NO ES TU SANGRE LA QUE TE DEFINE. ES TU CORAZÓN


La pureza del Corazón. Me encantan esas personas que con tan solo su Presencia te transmiten Paz. No necesitan decir ni una sola palabra para explicar lo que es el Amor. Su Energía lo grita a los cuatro vientos. 

Su Ser está por encima de su personaje. No le tienen miedo a su alta sensibilidad. A mostrarse vulnerables. Porque saben que ahí radica la mayor de las enseñanzas: la de ser vistos sin fachadas, sin protecciones, sin arma-duras, sin máscaras y sin disfraces. Por eso, cuando alguien se les acerca, su ejemplo les da permiso para no tener que estar fingiendo quienes no son. Porque irradian compasión. Ternura. Delicadeza. Amor. Y humildad. Todo aquello que nos falta tanto a tantos… Todo aquello en lo que no nos han educado. Lo que hemos tan bien olvidado. Y nadie les tiene miedo. Pero sí un gran respeto. Que no es lo mismo… 

Y eso no quiere decir que ya lo sepan todo. Que sean poseedores de la verdad absoluta. Para nada. Tienen sus heridas igual que las tenemos todos. Nadie se libra de eso. Y saben lo que duelen. Por eso en lugar de juzgar, de acusar, de condenar y de recriminar, escuchan. Te escuchan. No se burlan de ti. No se ríen de tu ignorancia. Eso sólo lo hace el Miedo y la propia ignorancia. Te respetan por muy diferente que seas a ellos. Porque son conscientes de lo que hay ‘detrás de’. ‘Más allá de’. No te miran. Te VEN.

Sólo un Corazón puro puede ver la pureza de un Alma por muy oculta que esté. Y sólo un Corazón puro puede hacer que tú también te la veas. Porque te verás reflejado en él.

Hay dos maneras de aprender (y de enseñar). La mayoría lo hemos hecho a través del ejemplo de lo que NO ES. Donde el Amor, el AMOR, brillaba pero por su ausencia. Hemos tenido (tenemos…) que desaprender todo lo que nos inculcaron desde que nacimos. Sacar a la Luz esas creencias que nos han convertido en marionetas. De la sociedad y de nuestra propia mente. De Dentro y de Fuera. Y es un trabajo continuo. Diario. Que no tiene fin (al menos, de momento). 

Parece como que nunca llegamos a estar ‘limpios’. Sustituimos unas por otras. Nos quitamos un parche y nos ponemos otro. Más pequeño, sí. Pero otro… Porque estamos rodeados de ellos. No vivimos retirados en un monte. Con-vivimos con otras personas que también están repletas de creencias insanas que nos alejan de nuestra verdadera Esencia. Por eso, la Consciencia, el ‘darse cuenta’, es tan importante. Porque hará que no caigas en la trampa. Por eso… aunque sea un trabajo individual, también lo es de equipo. Y cuando pierde uno, perdemos todos. Y cuando gana uno, ganamos todos. Estamos interconectados. Conectados por ‘lo invisible’. Aunque no lo percibamos. Aunque nuestros ojos no lo puedan ver, nuestras energías no están separadas. Hay un intercambio constante entre unos y otros. Entre todos los seres de todos los tipos. No existen los espacios vacíos. Nos tocamos sin necesidad de tocarnos

No podemos huir. Somos una gran familia que por mucho que se huya sigue vinculada por algo mucho más grande que la carne y el hueso. Que la piel. Que el cuerpo.

La Empatia es el don de Sentir lo que el otro siente (que no tiene nada que ver con ponerse en el lugar del otro. Eso es algo mental). Así que aunque mis pensamientos, mis emociones, sean ‘positivas’, si los tuyos no lo son, yo los voy a sentir como si fueran míos. Y ni siquiera necesito que me roces para que así sea. Por ello, lo de si es antes el huevo o la gallina, si es el pensamiento el que provoca la emoción o la emoción la que provoca el pensamiento, no tiene ninguna validez. Porque en un segundo puedo pasar de sentirme alegre a sentirme triste por una causa externa. Por algo que no tiene nada que ver conmigo. 

Nos influimos mutuamente. Para bien y para mal. No podemos evitarlo. Está fuera de nuestro alcance. Por eso, de quién nos rodeamos, con quién pasamos nuestro tiempo y con quién dormimos, es tan importante. Y lo que no podemos elegir, debemos aprender a SER y ESTAR con ello. Primero aceptándolo. Segundo respetándolo. Y tercero, poniendo los límites que consideremos oportunos para que nos afecte lo menos posible. Por salud física, mental y emocional. 

Cuanto más empático eres, más sientes. Y por lo tanto, lo que a unos les puede pasar desapercibido a otros nos puede enfermar. No somos de piedra. No somos Dioses (aunque en el fondo… lo seamos). No somos invencibles. No somos superhéroes. No somos unas máquinas. Somos Seres Humanos que sentimos aunque nos nos hayan enseñado cómo hacerlo. Y SENTIR, sea lo que sea, es lo que hace que la Vida sea tan maravillosa, tan emocionante, tan intensa. Tan Vida. 

Y no podemos amputarnos los sentires que no nos gustan. Que hemos etiquetado de ‘negativos’. De ‘oscuros’. Forman parte del ‘pack’. Tienen su función. Igual que la tiene la noche. La tormenta. La oscuridad. Pero lo que sí podemos hacer es cambiar la perspectiva. Dejar de tenerles miedo y empezar a amarlos tal y como son. Dejar de luchar, de resistirnos, de enfrentarnos, de repudiarlos, de abandonarlos y asumir su existencia. Asumir que Ellos también somos nosotros. Que la tristeza no es menos que la alegría. Y que las lágrimas no son peores que las risas. 

Sólo son emociones. Nada más. Sólo son pensamientos. Nada más. Han estado, están y estarán siempre ahí. Aquí. Y hasta que no lo admitamos, hasta que no nos rindamos a ello, seguiremos perdidos en nuestro olvido. Seguiremos intentando ser quienes no somos. Y jamás lo lograremos. Porque no somos eso que deseamos ser para evitar sufrir. Ese sufrimiento proviene justamente de la negación a nuestra totalidad. A eso que hemos llamado ‘sombras’. A lo que un día, hace ya miles de años, llamaron Infierno.

No es tu sangre la que te define. No es tu trabajo. No es el color de tu piel. No son tus genitales. No son tus aficiones. No es tu físico. Ni tu peso. Ni el sonido de tu voz. No es tu nombre ni son tus apellidos. No es tu cuenta corriente. No es tu alimentación. Ni la ropa que llevas. Ni tus creencias. Ni tu historia. Ni tu religión. Ni tus pensamientos. Ni tus emociones. Es tu Corazón el que lo hace

No es lo que dices. Es CÓMO lo dices. No son las palabras. Es la melodía que las acompaña. No son tus actos. Es la INTENCIÓN de ellos. 

El Amor no se explica. El Amor se ES. Así es como se transmite. Así es como se aprende. Y así es como se enseña. SIENDO. Observa. Obsérvate. Es muy fácil Verlo. La PAZ es la estrella que te indica su camino. Que te guía hacia tu Pureza. 

Desconocemos lo que cada uno lleva en su Corazón. Así que, ‘antes de’, medita si lo que vas a decir/hacer es ‘más bello que tu silencio’… Si no es así, ¿PARA QUÉ? Hay dolores que se pueden evitar.

Y mientras tanto, RECUERDA:

“Tomamos la mejor decisión que podemos con la información que tenemos”

Sé compasiva contigo. Es lo mínimo que puedes hacer. Por Ti. Por Mi. Y por los demás.

 

LA CRISIS DE LOS 40. ¿ESTOY DONDE QUIERO ESTAR?


Eso es lo que ocurre cuando nos acercamos a la cuarentena. Un par de años antes, durante o un par después. Nos replanteamos nuestra vida. Nos paramos a reflexionar sobre si somos felices o simplemente respiramos. Nos preguntamos qué hay en nuestra vida que impide que nos sintamos completos. Plenos. Y qué es lo que creemos que nos falta (o nos sobra…) en ella. 

¿Y por qué a los 40? Porque lo asociamos mentalmente a ‘la mitad’ de lo que nos queda por vivir. Y si no estamos donde queremos estar, la crisis se nos echa encima porque nos hemos pasado ‘la mitad’ de la vida pasando a hurtadillas por ella. Sobreviviéndola en lugar de disfrutándola. Que para eso es para lo que nos han parido.

Y entonces, el miedo a no haber Vivido como nos gustaría tambalea todos los cimientos que nos hemos construido para mantenernos estables, seguros, controlados y permanentes. Osea, medio ‘muertos’. Porque la vida, si algo tiene es impermanencia, inestabilidad, fluidez, cambio y sorpresa. Pero estas cualidades le aterran al ser humano. Y luchan contra ellas día a día. Intentando que nada ni nadie se salga de su baldosa. De su zona de confort. De lo conocido. Por muy infeliz que esté allí y por mucho desgaste energético, físico y mental que le conlleve.

Es una oportunidad para soltar todo aquello que ya no nos pertenece. Para romper con lo que ya no nos sentimos vinculados. Para cerrar ‘por siempre jamás’ lo que ya se ha acabado. Lo que está más que finiquitado. Caducado. Y para que no se nos pudra DENTRO…

¿Que esa oportunidad está siempre ahí? Sí. No hay una fecha o una ‘luna’ perfecta para hacerlo. Pero suele coincidir con una toma de conciencia mucho mayor a cualquier otro momento. Quizás porque nos damos cuenta de que ‘se nos está pasando el arroz’ y no nos lo estamos comiendo.

En agosto cumplo 39. Y aunque llevo casi cinco años de ‘crisis’ en ‘crisis’, esta vez me ha tocado fuerte en el tema laboral que es donde mis miedos, mis heridas, mis bloqueos y mis creencias me impedían dar el salto. Una vez hecho el trabajo interno que he necesitado, la pista para iniciar un nuevo viaje se ha despejado. Me he quitado un peso, una densidad, que me mantenía atada a esa falsa comodidad que no nos permite realizar nuestros sueños. Y Ahora, ya puedo Volar…

Somos expertos en excusarnos. En justificar nuestra cobardía. En culpar. En ‘no hacer’. Nos creemos que ‘algún día’, por arte de magia, algo o alguien nos sacará de nuestra cueva. De nuestra cárcel. Nos quitará la armadura con la que nos protegemos de ‘no Sentir’ y nos salvará de nuestro adormecimiento. De nuestra apatía. De nuestra tristeza. De nuestro vacío. Y de nuestra soledad.

Y lo siento mucho por aquellos que esperáis que el milagro venga de Fuera porque no funciona así. Os podéis pasar otros 40 años de capa caída. Sin vivir. Sin amar. Y sin sentir. Pero de Verdad. Con el pecho al descubierto. Yendo a por todas. Sin medias tintas. Sin ‘por si acasos’. Sin cláusulas de exclusión. Sin paracaídas. Sin chubasqueros. Para que cuando llueva, te empapes de arriba a abajo. Desnudos. A flor de piel. Para que cuando haga sol, te quemes hasta las entrañas. Te transformes en Fuego.

Puros, transparentes, auténticos, libres y sin camuflajes que nos tapen el Corazón.

El trabajo lo tienes que hacer tú. El salto lo tienes que hacer tú. El disfraz te lo tienes que quitar tú. El MILAGRO ERES TÚ. Y hasta que no te hagas responsable de ti, de tus sombras, de tus miedos y de tu oscuridad, te seguirás perdiendo lo único que te pertenece: la vida. Tu Vida.

Nos creemos que somos inmortales. Y no nos percatamos de que la Muerte está ahí. A la vuelta de la esquina. Lo dejamos todo para ‘mañana’. Para ‘cuando esté preparado’. Para cuando deje de tener miedo. Para cuando haga buen tiempo. Para cuando los sapos bailen flamenco… Y mientras tanto, tus latidos cada vez suenan más flojo. Tu mirada ve con menos brillo. Y el olvido de quién eres y de lo que quieres, te deja marchito.

Y aparecen las depresiones. Los dolores de espalda. Las migrañas. Nuestro cuerpo se enferma de tantas emociones que no nos atrevemos a expresar. De tanta rabia que acumulamos por no hacer lo que queremos hacer. De tanta tristeza no llorada cuando era el momento. De tantas poses. De tantas caretas. De tanta ornamenta. Y nuestra Alma, de tanto no recordarla, de tanto abandonarla, se apaga. Y nosotros…. con ella.

Y seguimos preguntándonos: ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Y le echamos la culpa a las personas que nos rodean. A la crisis. Al estrés. A los políticos. A nuestros padres. A nuestros hijos. A nuestras amistades. A nuestra historia. A nuestra cultura. A nuestra educación. Y a nuestras parejas. Cuando somos nosotros los que estamos ‘no haciendo nada’ por ser felices. Por salir del pozo en el que nos hemos metido poquito a poco. Por dejar de sernos infieles. De ir en contra nuestra.

Cuando somos nosotros los que estamos eligiendo instante a instante ‘quedarnos como estamos’ por ‘miedo a’. 

Y cuanto más tiempo pasa, más grande se hace la pelota. Menos poder. Menos confianza. Más pereza. Más acojone. Y más autoboicot para seguir anclados en nuestro victimismo. En nuestro ‘síndrome de carencia’. En nuestro automatismo.

Da igual la edad que tengas. La cuestión es:

¿ESTÁS DONDE QUIERES ESTAR?

A partir de ahí, tú eliges lo que quieres hacer con las respuestas.

Yo lo tengo muy claro. Quiero ser Feliz. Pero no me basta con quererlo. También deseo SERLO. Y para serlo, tomo DECISIONES. Y, ¿cuáles son las correctas? Las que me hacen sentir Libertad y, sobretodo, Paz. Mucha Paz.

No sé si algún día seré todo lo feliz que anhelo ser. ‘Dios dirá’. Pero de lo que sí estoy segura es de que al menos habré hecho todo lo posible, todo lo que está en mi mano, por ‘hacerlo Realidad’. Y sólo por eso, ya me puedo morir tranquila… ¿Puedes decir tú lo mismo?

¿Los 40? Un continuar estancado o una nueva oportunidad para ‘Volver a Empezar’.

Depende ti. 

NO ESPERES A QUE PASE LA TORMENTA. CONVIÉRTETE EN ELLA


Aprende a bailar bajo la lluvia. Si tú no te amas, nadie te amará. No juzgues. Deja de sufrir. Sonríe. Vive el presente. Respétate. Sé valiente. No vayas de víctima. Trátate con ternura. Acepta. Perdona. Fluye. Desapégate. Suelta. Y sobretodo, sé Feliz.

Sí, vale. Pero “mientras”, ¿qué hago?

Y esto (que para mí es lo más importante), es lo que se nos olvida explicar.

El aprendizaje, de cualquier cosa, lleva su tiempo. Nos cuentan lo que es la Iluminación. La Paz. La Consciencia. El Éxtasis. El Cielo. Hasta lo que es el Amor (aunque sea a través de lo que no lo es). Nos dicen cómo llegar hasta él. Qué hay que hacer y dejar de hacer para alcanzarlo. El para qué hemos venido. Cuál es el mejor camino para caminar. Qué herramientas utilizar. Qué técnicas practicar. Qué clase de sentires sentir y qué tipo de pensamientos pensar.

Que sí. Que también. Pero “mientras”, ¿qué hago?

Creemos que ese estado de levitación físico-mental-emocional-espiritual es nuestro destino. Nuestro objetivo. Y aunque desde un punto de vista muy ‘elevado’ sí lo es, Aquí y Ahora, abajo, en la Tierra que pisan nuestros pies, con el disfraz de nuestro nombre y apellidos tan bien cosido a nuestra piel, en este lugar llamado Vida, el único propósito a lograr es VIVIR lo que me está sucediendo. Punto.

¿Cómo aprende a volar una mariposa? ¿Cómo aprende a caminar un bebé? ¿Cómo aprende a florecer una rosa? No aprende. Simplemente, lo hace. Hay una ‘fuerza’ que le lleva a realizar ese movimiento. A ‘realizarse’. Un Silencio que le indica hacia dónde dirigirse y de qué manera hacerlo. Es como si ya nacieran sabiendo. No necesitan que nadie les guíe. Les asesore. Les aconseje. Les ordene y mande. No. Lo saben sin saber que lo saben. No son conscientes de su sabiduría innata. No se preguntan ‘si por aquí o por allá’. Si tendrán éxito o fracasarán. Sencillamente, HACEN. Actúan. Accionan. Y vuelan, caminan y florecen.

Pero a nosotros nos mal-enseñan desde que nacemos (incluso antes) el quién, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué de nuestra vida. Creyendo que eso es lo correcto. Que nosotros solos no podremos (adiós al Poder) y que no estamos preparados para ello (adiós a la Confianza). Y esas supuestas enseñanzas, poquito a poco, van tapando ‘lo que ya sabemos que no sabemos’ hasta que lo dejamos de ‘ver’. Hasta que nos convertimos en unas marionetas de nuestras propias creencias. Reaccionando continuamente para conseguir lo que nos han metido en la cabeza (y en el corazón) que es lo que debemos hacer, sentir y ser (incluidas las metas espirituales): un matrimonio con hijos, un buen trabajo (buen=estable, indefinido), una casa con piscina, un status, una marca, una empresa, un físico, miles de seguidores, un estado meditativo permanente, la iluminación bla bla bla.

Y nos olvidamos de lo que queremos nosotros. De lo que de VERDAD anhelamos. Y lo olvidamos porque no somos capaces de Sentirnos porque nos dijeron que ‘sentir era peligroso’ porque alguien en alguna ocasión sufrió al hacerlo y así nos lo transmitió de generación en generación. Y el miedo tomó el control. Y desde entonces, lleva el mando y hace con nosotros lo que le da la gana. 

En SENTIR está la clave del ‘mientras’. 

La vida no se para hasta que tú aprendes a vivirla como ‘Dios manda’. La vida nunca muere. Si no, no sería vida… Está latiendo a cada instante. Ya estés riendo, llorando, meando, cagando, comiendo, follando, respirando, escribiendo, bailando, cantando o amando. No se detiene. No hay publicidad. No se toma un descanso. 

Queremos decirle a la vida cómo tiene que vivirse. ¿No te parece ridículo? Es como decirle a la nota ‘Do’ cómo tiene que sonar para que suene como ‘Do’. Cuando no puede sonar de otra manera porque YA es ‘do’. 

Pues eso mismo, hacemos con nosotros. Decirnos cómo tenemos que ser para Ser.

Que sí. Que podemos desaprender. Que podemos recordar. Pero eso no quiere decir que no estemos Siendo, sintiendo y viviendo ya.

Alguien me preguntó una vez, en una conversación sobre cuál es nuestra ‘misión’:

  • ¿Pero cómo sé si éste es mi camino? Le dije: Porque lo estás caminando. No hay otro.

Y es así de simple. El problema es que queremos el de la ‘vecina’, que es muy feliz y yo también quiero serlo. No lo aceptamos. Luchamos contra él. Y él, somos nosotros.

Otra cosa es que si hay algo en nuestra vida que no nos gusta y podemos cambiarlo, no lo hagamos por miedo. Ahí, ‘el camino’ no tiene nada que ver. Aunque esa decisión de ‘no hacer’ forme parte también de él. 

No eres un árbol, muévete.

Tu camino. Tu destino. Tu propósito. Tu misión es donde estás ahora. ¿Cómo vas a caminar por un camino que no es tuyo? Si estás ahí, es por y para algo. Quizás en este momento, no lo sepas. No seas consciente. Pero hay un sentido para todo. Y si no, echa la vista atrás y explícame cómo has llegado hasta donde estás. ¿Por casualidad…? A estas alturas, ya sabemos que las casualidades no existen. 

No esperes a que pase la tormenta. Conviértete en ella. Siéntela con todas tus fuerzas. Deja que te penetre hasta lo más hondo de tus entrañas. Que remueva todas tus heridas. Que las haga sangrar si es necesario. No pasa nada. La sangre es vida. La tormenta es vida. Tú eres vida. Tú eres la tormenta, no el bailecito que te pegas para que no te ‘moje’…

No bailes, SÉ el baile.

No cantes, SÉ la música.

No acaricies, SÉ la caricia.

No respires, SÉ la respiración.

No sonrías, SÉ la sonrisa.

No llores, SÉ las lágrimas.

No te cabrees, SÉ la ira.

No te deprimas, SÉ la tristeza.

No te emociones, SÉ la emoción.

No vivas, SÉ la Vida.

No ames, SÉ el Amor.

¿Que qué haces Mientras…? SÉ. SIENTE quién estás siendo. Ésa es tu Perfección. Ni la de ayer ni la de mañana ni la de aquel gurú ni la de ese maestro. La tuya, que es la única que te debería importar.

Porque, ¿sabes una cosa? Ignoramos cuánto va a durar la tormenta. El aprendizaje. El ‘mientras’. Así que ¡¡¡VIVE, joder, VIVE!!! Tu vida es lo único que tienes. Aprovéchala, disfrútala. Haz lo que siempre has soñado. Dile a esa persona que la Amas. Que te gusta. Que quieres quedar con ella. ¿Qué puedes perder? ¿Quedarte como estás? Arriésgate. El no ya lo tienes. No retengas más los ‘te quiero’. Besa. Abraza. Come lo que te venga en gana. Duerme bajo las estrellas. Acércate a la playa a ver cómo amanece. Y cómo atardece. Es precioso… No necesitas a nadie para sentir la Belleza que te rodea. Sólo te necesitas a ti. A tu Alma. A tu Corazón. Escúchalo. Escúchate. Siéntelo. Siéntete. 

Aunque el tiempo no exista, el tiempo pasa. Y tu nombre y apellidos, tienen fecha de caducidad.

Eres Libre. ¿No te lo Crees? Prueba a elegir. ATRÉVETE A ELEGIR.

 

MI MADRE ES ALCOHÓLICA Y NO ME AVERGÜENZO


La vergüenza es algo que los hijos de padres alcohólicos llevamos grabado en la sangre. Y si la adicta es tu madre, mucho más. Porque que beba un hombre es habitual (que no normal por mucho que se intente normalizar). Hasta puede estar socialmente bien visto. ‘Cuanto más aguanto, más macho soy’. Pero que lo haga una mujer, eso ya es otra cosa. Él puede estar solo en un bar y no pasa nada. Si lo hace Ella, ya está estigmatizada. Haga lo que haga. Forma parte de nuestras creencias. De nuestro machismo. De lo que nos han inculcado. Del aire intoxicado que flota en el ambiente y que no cesamos de respirar…

Estuve muchos años manteniéndolo en secreto. Justificándolo. Excusándolo. A mí misma. Y a ella. Adquirí, desde muy muy pequeñita, el Don de encontrar lo positivo en lo negativo. La luz en la oscuridad. El humor en la tristeza. De ver la botella medio llena aunque la otra media estuviera vacía de pena…  ¿La parte negativa de ese ‘don’? Que no me permitía sentir el dolor tan grande que produce el tener una madre alcohólica (en mi caso, ausente), con todo lo que eso conlleva. El sufrimiento se fue apoderando de mí poquito a poco. Se fue instalando en mi piel sin que yo me diera cuenta. 

No podía permitírmelo. Envolví mi corazón en una armadura. Lo tapé hasta que dejé de sentirlo. Hasta que dejé de Sentir. De sentirme. Fue mi modo de sobrevivir. Nadie me enseñó a hacerlo de otra manera.

Entre el ‘estoy acostumbrada’ y las risas con las que me disfrazaba, acabé también por normalizarlo. Pero cuando llegaba la noche, me quitaba las máscaras y le contaba mi verdad a la almohada. Que se convirtió en mi mejor amiga. La que siempre me escuchaba. A la que mis sueños contaba y con mis lágrimas empapaba.

Me pasé mucho tiempo queriendo salvarla, para salvarme a mí. Luchando contra algo que no estaba en mi mano cambiar. Algo que no aceptaba. Que rezaba para que se terminara. Pero lo único que conseguía era incrementar mi sufrimiento. Mi rechazo. Mi amor-odio hacia ella. Hacia la persona que más necesita un hijo y que no podía ocuparse de mí porque ni siquiera era capaz de ocuparse de ella. Tampoco nadie le había enseñado a lidiar con las muertes que vivió. Nadie le enseñó a gestionar la alta sensibilidad que yo he heredado. Nadie en su infancia la amó como se merecía y nadie le enseñó cómo hacerlo.

¿Cómo iba yo a reclamarle nada? Lo hacemos lo mejor que podemos y sabemos. Cuando entiendes esto, el perdón ya no es necesario.

Estuve gran parte de mi vida escondiéndome. Ocultando quién era. Renegándome. Desterrándome lejos de mi Hogar (de mi corazón). Por eso, hoy en día, la Honestidad es uno de mis valores más importantes. La verdad siempre por delante, por mucho que me pueda doler. Ya tuve demasiadas mentiras a mi alrededor y dentro de mí. Ahora, o me rodeo de gente honesta, sincera, leal y fiel (que hay pocas pero haberlas haylas) o prefiero estar sola. 

La confianza es imprescindible. Y como tengo un radar emocional para los embustes, los capto enseguida y los huelo a distancia. Sé al instante cuando alguien me está engañando. Incluso cuando ni la persona misma sabe que lo está haciendo porque ignora qué es lo que siente de verdad.

Si no hay confianza, no puede haber una relación sana. Y si no es la Paz la que reina, no la quiero. No me aporta. No me interesa. ¿Para qué?

Cuando llegas a Amarte (no voy a decir en tu totalidad porque no es mi caso, todavía…), hay cosas que no permites. Tienes muy claro lo que quieres y lo que no. Y no te da ningún miedo soltar y quedarte sola. Porque has aprendido a Tenerte. A ser autosuficiente en todos los aspectos. A sostenerte. A levantarte. Y a abrazarte. No tienes ‘necesidad de’. La Soledad no es ningún peligro para ti. La conoces muy bien. Y ella a ti también. Por eso, lo que eliges, a quién eliges, lo haces en total Libertad. Para compartir tu energía, no para que te rellenen los huecos y limpien las heridas que no te atreves a limpiar tú. Para caminar ‘al lado’, no uno delante y otro detrás. 

El alcoholismo es una enfermedad. Un adicción como tantas hay. Otro mecanismo de huida para no enfrentarnos a nuestras sombras. A nuestros miedos. Hacemos del alcohol nuestra vía de escape. Nuestro medio para sentirnos seguros. Es ese Sentir el que nos engancha, no la bebida en si. El que queremos que permanezca. Sentir el subidón. La adrenalina. El ‘soy invencible’. Acudimos a lo externo para pillar un buen ‘ciego’ que no nos deje ver todo lo interno que nos produce tantas náuseas. Y acabamos vomitando todo lo que nos hemos tragado. Pero nuestras tripas, lo que nos las revuelve de verdad, sigue ahí. Y seguirá ahí hasta que lo miremos de frente y nos responsabilicemos de ello en lugar de ir de víctimas y culpar a ‘los otros’ de su existencia.

Antes de publicar este artículo, he pedido permiso a mi madre para hacerlo. Por respeto a ella y a su intimidad. A mi no me supone ningún problema porque como he comentado antes, no me escondo ya de nada. Pero me consta que es un tema muy tabú todavía y que es hora de que deje de serlo. Que somos muchos los ‘hijos de alcohólicos’. Que los secretos te matan poco a poco por dentro. Y que hasta que no los haces visibles, no te puedes desprender y desencadenar de ellos. Y esa mochila, pesa mucho…

Sé que es un decisión muy personal pero imagínate que eso que ocultas (sea lo que sea) pudieras expresarlo en voz alta sin que nadie te juzgara (principalmente tú mismo). ¿Cómo te sentirías? Yo, libre. Cada vez que lo hago.

He pasado de ser una dependiente emocional (la misma adicción que tiene mi madre por el alcohol la tenía yo por el Amor) a una persona independiente, en todos los aspectos de mi vida. No voy a decir que lo tenga todo ‘resuelto’ porque seguramente mentiría. Pero en estos momentos, así me siento. 

Ha sido un proceso de cuatro años y medio de sanación muy profunda. Un viaje hacia mi felicidad. Hacia mi libertad personal. De autonocimiento y autoreconocimiento. De empoderamiento. De soltar infinidad de creencias. De abrir ese Corazón que olvidé que latía. De reaprender a sentir. A amar. A Ser. Y a vivir de verdad. De respetar mis ‘secuelas’. De llorar y reír con ellas. De permitirme no ser perfecta. Y que los demás, tampoco lo sean. Y sigo en ello. Pero ahora, desde otro lugar mucho más consciente. Más silencioso. Más armonioso. Donde acoger todos los miedos que puedan ir apareciendo. Intentando que mi exigencia y mi dureza no se lleven por delante a mi compasión. Y teniendo muy claro que he nacido para gozar, para disfrutar y para Amar. Y no para pasarme la vida regodeándome en mi pasado, en mi posible futuro y en todo aquello que pudo ser pero no ha sido.

Nadie me ha regalado nada. Nadie ha dado los pasos por mí. Nadie me ha sacado de mi pozo. Y nadie ha decidido por mí que QUIERO SER Y SENTIRME FELIZ. Todo, absolutamente todo, lo he hecho yo solita. Porque nadie puede hacerlo por ti. Y si yo he podido, si yo puedo, TÚ TAMBIÉN PUEDES. Confía en ti. Cree en ti.

MI MADRE ES ALCOHÓLICA, LA AMO Y NO ME AVERGÜENZO

Así. Bien alto. Y con la cabeza, igual de alta. 

MIEDO AL CAMBIO. MIEDO A SER QUIEN SOY


“La gente no puede descubrir nuevas tierras

hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla”

-André Gide-

¿Y sabes cuáles son esas nuevas tierras? Trocitos de tu Alma que unidos se convierten en esa Felicidad, esa Paz, esa Plenitud que tanto anhelas.

Un cambio sin miedo, no es un cambio de verdad. El miedo nos refleja una creencia que tenemos arraigada. Y el hecho de superarlo, de no dejarnos vencer por él, hace que la desenmascaremos. Que la saquemos a la luz. Que la iluminemos. Y a otra cosa… mariposa.

La Vida es cambio. Nosotros somos Vida. Nosotros somos cambio. Constante. Es lo único permanente que existe. Nuestra piel muere un poco cada día. Nuestras neuronas. Nuestras células. Nuestras emociones vienen y van. Nuestros pensamientos chocan entre si constantemente. Rompiéndose en mil pedazos más. Y éstos, en otros tantos…

Nacemos. Crecemos. Nos reproducimos (o lo intentamos muchas veces…). Y morimos. Y volvemos a nacer. Y de nuevo, a morir. Cambio. Siempre cambio.

Nos aterra soltar la seguridad. La estabilidad. El control. Nos da miedo que podamos sufrir cuando ya lo estamos haciendo impidiendo que las cosas ‘se den’. Fluyan. Sean. Se experimenten. VIVAN. 

¿No es absurdo sufrir porque no queremos sufrir…?

Cuando lo que tenemos se ha acabado (pareja, amante, amistad, trabajo…) pueden pasar dos cosas. O que iniciemos el proceso de Soltar. Donde habrá molestia, dolor e incertidumbre. La cantidad dependerá de con cuánta fuerza lo agarremos. De nuestra resistencia a dejarlo volar… Y la segunda, que nos quedemos como estamos. De esta última derivan otras dos opciones:

1. ACEPTAR la decisión que hemos tomado (porque el miedo nos supera) y no ‘sufrir’ pero tampoco llegar nunca a ser feliz,

o 2. No aceptarla y pasarnos los minutos quejándonos de lo ‘acabado’, escupiendo culpas a diestro y siniestro, criticando, dramatizando, disfrazándonos de víctima o de agresor (dependiendo del pie con el que nos levantemos), envidiando a los que se han atrevido y entrando en una espiral de tristeza, desesperación, desconexión de nosotros mismos, de vacío y de sufrimiento que irá in crescendo a medida que pase el tiempo.

Conclusión: SOLTAR es lo menos dificultoso, lo que menos te dolerá, con lo que menos sufrirás y lo que te llevará a SER quien eres de verdad.

El MIEDO AL CAMBIO se alimenta de la ignorancia del futuro. ¿Y si no sale bien? ¿Y si no encuentro a nadie que me quiera? ¿Y si me estampo de narices contra mi osadía? ¿Y si pierdo? ¿Y si fracaso? ¿Y si no puedo yo sola? Y si.. y si… y si… Mañana, mañana, mañana.

Cuando tu mente sabe que tu deseo es salir de dónde estás, que ya no puedes aguantar más, que tienes claro que la etapa ha finalizado, entonces es cuando te ataca con todas sus armas. Con todos sus ‘y sis’. Da la orden a cada una de tus heridas de que se abran a horcajadas. Para que hasta tus entrañas puedan sentirlas. Y las retuerce para que abandones. Para que te lo quites de la cabeza. Te llena de excusas. De autojustificaciones. Te boicotea. Para que no ACTÚES. Para que te quedes paralizada. Sin saber hacia dónde ir. Sin saber hacia dónde caminar.

Obsérvala. Obsérvate. No te la creas. No te creas nada de lo que te dice. De lo que te dices. No es real. ESO no eres tú. 

Es cuestión de Parar un momento. Respirar hondo. Aquietarte. Desenmascarar tus propias mentiras. Y seguir ADELANTE. 

Yo he hecho decenas de cambios a lo largo de mi vida (y los que me quedan…). En todos, he pasado miedo. En todos, ha habido instantes de agobio, de ansiedad, de ‘qué será de mí’. Y una vez hecho el salto… ‘pues tampoco era para tanto’. No era para tanto, porque todo era una película que ni siquiera se había llegado a estrenar.

Los cambios son fáciles. Somos nosotros, con nuestras ‘comidas de olla’ los que los complicamos tanto. 

Somos Humanos. Estamos aprendiendo a amar, a vivir, a sentir. CREEMOS que hay un camino diferente, MEJOR, lleno de ángeles en lugar de piedras. Y que donde estamos es un ‘error de imprenta’. No es cierto. Nuestro camino es el que YA estamos caminando. Nuestra Vida es la que estamos AQUÍ Y AHORA viviendo.

¿No te gusta? CAMBIA. ¿Te gusta? Sigue igual. 

Pero lo de HACER no se nos da bien. Preferimos que los otros hagan por nosotros. Que el camino nos camine. Que los zapatos nos paseen. Que el árbol sea el que se mueve. Que el Cielo… nos caiga del cielo…

Pues lo siento, pero no funciona así. Si lo que quieres es ser feliz, claro. Si te es indiferente, pues quédate como estás. Ante todo, Libertad.

Las fórmulas mágicas externas no existen. No se las compres a nadie porque es un fraude. Intentarán timarte en cuanto vean tu cara de ‘falta de responsabilidad’. De desesperación. Pero en el fondo, sabes cuál es la verdad. Tu Verdad. Por mucho que procuremos taparla con apósitos de falsedad, hace tanto ruido que en cuanto nos despistamos un segundo nos ha ensordecido ‘la razón’. 

Así que como siempre, Tú Eliges. 

Yo decido saltar que ya me aburre tanta zona de confort.

¿Me acompañas…?

EL MIEDO DESAPARECE CUANDO LO HACEMOS REALIDAD


Tengo Miedo. Unos cuantos. Algunos los veo. Otros están ocultos. De momento… 

Y también soy valiente. Muy valiente. ¿Por qué? Porque aunque los he tenido, los tengo y los tendré, no pueden conmigo. Me conoce muy bien, sí. Pero yo también a Él. Y lo sabe. Y sabemos que nos sabemos.

Sabe que en cuento le pille, tarde o temprano va a desaparecer. Sabe que nací para Vivir. A tope. Sin cadenas. Sin ‘por si acasos’. Sin prisiones. Sabe que necesito respirar Libertad y que si no lo hago, me ahogo. Sabe que el AMOR es mi prioridad. Que si no Amo, me pierdo. Me apago. Me muero… Sabe que tengo sueños. Anhelos. Y que no estoy Aquí para irme como he venido. Para quedarme en la retaguardia. En segunda fila. Para caminar entre bambalinas. No. Para nada…

Vine para despertar a esos sueños. Para dejar de echar de menos a esos anhelos. Para cumplir lo que me prometí. Lo que a ‘Dios puse por testigo’. Para SER…. y además Feliz.

El Miedo sólo intenta protegernos de aquello que alguna vez nos hizo sufrir. Es una bombilla que se enciende para avisarnos de que tengamos cuidado. De que por ahí ya hemos pasado. Es el recuerdo de las piedras con las que hemos tropezado. Como el Padre Guardián, que lo único que desea es que a sus hijos nada ni nadie les haga daño. Hijos a los que metería dentro de una burbuja para no ser tocados. Ni siquiera rozados. Pero no es un Padre Consciente. E ignora que el Amor también está ahí fuera. Y que si no puedes ‘salir de casa’, no puedes experimentar nada. Ni ‘bueno’ ni ‘malo’. Y que si no experimentas, no aprendes. Y si no aprendes, no cambias. Y si no cambias, te quedas como estás. Y si te quedas como estás, no pasarás de curso y la lección se repetirá una y otra vez más.

La Vida no es más que una gran Escuela llena de alumnos que son Maestros que no saben lo que Son.

El Miedo no es el enemigo. El problema es que nos Creemos todo lo que nos dice. Todo lo que nos cuenta. Sus fantasías, sus ‘presunciones de culpabilidad’, sus espejismos, sus teatrillos. Y entonces es cuando nos quedamos parados, bloqueados, aislados, encerrados en esa burbuja de tutela. Sin permitir que nadie nos quiera y permitiendo que nuestros Sueños sigan siendo sueños y no Realidad.

Y cuanto más tiempo dejamos pasar, más grande se hace esa burbuja y más cuesta arriba el traspasarla. 

Pero, ¿sabes? La película que la envuelve es muy muy fina. Tanto, que sólo hace falta un pestañeo de fuerza, de confianza y de Poder, para hacerla desaparecer. Y con ella, la nube que nos ciega.

He tenido que realizar infinitos pestañeos a lo largo de mi Vida. Y sigo en ello. Y seguiré en ello. Pero no me importa. No me importa ser Humana. No me importa sentirme vulnerable. No me importa que ese vértigo al vacío tambalee toda mi estabilidad, todo mi control y toda mi seguridad. No me importa que la soledad me visite de vez en cuando y de cuando en vez. No me importa caerme. No me importa llorar. No me importa que me duela. No me importa ‘fracasar’.

Pero lo que sí me importa, y mucho, es ver el tiempo (que aunque sea eterno, no lo es y en cuanto menos te lo esperas ya se ha finiquitado), ver pasar la Vida, a través de una ventanilla. De una reja que yo misma he construido. Permanecer siempre en las estaciones en lugar de subirme a los trenes. CONFORMARME (que no tiene nada que ver con Aceptar) con lo que Creo que soy en lugar de ‘ir a por todas’. En lugar de ir a por ‘ser quien Soy y quien puedo llegar a ser’. Me importa quedarme a medias. Me importa no llegar a hacer todo lo que puedo hacer. Eso sí que sería un fracaso. Una enorme frustración. Mi mayor decepción para conmigo.

La buena noticia es que nuestra felicidad solamente depende de nosotros. De afrontar esos miedos que nos paralizan. Que nos llenan de ansiedad. Que no nos dejan dormir en Paz. 

Es cuestión de Actuar. De Hacer. De Soltar. Y nadie lo puede hacer por ti. Ni por mi. Ni tú lo puedes hacer por otros. Cada uno somos RESPONSABLES de nuestras decisiones. De nuestra forma de vivir. A la única persona que podemos y debemos cambiar es a nosotros mismos. E igual que a ti te gusta que te respeten, también tienes que respetar tú el proceso de los demás.

‘Años a’ quería Salvar. Tenía necesidad de Salvar (para no sufrir yo, claro). El papel de salvadora desgasta mucho. Primero, porque nunca consigues tu objetivo ya que no depende de ti. Y segundo, porque supone un desgaste energético, físico, mental, emocional y espiritual enorme. Así que un día, por mi propia salud, dejé de hacerlo y decidí ‘salvarme’ a mí. Y cuando miré Dentro, entendí por qué me había estado escapando tanto Fuera. No sabía ni por dónde empezar. 

Así que todos aquellos que sois fans de ‘Salvados’, daros una vuelta por vuestro interior. A ver qué encontráis. Eres tú el que te necesita, no el otro (sea quien sea). Eres tú el que te está reclamando, no el otro… Es a ti a quien te tienes que Amar, no al otro. 

El Miedo no desaparece cuando lo ignoramos. El Miedo desaparece cuando lo hacemos Realidad. Porque al final, la Realidad… siempre supera a la Ficción.

Confía en ti. Puedes hacerlo. Todos podemos hacerlo. La pregunta es: ¿QUIERES?

TÚ ELIGES.

LO QUE DE VERDAD IMPORTA


¿Qué es lo que de verdad importa? 

Hay historias de Amor que pueden cambiar el Mundo: las que tenemos con nosotros mismos. 

La mayoría de personas a las que realizo consultas llevan ya un bagaje de crecimiento personal. De años de búsqueda, de realización de cursos, talleres etc. Los que estamos metidos de lleno en este camino, nos hemos paseado por diferentes corrientes, enseñanzas, donde cada una explora una realidad distinta, una manera de ver, interpretar la vida diferente aunque con la misma finalidad: la paz interior y la felicidad.

Tanta información para nuestra mente, tanto conocimiento, te puede crear un caos y no saber por dónde tirar. Te transformas en un ovillo. Te quedas hecha un lío con tanto hilo mezclándose entre si. Por una parte todo es perfecto, nosotros somos perfectos, nada está mal, tenemos que aceptar, amar incondicionalmente, dejar de buscar y empezar a encontrar, rendirnos, parar, todo lo que sentimos es nuestro, el otro sólo nos lo refleja, es la mente la que nos genera sufrimiento….. Y por otra, debemos ser la mejor versión de nosotros (con lo que ya no somos perfectos), encontrar nuestra misión de vida, un trabajo que nos llene (requiere una búsqueda), sanar nuestra historia familiar, nuestras bloqueos, nuestras heridas (implica que la mente, en el ahora, no genera todo el sufrimiento) etc etc etc.

Toda esa mezcla, que puede parecer contradictoria, hace que nos perdamos más de lo que ya estamos si no sabemos gestionarla y poner cada información en el lugar que le corresponde. Una cosa es que yo pueda ser consciente, saber, que donde estoy es el único sitio en el que puedo estar, que lo que soy y siento es lo único que puedo ser en este momento, y otra que utilice eso para no hacerme responsable de mi vida. Y con vida me refiero a ser independiente a nivel laboral, emocional, mental y espiritual (que nada en mí dependa de otros). Si no lo soy, no puedo ser libre. Y sin libertad… no puede haber paz. 

Nos llenamos de excusas para no hacer, para no actuar, para no enfrentarnos a los miedos que sabemos que tenemos (luego están los que no sabemos pero que también están y que salen cuando hemos iluminado los otros), para culpar a los demás, para victimizarnos, para no soltar. Vivimos acojonados, permitiendo que el acojone nos acojone y seguimos preguntándonos por qué no somos felices. Por qué todo sigue igual. 

Pues todo sigue igual porque tú no cambias. Porque esperas que te caiga del cielo la salvación cuando la única que te puedes salvar (de ti) eres tú. Porque pretendes que el camino camine por ti. Porque no eres capaz de dar el primer paso. Porque en lugar de escucharte, te recitas monólogos interminables. Porque en lugar de observarte, te juzgas y ni siquiera te das cuenta de ello. Porque te Crees todo lo que lees, lo que ves y lo que te cuentan ‘los maestros’ (cesión de poder) sin ponerlo en duda. Porque no confías en ti. Porque no te conoces. Porque te ocultas en el ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’. Porque te escudas en el Dentro para no tomar decisiones en el Fuera, cuando las decisiones de Fuera provienen siempre de Dentro. Y principalmente, porque no te Amas nada de nada, que es LO QUE DE VERDAD IMPORTA.

Se produce una desconexión entre tu parte espiritual (tu ser, tu esencia, tu Alma) y tu parte humana, terrenal. No sabes convivir con ellas a la vez. Y aquí está la cuestión. En unirlas. Mi Ser es perfecto, sí. Pero también soy Emma. Con mis inquietudes, mis anhelos, mis pasiones, mis deseos, mis preferencias, mis aficiones, mis sueños, mi personalidad, mi manera de sentir, de pensar, mis gustos, mis virtudes, mis defectos, mis sombras, mis luces, mi dualidad. Mi individualidad. Si me olvido de esa parte de mí, si no le hago caso, si la ignoro, si la abandono, jamás me sentiré plena, completa.

Yo soy el SER. El SER ya ES. El SER ya AMA. El SER es Amor. El SER no necesita evolucionar porque ya está evolucionado. Ya lo sabe todo. Él es el Todo. Pero Emma, sí. Emma es la alumna. Emma es la que experimenta. La que llora. La que ríe. La que se emociona. La que a veces no se quiere, tiene miedo, se huye y no se acepta. Es la que está aprendiendo a Amar.

Somos las dos cosas. Orugas y mariposas a la vez. Y cuando sentimos en igual medida tanto la una como la otra, podemos desubicarnos. Es normal. Y no pasa nada. Es cuestión de tomar conciencia y volver a centrarnos. A encontrar ese punto medio entre volarnos… y enterrarnos… Ésa es la Unidad a alcanzar. La Unidad interna. El equilibrio entre todas nuestras partes. Entre todos los cuerpos que nos forman. Sin olvidarnos de ninguno. 

Lo llaman llevar el Cielo a la Tierra.

Todas las respuestas están en ti. Ya las sabes. Sólo tienes que descubrirlas. Poco a poco. No hay prisa. La Vida te da siempre lo que necesitas para averiguarlas. Hay que saber esperar pero también hay que saber actuar. Y quizás necesitamos tocar fondo para poder hacerlo. Para elevarnos. Para movernos. Vale. Hagámoslo. Toquemos fondo. Hartémonos de sufrir. De enfermar. De sobrevivir. Hasta que el miedo ya no nos venza. Hasta que nuestras ganas de vivir, de amar, sean superiores a las de ‘morir’.

Aquí, Ahora, mirándote al espejo. Echándole un ojo a cómo es tu vida y qué hay en ella (interna y externamente). Siendo honesta:

¿QUÉ ES LO QUE DE VERDAD TE IMPORTA? 

Enamórate de ti. HAZ de tu vida ‘el amor de tu vida’. Hay historias de Amor que pueden cambiar el mundo. Tu mundo.

Tú decides.

TANTRA: EL DESNUDO EMOCIONAL


¿Qué es para mí el Tantra? La más absoluta y profunda desnudez emocional que puedas realizar. 

No me gustan las etiquetas. Las doctrinas. Las ‘formas-estilos’ de vida. Creo que el encasillarse en ‘algo’ no permite que evoluciones, que te descubras, que te sorprendas. Tu mente te atrapa en eso y no te deja ver nuevas realidades. Y sin una vista de Halcón…, la Vida puede quedarse en algo muy limitado. Con poca libertad de acción. De disfrute. Y de elección.

Cuando te cierras a un modelo, sólo te estás abriendo a tener experiencias relacionadas con ese modelo. Y podemos caer en la trampa de Creer que lo ‘nuestro’ es lo mejor. Y que el resto… están equivocados. Que no son los correctos. Y los juzgamos. Y nos creemos superiores. Más conscientes. Más espirituales. Más ‘en todo’.

En mi Mundo habitan muchos mundos. Y a la única persona que sigo es a mí. No me da tiempo de poner en un altar a nadie más. Con saber quién soy y dónde estoy yo, te aseguro que tengo más que suficiente. 

Conocí el Tantra hará unos tres años. He realizado unos cuantos talleres relacionados con él, con diferentes profesionales, sesiones individuales, un viaje, sanaciones sexuales… De todo un poco y mucho más. Y me ha ayudado (y sigue haciéndolo) mucho en mi autoconocimiento, en la sanación de mis heridas, en el Recuerdo de lo que es el AMOR.

No me considero tántrica, igual que no me considero mujer ni catalana ni enfermera ni lesbiana ni ningún concepto que pueda definirme de alguna manera. Lo soy todo y no soy nada a la vez. Me puedo llamar así, pero no soy eso. Porque si me lo Creo, si me identifico con cualquiera de esos nombres, me ‘muero’. La Existencia, la Vida, tú, yo, no puede ser descrita, expresada con palabras. Con letras. Porque cualquier intento de ello, la desvirtúa. La corrompe. La desmerece. La falsifica y la estropea. Le arrebata todo su Sentido que sólo puede ser sentido y entendido a través del Corazón.

¿Qué es el Amor? No se puede explicar. Y por muy bien que te expliques, jamás, jamás, jamás… podrás llegar a transmitirlo tal cual es.

Con el Tantra pasa lo mismo. PARA MÍ (y lo pongo en mayúsculas), no tiene nada que ver con el sexo. Ni con aprender una técnica de respiración. O con subir la energía sexual. No son posturas para obtener más placer. O para tardar más en correrte. O para no eyacular. No tiene nada que ver con los cuerpos. Ni con los masajes. Ni con el Yoni, el Lingam o Amrita. Ni con Shiva ni con Shakti.  Ni con el mirarte fíjamente a los ojos. Ni con los orgasmos. Ni con lo femenino ni con lo masculino. Ésta es su parte más ‘superficial’. Si le quitamos todo eso, el Tantra seguirá existiendo. Seguirá SIENDO. Así que ésa, no es su verdad.

Es algo mucho más profundo. Mucho más íntimo. El Tantra te toca el Alma, no la piel. Es una desnudez emocional, no corporal. Es Hacer el Amor, no echar un polvo. Es Verte, no mirarte. Es escucharte, no oírte. No es sentarte en posición de loto, cantar un ohm y dejar la mente en blanco. Es MEDITAR, sin el ‘cómo’. Es la infinita y eterna Presencia del Silencio. De aquello que es imposible callar.

Para poder Tantrear… con alguien, antes tienes que haberlo hecho contigo. Antes tienes que haberte atrevido a abrazar tus sombras. A mirarlas de frente. A no huirlas. A ACEPTAR todos tus miedos. Llorar todas tus lágrimas. A SENTIR todo lo que has sido, lo que eres y lo que puedes llegar a ser. Sobretodo, lo que no te gusta. Lo que rechazas. Lo que más escondes. Lo que más te aterra de ti. 

Si no te amas a ti en tu totalidad, si no te haces el amor a ti, no se lo puedes hacer a nadie. Porque sino, en cuanto aparezca un dolor en el otro, no sabrás cómo sostenerlo. Cómo gestionarlo. Cómo Acariciarlo… Y lo único que pretenderás, será que desaparezca lo antes posible para que no te recuerde todo aquello a lo que no te has enfrentado tú. Todo lo que has encerrado en el cajón de tus secretos. En tu cuarto oscuro. 

Por eso hay tan pocas personas que hacen el Amor. Porque para ello es necesario abrirse a tu vulnerabilidad. A Sentir lo que surja. Sin juicios, sin condenas. A llorar si hay que llorar. A que te duela. A que te desgarres por dentro. A no controlar. A lo desconocido. Abrirse a esa intensidad llamada Vida que no soportamos porque nos hemos acostumbrado a latir con la mente, en lugar de con el Corazón. 

Y sin esa conexión, primero contigo y luego con el otro, no hay Verdad. No hay un Amor Real. Hay máscaras. Hay muros. Protecciones. Corazas con las que ni te conoces ni te pueden conocer. Y todos sabemos de qué estoy hablando. Hay mucho miedo a comunicarse. A expresarse. A sentirse con el pecho al descubierto. Hay mucho miedo a sufrir. Y lo entiendo. Yo he pasado por eso. Estoy pasando por eso. ¿Pero sabes qué es lo que me daba (me da) más miedo? No Amar como sé que podría haber amado. No vivir cómo sé que podría haber vivido. ‘Dejar de hacer’ por ‘miedo a’. Y que en mi último día, me arrepintiera de todo ello. 

Por eso comprendo que haya tanta gente ‘adicta’ al Tantra. A sus cursos. A sus talleres. Porque ahí, nadie (casi…) se esconde. Y te sientes libre para sentirte… como te estás sintiendo. Y las relaciones que se establecen, son desde ese anhelo a conectar contigo, con tu Alma. Aunque parezca que sea con la del otro. Y este tipo de relaciones, no suele encontrarse ‘en la calle’ porque casi nadie es tan honesto, tan valiente, como para dejarse ‘penetrar’ el Alma. Pero si eso no lo llevas a tu día a día, contigo, con todo lo que te rodea, el Tantra se convertirá en una distracción más. En una ‘droga’ más que únicamente utilizarás para evadirte de tu realidad. Para escaparte de tus temores. Para no tomar decisiones. Para no hacerte responsable de tu vida. Para buscar el amor fuera en lugar de dentro. O simplemente, para echar un polvo. 

Es como pretender que una meditación de 5, 10, o 15 minutos al día puede realizar algún cambio en ti. Cuando la meditación Real, es la que llevas contigo las 24 horas. Es la consciencia con la que caminas (aunque estés parado). Tú eres la meditación, no la técnica que te han enseñado ‘para’.

AMO el Tantra. Pero no el que viene en los libros. No el que se practica. No el que se lee. No el que se aprende ni el que se enseña. Sino el que se SIENTE. El que te desnuda emocionalmente. Y eso, sólo lo puedes hacer tú. Es una decisión que debes tomar. La decisión de querer Vivir sin miedo a Amar. Y cuando lo haces, cuando has experimentado lo que es ir ‘más allá’ de la piel, del sexo, ‘de lo que se puede explicar’, es imposible volver atrás.

Y ya no te conformas con medias tintas. Ni con personas que sienten, viven y aman a medias (tú incluida). Y vas a por todas, aunque te tengas que quedar sin ninguna. Y es cuando te quitas todos los disfraces que llevas, los tiras a la basura y te dices: ¡Que sea lo que Dios quiera! Aunque te cagues de miedo. Aunque te tiemblen las piernas. 

Y si me caigo, ya me levantaré. Y si me pierdo, ya me encontraré. Pero no quiero pasar por aquí de puntillas sin haber experimentado lo que es Amar sin medida.

No quiero, joder. NO QUIERO…

¿Y tú? ¿Cómo quieres Vivir?

 (Nunca es tarde para hacerlo…)

LA ADICCIÓN A LA SOLEDAD TE ALEJA DEL AMOR


La Soledad elegida puede resultar muy adictiva.

Hace 4 años y medio, después de otros tantos de bastante sufrimiento, hice un cambio de vida drástico. Dejé atrás las noches de fiesta, de afters, de seducciones bañadas en alcohol, de resacas físicas y emocionales, de inconsciencia, de relaciones que me dañaban y de la búsqueda de lo que ni siquiera sabía qué era.

Y empecé un camino (en el que aún sigo) de autoconocimiento, de ‘día’, de encuentro, de conexión con mi Alma, de aprendizaje, de recuerdo de quién soy, de observación, de silencio, de autonomía, de independencia y de poder interior. Un Regreso a Mi. Un Regreso al Amor.

Desde entonces, he descubierto la magia de Vida, la potencia de la Luna, lo que es la espiritualidad, la Luz que nos envuelve, la energía que nos Une, la vibración que emitimos, la bruja que llevo dentro, los animales que me protegen, los dones que me fueron dados y las Alas con las que hacerme Volar.

Ha sido un recorrido muy solitario aunque estuviera acompañada. Ha sido un continuo Soltar. Soltar amistades, soltar trabajos, soltar casas, soltar creencias, soltar mochilas, soltar cargas, soltar perspectivas, soltar miedos, soltar risas y soltar muchas lágrimas que estaban encarceladas.

Pero también he recogido otras tantas cosas que ni siquiera sabía que existían porque mi Corazón estaba muy muy tapado. He recogido Compasión, seguridad, valentía, autoestima, humildad, perdón, libertad, empatia. Y sobretodo, me he re-Cogido a mí, que era lo que más me faltaba…

Y en este proceso, llegó un momento en que me enamoré de la Soledad. Aprendí a dármelo todo yo misma. A viajar sola. A comer sola. Dormir sola. Entretenerme sola. Cantar sola. Bailar sola. Tener orgasmos sola. A reír sola y a llorar sola. Si necesitaba algún consejo, la primera persona que me venía (y me viene) era Yo. Para escucharme, acudía a mis oídos. Para abrazarme, a mi piel. Para guiarme, a mi Alma. Para Sentirme, a mi Ser. Me fui tanto tan aDentro, que de tanto encontrarme me perdí en ‘MI’.

Sé que ha sido necesario esta especie de retiro. Necesitaba sanar muchas heridas, muchas historias, muchos abandonos, muchas culpas. Necesitaba Verme. Estarme. Descubrirme. Silenciarme. Recordarme. Y Amarme. Amarme. Amarme.

Hasta que llegó un momento (que es mi Ahora) que tanta Soledad me empezó a pesar. Hasta que todo ese Amor que me había ‘sembrado’, creció demasiado. No sufría, no era infeliz, pero tampoco me sentía Viva. Y mi propia compañía ya no era suficiente para Él. Me pedía que lo compartiera. Que lo diera. Me salía a chorros por cada poro de mi piel y no tenía a ‘nadie’ a quien ofrecérselo porque CREÍA que si me lo quedaba todo para mí, nada me podría dañar. Sería imbatible. Invencible.

Pero lo que no sabía era que el AMOR implica generosidad, no avaricia. Y que, aparte de uno mismo, necesita del ‘otro’ para poder seguir respirando. Para poder Ser. Para poder Sentir. Para poder AMAR. Y para poder Vivir.

Quise amarme tanto que dejé de amar a los demás. Había un miedo muy bien encubierto. Miedo a desaparecer en el otro. A que todo lo que había conseguido, se evaporara en un suspiro. Miedo a perder mi intimidad. Mi Paz. Miedo al éxito. Miedo a brillar. 

El Universo me dio lo que mi inconsciente le pedía y la vida me dejó ‘completamente’ a solas. Para que tocara el fondo de la Soledad y no me quedara más remedio que volver a salir a la Realidad. El proceso ha llegado a su Fin. Todo tiene su tiempo y nada sucede por casualidad. Hay una Razón, que no entiende de razones, que nos lleva a experimentar lo que es mejor para nosotros. Lo que necesitamos para recorrer el camino que nos hemos marcado. Cada uno el suyo. 

La experiencia me ha enseñado que es tan importante saber estar con uno mismo como con los demás. Las dos son imprescindibles. Los dos espacios son necesarios. Uno nos conecta con nuestra Esencia, con el Cielo, y el otro con la Vida misma, con la Tierra, con la Humanidad.

No somos sólo Seres. También somos Humanos. Hace 4 años y medio dejé a un lado lo segundo para poder enfocarme en lo primero. Recordé de dónde era pero casi me olvido de dónde estoy.

La Soledad bien llevada… crea un vínculo muy muy fuerte con uno mismo. Esperaba que apareciera ‘alguien’ que lo igualara. Para así abrirme a ese alguien. Pero nadie lo hacía. Y es que nadie podrá hacerlo jamás. Nadie puede hacerme sentir como me siento yo cuando estoy conmigo. La única persona capaz de hacerlo soy yo. Pero lo que sí hay son personas que me sumen. Que me impulsen. Que me potencien. Que me activen. Que me reflejen. Que me fomenten. Que sacudan el polvo de mis creencias. Que me acompañen. Que me amen y que me permitan amarlas. Sabiendo que ninguna de ellas podrá ser Yo, ni yo Ellas, pero que “JUNTAS SOMOS MÁS FUERTES.”

El AMOR no se puede retener. Tiene que fluir. De Dentro hacia Fuera y de Fuera hacia Dentro. Si cortas una parte, lo ahogas. Y a ti, con él.

EQUILIBRIO. SIEMPRE EQUILIBRIO.

CONTROL: EL ÍNTIMO AMIGO DEL MIEDO


Una pregunta, ¿para qué quieres controlar?

Detrás del deseo de controlar, hay miedo. Mucho miedo. Da igual ‘a qué’. La raíz es la misma para todos. Queremos controlar las emociones, los orgasmos, las eyaculaciones, a nuestra familia, a nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestros animales (que no son de nadie…), a nuestros sueños, la alimentación, el peso, las arrugas, el tiempo, las palabras, los pensamientos. Y hasta a la mismísima Naturaleza.

Somos seres vivos muertos… de miedo. Miedo a que ‘vuelva a pasar’, a que nos abandonen, al dolor, al sufrimiento, a la muerte, a la vida, al amor, a la soledad. Miedo a ser como nuestro padre o como nuestra madre. A repetir patrones. A convertirnos en soñadores durmientes… A ser los herederos de una historia para olvidar. Miedo. Siempre miedo. 

Pero, aunque pudiera parecerlo, el miedo no es el ‘problema’, sino la Inconsciencia que tenemos sobre él. Porque cuando SABES cuáles son tus miedos puedes elegir quitarles el poder que tienen sobre ti o seguir siendo su titiritero, con lo que te pasarás la vida REACCIONANDO a él (que se te presentará a través del otro). Cualquiera de las dos opciones es válida. Ninguna es mejor o peor que la otra. Hay libertad. No hay ignorancia. Lo de ‘bueno’ y ‘malo’ sólo es un juicio. No es la Verdad.

Yo me he pasado prácticamente todos mis 38 años queriendo ‘controlar’. Para evitar sorpresas. Para huir de los desconocido. De lo inestable. De la inseguridad. De la impermanencia. Para que nada se desbordara. Ni fuera ni dentro. Para que nada se me escapara de las manos. Y lo único que logré que se me escapara fue la Vida.

La Vida. Esa Eterna desconocida. A la que enjaulamos en un espacio y en un tiempo inexistente. La que vestimos de pasado y de futuro cuando sólo es Presente. La que nos está brindando cada segundo la paz, la belleza, el goce y el Amor que tanto anhelamos. Que tanto buscamos. 

La que nunca se detiene. La que ni va lenta ni deprisa. La que nos habla a través del viento, de la lluvia, de los amaneceres y de las noches oscuras. La que nos abriga con sus latidos. La que nos hace danzar al son de sus días. 

Y nosotros, los humanos, diciéndole, ordenándole a grito pelao cómo tiene que respirar. Cómo tiene que cantar. Cómo tiene que hablar. Cómo tiene que jugar. Cómo tiene que reír. Cómo tiene que llorar. Cómo tiene que escribir. Cómo tiene que fluir. Cómo tiene que observar. Cómo tiene que Ver. Cómo tiene que comer. Cómo tiene que beber. Cómo tiene que caminar. Cómo tiene que correr. Cómo tiene que volar. Cómo tiene que sanar. Cómo tiene que Sentir. Que Vivir. Que Amar. Que gemir. Y que follar.

Como si nos fuera a hacer caso. Como si ‘el control’ fuera su lenguaje universal. Como si fuésemos alguien a quien obedecer. A quien ‘seguir’. A quien admirar. Nosotros, los humanos. Los que ni siquiera sabemos que no sabemos nada. Los que vamos por el mundo dando lecciones de lo que aún no hemos aprendido. Los que no tenemos ni idea de escuchar. Los que no nos atrevemos ni a Abrazar.

LARGA VIDA a los orgasmos descontrolados. A las eyaculaciones precoces. A los besos no solicitados. A los ‘te quiero’ no planificados. A los polvos de cinco minutos en el sofá, en el coche o en el baño. A los sudores ardientes. A las caricias sin venir a cuento. A las masturbaciones, con pilas o sin ellas. Ácidas o alcalinas. A las risas que te parten el Alma. A las miradas impertinentes. Y a las lágrimas desbordadas. 

LARGA VIDA a desaparecer…, a deshacerte Haciendo el Amor sin medida. Sin contratos. Sin compromisos o con todos ellos. Sin reclamos. Sin condiciones. Sin ropa. Ni en la piel ni en las entrañas. ‘A pelo’, sin condones en el Corazón. Sin preservar ni una gota de tu intimidad. Sin reglas y con ella. Sinvergüenzas… Desgarrando cada uno de tus jadeos. Para que nada ni nadie se quede a medias. Para que cuando eches la vista atrás, no te arrepientas. Para que cuando estés en la tumba, te sientas satisfecha. 

LARGA VIDA a lo que está Siendo, a lo que estás Siendo, y no a lo que crees, a lo que Creemos que Debería y debemos SER.

LARGA VIDA A LA VIDA.

LARGA VIDA AL AMOR.