EL TRENECITO QUE NUNCA SE PERDÍA


Érase que se Era…

un Trenecito pasajero…que nunca se perdía y que todo el mundo en él se Encontraba.

Hay una época del año en la que las estrellas se constelan para que las barbas largas y blancas, los trajes rojos, los papás y las mamás Síeles, las cinco villas cantarinas, los renos, los elfos, las hadas, la Magia, los copos y las copas brindadas….salgan a la Luz a pasear en cabalgata.

Las calles se iluminan con los deseos de los más pequeños y el recordar de los más grandes. Los deberes se van a la cama y los juegos se salen…de su caja.

En un barrio muy Santo de una ciudad donde el Cielo y las Onas se juntan para bañarse en un Bar, un Trenecito cualquiera, sin nombre y sin edad, viaja por cada uno de sus rincones más Interiores para que todos sus habitantes los envuelvan de Amor, de Alegría y de Hermandad.

A la espera de que aterrice en su parada, una cola de emociones contenidas se desHace en cada uno de los niños inocentes que desean en él Volar hacia ningún lugar. Los abuelos, las mamis y las tatas que los acompañan se disfrazan de reyes y reinas de la espontaneidad, para así poder dar rienda suelta a la Voz de sus Corazones, sin vergüenzas y en total Unidad.

A ritmo del Fum fum fum, la Familia entera que se aSienta en el Tren de las Fantasías, saluda al Universo que lo rodea a “grito pelao”, con un ¡¡¡Feliz Navidad!!! imposible de hacerle oídos sordos y una sonrisa de las que te llenan la boca y que sale disparada hacia las miradas impactadas de unos vecinos que caminan hacia su Despertar.

Gotas de Esperanza, de Ilusión y de Paz mojan la piel con la que cubren sus Sueños más soñados para que puedan Sentir su Eterna Presencia por muy ausentes que aún se Crean…

Todos los que a sus vagones subían en repartidores de PresenteS se convertían. No había pasados ni futuros capaces de sacarles de su “casilla”, dulce casilla…

Infinitas “chispas” encendían hasta las Alas más caídas, haciéndolas desplegar con toda su majestuosidad. Las risas se amontonaban en las vocales de unas cuerdas a las que ataban sus ganas por hacerse vibrar. La música de sus Almas sonaba sin cesar por los altavoces de su Mirar.

Nada era lo que antes parecía. En una Nada infinita se transformaba cualquier preocupación que los ahullentaba.

Érase una vez unos latidos que eligieron, en un momento muy entregado, Ser y Dar Vida al compás de su Cha-ca-chá preferido.

Érase una Vez…la Vida.

Y Colorín coloreado…este cuento navideño ya se ha pintado…

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