SALTO AL VACÍO

MIEDO AL CAMBIO. MIEDO A SER QUIEN SOY


“La gente no puede descubrir nuevas tierras

hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla”

-André Gide-

¿Y sabes cuáles son esas nuevas tierras? Trocitos de tu Alma que unidos se convierten en esa Felicidad, esa Paz, esa Plenitud que tanto anhelas.

Un cambio sin miedo, no es un cambio de verdad. El miedo nos refleja una creencia que tenemos arraigada. Y el hecho de superarlo, de no dejarnos vencer por él, hace que la desenmascaremos. Que la saquemos a la luz. Que la iluminemos. Y a otra cosa… mariposa.

La Vida es cambio. Nosotros somos Vida. Nosotros somos cambio. Constante. Es lo único permanente que existe. Nuestra piel muere un poco cada día. Nuestras neuronas. Nuestras células. Nuestras emociones vienen y van. Nuestros pensamientos chocan entre si constantemente. Rompiéndose en mil pedazos más. Y éstos, en otros tantos…

Nacemos. Crecemos. Nos reproducimos (o lo intentamos muchas veces…). Y morimos. Y volvemos a nacer. Y de nuevo, a morir. Cambio. Siempre cambio.

Nos aterra soltar la seguridad. La estabilidad. El control. Nos da miedo que podamos sufrir cuando ya lo estamos haciendo impidiendo que las cosas ‘se den’. Fluyan. Sean. Se experimenten. VIVAN. 

¿No es absurdo sufrir porque no queremos sufrir…?

Cuando lo que tenemos se ha acabado (pareja, amante, amistad, trabajo…) pueden pasar dos cosas. O que iniciemos el proceso de Soltar. Donde habrá molestia, dolor e incertidumbre. La cantidad dependerá de con cuánta fuerza lo agarremos. De nuestra resistencia a dejarlo volar… Y la segunda, que nos quedemos como estamos. De esta última derivan otras dos opciones:

1. ACEPTAR la decisión que hemos tomado (porque el miedo nos supera) y no ‘sufrir’ pero tampoco llegar nunca a ser feliz,

o 2. No aceptarla y pasarnos los minutos quejándonos de lo ‘acabado’, escupiendo culpas a diestro y siniestro, criticando, dramatizando, disfrazándonos de víctima o de agresor (dependiendo del pie con el que nos levantemos), envidiando a los que se han atrevido y entrando en una espiral de tristeza, desesperación, desconexión de nosotros mismos, de vacío y de sufrimiento que irá in crescendo a medida que pase el tiempo.

Conclusión: SOLTAR es lo menos dificultoso, lo que menos te dolerá, con lo que menos sufrirás y lo que te llevará a SER quien eres de verdad.

El MIEDO AL CAMBIO se alimenta de la ignorancia del futuro. ¿Y si no sale bien? ¿Y si no encuentro a nadie que me quiera? ¿Y si me estampo de narices contra mi osadía? ¿Y si pierdo? ¿Y si fracaso? ¿Y si no puedo yo sola? Y si.. y si… y si… Mañana, mañana, mañana.

Cuando tu mente sabe que tu deseo es salir de dónde estás, que ya no puedes aguantar más, que tienes claro que la etapa ha finalizado, entonces es cuando te ataca con todas sus armas. Con todos sus ‘y sis’. Da la orden a cada una de tus heridas de que se abran a horcajadas. Para que hasta tus entrañas puedan sentirlas. Y las retuerce para que abandones. Para que te lo quites de la cabeza. Te llena de excusas. De autojustificaciones. Te boicotea. Para que no ACTÚES. Para que te quedes paralizada. Sin saber hacia dónde ir. Sin saber hacia dónde caminar.

Obsérvala. Obsérvate. No te la creas. No te creas nada de lo que te dice. De lo que te dices. No es real. ESO no eres tú. 

Es cuestión de Parar un momento. Respirar hondo. Aquietarte. Desenmascarar tus propias mentiras. Y seguir ADELANTE. 

Yo he hecho decenas de cambios a lo largo de mi vida (y los que me quedan…). En todos, he pasado miedo. En todos, ha habido instantes de agobio, de ansiedad, de ‘qué será de mí’. Y una vez hecho el salto… ‘pues tampoco era para tanto’. No era para tanto, porque todo era una película que ni siquiera se había llegado a estrenar.

Los cambios son fáciles. Somos nosotros, con nuestras ‘comidas de olla’ los que los complicamos tanto. 

Somos Humanos. Estamos aprendiendo a amar, a vivir, a sentir. CREEMOS que hay un camino diferente, MEJOR, lleno de ángeles en lugar de piedras. Y que donde estamos es un ‘error de imprenta’. No es cierto. Nuestro camino es el que YA estamos caminando. Nuestra Vida es la que estamos AQUÍ Y AHORA viviendo.

¿No te gusta? CAMBIA. ¿Te gusta? Sigue igual. 

Pero lo de HACER no se nos da bien. Preferimos que los otros hagan por nosotros. Que el camino nos camine. Que los zapatos nos paseen. Que el árbol sea el que se mueve. Que el Cielo… nos caiga del cielo…

Pues lo siento, pero no funciona así. Si lo que quieres es ser feliz, claro. Si te es indiferente, pues quédate como estás. Ante todo, Libertad.

Las fórmulas mágicas externas no existen. No se las compres a nadie porque es un fraude. Intentarán timarte en cuanto vean tu cara de ‘falta de responsabilidad’. De desesperación. Pero en el fondo, sabes cuál es la verdad. Tu Verdad. Por mucho que procuremos taparla con apósitos de falsedad, hace tanto ruido que en cuanto nos despistamos un segundo nos ha ensordecido ‘la razón’. 

Así que como siempre, Tú Eliges. 

Yo decido saltar que ya me aburre tanta zona de confort.

¿Me acompañas…?

SOLTAR MIEDO

EL MIEDO DESAPARECE CUANDO LO HACEMOS REALIDAD


Tengo Miedo. Unos cuantos. Algunos los veo. Otros están ocultos. De momento… 

Y también soy valiente. Muy valiente. ¿Por qué? Porque aunque los he tenido, los tengo y los tendré, no pueden conmigo. Me conoce muy bien, sí. Pero yo también a Él. Y lo sabe. Y sabemos que nos sabemos.

Sabe que en cuento le pille, tarde o temprano va a desaparecer. Sabe que nací para Vivir. A tope. Sin cadenas. Sin ‘por si acasos’. Sin prisiones. Sabe que necesito respirar Libertad y que si no lo hago, me ahogo. Sabe que el AMOR es mi prioridad. Que si no Amo, me pierdo. Me apago. Me muero… Sabe que tengo sueños. Anhelos. Y que no estoy Aquí para irme como he venido. Para quedarme en la retaguardia. En segunda fila. Para caminar entre bambalinas. No. Para nada…

Vine para despertar a esos sueños. Para dejar de echar de menos a esos anhelos. Para cumplir lo que me prometí. Lo que a ‘Dios puse por testigo’. Para SER…. y además Feliz.

El Miedo sólo intenta protegernos de aquello que alguna vez nos hizo sufrir. Es una bombilla que se enciende para avisarnos de que tengamos cuidado. De que por ahí ya hemos pasado. Es el recuerdo de las piedras con las que hemos tropezado. Como el Padre Guardián, que lo único que desea es que a sus hijos nada ni nadie les haga daño. Hijos a los que metería dentro de una burbuja para no ser tocados. Ni siquiera rozados. Pero no es un Padre Consciente. E ignora que el Amor también está ahí fuera. Y que si no puedes ‘salir de casa’, no puedes experimentar nada. Ni ‘bueno’ ni ‘malo’. Y que si no experimentas, no aprendes. Y si no aprendes, no cambias. Y si no cambias, te quedas como estás. Y si te quedas como estás, no pasarás de curso y la lección se repetirá una y otra vez más.

La Vida no es más que una gran Escuela llena de alumnos que son Maestros que no saben lo que Son.

El Miedo no es el enemigo. El problema es que nos Creemos todo lo que nos dice. Todo lo que nos cuenta. Sus fantasías, sus ‘presunciones de culpabilidad’, sus espejismos, sus teatrillos. Y entonces es cuando nos quedamos parados, bloqueados, aislados, encerrados en esa burbuja de tutela. Sin permitir que nadie nos quiera y permitiendo que nuestros Sueños sigan siendo sueños y no Realidad.

Y cuanto más tiempo dejamos pasar, más grande se hace esa burbuja y más cuesta arriba el traspasarla. 

Pero, ¿sabes? La película que la envuelve es muy muy fina. Tanto, que sólo hace falta un pestañeo de fuerza, de confianza y de Poder, para hacerla desaparecer. Y con ella, la nube que nos ciega.

He tenido que realizar infinitos pestañeos a lo largo de mi Vida. Y sigo en ello. Y seguiré en ello. Pero no me importa. No me importa ser Humana. No me importa sentirme vulnerable. No me importa que ese vértigo al vacío tambalee toda mi estabilidad, todo mi control y toda mi seguridad. No me importa que la soledad me visite de vez en cuando y de cuando en vez. No me importa caerme. No me importa llorar. No me importa que me duela. No me importa ‘fracasar’.

Pero lo que sí me importa, y mucho, es ver el tiempo (que aunque sea eterno, no lo es y en cuanto menos te lo esperas ya se ha finiquitado), ver pasar la Vida, a través de una ventanilla. De una reja que yo misma he construido. Permanecer siempre en las estaciones en lugar de subirme a los trenes. CONFORMARME (que no tiene nada que ver con Aceptar) con lo que Creo que soy en lugar de ‘ir a por todas’. En lugar de ir a por ‘ser quien Soy y quien puedo llegar a ser’. Me importa quedarme a medias. Me importa no llegar a hacer todo lo que puedo hacer. Eso sí que sería un fracaso. Una enorme frustración. Mi mayor decepción para conmigo.

La buena noticia es que nuestra felicidad solamente depende de nosotros. De afrontar esos miedos que nos paralizan. Que nos llenan de ansiedad. Que no nos dejan dormir en Paz. 

Es cuestión de Actuar. De Hacer. De Soltar. Y nadie lo puede hacer por ti. Ni por mi. Ni tú lo puedes hacer por otros. Cada uno somos RESPONSABLES de nuestras decisiones. De nuestra forma de vivir. A la única persona que podemos y debemos cambiar es a nosotros mismos. E igual que a ti te gusta que te respeten, también tienes que respetar tú el proceso de los demás.

‘Años a’ quería Salvar. Tenía necesidad de Salvar (para no sufrir yo, claro). El papel de salvadora desgasta mucho. Primero, porque nunca consigues tu objetivo ya que no depende de ti. Y segundo, porque supone un desgaste energético, físico, mental, emocional y espiritual enorme. Así que un día, por mi propia salud, dejé de hacerlo y decidí ‘salvarme’ a mí. Y cuando miré Dentro, entendí por qué me había estado escapando tanto Fuera. No sabía ni por dónde empezar. 

Así que todos aquellos que sois fans de ‘Salvados’, daros una vuelta por vuestro interior. A ver qué encontráis. Eres tú el que te necesita, no el otro (sea quien sea). Eres tú el que te está reclamando, no el otro… Es a ti a quien te tienes que Amar, no al otro. 

El Miedo no desaparece cuando lo ignoramos. El Miedo desaparece cuando lo hacemos Realidad. Porque al final, la Realidad… siempre supera a la Ficción.

Confía en ti. Puedes hacerlo. Todos podemos hacerlo. La pregunta es: ¿QUIERES?

TÚ ELIGES.

unidad

LO QUE DE VERDAD IMPORTA


¿Qué es lo que de verdad importa? 

Hay historias de Amor que pueden cambiar el Mundo: las que tenemos con nosotros mismos. 

La mayoría de personas a las que realizo consultas llevan ya un bagaje de crecimiento personal. De años de búsqueda, de realización de cursos, talleres etc. Los que estamos metidos de lleno en este camino, nos hemos paseado por diferentes corrientes, enseñanzas, donde cada una explora una realidad distinta, una manera de ver, interpretar la vida diferente aunque con la misma finalidad: la paz interior y la felicidad.

Tanta información para nuestra mente, tanto conocimiento, te puede crear un caos y no saber por dónde tirar. Te transformas en un ovillo. Te quedas hecha un lío con tanto hilo mezclándose entre si. Por una parte todo es perfecto, nosotros somos perfectos, nada está mal, tenemos que aceptar, amar incondicionalmente, dejar de buscar y empezar a encontrar, rendirnos, parar, todo lo que sentimos es nuestro, el otro sólo nos lo refleja, es la mente la que nos genera sufrimiento….. Y por otra, debemos ser la mejor versión de nosotros (con lo que ya no somos perfectos), encontrar nuestra misión de vida, un trabajo que nos llene (requiere una búsqueda), sanar nuestra historia familiar, nuestras bloqueos, nuestras heridas (implica que la mente, en el ahora, no genera todo el sufrimiento) etc etc etc.

Toda esa mezcla, que puede parecer contradictoria, hace que nos perdamos más de lo que ya estamos si no sabemos gestionarla y poner cada información en el lugar que le corresponde. Una cosa es que yo pueda ser consciente, saber, que donde estoy es el único sitio en el que puedo estar, que lo que soy y siento es lo único que puedo ser en este momento, y otra que utilice eso para no hacerme responsable de mi vida. Y con vida me refiero a ser independiente a nivel laboral, emocional, mental y espiritual (que nada en mí dependa de otros). Si no lo soy, no puedo ser libre. Y sin libertad… no puede haber paz. 

Nos llenamos de excusas para no hacer, para no actuar, para no enfrentarnos a los miedos que sabemos que tenemos (luego están los que no sabemos pero que también están y que salen cuando hemos iluminado los otros), para culpar a los demás, para victimizarnos, para no soltar. Vivimos acojonados, permitiendo que el acojone nos acojone y seguimos preguntándonos por qué no somos felices. Por qué todo sigue igual. 

Pues todo sigue igual porque tú no cambias. Porque esperas que te caiga del cielo la salvación cuando la única que te puedes salvar (de ti) eres tú. Porque pretendes que el camino camine por ti. Porque no eres capaz de dar el primer paso. Porque en lugar de escucharte, te recitas monólogos interminables. Porque en lugar de observarte, te juzgas y ni siquiera te das cuenta de ello. Porque te Crees todo lo que lees, lo que ves y lo que te cuentan ‘los maestros’ (cesión de poder) sin ponerlo en duda. Porque no confías en ti. Porque no te conoces. Porque te ocultas en el ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’. Porque te escudas en el Dentro para no tomar decisiones en el Fuera, cuando las decisiones de Fuera provienen siempre de Dentro. Y principalmente, porque no te Amas nada de nada, que es LO QUE DE VERDAD IMPORTA.

Se produce una desconexión entre tu parte espiritual (tu ser, tu esencia, tu Alma) y tu parte humana, terrenal. No sabes convivir con ellas a la vez. Y aquí está la cuestión. En unirlas. Mi Ser es perfecto, sí. Pero también soy Emma. Con mis inquietudes, mis anhelos, mis pasiones, mis deseos, mis preferencias, mis aficiones, mis sueños, mi personalidad, mi manera de sentir, de pensar, mis gustos, mis virtudes, mis defectos, mis sombras, mis luces, mi dualidad. Mi individualidad. Si me olvido de esa parte de mí, si no le hago caso, si la ignoro, si la abandono, jamás me sentiré plena, completa.

Yo soy el SER. El SER ya ES. El SER ya AMA. El SER es Amor. El SER no necesita evolucionar porque ya está evolucionado. Ya lo sabe todo. Él es el Todo. Pero Emma, sí. Emma es la alumna. Emma es la que experimenta. La que llora. La que ríe. La que se emociona. La que a veces no se quiere, tiene miedo, se huye y no se acepta. Es la que está aprendiendo a Amar.

Somos las dos cosas. Orugas y mariposas a la vez. Y cuando sentimos en igual medida tanto la una como la otra, podemos desubicarnos. Es normal. Y no pasa nada. Es cuestión de tomar conciencia y volver a centrarnos. A encontrar ese punto medio entre volarnos… y enterrarnos… Ésa es la Unidad a alcanzar. La Unidad interna. El equilibrio entre todas nuestras partes. Entre todos los cuerpos que nos forman. Sin olvidarnos de ninguno. 

Lo llaman llevar el Cielo a la Tierra.

Todas las respuestas están en ti. Ya las sabes. Sólo tienes que descubrirlas. Poco a poco. No hay prisa. La Vida te da siempre lo que necesitas para averiguarlas. Hay que saber esperar pero también hay que saber actuar. Y quizás necesitamos tocar fondo para poder hacerlo. Para elevarnos. Para movernos. Vale. Hagámoslo. Toquemos fondo. Hartémonos de sufrir. De enfermar. De sobrevivir. Hasta que el miedo ya no nos venza. Hasta que nuestras ganas de vivir, de amar, sean superiores a las de ‘morir’.

Aquí, Ahora, mirándote al espejo. Echándole un ojo a cómo es tu vida y qué hay en ella (interna y externamente). Siendo honesta:

¿QUÉ ES LO QUE DE VERDAD TE IMPORTA? 

Enamórate de ti. HAZ de tu vida ‘el amor de tu vida’. Hay historias de Amor que pueden cambiar el mundo. Tu mundo.

Tú decides.

TANTRA

TANTRA: EL DESNUDO EMOCIONAL


¿Qué es para mí el Tantra? La más absoluta y profunda desnudez emocional que puedas realizar. 

No me gustan las etiquetas. Las doctrinas. Las ‘formas-estilos’ de vida. Creo que el encasillarse en ‘algo’ no permite que evoluciones, que te descubras, que te sorprendas. Tu mente te atrapa en eso y no te deja ver nuevas realidades. Y sin una vista de Halcón…, la Vida puede quedarse en algo muy limitado. Con poca libertad de acción. De disfrute. Y de elección.

Cuando te cierras a un modelo, sólo te estás abriendo a tener experiencias relacionadas con ese modelo. Y podemos caer en la trampa de Creer que lo ‘nuestro’ es lo mejor. Y que el resto… están equivocados. Que no son los correctos. Y los juzgamos. Y nos creemos superiores. Más conscientes. Más espirituales. Más ‘en todo’.

En mi Mundo habitan muchos mundos. Y a la única persona que sigo es a mí. No me da tiempo de poner en un altar a nadie más. Con saber quién soy y dónde estoy yo, te aseguro que tengo más que suficiente. 

Conocí el Tantra hará unos tres años. He realizado unos cuantos talleres relacionados con él, con diferentes profesionales, sesiones individuales, un viaje, sanaciones sexuales… De todo un poco y mucho más. Y me ha ayudado (y sigue haciéndolo) mucho en mi autoconocimiento, en la sanación de mis heridas, en el Recuerdo de lo que es el AMOR.

No me considero tántrica, igual que no me considero mujer ni catalana ni enfermera ni lesbiana ni ningún concepto que pueda definirme de alguna manera. Lo soy todo y no soy nada a la vez. Me puedo llamar así, pero no soy eso. Porque si me lo Creo, si me identifico con cualquiera de esos nombres, me ‘muero’. La Existencia, la Vida, tú, yo, no puede ser descrita, expresada con palabras. Con letras. Porque cualquier intento de ello, la desvirtúa. La corrompe. La desmerece. La falsifica y la estropea. Le arrebata todo su Sentido que sólo puede ser sentido y entendido a través del Corazón.

¿Qué es el Amor? No se puede explicar. Y por muy bien que te expliques, jamás, jamás, jamás… podrás llegar a transmitirlo tal cual es.

Con el Tantra pasa lo mismo. PARA MÍ (y lo pongo en mayúsculas), no tiene nada que ver con el sexo. Ni con aprender una técnica de respiración. O con subir la energía sexual. No son posturas para obtener más placer. O para tardar más en correrte. O para no eyacular. No tiene nada que ver con los cuerpos. Ni con los masajes. Ni con el Yoni, el Lingam o Amrita. Ni con Shiva ni con Shakti.  Ni con el mirarte fíjamente a los ojos. Ni con los orgasmos. Ni con lo femenino ni con lo masculino. Ésta es su parte más ‘superficial’. Si le quitamos todo eso, el Tantra seguirá existiendo. Seguirá SIENDO. Así que ésa, no es su verdad.

Es algo mucho más profundo. Mucho más íntimo. El Tantra te toca el Alma, no la piel. Es una desnudez emocional, no corporal. Es Hacer el Amor, no echar un polvo. Es Verte, no mirarte. Es escucharte, no oírte. No es sentarte en posición de loto, cantar un ohm y dejar la mente en blanco. Es MEDITAR, sin el ‘cómo’. Es la infinita y eterna Presencia del Silencio. De aquello que es imposible callar.

Para poder Tantrear… con alguien, antes tienes que haberlo hecho contigo. Antes tienes que haberte atrevido a abrazar tus sombras. A mirarlas de frente. A no huirlas. A ACEPTAR todos tus miedos. Llorar todas tus lágrimas. A SENTIR todo lo que has sido, lo que eres y lo que puedes llegar a ser. Sobretodo, lo que no te gusta. Lo que rechazas. Lo que más escondes. Lo que más te aterra de ti. 

Si no te amas a ti en tu totalidad, si no te haces el amor a ti, no se lo puedes hacer a nadie. Porque sino, en cuanto aparezca un dolor en el otro, no sabrás cómo sostenerlo. Cómo gestionarlo. Cómo Acariciarlo… Y lo único que pretenderás, será que desaparezca lo antes posible para que no te recuerde todo aquello a lo que no te has enfrentado tú. Todo lo que has encerrado en el cajón de tus secretos. En tu cuarto oscuro. 

Por eso hay tan pocas personas que hacen el Amor. Porque para ello es necesario abrirse a tu vulnerabilidad. A Sentir lo que surja. Sin juicios, sin condenas. A llorar si hay que llorar. A que te duela. A que te desgarres por dentro. A no controlar. A lo desconocido. Abrirse a esa intensidad llamada Vida que no soportamos porque nos hemos acostumbrado a latir con la mente, en lugar de con el Corazón. 

Y sin esa conexión, primero contigo y luego con el otro, no hay Verdad. No hay un Amor Real. Hay máscaras. Hay muros. Protecciones. Corazas con las que ni te conoces ni te pueden conocer. Y todos sabemos de qué estoy hablando. Hay mucho miedo a comunicarse. A expresarse. A sentirse con el pecho al descubierto. Hay mucho miedo a sufrir. Y lo entiendo. Yo he pasado por eso. Estoy pasando por eso. ¿Pero sabes qué es lo que me daba (me da) más miedo? No Amar como sé que podría haber amado. No vivir cómo sé que podría haber vivido. ‘Dejar de hacer’ por ‘miedo a’. Y que en mi último día, me arrepintiera de todo ello. 

Por eso comprendo que haya tanta gente ‘adicta’ al Tantra. A sus cursos. A sus talleres. Porque ahí, nadie (casi…) se esconde. Y te sientes libre para sentirte… como te estás sintiendo. Y las relaciones que se establecen, son desde ese anhelo a conectar contigo, con tu Alma. Aunque parezca que sea con la del otro. Y este tipo de relaciones, no suele encontrarse ‘en la calle’ porque casi nadie es tan honesto, tan valiente, como para dejarse ‘penetrar’ el Alma. Pero si eso no lo llevas a tu día a día, contigo, con todo lo que te rodea, el Tantra se convertirá en una distracción más. En una ‘droga’ más que únicamente utilizarás para evadirte de tu realidad. Para escaparte de tus temores. Para no tomar decisiones. Para no hacerte responsable de tu vida. Para buscar el amor fuera en lugar de dentro. O simplemente, para echar un polvo. 

Es como pretender que una meditación de 5, 10, o 15 minutos al día puede realizar algún cambio en ti. Cuando la meditación Real, es la que llevas contigo las 24 horas. Es la consciencia con la que caminas (aunque estés parado). Tú eres la meditación, no la técnica que te han enseñado ‘para’.

AMO el Tantra. Pero no el que viene en los libros. No el que se practica. No el que se lee. No el que se aprende ni el que se enseña. Sino el que se SIENTE. El que te desnuda emocionalmente. Y eso, sólo lo puedes hacer tú. Es una decisión que debes tomar. La decisión de querer Vivir sin miedo a Amar. Y cuando lo haces, cuando has experimentado lo que es ir ‘más allá’ de la piel, del sexo, ‘de lo que se puede explicar’, es imposible volver atrás.

Y ya no te conformas con medias tintas. Ni con personas que sienten, viven y aman a medias (tú incluida). Y vas a por todas, aunque te tengas que quedar sin ninguna. Y es cuando te quitas todos los disfraces que llevas, los tiras a la basura y te dices: ¡Que sea lo que Dios quiera! Aunque te cagues de miedo. Aunque te tiemblen las piernas. 

Y si me caigo, ya me levantaré. Y si me pierdo, ya me encontraré. Pero no quiero pasar por aquí de puntillas sin haber experimentado lo que es Amar sin medida.

No quiero, joder. NO QUIERO…

¿Y tú? ¿Cómo quieres Vivir?

 (Nunca es tarde para hacerlo…)

SOLEDAD AMAR

LA ADICCIÓN A LA SOLEDAD TE ALEJA DEL AMOR


La Soledad elegida puede resultar muy adictiva.

Hace 4 años y medio, después de otros tantos de bastante sufrimiento, hice un cambio de vida drástico. Dejé atrás las noches de fiesta, de afters, de seducciones bañadas en alcohol, de resacas físicas y emocionales, de inconsciencia, de relaciones que me dañaban y de la búsqueda de lo que ni siquiera sabía qué era.

Y empecé un camino (en el que aún sigo) de autoconocimiento, de ‘día’, de encuentro, de conexión con mi Alma, de aprendizaje, de recuerdo de quién soy, de observación, de silencio, de autonomía, de independencia y de poder interior. Un Regreso a Mi. Un Regreso al Amor.

Desde entonces, he descubierto la magia de Vida, la potencia de la Luna, lo que es la espiritualidad, la Luz que nos envuelve, la energía que nos Une, la vibración que emitimos, la bruja que llevo dentro, los animales que me protegen, los dones que me fueron dados y las Alas con las que hacerme Volar.

Ha sido un recorrido muy solitario aunque estuviera acompañada. Ha sido un continuo Soltar. Soltar amistades, soltar trabajos, soltar casas, soltar creencias, soltar mochilas, soltar cargas, soltar perspectivas, soltar miedos, soltar risas y soltar muchas lágrimas que estaban encarceladas.

Pero también he recogido otras tantas cosas que ni siquiera sabía que existían porque mi Corazón estaba muy muy tapado. He recogido Compasión, seguridad, valentía, autoestima, humildad, perdón, libertad, empatia. Y sobretodo, me he re-Cogido a mí, que era lo que más me faltaba…

Y en este proceso, llegó un momento en que me enamoré de la Soledad. Aprendí a dármelo todo yo misma. A viajar sola. A comer sola. Dormir sola. Entretenerme sola. Cantar sola. Bailar sola. Tener orgasmos sola. A reír sola y a llorar sola. Si necesitaba algún consejo, la primera persona que me venía (y me viene) era Yo. Para escucharme, acudía a mis oídos. Para abrazarme, a mi piel. Para guiarme, a mi Alma. Para Sentirme, a mi Ser. Me fui tanto tan aDentro, que de tanto encontrarme me perdí en ‘MI’.

Sé que ha sido necesario esta especie de retiro. Necesitaba sanar muchas heridas, muchas historias, muchos abandonos, muchas culpas. Necesitaba Verme. Estarme. Descubrirme. Silenciarme. Recordarme. Y Amarme. Amarme. Amarme.

Hasta que llegó un momento (que es mi Ahora) que tanta Soledad me empezó a pesar. Hasta que todo ese Amor que me había ‘sembrado’, creció demasiado. No sufría, no era infeliz, pero tampoco me sentía Viva. Y mi propia compañía ya no era suficiente para Él. Me pedía que lo compartiera. Que lo diera. Me salía a chorros por cada poro de mi piel y no tenía a ‘nadie’ a quien ofrecérselo porque CREÍA que si me lo quedaba todo para mí, nada me podría dañar. Sería imbatible. Invencible.

Pero lo que no sabía era que el AMOR implica generosidad, no avaricia. Y que, aparte de uno mismo, necesita del ‘otro’ para poder seguir respirando. Para poder Ser. Para poder Sentir. Para poder AMAR. Y para poder Vivir.

Quise amarme tanto que dejé de amar a los demás. Había un miedo muy bien encubierto. Miedo a desaparecer en el otro. A que todo lo que había conseguido, se evaporara en un suspiro. Miedo a perder mi intimidad. Mi Paz. Miedo al éxito. Miedo a brillar. 

El Universo me dio lo que mi inconsciente le pedía y la vida me dejó ‘completamente’ a solas. Para que tocara el fondo de la Soledad y no me quedara más remedio que volver a salir a la Realidad. El proceso ha llegado a su Fin. Todo tiene su tiempo y nada sucede por casualidad. Hay una Razón, que no entiende de razones, que nos lleva a experimentar lo que es mejor para nosotros. Lo que necesitamos para recorrer el camino que nos hemos marcado. Cada uno el suyo. 

La experiencia me ha enseñado que es tan importante saber estar con uno mismo como con los demás. Las dos son imprescindibles. Los dos espacios son necesarios. Uno nos conecta con nuestra Esencia, con el Cielo, y el otro con la Vida misma, con la Tierra, con la Humanidad.

No somos sólo Seres. También somos Humanos. Hace 4 años y medio dejé a un lado lo segundo para poder enfocarme en lo primero. Recordé de dónde era pero casi me olvido de dónde estoy.

La Soledad bien llevada… crea un vínculo muy muy fuerte con uno mismo. Esperaba que apareciera ‘alguien’ que lo igualara. Para así abrirme a ese alguien. Pero nadie lo hacía. Y es que nadie podrá hacerlo jamás. Nadie puede hacerme sentir como me siento yo cuando estoy conmigo. La única persona capaz de hacerlo soy yo. Pero lo que sí hay son personas que me sumen. Que me impulsen. Que me potencien. Que me activen. Que me reflejen. Que me fomenten. Que sacudan el polvo de mis creencias. Que me acompañen. Que me amen y que me permitan amarlas. Sabiendo que ninguna de ellas podrá ser Yo, ni yo Ellas, pero que “JUNTAS SOMOS MÁS FUERTES.”

El AMOR no se puede retener. Tiene que fluir. De Dentro hacia Fuera y de Fuera hacia Dentro. Si cortas una parte, lo ahogas. Y a ti, con él.

EQUILIBRIO. SIEMPRE EQUILIBRIO.

DISFRUTAR DE LA VIDA

CONTROL: EL ÍNTIMO AMIGO DEL MIEDO


Una pregunta, ¿para qué quieres controlar?

Detrás del deseo de controlar, hay miedo. Mucho miedo. Da igual ‘a qué’. La raíz es la misma para todos. Queremos controlar las emociones, los orgasmos, las eyaculaciones, a nuestra familia, a nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestros animales (que no son de nadie…), a nuestros sueños, la alimentación, el peso, las arrugas, el tiempo, las palabras, los pensamientos. Y hasta a la mismísima Naturaleza.

Somos seres vivos muertos… de miedo. Miedo a que ‘vuelva a pasar’, a que nos abandonen, al dolor, al sufrimiento, a la muerte, a la vida, al amor, a la soledad. Miedo a ser como nuestro padre o como nuestra madre. A repetir patrones. A convertirnos en soñadores durmientes… A ser los herederos de una historia para olvidar. Miedo. Siempre miedo. 

Pero, aunque pudiera parecerlo, el miedo no es el ‘problema’, sino la Inconsciencia que tenemos sobre él. Porque cuando SABES cuáles son tus miedos puedes elegir quitarles el poder que tienen sobre ti o seguir siendo su titiritero, con lo que te pasarás la vida REACCIONANDO a él (que se te presentará a través del otro). Cualquiera de las dos opciones es válida. Ninguna es mejor o peor que la otra. Hay libertad. No hay ignorancia. Lo de ‘bueno’ y ‘malo’ sólo es un juicio. No es la Verdad.

Yo me he pasado prácticamente todos mis 38 años queriendo ‘controlar’. Para evitar sorpresas. Para huir de los desconocido. De lo inestable. De la inseguridad. De la impermanencia. Para que nada se desbordara. Ni fuera ni dentro. Para que nada se me escapara de las manos. Y lo único que logré que se me escapara fue la Vida.

La Vida. Esa Eterna desconocida. A la que enjaulamos en un espacio y en un tiempo inexistente. La que vestimos de pasado y de futuro cuando sólo es Presente. La que nos está brindando cada segundo la paz, la belleza, el goce y el Amor que tanto anhelamos. Que tanto buscamos. 

La que nunca se detiene. La que ni va lenta ni deprisa. La que nos habla a través del viento, de la lluvia, de los amaneceres y de las noches oscuras. La que nos abriga con sus latidos. La que nos hace danzar al son de sus días. 

Y nosotros, los humanos, diciéndole, ordenándole a grito pelao cómo tiene que respirar. Cómo tiene que cantar. Cómo tiene que hablar. Cómo tiene que jugar. Cómo tiene que reír. Cómo tiene que llorar. Cómo tiene que escribir. Cómo tiene que fluir. Cómo tiene que observar. Cómo tiene que Ver. Cómo tiene que comer. Cómo tiene que beber. Cómo tiene que caminar. Cómo tiene que correr. Cómo tiene que volar. Cómo tiene que sanar. Cómo tiene que Sentir. Que Vivir. Que Amar. Que gemir. Y que follar.

Como si nos fuera a hacer caso. Como si ‘el control’ fuera su lenguaje universal. Como si fuésemos alguien a quien obedecer. A quien ‘seguir’. A quien admirar. Nosotros, los humanos. Los que ni siquiera sabemos que no sabemos nada. Los que vamos por el mundo dando lecciones de lo que aún no hemos aprendido. Los que no tenemos ni idea de escuchar. Los que no nos atrevemos ni a Abrazar.

LARGA VIDA a los orgasmos descontrolados. A las eyaculaciones precoces. A los besos no solicitados. A los ‘te quiero’ no planificados. A los polvos de cinco minutos en el sofá, en el coche o en el baño. A los sudores ardientes. A las caricias sin venir a cuento. A las masturbaciones, con pilas o sin ellas. Ácidas o alcalinas. A las risas que te parten el Alma. A las miradas impertinentes. Y a las lágrimas desbordadas. 

LARGA VIDA a desaparecer…, a deshacerte Haciendo el Amor sin medida. Sin contratos. Sin compromisos o con todos ellos. Sin reclamos. Sin condiciones. Sin ropa. Ni en la piel ni en las entrañas. ‘A pelo’, sin condones en el Corazón. Sin preservar ni una gota de tu intimidad. Sin reglas y con ella. Sinvergüenzas… Desgarrando cada uno de tus jadeos. Para que nada ni nadie se quede a medias. Para que cuando eches la vista atrás, no te arrepientas. Para que cuando estés en la tumba, te sientas satisfecha. 

LARGA VIDA a lo que está Siendo, a lo que estás Siendo, y no a lo que crees, a lo que Creemos que Debería y debemos SER.

LARGA VIDA A LA VIDA.

LARGA VIDA AL AMOR.

UN MONSTRUO VIENE A VERME

UN MONSTRUO VIENE A VERME


Todos tenemos un Monstruo guardián que nos acompaña durante algún trayecto de nuestra vida. Le damos una forma, un cuerpo, un color, un olor, un paisaje desagradable para que cuando aparezca… no queramos acercarnos a Él.

Es el cajón de nuestros secretos. Nuestro cuarto oscuro. El lugar donde escondemos todo aquello que no queremos expresar porque CREEMOS que no está bien, que es pecado, que no es correcto. Y lo encerramos en el fondo de nuestra Alma para hacerlo invisible. Para que nadie lo vea. Para que nadie nos Vea… 

Hay pensamientos terribles que surgen cuando el dolor emocional se hace insoportable. Cuando no tenemos las herramientas para gestionarlo. O bien porque aún somos unos niños y todavía no lo hemos aprendido, o porque somos unos adultos con un niño interior muy herido al que nadie le enseñó a llorar, a gritar, a reír, a SENTIR como es debido.

El Monstruo nos viene a ver para indicarnos todo aquello que no nos atrevemos a decir. Para que lo miremos directamente a los ojos y le contemos nuestra historia. No la que vivimos. No la que pasó. Sino la que sentimos en nuestras entrañas. Cómo nos sentimos. Nuestra Verdad. Para destaparla. Para sacarla a la Luz. Para que deje de asfixiarnos. De perseguirnos. De esclavizarnos. De no consentirnos Vivir. De no consentirnos Ser. Y de no consentirnos Amar. 

Nuestros pensamientos no es lo que realmente deseamos. Nuestras emociones no es lo que somos. Pero CREEMOS que sí. Les cedemos todo nuestro poder. Toda nuestra Esencia. Todo nuestro nombre. Todo nuestro destino. Y toda nuestra Paz. Por eso, nos rechazamos tanto. Nos castigamos tanto. Nos disfrazamos tanto. Nos enmascaramos tanto. Porque nadie quiere ser un Monstruo…

Cuando nos permitimos abrazar todas y cada una de nuestras partes. Cuando nos permitimos sacar Fuera todo lo que nos oprime Dentro, sea lo que sea. Cuando el juicio, la etiqueta, de bueno y malo, de bonito y feo, de ángel y demonio, de cielo e infierno, desaparece, la resistencia a sentir lo que sentimos en cada momento lo hace con él. Y entonces, es cuando podemos ser libres, auténticos, espontáneos, naturales y puros. Porque la pureza no está en seguir un guión celestial sino en Amarte en tu totalidad. Sólo alguien que se muestra tal y cómo es puede ser puro. Porque no se avergüenza de si mismo.

Es la Creencia de que algo que yo pienso o siento es impuro lo que hace que me crea que soy una persona horrible, sombría, espantosa y tenebrosa. Lo que hace que me odie. Que no quiera mirarme al espejo… Que me huya. Que me abandone. Que reniegue de mí.

Pero ni tú ni yo somos eso. Somos la consciencia que lo observa. El espacio en el que se dan las experiencias. El Silencio al que las voces hablan. Somos la Vida misma viviéndose a través de cada uno de nosotros. 

Por eso es tan importante saber quién/qué NO eres. Porque depende de la respuesta que te des, así te verás a ti, así te interpretarás y así te vivirás y morirás.

¿Y sabes otra cosa? Que aunque tú seas negra y yo blanca, tú heterosexual y yo lesbiana, tú vegana y yo carnívora, tú católica y yo musulmana, tú espiritual y yo terrenal, nuestros monstruos son los mismos. Porque ninguno nos libramos de ellos. Al menos, hasta que nos damos cuenta que son nuestros mayores maestros y dejan de asustarnos. 

Lo único que nos diferencia del resto de la humanidad es un trozo de piel que se convertirá en polvo o cenizas cuando nuestros ojos no quieran despertar más. Todos iremos al mismo lugar (que no sé cuál es, ni me importa). Y lo único que nos llevaremos será lo que hemos decidido Vivir y cómo lo hemos hecho. Lo demás, se quedará en el camino.

Así que antes de criticar, faltar al respeto, repudiar, censurar y rechazar a alguien… recuerda que tú también tienes un Monstruo dentro. Que no eres ni mejor ni peor. Que no eres ni menos ni más. Sólo ERES. E igual que el ‘otro’, lo estás haciendo lo mejor que sabes. Lo mejor que puedes. 

Estamos todos en el mismo barco. Un barco en el que cuanta más Compasión y Amor pongamos, más difícil será que se hunda y más fácil que Regrese a su Hogar. Y nosotros, con él.

EL SOL SALE PARA TODOS POR IGUAL. No lo olvides. Siempre está ahí. Sólo tienes que despejar las nubes que no te dejan verlo.

“EL TAMAÑO DE TUS MONSTRUOS

DEPENDERÁ DEL MIEDO QUE LES TENGAS.

DEL MIEDO QUE TE TENGAS”

REZAR

¿SABES PARA QUÉ EXISTE LA RELIGIÓN?


Fui educada en la religión católica. Bautizada. Hice la comunión. Y me quedé en la confirmación. No recuerdo la edad exacta en la que dejé de Creer en Dios. En el concepto de la existencia de un Dios externo a nosotros. Más o menos, en la adolescencia. 

Pero lo que sí recuerdo son las muchas veces que NECESITÉ rezarle. Y lo que también recuerdo, es que mi dolor, mi sufrimiento, mi angustia (por los motivos que fueran), en ese momento disminuían. No estaba sola. Había esperanza. Le pedía muchas cosas, sí. Pero, a fin de cuentas, el que me las concediera o no, no era lo importante. Sino el Sentir que ‘alguien’, DURANTE mis noches más oscuras…, me escuchaba, me entendía y ESTABA ahí, incondicionalmente. 

Nos quedamos en la superficie. En lo fácil. En las ‘religiones son una secta’ y demás. Y juzgamos. Y condenamos a los que condenan por condenar. En lugar de intentar ir más allá de lo obvio. En lugar de intentar COMPRENDER el ‘para qué’.

Sin entendimiento, no puede haber respeto ni tolerancia. Y para entender, es necesaria la empatia y la compasión.

Actualmente, y ya desde hace muchos años, no pertenezco a ninguna religión. Pero tal y como está el Mundo hoy en día, nuestro nivel de consciencia global y particular, creo que aún son necesarias para mucha gente. 

‘En todas las casas cuecen habas’. Hay de todo en todas partes. La dualidad no escapa a nada ni a nadie. Está en ti. En mi. En la política. En las religiones. En el fútbol. En la espiritualidad. En las ONGS. Y en la familia. Generalizamos muy a la ligera y ponemos más la atención en lo ‘negativo’ que en lo ‘positivo’. En el miedo que en el Amor. 

Hace un año y medio me fui una semana a Fátima. Digamos que tuve una ‘llamada’. Allí fue donde me reconcilié con DIOS y con la religión. Donde empecé a respetar (de verdad) las Creencias de los demás, aunque no fueran las mías, ni las sigan siendo. Independientemente del dinero que los comercios y la Iglesia ingresan gracias a la Fe de sus creyentes (que es ese lado oscuro, o uno de ellos), lo que yo Vi fue a miles de personas que anhelaban PAZ. Y se podía respirar esa paz a cada paso que dabas si mirabas ‘bien’.

Creía que iba a sentir rechazo ante ese paisaje, pero lo único que sentí fue comprensión y compasión al recordar cuando yo también la deseaba, y que ese Dios al que acudía para obtenerla (porque no sabía hacerlo de otra manera), era mi única salida. En ese momento, desaparecieron todos lo juicios que tenía sobre las religiones y dejé de enfocarme en su parte más negativa. 

Cuando estamos felices, cuando nuestro mayor problema es el estrés laboral, es muy fácil ‘hablar’. Yo he sido la primera en hacerlo. Pero cuando la desesperación por la enfermedad de un familiar, por la muerte de un ser querido, por el no tener recursos para dar de comer a tus hijos etc, se apoderan de ti, ahí no somos tan valientes, tan sabios, tan despiertos y tan conscientes. Y, ¿qué hacemos? Rezar. ¿A quién? Y qué más da… 

¿Acaso importa que exista o no exista Dios? Si a alguien, el hecho de Creer en ÉL, le hace sentir mejor, le aporta aunque sea una gota de Luz en su sufrimiento, ¿no es ya motivo suficiente para darle el visto bueno a esa religión a la que se aferra para sobrevivir emocionalmente? Para mí, sí. ¿Quién soy yo para negárselo? ¿Para decirle que no se arrodille ante quién le dé la gana?

Eso es Respetar. Porque respetar mis mismas creencias no tiene ningún mérito. Lo hace cualquiera. 

Mientras haya una sola persona que necesite CREER en alguien, en algo, que no sea él mismo porque no tiene la fuerza, porque nadie se lo ha enseñado y/o porque no sabe hacerlo mejor…, DIOS, la Religión, los ángeles, los maestros, los gurús, los guías, los budas, las Almas, DEBEN seguir existiendo y siendo respetados por los que no las necesitamos. 

Porque para mí es mucho más importante que esa persona sienta PAZ (me da igual el cómo) que el yo tener razón y que mi verdad sea la verdad de todos y para todos.

Cuando ves a un País (con sus bebés) que se muere de hambre, se te quita la prepotencia e ignorancia del ‘Primer Mundo’ de decirle a sus madres y a sus padres, mirándoles a esos ojos tan vacíos que tienen, que la religión en la que se sostienen es una mentira, que el Dios en el que se cobijan no existe y que rezar no les va a servir de nada. 

Y que sea ‘el Tiempo’ el que nos ponga a cada uno en nuestro lugar. Que yo no soy nadie para arrebatarle al otro el ‘hombro’ en el que ha ELEGIDO apoyar su dolor. Sea una mera ilusión, o no. (¿Y qué no lo es…?).

Menos dureza. Más ternura.

Menos razón. Más comprensión.

 

Empezando por uno mismo. Por nuestro interior.

CREENCIA

LO IMPORTANTE NO ES CÓMO EMPIEZAS SINO CÓMO ACABAS


Cada día tenemos la oportunidad de volver a nacer. Da igual cómo nos parieron. Cómo nos educaron. Cómo nos amaron. HOY decido cómo quiero que sea mi vida. HOY decido cómo quiero ser.

Siempre he sido una firme defensora de que el pasado se tiene que quedar en el pasado. Que todo lo que fuera volver atrás, era hurgar en la herida. Un ‘doler por doler’. Una no aceptación del Ahora. Un ir a buscar lo que te falta en otro lugar que no es dónde en este momento tus pies están. Por eso, nunca he sido partidaria de las terapias que te hacen volver a un tiempo que no es el Presente para sanar ‘lo que sea’.

Pero siempre es demasiado tiempo… y nunca demasiado poco.

Creía que solos, podíamos. Que si teníamos el conocimiento, no necesitábamos a nada ni nadie más. Que si pedíamos ayuda era porque no confiábamos lo suficiente en nosotros. 

He empezado el año fuerte. Todo eso a lo que me aferraba ha salido a la Luz para que yo le prestara atención. Y una vez observado, una vez sentido, me ha llevado al miedo que había oculto tras todas esas excusas en las que me escondía. Y en cuanto lo haces consciente, tienes dos opciones. O lo sueltas, o lo vuelves a ocultar. La segunda opción, para mí no es una opción. Porque hay una voz, La Voz, que sale del Corazón, que es mucho más poderosa que la que surge de la mente. 

Entonces, sueltas todas las riendas con las que intentabas controlar lo que debías sentir y lo que no, y te dejas llevar por ese impulso. Sin saber hacia dónde vas. Sin saber el motivo. Sin ninguna razón. Sólo sabes que es ‘por ahí’ y no tienes ninguna duda. Y aunque tienes claro que vas a tener que meterte en el meollo de tu cuestión, de lo que llevas huyendo tanto tiempo (inconscientemente), no te importa. Porque detrás de toda esa capa de emociones que en su día se te quedaron dentro y que te impiden Ver y Respirar ‘a lo grande’, estás Tú. 

Ha llegado la hora de SER para poder HACER. Y el único camino posible es ir hacia Dentro. Hacia la raíz de la que no quería ni oír hablar pensando que no era la vía correcta. Antes, tienes que pasar por tu oscuridad para SENTIR lo que en su día rechazaste, y de eso modo poder abrazarla, Amarla e iluminarla.

La resistencia a ello es lo que nos provoca el sufrimiento, el dolor de más. Una vez te rindes y lo aceptas, surge una paz, una liberación, que te confirman que ‘por aquí, sí’. Y no necesitas saber nada más. Y tienes la absoluta certeza y confianza de que todo saldrá bien. De que ése es el Norte que habías perdido. Y esa nube de dudas, de impedimentos, de ‘sí pero no’ que te envolvían, se desvanecen en el mar.

Cuando no somos capaces de expresar una EMOCIÓN, la condenamos a cumplir cadena perpetua en nuestro interior. Cargamos con ella allá a dónde vamos. Allá donde nos quedamos. Es la piedra en el zapato que nos provoca la famosa HERIDA. No es lo que nos pasó, es lo que no supimos hacer con ello. Le arrebatamos el sentido de su vida, de su misión, que no es más que ‘ser sentida’. Las emociones no son nuestras. No son de nadie. Y al retenerlas, por rechazo o por apego, les cortamos las alas. Las aprisionamos. Y se quedan enganchadas en nuestros cuerpos (físico, mental, emocional y/o espiritual), provocándonos enfermedades de todo tipo. 

Por eso, a veces, es necesario Recordar para que los recuerdos ocultos regresen a su hogar. Nos están llamando la atención todo el rato. De diferentes maneras. Quieren que les hagamos el caso que no les hicimos con anterioridad. Que los saquemos del olvido, del abandono en el que los metimos, para que puedan volar hacia el cielo y más allá. Y para que nosotros podamos continuar.

Lo importante no es cómo empezó mi Vida, sino cómo la voy a acabar. Y esto, sólo depende de mi.

Si tú cambias, todo cambia.

Aunque, aparentemente, ese todo… siga igual.

 

HIJO PRÓDIGO

NUESTRA HISTORIA FAMILIAR NO ES LO QUE SOMOS


Todos tenemos una ‘historia familiar’ que llevamos a cuestas en nuestro corazón. Y esa historia, nos creó una herida (a cada uno la suya) que nos va a acompañar toda la vida. 

Me pasé muchos años queriendo eliminarla, hasta que entendí que formaba parte de mí y que la cuestión no era deshacerme de ella sino aprender a convivir con ella. Y descansé en Paz. Porque intentar cortarte un miembro tuyo (en este caso emocional) duele mucho. Es una lucha, un rechazo, continuo y sin final. 

Es tan profunda, está tan Dentro, que la mayoría del tiempo no la sentimos. Y de repente, la vida te ofrece la oportunidad de sacarla de su escondite. De hacerle caso. De darle Luz. A través de una pareja, de un trabajo, de una amistad, de ‘lo que sea’. Y en ese momento, en el que estás flotando entre todos tus miedos, eliges si quedarte allí, mirarlos de frente y quitarles la máscara, o huir de ellos, enterrarlos de nuevo y devolverlos a tu ‘oscuridad’. 

Es una decisión sólo. Y depende de la fuerza con la que lata tu Corazón, se inclinará hacia un lado o hacia el otro. Y da igual hacia dónde vayas. Porque si no lo haces hoy, tendrás que hacerlo mañana (siendo mañana de aquí a un mes, un año o 7 vidas como las que dicen que tiene un gato). 

Todo sucede cuando tiene que suceder. Ni antes ni después. No existen los errores, ni las equivocaciones y, por consiguiente, tampoco deberían hacerlo las culpas ni los arrepentimientos. Porque si no lo hicimos, fue porque no era el momento. Porque no pudimos (aunque ese poder esté disfrazado de cobardía o de ‘no querer’). Y el momento, siempre, siempre, siempre es cuando ocurre. No cuando ‘debería de’  haber ocurrido. 

Entonces, ¿de qué somos responsables? De todo lo que sentimos, que no es pecata minuta. Dejar de culpar a nuestros padres, a nuestros amantes, a nuestros jefes, a nuestros políticos, a nuestros vecinos, a las tormentas solares, a las toxicidades, a nosotros mismos… de nuestra tristeza, culpa, frustración, rabia, ignorancia, ira, soledad, miedo, vacío, nostalgia y/o infelicidad es el mayor acto de responsabilidad que podemos hacer. 

No somos lo que nos ocurrió. No somos Ellos. No somos nuestros pensamientos. Ni nuestros sentimientos. No somos nada de eso y a la vez lo somos todo, porque todo está en nosotros. En un instante, las cenizas se transforman en fuego y te vuelven a abrasar. Y en otro instante, vuelves a convertirte en cenizas de nuevo. Y así, sucesivamente.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos”

El problema es que no queremos ser polvo y por eso deseamos ‘quitarnos’ de encima, considerándonos nuestra ‘propia mierda’, creyendo que así brillaremos más y mejor. Que dejaremos de estar sucios. Que oleremos a rosas. Y que estando tan perfumados, ¿quién va a osar abandonarnos? ¿A no amarnos?

Nos equivocamos en juzgar a la mierda como ‘mierda’. A la sombra como ‘mal’. Y a la herida como algo que hay que sanar tachándola de nuestra lista de cosas a las que amar.

Es nuestra interpretación de ‘cómo tenemos que ser’ la que hace que NO SEAMOS. La que nos provoca más sufrimiento del que ya tenemos (si es que lo tenemos). Ya hay suficiente rizo como para encima rizar más el rizo y hacernos una ‘permanente’ con él, ¿no?

Muchas veces nos perdemos en las preguntas de ‘por qué y para qué’ nos ha pasado esto o aquello cuando lo único que nos está pidiendo la vida es que dejemos de querer encontrar respuestas y que únicamente sintamos. Nos sintamos. Y vivamos. Nos vivamos.  Sin interrogantes. Sin análisis. Sin búsquedas mentales. 

Estudiar es muy fácil. Abrir el corazón, abrirte y dejar que entre eso que tanto temes, salir al mundo real y poner en práctica todo lo que has aprendido, estudiado, memorizado, másterizado, doctorado, cursado y charlado es lo difícil.

(Lo dice una experta en ser muy abundante en títulos y muy carente en experiencias).

Hablar (escribir), habla cualquiera. Hacer, muy poca.

Y, ¿sabes? No hay prisa. De verdad. No estaría de más que nos quitásemos esa presión de ‘llegar ya’. Y de que si no llegamos, se acaba el mundo. Cuando el Mundo somos nosotros. Y nosotros, infinitos. Tenemos toda la eternidad para caminar nuestro camino. No hay nadie ni nada con un cronómetro que nos esté midiendo. Que nos esté puntuando. Que nos esté juzgando. Que nos vaya a premiar o a castigar. Sólo nosotros.

Somos muy injustos, muy crueles con nosotros mismos. Nos tratamos fatal. Con mucha dureza. Con mucha exigencia. Con muy poca ternura. Con muy poca compasión. Con muy poca dulzura.

No venimos a CONSEGUIR nada. Venimos a SERlo todo. TODO lo que nos suceda. Sea lo que sea. Sea cómo sea. 

No venimos a CAMBIAR. Venimos a ACEPTAR. 

De verdad. No hay prisa. Disfruta del viaje. Confía en él. Que donde quieres ir, ya estás. 

Somos los Hijos Pródigos de un lugar llamado Vida.

No somos nuestra historia familiar”