Meditar por meditar

 

Hace una semana que no “medito”= sentarme en plan ohm. Mi rutina era hacer unos 20 minutos de yoga por la mañana y seguidos otros 20 de meditación. Y luego, por la noche, antes de acostarme una media hora más.

Ya no tengo necesidad. Hice un clic hace unas semanas y mi cambio de actitud de no darle rienda suelta a mi identidad, mi “yo”, mis creencias, mi orgullo y demás, de ser Yo quien controle mi mente y no ella a mi, ha hecho que esté en un estado de calma y de paz casi continuo. Eso no quiere decir que no respire y que mi electrocardiograma sea plano, pero no me altero y no me ha costado tanto. He elegido tener Paz a querer ser “alguien”.

Y como mi mente se ha aquietado mi necesidad de “loto” se ha desvanecido. En realidad, no hace falta esperar a ese momento para meditar. Ahora sé que el motivo por el que lo hacía era porque las 23 horas restantes estaba “alterada” y por eso ese rato de estar conmigo, a oscuras, en silencio era tan especial.

Ahora medito 24 horas, de una manera diferente. He llevado mi estado de calma interior afuera y no se ha perturbado (porque no lo he permitido).

Eso sí, antes de que salga el Sol,  me preparo durante 40 minutos para saludarle…con la compañía de mi querido Yoga.

Cualquier cosa que se haga por inercia, sin sentirla, en plan robot, no tiene sentido. Y muchas veces no somos conscientes de ellas porque las tenemos bien instauradas en nuestra agenda vital. A tal hora toca esto, a y media lo otro y seguido lo de más allá. Nos estamos transformando continuamente. Yo no soy la que era ayer y, en cambio, seguimos haciendo las mismas cosas sin pararnos a sentirnos, a preguntarnos si aún queremos hacer eso, si nos sirve para algo todavía. Y así podemos pasarnos días, meses, años o toda nuestra vida.

Es como el comer por comer. Porque “toca”. Porque en el reloj pone que es su hora. Aunque no tenga hambre. Aunque mi cuerpo diga “no”. Aunque ya lo haya hecho hace un minuto.

Pero los “por si acaso” nos atormentan, nos invaden, nos hacen toc toc, les dejamos entrar y nos bañan de miedo. Da igual si las acciones son beneficiosas. Si ya estoy limpia, ¿para qué me voy a duchar? Si no tengo la tensión alta, ¿para qué tomarme la pastillita? Para prevenir..¿el qué? Quizás lo que estás haciendo es llamarlo, atraerlo, provocarlo…

Cuando la mente está serena no necesitas “meditar”. Es cuando se te ha adelantado cuando tu corazón te avisa para que te sientes un ratito y vuelvas a tomar el mando.

Meditar sirve para conocerte, para Pararte, para Ver en qué estás reaccionando, dónde has perdido tu equilibro y centrarte. Puedes hacerlo en cualquier momento y lo suyo es realizarlo así, darte cuenta antes de que suceda o, al menos, justo cuando lo hace para cortarlo por lo sano y no pasarte el resto del día/días “perturbada”.

Si puedes llegar a tener esta capacidad no necesitarás “meditar” nunca más.

Meditar por meditar…es tontería…como todo lo demás.

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