SENTIR QUE NO SABES CUÁL ES TU PROPÓSITO DE VIDA


Hay personas que tienen muy claro a qué se quieren dedicar. Cuál es su propósito en esta vida. Algunas desde muy temprana edad. 

Me encantaría poder tener ese convencimiento, pero no es el caso. Hace año y medio que algo se despertó en mí. Un ‘he venido a hacer algo’. Eso que algunos llaman misión. Pero el mensaje que recibí no estaba completo. Le faltaba lo más importante: el QUÉ.

No es fácil convivir con esa llamada interior tan fuerte de que hay algo más allá de ti, más grande que tu persona, que debes realizar y que, a la vez, no sabes qué es y que la única manera de averiguarlo es ir probando y descartando, como si de un experimento se tratase. Y cuanto más conectada estás contigo, más intenso y claro te sientes. A ti y a los demás. La empatia se desarrolla cada día más. Es como si tus neuronas espejo se multiplicasen. 

Durante todo este tiempo de autoconocimiento, de viaje interior, de soltar lo que ya no me resuena, de aceptación de cómo soy (sigo en ello), de respeto hacia mis ‘rarezas’, de atreverme a elegir por encima de todo y de todos lo que dicta mi corazón a pesar ‘del otro’, a pesar ‘de mi mente’, de saltar DE un vacío a otro supuesto vacío que me pueda llenar más, de bajar la guardia y permitirme mirar a los ojos de otros ombligos, de ir rompiendo capas de armaDURA para que toda esa sensibilidad que escondo Dentro pueda ver la Luz, aunque a veces me desequilibre, aunque ‘me pase factura’, aunque la esponja tan absorvente que caracteriza a mi energía se quede seca y tenga que aislarme en mi cueva para limpiarla, para mimarla, para centrarla, para mojarla con mi agua Bendita…

Durante todo este tiempo, he aprendido a estar sola y a estarlo muy muy muy bien. He olvidado lo que es necesitar tener a alguien cerca para que haga por mí lo que yo CREO que no soy capaz de hacer. He olvidado lo que es necesitar tener el control constantemente para evitar que se me descontrole la vida. He olvidado lo que es necesitar estar haciendo cosas contínuamente para así no aburrirme, para no escuchar mis más profundos anhelos, para no estar conmigo. He olvidado lo que es el apego a un ‘algo’ o a un ‘alguien’. He olvidado lo que es el MIEDO. Mejor dicho, he olvidado que yo no puedo con él. Del tipo que sea. Porque sentir, puedo sentirlo todo… pero ahora la diferencia es que ese ‘todo’ ya no me domina a mí.

Y entre esos sentires, está el vacío de desconocer hacia dónde tengo que ir. Cuando lo sabes, hay dos opciones: o apuesto o no lo hago. O voy o me quedo. Depende de ti únicamente. Pero cuando lo ignoras, no está en tu mano. ¿Qué haces entonces? Pues empezar la aventura de ‘La Búsqueda de tu tesoro’. ¿Y cómo se busca lo que no sabes que tienes que encontrar? Pues guiándote por tu corazón, que es nuestra mayor brújula. Por tu intuición. 

Podemos no saber quienes somos,  podemos no saber hacia dónde ir, pero lo que sí sabemos, lo que sí tenemos claro es quién no queremos ser, dónde no queremos quedarnos y con quién no queremos estar. Que lo hagamos o no, eso ya es otra historia…

Ésa está siendo mi manera, mi fórmula, para descubrirme, para sentirme feliz, para disfrutar, para gozar, para Regresar a mi Hogar y para que, algún día, ese propósito que tengo la certeza que me está esperando, se realice en mí y yo en él.

No puedes elegir de quién te enamoras, pero sí puedes elegir con quién te acuestas. Con quién compartes tus aficiones. Quienes son tus amigos. A qué dedicas ese tiempo que es tan libre. Qué música escuchas. Qué programa de televisión ves (si es que la ves) y de qué te alimentas.

Tampoco puedes elegir lo que piensas y, muchas veces, ni siquiera cuánto (de cantidad) lo haces, pero lo que también puedes elegir es si te lo Crees o no.

Si siento Paz, si me reconforta, si estoy a gusto, cómoda… me lo llevo. Si me sienta mal, si choca con mi energía, si me quita libertad, lo suelto. Es así de simple. 

Hay experiencias difíciles, duras, sí. Pero somos nosotros, con nuestra manera de pensar, con nuestras creencias, nuestras normas, nuestras resistencias, nuestras ‘contra mareas’, nuestras obligaciones impuestas, los que hacemos que la Vida sea ‘complicada’.

Antes… creía que lo del propósito, la misión, el tipo de trabajo que realizas, era un excusa más para no estar Presente, para seguir buscando, para seguir huyendo de ti. Pero ese vacío que no se va, esa llamada que no cesa de llamarme y a la que no sé qué contestar, no permite que me sienta plena por muy plena que ya me sienta conmigo misma gracias a lo que he ido re-construyendo en mi exterior y en mi interior. Me falta ‘eso’.

Los niños forman parte de ese espacio al que tengo que llegar. Es lo único que permanece. Y sé (si es que algo sé…) que será un recorrido de ‘día a día’, de ensayo-error, de idas y venidas, de miga a miga, de escalón a escalón, de abajo a arriba. Hasta que ese velo que no me deja VER se caiga y, por fin, pueda hacer lo que he venido a hacer (aunque ya lo esté haciendo…).

Para todos aquellos que están en mi misma situación, CONFIAD en que, cuando sea el momento, aparecerá. Aprended a AMAR esa duda, esa inseguridad, ese ‘no saber’ que tantas sorpresas nos regalará. No forcéis lo que aún no se puede colocar. Eso sólo os traerá sufrimiento, dolor y mucha frustración. Dejaros llevar. Fluid. Aceptad. Haced lo que os guste y si no os gusta nada, al menos no hagáis lo que no os apetezca. Quedaros como estáis.

Que en este momento no sepamos cuál es nuestro ‘sueño por cumplir’ no quiere decir que no lo tengamos y que no se vaya a hacer Realidad.

En la NADA se encuentra el TODO.

En el SILENCIO se halla nuestra VOZ.

Escuchadlo, escucharos…

y Caminad, caminad, caminad.