentan. De sus muros, de sus máscaras, de sus durezas. Sólo sería necesario escuchar con el corazón para que todos nuestros disfraces se vinieran abajo. Y con ellos, todos nuestros juicios, nuestras incomprensiones, nuestras críticas y nuestras no aceptaciones.

Nos miramos a los ojos pero no nos Vemos. Y no lo hacemos porque tenemos miedo a reconocernos en el otro. A descubrir nuestras mentiras, nuestros secretos. Ésos que o nos pudren por dentro o algún día acaban saliendo. 

Hay tanto, pero tanto, de lo que no somos conscientes, que desconocemos…

Y se nos da tan mal callar como hablar. Hablamos cuando debemos callar y callamos cuando es necesario hablar. Es todo un aprendizaje. Aprender a elegir la humildad, la compasión, el amor, antes que el orgullo y el ‘falso honor’. Aprender a que nuestro silencio sea el mejor consejo que podamos ofrecer. Que un abrazo sana más que mil terapias. Que una caricia hace que se te descongele el Alma. Que un ‘Te Quiero’ siempre se dice a tiempo.

Todos tenemos una Historia que contar. ¿O no? Claro que sí. Y todas se llevan la palma, para bien o para mal o para mitad y mitad. Es la historia que nos ha Creado y, a la vez, la que nos hace seguir caminando y recreando una nueva día tras día. Que nadie te haga Creer que es la definitiva porque no es verdad. 

Tu última historia será la que escribas cuando tus ojos no se vuelvan a abrir más. Ni antes ni “después”. Mientras tus latidos sigan jugando con la vida, puedes editar lo que te dé la gana. Si algo no te gusta, ‘pasa página’. Puedes volver a empezar las veces que desees. Incluso en el mismo día. Puedes cambiar de Sueños cada noche. ¿Dónde pone, quién dijo, que debíamos Sentir siempre lo mismo? Es imposible.

SIEMPRE, siempre fue demasiado tiempo y NUNCA, demasiado poco…

La paciencia es una virtud que pocos conocen. Porque para tener paciencia, antes hay que tener mucha paciencia… 

Pero, de eso se trata, ¿no? De re-aprender lo que en Esencia ya sabemos pero que hemos borrado de nuestra memoria y sustituido por otras nuevas que nos mantienen anclados en una opción de realidad cuyas lecciones pasan por el sufrimiento. Y a ellas vamos de cabeza, inconscientemente. Por la vía difícil sin ni tan siquiera darnos cuenta que hay otro cartel al lado que pone: ¡Sin pagar peajes!

Y los pagamos. Ya te digo yo si los pagamos… ¡Muy caros! Y muchos, estando en bancarrota…

La mayoría seguimos ciegos. Pero lo importante no es llegar a tener rayos ultravioletas en la mirada, sino ser Conscientes de que lo que vemos seguramente no es la Verdad. Que nuestra verdad no es absoluta por muy sabios que nos creamos. Que todo saber del Ser Humano tiene un límite porque por muy ilimitados que seamos… seguimos siendo muy Limitados…

No hay más ciego que el que no sabe que lo es.

Yo, por si acaso, me voy a poner en duda (aunque a veces mi chulería y mi impertinencia me lleven de la mano) no vaya a ser que la esté cagando y me Crea que estoy perfumando la Tierra. 

Porque eso de Salvar a algo o a alguien, ¿quién se lo inventó? ¿Dios…?

AMAR. Quería decir AMAR. ‘Amarás al prójimo como a ti mismo’. Lo de salvar, nos lo inventamos nosotros. 

No hay mayor salvación que la de permitirle al otro la libertad de perderse para que se pueda Encontrar gracias a sus herramientas, a su poder. No al tuyo. No al mío (eso no quiere decir que le pegues una patada en el pecho para que su autoestima se caiga por un precipicio ‘obligándola’ a volar).

Respetar las decisiones de cada uno por mucho dolor que veamos en ellas. Y Estar. Simple y sencillamente, Ser y Estar. Eso es, para mí, el verdadero AMOR.

Detrás de cada Ventana, hay una historia. Igual que la tuya. Igual que la mía. O mucho peor… 

¿No va siendo hora ya que dejemos de Juzgar? Al menos, lo podemos intentar…