El día en que fui Consciente de que no era algo externo a mí lo que me hacía sufrir sino mis pensamientos, mi actitud y mi manera de interpretar la realidad, el sufrimiento dejó de ser “algo a aniquilar” para pasar a ser simplemente algo a Sentir. Algo a aceptar. Algo a experimentar. Sin un ‘por qué’. Sin un ‘para qué’. Y sin ninguna otra razón más.

¿Quiere decir eso que ya no voy a sufrir más? No tengo ni idea. ¿Quién sabe lo que sentirá mañana, en un mes o dentro de cinco minutos? Sólo podemos saber lo que estamos sintiendo en este preciso instante. Y es en este Presente que se nos regala donde tenemos todo lo que necesitamos para ser felices. La cuestión es que nos demos cuenta de ello y valoremos esas pequeñas grandes ‘cosas’ tal y como se merecen. Tal y como nos merecemos. Que las reconozcamos. Que nos re-Conozcamos.

Hasta que no le perdemos el miedo al sufrimiento o a cualquier otro Sentir, seguimos presos de él. Lo cual provoca que nos pasemos la Vida evitándola, planeándola, programándola, controlándola, esquivándola y rechazándola. Intentando entenderla, moldearla y cambiarla a nuestro antojo para no sentir lo que ya estamos sintiendo. Olvidándonos así de que la vida está para vivirla y no para pensarla. Y que su Belleza, su magia, su intensidad y su ilusión residen en la sorpresa, en el cambio, en la inseguridad, en la incertidumbre, en el misterio y en la impermanencia que respiramos a cada momento.

El ‘Camino del Corazón’ es muy hermoso. No hay un sentir más pleno que el de Ser Uno Mismo y el de tener la certeza de que por muy osadas que sean tus decisiones jamás te arrepentirás de ellas porque te habrás sido siempre fiel a ti. Y ahí no caben ni los errores ni las culpas ni los fracasos ni las frustraciones.

Lo llaman Paz. Yo lo llamo: REGRESO AL HOGAR.

Bienvenid@ a casa.

 NO HAY CAMINO HACIA EL AMOR,

EL AMOR ES EL CAMINO