¿SABES? YA NO TE ECHO DE MENOS


Ya no te echo de menos. Sí, a ti. A quien se suponga que seas. Hace un tiempo quise encontrarte para compartir mis sábanas contigo. Y mi sofá también. Quería regalarte sorpresas, de ésas que tanto me gusta organizar. De ésas con las que iluminas miradas y con las que las sonrisas empiezan a bailar. Deseaba pasear por la playa mientras escuchaba a nuestro silencio conversar. Mariposear por tu estómago. Viajar por tu piel. Besar tus labios hasta hacerlos amanecer. Pero no sé qué me ha pasado este mes de mayo. Se me han caído las creencias al suelo, otra vez. Así, sin razón aparente. Como quien no quiere la cosa. Sin buscarlo. Sin planearlo. La espiritualidad a la que me aferré se ha ido a tomar viento. Quizás necesitaba airearse un poco. Quién sabe. Me hice vegetariana, luego vegana, luego de nuevo vegetariana y, desde hace una semana, ya como lo que me viene en gana cuando tengo ganas. ¡Y no me siento culpable! Qué rara sigo siendo, ¿no? Creo que eso nunca cambiará por mucho que cambie. Ahora soy otra. O quizás la misma pero con un traje nuevo. Hace meses que dejé de hacer cursos, talleres, de ir a charlas para aprender a vivir, para aprender a amar, para aprender a ser feliz. Me cansé de tantos por qués, de tantos desde dónde y de tantos para qués. Me cansé de ver espejos por todas partes. Me cansé de los reflejos, de los propósitos, de los bloqueos, de los ancestros y de las señales. Me cansé de tanto observarme, de tanto analizarme, de tanto procesarme, de tanto querer evolucionarme y de tanto querer cambiarme. Me cansé de escribir mensajes. De articular… crecimientos, desarrollos, que son tan personales que a nadie pueden aleccionar. Claro que no me extraña que me haya aburrido. Suele pasarme. Yo no soy de ir a cuentagotas. De reservarme para mañana lo que puedo hacer hoy. De prevenir más que de curar. Cuando voy, voy a por todas. Y lo hago sin ser consciente. Exprimo la experiencia hasta que la dejo seca. Y entonces, la suelto y a por la siguiente. La que la Vida me ofrezca. En este momento, estoy en proceso de habituación a mi nuevo Sentir. Lo llevo bien. La Paz revolotea por los pasos que me doy. Estoy muy tranquila. Puede que demasiado, si es que se puede estar demasiado tranquila. Es como si todo me resbalara. Será por el aceite que pierdo… Contigo haré lo mismo, así que vete preparándote para mi intensidad, estés donde estés. Soy muy poco previsible. Digo una cosa y al minuto hago la contraria. O no… Es lo que tiene el serte fiel. Sirve para lo bueno y para lo mejor. No soy mucho de grises y bastante de tintas enteras. ¿Para qué quedarnos a medias? He vuelto a ver la tele. La dejé para desintoxicarme. Luego porque temía recaer. Pero ya no me dan miedo las noticias. Ni el fútbol (en breve empieza la Eurocopa ¡Qué ganas!). Ni el Sálvame. Confío en mí. No me afectan. Me entretienen. Como cuando enciendo mi mente (o se enciende sola, más bien) y aparecen mil y una películas de todo tipo, algunas más rodadas que otras, algunas con censura y otras aún por censurar. ¿Quién tiene el poder, una maquina o yo? ¿Lo que dicen o lo que siento? ¿Lo que creen o lo que creo? Vuelvo a disfrutar de la terrenalidad. Así es como la llaman. Así es como la llamé durante este tiempo. Me alejé de la tierra que pisaba. Me aislé de ella para que no me tocara. Para que no me contaminara, como muchos decían… Me lo creí. Y me olvidé que había nacido aquí. Me olvidé de que siempre estuve en casa. Ya no te pienso. Ya no te sueño. Ni siquiera recuerdo lo que es estar en pareja. Es curioso. A veces hasta hago un esfuerzo para sentirlo. Pero no hay manera. Se ha borrado de mi memoria. Pero, ¿sabes una cosa? Tengo muy claro que el día que te Vea te echaré tanto de menos que volveré a recordar lo que es Amar sin medida. Amar, qué linda palabra. Rama, al revés. ¿Quién será el árbol? Y mientras te haces de rogar, mientras nos hacemos realidad, mientras los sapos bailan flamenco, voy a continuar cambiando de canal, de ideas, de pensamientos, de sentimientos y de creencias, cada vez que ‘así sea’ y poniendo patas arriba todo lo que me rodea. Porque eso de Soltar se me da de maravilla. Porque he averiguado que lo de fluir y lo de aceptar no es una utopía. Porque “yo ya sí” el mando lo tengo (hasta que la ingenuidad me descubra). Y porque me imaginé en mi “último día” y me arrepentí de no haber disfrutado de todos los placeres que me regaló la Vida.

Siempre Mía, y en algún Instante también tuya: La Menda.