LOS MIL ROSTROS DE LOS SIN ROSTRO


Hay rostros con cara de niña bonita y punto… y rostros que de tan bonitos que son no hay cara que ose a plantarse en su sien.

Hay rostros desfigurados que figuran a la perfección la belleza de un Alma auténtica y rostros estirados que se arrugan en un santiamén cuando frente a su mayor espejo son reflejados sobre su piel.

Hay rostros para todos los gustos y un único gusto para cada rostro.

Y luego están Ellos. Los que se pasean por la calle desnudos. Sin complementos. Sin maquillajes. Con las uñas sin pintar, el pelo alborotado, las cejas pobladas de experiencias y el culo sin apretar.

Ellos, los que habitan con sus temores, con sus ganas de comerse con patatas la seguridad que le ofrece su aislamiento, con la memoria de sus mejores y peores recuerdos, con el olor a desconocimiento y con las caricias sobre su vulnerabilidad que sólo cuando el sol se esconde le permiten al viento.

Ellos, lo Sin Rostro. Los que se aburren de todo menos de los orgasmos que le corren por las venas cada vez que abren sus piernas a una nueva aventura. Sin preservativos que les protejan de una situación excitantemente embarazosa. Totalmente a ciegas. Para no verlo venir ni prevenir. Para que sea la Vida, y no el miedo, la que dicte sentencia.

Amantes de los ‘porque me da la gana’, de los ‘no tengo ni idea’ y de los ‘y a mí qué me importa’. Fans incondicionales de la libertad de cambiar de pensamiento, palabra, obra o misión… siempre que así lo sientan. Sin remordimientos. Sin ‘qué pensarán’. Sin ‘qué pienso’.

SOLTAdores profesionales. ACEPTAdores del fuera de control. ESQUIVAdores de los apegos. Responsables de su incoherencia. Coherentes con la Voz de su Corazón.

Imprevisibles. Sorprendentes. Espontáneos. De mirada penetrante, con permiso o sin él. Accesibles a las transparencias. Con todos sus derechos de admisión en regla.

Tienen tantos rostros como estrellas que se bañan en el mar.

No les gusta llegar tarde, aunque nunca lo sea… ni los tics tacs que se pintan de espera. Los abrazos envueltos de necesidad les ahogan. Los reclamos de cariño les agobian. Los dramas los envían de vuelta y media a su madriguera. Las llamadas de atención las cuelgan sin respuesta. 

No se comprometen ni con ellos mismos. ¿Cómo comprometerse con un futuro desconocido? ¿Cómo hacerlo si no hay un latido igual ni un ‘para toda la vida’? 

La Honestidad es su Don más preciado. Si no estás preparado para la respuesta, no les preguntes. Pueden callar para otorgar su verdad. Pero jamás te mentirán para que no te duela. Porque para ellos el dolor, cuando tiene que doler… que duela. Para que cuando deje de respirar se pueda ir en Paz. Para que no se quede a medias. No le huyen. Tampoco le veneran. Simplemente, le respetan.

Los Sin Rostro. Los que caminan sin careta. Los que no entienden de vendettas. Los que se retiran cuando la batalla está disparada por ‘esas’ historietas. Los que fuera de tiesto se mean si así lo consideran. Los que se ríen de sus metidas de pata y los que dan la bienvenida a sus pataletas.

Mil Rostros. Unos sobre otros y otros sobre ninguno. Su Silencio hace mucho ruido. Su Alegría los colorea. La Soledad les acompaña. El Vacío les llena. Su extrema Sensibilidad les recuerda que también son humanos. Y el Amor… ¡Ay, el Amor! El AMOR, es lo único en lo que Creen y lo único que les Crea.