A VECES, LA DECISIÓN IDÓNEA NO ESTÁ EN EL MANUAL


Y el manual de San Juan dice que esta noche quememos lo malo de este año. 

Lo malo… Aquello que nos ha hecho ser quienes somos en este preciso Instante. Aquello gracias a lo cual valoramos la salud, la amistad, el compañerismo, la familia, el disfrutar de ver un nuevo amanecer, de tener un techo bajo el que dormir, un plato en la mesa con el que alimentarnos cada día y a esa gente que nos quiere y nos lo demuestra cuando más lo necesitamos. Aquello que nos ha enseñado que la Vida existe únicamente AHORA y que quizás mañana se quede muerta de tanto postergarla. 

Lo malo… eso que no nos gusta que se nos acerque, que se nos arrime, que nos acaricie y que nos bese. Eso que pretendemos esquivar “a toda pastilla”. Eso que tanto criticamos, de lo que tanto nos quejamos y de que tanta responsabilidad a la Suerte le echamos. Eso que un día me descubrió las lágrimas, la importancia de un abrazo sincero, la solemnidad de un silencio y el arte de “Saber Estar” de cuerpo Presente.

Lo malo… es lo mejor que nos ha pasado y queremos convertirlo en cenizas. Queremos que arda en el infierno de nuestro olvido y con él, el TESORO de recordar que el Amor no es lo que nos han contado. Que el Amor no siempre se muestra de color de rosa, envuelto en pétalos de ‘Sí, quieros’ y perfumado de sonrisas bondadosas. Que en ocasiones es el carbón el que reluce y no el oro. Que hay baches que asustan a nuestros peores miedos. Que por mucho lodo que haya a tu alrededor, tu corazón puede permanecer impoluto a no ser que tu rencor lo contamine. Que llevamos mucha tontería a cuestas, y eso… al final, y no tan al final, te pasa tanta factura que no hay dinero en este planeta (ni en cualquier otro) que lo pueda pagar.

A veces, la decisión idónea no está en el manual porque los manuales se crearon para los que no se atreven a Amar. Las reglas son absurdas porque el juego está cambiando continuamente, y nosotros… con él. 

Nos aterra SOLTAR. Como si alguien nos perteneciera o nosotros perteneciéramos a alguien. Con la libertad que da caminar sin muletas…

Nos aterra NO SABER. Como si supiéramos algo… ¡Qué inocentes!

Nos aterra NO SER. Como si pudiéramos dejar de Ser-nos.

Nos aterra MORIR. Como si ya no estuviésemos muertos. ¿Qué es sino este Sueño que estamos soñando creyéndonos despiertos, más que la muerte de la verdadera Realidad?

Yo no voy a quemar nada. Ni de este año ni de cualquier otro. Voy a bendecir todo lo que he experimentado, todo lo que he sentido, todo lo que encontré gracias a lo perdido y todo lo que sufrí por no haberme escondido. 

Hubo una época, hace muchos muchos años, en los que con mi escoba voladora barría toda mi mierda. HOY, bajo la noche menos oscura del año, rindo tributo a toda la Oscuridad que me ha acompañado, que a mi lado siempre está y ha estado y que con su Presencia, la Luz que brilla en mí me señala y hacia ella me guía y ha guiado.

¡Dancemos juntas! ¡Oh, sombras que abrigáis mis penas! 

¡Que no es a vosotras a quién temo,

sino al olvido de mi auténtica Esencia!