SABER SUFRIR ES UNO DE LOS MAYORES SABERES QUE EXISTE


Existe muy poca gente que sepa sufrir. Yo aún estoy aprendiendo. No sé si en algún momento la rueda deja de girar. Cuando parece que ya tienes el tema controlado…¡patapam!, la Vida te muestra dónde aún no has llegado, no sin antes haberte dado, haberte regalado una lección más.

Es un toma y daca. Tú le “sueltas” una creencia y Ella te “coge” un poquito más de la cintura. Y pasamos a la siguiente pantalla, con una nueva manera de jugar.

Es curiosa la cantidad de realidades que puede albergar la Realidad y cómo, a medida que las vas descubriendo, se van acumulando una sobre la otra y todas sobre la Una por la que empiezas a transitar. No desaparecen. No se borran. Se quedan Presentes donde tú estás.

Y ahí las Ves, juntitas, de la mano, tan amigas, como si llevasen unidas toda la eternidad. Y mientras caminas por la que te toca…vas saludando a las que ya te acariciaron, a las que ya te entregaron su verdad. Aún recuerdo a la primera. Estaba tan ciega que era incapaz de observar ninguna más. Como esos primeros amores disfrazados de “para siempre” por los que te dejas llevar….

Saber sufrir es uno de los mayores saberes que existe. Sólo aquél que se atreve a mirar al abismo de su oscuridad lo consigue. Y de esos guerreros tan valientes, tan divinos, anda el planeta muy cojo. La mayoría ni se miran. La otra lo hace de reojo, por si acaso…Pero haberlos, haylos. Me consta, pues alguno he conocido y conozco. Dignos de aTesorar. Los nuevos modelos de Inspiración. Los nuevos Maestros del AMOR.

La Familia es la Capilla Sixtina de la Vulnerabilidad, donde reside el creador, el padre de tus sombras, la fortaleza de tu sensibilidad. Ahí es donde se esconden tus mayores hazañas aún por realizar, donde habitan tus dones y tus talones de Aquiles, tus miedos mejor guardados, tus lazos más poderosos, tus vínculos más amorosos, la Luz que más te brilla y las alas con las que poder regresar a tu Hogar. 

Es muy paciente. Espera el momento perfecto para “atacar”. Va preparando el terreno sin que seas consciente de la que te avecina. Una vez has pasado la página de los hábitos, de las amistades y del mercado laboral, sólo queda ella por limar. Y cuando más en Paz te Encuentras, cuando la alegría se está dando un festín en tus venas, cuando tus defensas se han bajado de tanto confiar…¡Zas!…entra en acción, con toda su artillería pesada y sin pesar.

Sin saber cómo ni por qué, ya te ha aDentrado en tu más absoluta profundidad. Aquella que te es más difícil de enfrentar, dándote la increíble oportunidad de navegar por ella, de descubrir qué “bienes” siguen ocultos para ti o, por el contrario, de salir por patas de ahí. 

Y para allá que me voy, totalmente desnuda, sin corazas ni caparazón, con mi única compañía, a ver qué (me) encuentro, a ver qué es eso que tanto me estoy Creyendo, a ver en qué lugar no me estoy amando y a ver por dónde salgo luego…

Dolores que estaban enCubiertos empiezan a flotar. Lágrimas de “sal ya” se pegan un buen baño en las aguas de mi soledad. Sentires de los bajos fondos se manifiestan en la calle con total libertad. Por fin los acepto. Por fin los grito. Por fin les doy rienda suelta para que sean quienes son, sin más condenas, sin más juicios, sin más culpas, sin más represión. Ya no puedo contenerlos más. Ya no quiero no sentir lo que siento y no pensar lo que pienso.

Después de mucho mucho tiempo de censura, me Acepto en las “buenas” y en las “malas”, con las sombras que me acompañan y el sostén de mi divinidad. Un peso que pesaba más de lo que aparentaba se me quita de encima, como si ya no le sirviera para trabajar. Por arte de magia, la ligereza me visita y me da los buenos días. Yo le respondo con mi renovada CORdialidad.

Una sutil, o no tan sutil…, presión en el pecho me indica que aún queda algo por colocar. Quizás es el cansancio. Quizás es el fin de un paso más. Quizás aún queden mechas por explotar. ¿Quién sabe? Ya me da igual. ¡Que sea lo que Dios quiera!…que para eso está.

Y lo que en otros tiempos me hubiera llevado a la deriva, en este aquí y ahora tan pleno, tan intenso, tan Vivo, me acerca un poquito más a ese AMOR que ya Soy pero que el olvido me ignoró.

Se puede sufrir sin sufrir, permitiéndote sentir cualquier emoción que surja mientras abrazas tus heridas abiertas, mientras las limpias con ternura, con delicadeza, con compasión, mientras te sumerges en tu dolor sin apegos ni rechazos, para luego renacer de entre tus cenizas mucho más fuerte, más clara, más firme, más segura, más conocida, más transparente, más luminosa, más sabia…más TÚ.

Hubo una época en que “sentía” con la cabeza y creía que lo entendía todo. Ahora lo hago con el Corazón y, aunque muchas veces no entienda nada y se me vaya de las manos, de lo que sí tengo la certeza es que la Vida si no se vive a través del corazón, no es vida ni es nada.

Y, después de haberme abierto a tal Verdad, ni “yo” ni nadie va a conseguir que me vuelva a (en)cerrar en banda, que me vuelva a abandonar. 

¡DECRETADO ESTÁ!

Puede que hoy no tengas fuerzas. Puede que aún te quede fondo por nadar. Pero llegará ese día, como me llegó a mí, en el que empieces a Recordar…y entonces descubrirás lo bello que es Vivir, lo que bello que es Sentir y lo bello que es Amar, con sufrimiento o sin.

Hasta entonces, viajaremos juntos pero no revueltos, separados pero en Unidad, con el libre albedrío por bandera y dejándonos volar hacia el Cielo y Más Allá.

Así Fue, Así Es y Así Será.

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